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martes, agosto 13, 2013

Petrov, el héroe que salvó el mundo

Stanislav Petrov
Tal vez el nombre de Stalisnav Petrov no le diga mucho, pero le puedo asegurar que todos los que estamos en estos momentos sobre la faz de la Tierra le debemos mucho más de lo que se pueda imaginar. Si aquel día 26 de septiembre de 1983, un ataque de cordura milagroso no hubiese invadido la mente de aquel militar soviético, posiblemente ni usted ni yo estaríamos aquí leyendo estas líneas. Esto, que le podría parecer una exageración, no lo es ya que estamos hablando del Incidente del Equinoccio de Otoño.

Ronald Reagan
1983. Las relaciones entre los EE.UU. y la URSS se deterioraban a la misma velocidad que se descomponía el gerontocrático sistema soviético. Ello provocaba continuos rifi-rafes entre Ronald Reagan (presidente de Estados Unidos) y Yuri Andropov (presidente de la Unión Soviética), que subieron la temperatura de confrontación entre los dos bloques. Sin embargo, la cosa pasó de castaño oscuro cuando el día 1 de septiembre la URSS derribó un avión de pasajeros sudcoreano que había invadido su espacio aéreo. Esta acción puso en pie de guerra a la OTAN y al Pacto de Varsovia hasta tal punto, que los rusos esperaban que en cualquier momento se produjera un ataque nuclear aliado.

Satélite ruso
Pasaban pocos minutos de la medianoche del día 26 (día 25 todavía para el bloque occidental), cuando desde el búnker de control de los satélites rusos -comandado por el Teniente Coronel Petrov- se recibió una señal de alarma de uno de los satélites que indicaba que un misil intercontinental iba en dirección a la Unión Soviética. Después de estudiar la situación, Petrov determinó que se trataba de una falsa alarma. Pero,contrariamente a lo que se podía esperar, poco después se detectó un segundo, un tercero, un cuarto y hasta un quinto misil. La cosa ahora sí que parecía que iba en serio y quedaron en estado de shock durante unos segundos.

Yuri Andropov
Petrov, que conocía que el sistema de satélites rusos era nuevo y tenía ciertas carencias tanto de rodaje como de funcionamiento, pidió confirmación a los radares que vigilaban el horizonte, los cuales ya debían verificar el paso de los misiles debido a su posición y trayectoria. Sin embargo, cuando los radares respondieron, dieron negativo. ¿Qué estaba pasando? Con dos teléfonos en las orejas, uno por donde iba recibiendo las alarmantes noticias de los satélites y por otro para dar la voz de alarma al Kremlin. Conociendo la paranoica fijación de Andropov por un ataque norteamericano... ¿daba o no daba la señal de alarma nuclear?

En un momento dado, reflexionó fríamente a pesar de tener toda la presión del mundo sobre sus espaldas y pensó que cinco misiles eran muy pocos misiles como para empezar una guerra nuclear, y que en caso de que así fuera, pocos daños iban a infligirles. Petrov razonó que en caso de que los yanquis se decidieran a atacarlos, lo harían masivamente habida cuenta sus miles de cabezas nucleares y no así, de manera tan precaria y absurda, por lo que no escaló el incidente y lo catalogó como de falsa alarma. Por suerte para el mundo entero, Petrov acertó.

Una extraña conjunción de factores astronómicos, totalmente inesperado para los ingenieros rusos, hizo que el brillo del Sol, el horizonte, el equinoccio y unas nubes altas, dieran una señal errónea a los satélites soviéticos, los cuales la computaron como misiles balísticos Minuteman en trayectoria hacia territorio de la URSS. Petrov fue primeramente felicitado, pero después de una investigación durísima y con la excusa de que no había escrito lo que había sucedido en el libro de control, fue retirado prematuramente y el asunto fue silenciado.

No fue hasta 1990, que con la caída del régimen soviético, se supo del incidente por uno de sus antiguos superiores. En el trasfondo de su destitución se encontraba el hecho de que había sido capaz de desobedecer la cadena de mando en caso de emergencia, y que había dejado en evidencia las deficiencias gravísimas de todo el sistema de defensa anti-misiles ruso.

Petrov recogiendo un premio
Petrov, que humildemente siempre ha declarado que él simplemente hizo lo que tenía que hacer, ha sido reconocido desde entonces por diversas organizaciones mundiales (Naciones Unidas entre ellas) como auténtico salvador del planeta. El 17 de febrero de este mismo año 2013, un Stanislav Petrov de 74 años fue recompensado en Alemania con el Premio Dresde de la Paz -dotado con 25.000 euros- por haber evitado una guerra nuclear. 

Aquella noche, tan solo la intuición de Petrov salvó el planeta de que un holocausto nuclear acabara con el planeta. Sin embargo, esta acción de cordura de una persona sola, nos ha dejado bien a las claras y para siempre que, si -como decía Einstein- Dios no juega a los dados, el hombre, por desgracia, es un auténtico ludópata con una racha demasiado larga.
 
Stanislav Petrov, un héroe que salvó el mundo
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