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miércoles, enero 07, 2015

El Himalaya, un accidente de tráfico continental a cámara superlenta

El monte Everest
Cuando se conduce tranquilamente por una autopista, no nos damos cuenta de la energía que necesita el coche para mantenerse en  movimiento. Aceleramos, pasamos de 100 km/h, frenamos con una facilidad pasmosa y no es hasta el momento en que se tiene un accidente de tráfico cuando tomamos conciencia de la brutal cantidad de energía aplicada en mover un automóvil. Una energía que hace que, en una fracción de segundo, un coche pase de ser un bonito utilitario a un simple acordeón metálico. El exceso de velocidad es un riesgo evidente, debido a que las fuerzas de la dinámica actúan ante todo lo que esté en movimiento, ya sea una mota de polvo, un coche... o un continente entero. Tal es el caso del Himalaya, el cual se formó por el choque de una placa continental que iba con exceso de velocidad.

Un choque violento
Al hacer frenar un objeto en movimiento, en realidad lo que se le está haciendo es disipando la energía cinética que tiene dicho objeto y que es la que le mantiene en movimiento. Si bien esta energía dependerá de la masa y de la velocidad del objeto, el hecho de frenarlo no es demasiado problema cuando es un cuerpo pequeño a poca velocidad (un balón de playa, por ejemplo), pero la cosa se complica conforme va aumentando la velocidad y el tamaño, dado que si no se hace de forma controlada, la energía se disipa a costa de la materia que los forma, como se puede ver en los horrorosos accidentes de tráfico que se producen cuando dos vehículos colisionan.

Una colisión continental
Las placas tectónicas, en tanto que están en movimiento (ver El inquieto punto caliente de las Islas Hawaii) no son ajenas a éstas fuerzas físicas pero, debido a su tamaño y aunque su velocidad sea muy baja -del orden de centímetros por año-, la cantidad de energía que acumulan para mantenerse en marcha es simplemente brutal. Energía que, cuando dos placas chocan, se disipa en forma de calor (vulcanismo) y en deformación de la corteza terrestre (cordilleras y terremotos), tanto más importantes cuanto más violenta haya sido la colisión, siendo exactamente este el origen del Himalaya.

Impacto de la Placa Índica
Hace unos 84 millones de años, el supercontinente Gondwana se había partido en varios trozos que formaron África, Sudamérica, Australia, la Antártida y la India. El movimiento de separación afectó a todos ellos, pero especialmente a la India, la cual, a una velocidad récord de 20 cm/año -la más alta de las registrada por las placas tectónicas- se dirigió hacia el norte en rumbo de colisión hacia el continente euroasiático, subduciendo bajo Eurasia la corteza oceánica existente entre ambos.

La India se empotró 2.500 km
El choque de trenes entre India y Eurasia empezara a producirse hace 50 millones de años, al acabarse la subducción de la corteza oceánica. Ello hizo que, debido a la alta velocidad del encuentro, la corteza continental de India y Eurasia entrara en colisión violentamente, incrustándose el uno en el otro haciendo que la velocidad de la Placa Índica pasara de 20 cm/año a  tan solo 5 cm/año. Valga como ejemplo de la energía del choque el hecho que hay restos de corteza oceánica (llamadas ofiolitas) en partes altas del Himalaya.

El Himalaya a vista de satélite
El impacto -y posterior frenazo- hizo que, tras una deriva de 6.000 km y un acortamiento de la corteza continental de 2.500 km que afectó hasta a 3.000 km (ver El colorido espectáculo natural de la Formación Zhangye-Danxia) en el interior de Eurasia, se levantara la cordillera más alta del planeta. Una cordillera, el Himalaya, que con 2.400 km de largo y una anchura máxima de 400 km, aún a día de hoy, se está levantando a 1 cm por año debido a la inercia de todo un continente en movimiento.

Un auténtico accidente de tráfico continental a cámara superlenta.


Un accidente debido al exceso de velocidad

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