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| Paradas de rosas por Sant Jordi en L'Hospitalet |
Por suerte que voy empastillado de antihistamínicos hasta las trancas porque, si no llego a estarlo, este año, en la firma de libros de Sant Jordi en la
Rambla Just Oliveras de
L'Hospitalet, me da un
parraque. Tal era la cantidad de pelusilla que habían soltado los plataneros de la rambla y el viento movía con fruición y alegría, que el suelo se había cubierto de una auténtica alfombra de minúsculos
pelos que inundaba todo... los cabellos, los ojos, la garganta, la ropa, los libros, la tinta de los bolígrafos... ¡todo! Por suerte, y aparte de esta "
anécdota" (asmáticos mediante), la sensación es que este año ha sido un Sant Jordi magnífico como pocas veces hemos visto en esta población ribereña. Nuestra rambla, que como cada año es el corazón de esta celebración en la ciudad, se ha llenado hasta la bandera de gente que deambulaba arriba y abajo visitando las paradas de libros, de flores y de entidades en busca de los tradicionales
libros y rosas para obsequiar a las parejas en este día tan señalado (
ver San Jorge, el héroe cristiano venerado por el Islam). Un soleado día que daba el pistoletazo de salida a las
Fiestas de Primavera que se celebrarán desde el 23 al 26 de abril de los corrientes.
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| Resulta todo un placer saludar a los lectores |
En lo personal, como autor local, este año presentaba al público "
Els últims masos de l'Hospitalet", un pequeño libro dedicado a las últimas masías que quedan en la segunda ciudad de Catalunya y sobre el cual ya he publicado un post anterior en
Memento Mori (
ver Els últims masos de l'Hospitalet: Un libro que rescata la historia viva de las masías que todavía resisten) y que está gustando mucho al vecindario hospitalense. Como tal, di aviso en mis redes sociales de que estaría firmando en el estand de
Bibliotecas de L'Hospitalet de 12 a 13h, una horita sentado que acostumbra a ser más que suficiente para refrescar mi complejo de mono de feria al que le tiran cacahuetes -qué quieren que les diga, soy así de friki. La sorpresa (grata, evidentemente) es que durante la primera media hora no me he podido ni sentar por el flujo constante de gente interesada en mi libro y en mi humilde persona. Un flujo que, en algún momento, se ha convertido en cola, dándome una sensación de
autor mediático al cual no estoy ni mucho menos acostumbrado.
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| Dedicar un libro siempre ilumina el semblante |
Sea como sea, al final he vendido
todos los libros que había llevado, dejándome un muy agradable sabor de boca. No tanto por el hecho de venderlos (que también), sino por haber podido charlar con los lectores y constatar de primera mano que hay un gran interés de la ciudadanía por nuestro
patrimonio, en este caso centrado en las últimas masías que nos quedan. Un patrimonio y un pasado que la misma ciudad no conoce y que, al contrario de lo que pueda parecer, quiere conocer con
avidez, porque es parte de su entorno diario; es parte de su vida.
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| Departiendo con la incombustible Matilde Marcè |
Llegado este punto podría hacer una gran disertación sobre la importancia de la cultura local y el
patrimonio histórico, como he hecho tantas y tantas veces (
ver El Patrimonio o la perdida dignidad hospitalense), pero el hecho de que un pequeño libro, sin ser polémico, haya despertado tanto revuelo en una ciudad a la que siempre se le ha recriminado que no ha tenido historia ni patrimonio es, como mínimo,
revelador. Revelador de que L'Hospitalet tiene más historia de la que aparenta; revelador de que hay más patrimonio del que nos quieren vender; revelador de que su gente tiene mucho interés por conocer el pasado de su propia ciudad. Si a esto sumamos los repetidos éxitos de convocatoria en las rutas, presentaciones y actividades que organizo, constatamos que la realidad se vuelve tozuda respecto a la necesidad de nuestra gente de conocer de dónde venimos. Una necesidad que, desgraciadamente, la administración local
no atiende como debiera.
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| La cultura, siempre luchando contra el dragón |
En definitiva, que una vez más,
Sant Jordi ha sido la gran fiesta del libro, de la rosa, de los lectores y de los escritores. Una fiesta popular como pocas en la que, una vez más, el valiente
caballero de la cultura ha acabado con el temible
dragón de la ignorancia y el prejuicio. Una fiesta que no deja de ser más que un recordatorio de la eterna dualidad de nuestra existencia...
...por mucho que siempre haya algún Eduardo Mendoza que solo quiera ver la parte que le conviene.
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| Una auténtica alfombra de semillas de plátano de sombra |
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