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martes, abril 28, 2015

El tesoro de una presa levantada a mano: Nagarjuna Sagar

Construcción de Nagarjuna Sagar
Quien forme o haya formado parte de alguna asociación o empresa, seguro que habrá oído aquello de que su principal activo es el capital humano que forma la sociedad. Este dicho, por repetido, al final ha caído en el saco de lo políticamente correcto o, a lo sumo, en las cosas que se dicen para engrescar a los socios/trabajadores a seguir haciendo más horas que un reloj en beneficio de la entidad -la mayoría de las veces sin remuneración, faltaría más. Esto mismo que ocurre a nivel vecinal, ocurre también a nivel de país, y si bien pasa exactamente lo mismo en los países ricos, en los países pobres, donde el dinero es más raro que un 30 de febrero, el capital humano puede ser, realmente, un gran tesoro. O si no, que se lo digan a los hindúes,los cuales, a mediados del siglo XX, gracias a disponer de tanta población, fueron capaces de levantar una de las mayores presas del mundo...¡a mano!

Nagarjuna Sagar y el río Krishna
La India, con sus casi 1.300 millones de habitantes en un espacio tan solo 6 veces mayor que España, es -con permiso de L'Hospitalet de Llobregat (ver Una lata de sardinas llamada Hospitalet)- el ejemplo gráfico de lo que es vivir "como piejos en costura". La cosa no estaría mal si a la superpoblación le acompañase una gran calidad de vida pero, por desgracia, la cosa es exactamente al revés y la miseria es una de las grandes lacras de la sociedad hindú. Y esto es así hasta el punto que cuando pensamos en pobreza, directamente la relacionamos con los infinitos barrios de chabolas de los suburbios de las grandes capitales como Nueva Delhi o Bombay.

El presidente Nehru
En este contexto, cuando la India se independizó del Imperio Británico en 1947, ya sabía que no iba a ser una gran potencia económica, pero tenía que intentar mejorar la situación de la población india. Por aquel entonces, las hambrunas se sucedían año sí y año también, debido a que la falta de una modernización de los sistemas productivos hacía que la India no fuera autosuficiente prácticamente en nada, habida cuenta que los británicos para lo único que habían trabajado era para su propio beneficio. Se hacía obligatorio, por tanto, construir todo tipo de infraestructuras que solventaran las graves carencias que sufría la sociedad hindú.

Canal izquierdo
Entre toda la cantidad de cosas que se tenían que hacer, las más urgentes eran la construcción de presas y canales de riego para, de esta forma, asegurar el desarrollo de una agricultura intensiva que suministrara suficiente alimento para tanta boca suelta, y uno de los primeros proyectos que se tenía que poner en marcha, sí o sí, era un dique en el cauce del río Krishna. Sin embargo, no había ni un real para construirla (bueno, en este caso, ni una rupia) y por no haber, no había ni industria cementera suficientemente desarrollada que pudiera suministrar el cemento para construir la presa. ¿Cómo iban a levantarla? Tenían ganas, piedras, tierra... y gente. Sencillo.

125.000 trabajadores
Una vez determinado el mejor sitio para construirla -un rico rajá de la zona cedió 55.000 acres (222,5 km2) para que fuera ocupado por el embalse- se procedieron a hacer los trabajos de inmediato. La presa tendría una altura de 124 metros respecto el nivel del río y una longitud de 1.550 metros, creando un vaso con capacidad de 11.560 hm3 (4 veces más grande que el más grande de España, el de La Serena) con la particularidad de que sería levantada a base de piedra y tierra siguiendo las técnicas indias y, lo más curioso, utilizando casi exclusivamente mano de obra humana para suplir la falta de maquinaria y de presupuesto. El día 10 de diciembre de 1955, el primer ministro indio Pandit Nehru dio el pistoletazo de salida a la construcción de la presa que recibiría el nombre de Nagarjuna Sagar.

La mayor presa de mampostería
Los trabajos duraron 12 años, durante los cuales 125.000 obreros, emulando los mejores tiempos de las construcción de las pirámides, trabajaron día y noche acarreando las piedras de más de 135 kilos que formaron la presa a través de rampas hechas de bambú, apisonando la tierra y haciendo el mortero que se utilizaba para ligarlo todo. Se cuenta que durante una visita a las obras efectuada por Nehru y el entonces embajador norteamericano John Kenneth Galbraith, el espectáculo de ver a tal hormiguero humano trabajando junto en un mismo objetivo hizo saltar las lágrimas a Galbraith (mucha lagrimita, pero seguro que no llevó ninguna piedra).

Presa de Nagarjuna Sagar
El resultado final fue la construcción de la mayor presa de mampostería del mundo, con 26 compuertas de 14 metros de altura y 13 de anchura y dos canales -uno a cada orilla- de más de 200 km cada uno, que permitieron poner en riego 5.800 km2 de terreno. Todo ello de una forma totalmente artesana. No obstante, la presa no salió gratis.

La presa de tierra (parte derecha)
La construcción de la Nagarjuna Sagar se llevó por delante la vida de 162 personas (ocho de ellas, ingenieros) y significó la inundación de 52 pueblos y varios templos hindúes importantes -que fueron desmontados y transportados-, afectando a más de 24.000 personas que se tuvieron que reubicar en otras partes del país. Con todo, una factura muy baja para los inmensos beneficios que para una India en crecimiento supuso la construcción de aquella presa. Una presa que, construida con el sudor y los callos de la población hindú, ha ayudado a que en la actualidad, la India, de ser la miseria personificada, sea considerada una potencia emergente.

Lo dicho: todo un verdadero tesoro humano.
 

Un hormiguero humano levantando Nagarjuna Sagar (1963)

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