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domingo, mayo 24, 2015

Eurovision 2015, no aprendemos ni a hostias

El 21. Este año, España ha quedado el 21 con 15 puntos, exactamente en el mismo puesto que había aparecido en escena. Era lo esperable. ¿Y el ganador? Suecia, también perfectamente esperable. Y es que, cuando una canción vale, vale, y la que es un berbiquí sin ton ni son, pues queda donde queda.

Edurne ha hecho sus gorgoritos correctamente, pero que lo más novedoso sea un cambio de ropa y unas poses un poco "épicas" y fuera de lugar, posiblemente no se merezcan más. De hecho, muchos han sido los representantes de los países que han sacado canciones más o menos potables, pero que se han perdido en la lista en el marasmo de una puesta en escena clásica o sin punch. Tal vez la oronda serbia y la gótica georgiana se salvaban un poco de la quema, pero ni eso.

Ya lo he dicho muchas veces antes que Eurovisión se ha convertido en un concurso de videoclips en directo, de tal forma que o se presenta una puesta en escena espectacular y una canción del gusto de los europeos, o TVE se comerá los mocos constantemente. Y más, mientras que la industria musical española esté centrada en el mercado sudamericano y no en el europeo.

Suecia, mal que pese a los talibanes de siempre que prefieren achacar la derrota al amiguismo de siempre (que lo hay) en vez de hacer autocrítica, se ha llevado el concurso con un espectáculo buenísimo y dirigido a la pantalla, que es el que vota, y no al público de la sala, que por mucha gente que hubiera, no dejaba de ser una milésima parte de los que deciden quien gana.

Rusia, con una Paulina Gagarina muy mona, ha estado a punto de dar la sorpresa, pero, al final el voto de los paises occidentales han decantado la balanza. Por otro lado, Italia, con Il Volo, unos jóvenes tres tenores -con uno que parecía a Buenafuente de joven- han hecho un espectáculo lírico bastante aceptable que ha merecido el voto de muchos de los países.

Caso a parte es Francia, Inglaterra y Alemania, que han quedado en el furgón de cola que, siguiendo los mismos patrones que la española -aunque en estilos diferentes- han acabado pagando el hecho de tener su calificación asegurada sea cual sea el truño que envíen. Francia era potable, pero Royaume Uní hacía pena y Alemania, aunque no estaba mal, todos de negro en un escenario negro, y con la suplente -al titular le dio un jamacuco de nervios- pues tampoco ha dado el do de pecho. Y más, sabiendo la tirria que le tienen la mitad de los países europeos. Es duro, pero así de rencoroso es el público.

En fin, que a parte de los escotes ombligueros que han lucido una gran cantidad de cantantes y presentadoras, por mucho que algunas no tuvieran volumen para llenarlos, esta edición no ha destacado ni por grandes canciones (eminentemente melosas y soporíferas), ni grandes puestas en escena, por lo que, al final, la que ha ganado ha sido la justa ganadora.

...y me voy a dormir que, mañana, tengo otras votaciones que atender.

Ya os diré como han ido, también.


Lo de siempre. Bien, pero sin mucho más que ofrecer

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