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jueves, diciembre 28, 2006

Cobardes.

La impresión de que nuestros políticos cada día que pasa están más desquiciados, más que una sensación personal se está convirtiendo en un axioma universal. Y para muestra, dos botones: por un lado, la desastrosa ley antitabaco que a un año vista de su implantación se ha convertido en la absurdidad más grande que ha parido político alguno, y por otro lado la aún más absurda si cabe normativa para el control de la calidad de las “estatuas vivientes” de la Rambla de Barcelona. Ambas para mear y no echar gota.

La Ley antitabaco, en principio estaba pensada para proteger al no fumador y a los trabajadores de los “tubos de escape portátiles” de una parte de la población e intentar congeniar los intereses de los diversos colectivos afectados por la ley. Un año después ¿qué se ha conseguido? Se ha conseguido que un 90 por ciento de los bares sean exclusivamente para fumadores y los usuarios no fumadores no tengamos ni derecho a reclamar porque ya sabemos donde nos metemos; que los restaurantes de más de 100 m2 hayan separado las zonas de no fumadores con simples biombos, lo cual no sirve absolutamente para nada pero les ahorra las multas; que en Catalunya se hayan hecho 6000 inspecciones y solo se hayan incoado expediente a 30; que los restauradores estén de uñas entre ellos ya que unos se ven obligados a poner zonas de fumadores y otros no y, en el summum de la efectividad, que tan solo un paupérrimo 2% de la población fumadora haya dejado el vicio del tabaco. Se han lucido.

Los lumbreras de nuestros dirigentes, en su denodada obsesión por dejar a todos contentos y guardarse las espaldas electorales, han dejado todo enmerdado al no atreverse a coger el toro por los cuernos y, directamente, suprimir el uso de tabaco en espacios cerrados como hubiera sido lo más lógico, ya que de esta forma no se generarían guettos de fumadores/no fumadores, todos los restauradores tendrían las mismas oportunidades sin generar agravios comparativos ni gastos por adaptaciones y la ley sería realmente efectiva. El mandar tiene el problema de que no siempre puedes ser el bueno de la película, pero ser el malo tiene consecuencias electorales y -para desgracia de la ciudadanía- quien vive del cuento no está dispuesto a asumirlos.

Sin embargo, esas mismas mentes clarividentes, no tienen ningún complejo en promulgar una normativa para controlar a los que se ponen en una rambla o paseo ejerciendo como estatuas vivientes. En el colmo del despropósito municipal, se pretende hacer un control “de calidad” al “arte” que ejercen estas personas y ¿quién va a ser el encargado de hacerlo? ¿Un especialista en artes escénicas? Pues no, el municipal de turno, que si no tiene bastante con controlar los grafiteros, las putas, los trileros, los coches mal aparcados, los atracos, los perros cagadores y las personas meadoras, ahora, además ejercerán de críticos de arte con la opción de que si no les gusta y el pobre “estatua” se ha comprado una careta y no se la ha hecho él mismo, será desahuciado del sitio en que se ha puesto. Acojonante.

Contra esto sí pueden ejercer con mano dura nuestros próceres, total, por una vez no van a perder votos por actuar de forma despótica, ya que los afectados son unos pobres desgraciados. A lo otro, nadie quiere ponerle el cascabel al gato.

Cobardes.
Crítico Municipal de Artes Escénicas