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viernes, abril 29, 2016

La aniquilación de gatos que mató a 25 millones de personas

Gato doméstico
Cuando hablamos de animales domésticos, si hay alguno que lleva el adjetivo de "doméstico" al extremo, ese es el gato. Este animal, que mezcla a partes iguales la fiereza, el cariño, el estilo, el gregarismo (que le gusta estar en compañía, vamos) y la independencia, se ha visto desde antiguo como un perfecto aliado para las plagas que habitan en el hogar -el espectáculo de verlos cazar cucarachas, no desmerece en nada las cacerías de los leones en el Serengueti. No obstante, esta visión positiva de nuestros pequeños felinos no siempre ha sido así y durante la Edad Media fue perseguido hasta casi el exterminio. Exterminio gatuno que no tomó en cuenta un pequeño efecto secundario: la muerte de 25 millones de personas.

Gato Montés (Felis silvestris silvestris)
El gato doméstico (Felis silvestris catus) es bien conocido del ser humano desde antiguo, cuando estos pequeños felinos salvajes encontraron que las ratas, ratones y otras plagas que iban asociadas a las poblaciones humanas eran una fuente perfecta de alimentos y decidieron dejar la vida salvaje progresivamente. Evidentemente, a los hombres también les iban bien estos compañeros peludos, ya que les ayudaba a controlar los roedores que asolaban los graneros, iniciando una convivencia que dura, como mínimo desde hace 9.500 años. Sin embargo, toda la veneración y respeto para con los gatos de las sociedades humanas antiguas (caso de los egipcios), llegado el oscuro y supersticioso periodo de la Edad Media, se fue directamente al garete.

Gato negro y brujería
Durante la Edad Media, la ignorancia y el miedo religioso envolvió toda la vida social de Europa. Ello hizo que las autoridades eclesiásticas, imbuidas en un fanatismo solo comparable a la de los talibanes actuales, vieran en la brujería, el oscurantismo y el paganismo, un auténtico peligro para el cristianismo. Amenaza que se extendía a todo lo que se movía alrededor de las personas que osaban tener unas creencias diferentes de las oficiales, normalmente ligadas a ritos de culto a la naturaleza. Tal fue el caso de los gatos.

Este odio promocionado por la Iglesia, hizo que los gatos, que hasta entonces habían sido vistos como beneficiosos para el ser humano, pasasen a ser personificaciones del diablo debido a que eran compañeros de las brujas y se entendía que todo lo que ellas tocaban estaba relacionado con él.

Extensión de la epidemia de peste
Así, de esta forma, a la vez que aparecían edictos papales contra la brujería -Gregorio IX en 1232, por señalar alguno-, aumentaba la persecución de los felinos, convirtiéndose en unos perfectos chivos expiatorios de todos los males que acuciaban a la sociedad cristiana medieval. Valga como ejemplo que, en 1344, se les acusó de provocar una epidemia de baile (ver 1518, cuando el baile se convirtió en una epidemia) en Metz (Francia), teniendo como resultado la eliminación de todos y cada uno de los gatos que en ella habitaban.

Ratas y pulgas
Este exterminio sistemático de miles de gatos europeos por simple superstición, no tuvo mayores consecuencias que la del aumento de las ratas y ratones en las zonas urbanas. No obstante, nadie pensó que ello significaría una auténtica hecatombe cuando, en 1347, los primeros apestados supervivientes del asedio de Caffa (ver  Caffa, las catapultas que bombardearon la peste a Europa) pusieron el pie en el viejo continente y, con ellos, llegó la tan temida peste bubónica. Enfermedad mortal, la cual era transmitida por las ratas que llegaban en las bodegas de sus barcos.

Apestado comido por las ratas
Así las cosas, las ratas, al no disponer de los enemigos naturales que habían acabado con ellas desde la antigüedad en los entornos humanos, se propagaron con total libertad por toda Europa. Ello hizo que, gracias a las pulgas que llevaban en sus pelajes, los roedores transmitieran impunemente la peste bubónica a una velocidad impresionante, produciendo nada más y nada menos que 25 millones de muertos. O dicho de otra manera, que la epidemia de peste, cual jinete del Apocalipsis cabalgando al galope,  en menos de cuatro años consiguió reducir la población europea a la mitad.

El gato es un cazador nato
De esta forma, la superstición disfrazada de fe religiosa, que había eliminado a los gatos por creer que era Satán personificado, acabó por ser el elemento básico que abrió las puertas de par en par a la muerte que viajaba libremente a lomos de las ratas.

Los gatos, por su parte, a pesar de su casi aniquilación, siguieron haciendo su trabajo allí donde los dejaron y no fue hasta la llegada de la Edad Moderna y el progresivo desarrollo de las ciencias cuando estos tigres en miniatura volvieron a tener la confianza del gran público por su innegable utilidad para el ser humano. Una confianza que, habiendo sido transmitida por el conocimiento de miles de años, y perdida por simple y cazurra ignorancia, habría evitado -o al menos, habría contenido- una de las peores mortandades que ha padecido la humanidad.

Para recapacitar.

Una aniquilación con un desastroso efecto boomerang 

Webgrafía

2 comentarios:

POL dijo...

Hace quinientos años estaba el gato entre las recetas de cocina de nobles i acomodados, como un manjar exquisito, como refiere el texto siguiente, extraído del “Libro de guisados manjares y potajes intitulado libro de cozina” i dice como introducción lo siguiente.

"en el qual esta el regimiento de las casas de los reyes y grandes señores: y los officiales de las casas dellos casa uno como an de servir su oficio. Con esta segunda impression se ha añadido un regimiento de las casas de los cavalleros y gentiles hombres y religiosos de dignidades y personas de medianos estados/ y otros que tienen familia y criados en sus casas..."
         
Transcripció:
El Gato assado como se quiere comer.
         El gato que este gordo tomaras. y degollarlo as. y despues de muerto cortarle la cabeza. y echarla a mal porque no es para comer/ que se dize que comiendo de los sesos podria perder el seso y juyzio el que la comiesse. Despues dessollarlo muy limpiamente: y abrirlo: y limpiarlo bien: y despues embolverlo en un trapo de lino limpio. y soterrarlo debajo de tierra donde a de estar un dia y una noche: y despues sacarlo de alli y ponerlo a assar en un assador. y assarlo al fuego. y comenzandose a assar untarlo con buen ajo y azeyte. y en acabandolo de untar azotarlo bien con una verdasca: y esto se a de hacer hasta que este bien assado untandolo: y azotandolo. y des que este assado cortarlo como si fuesse conejo/ o cabrito: y ponerlo en un pato grande: y tomar del ajo/ t azeyte desatado con buen caldo de manera que sea bien ralo. y echalo sobre el gato. y puedes comer del/ porque es muy buena vianda.
         

Ireneu Castillo dijo...

Muy bueno POL! Ahora ya sabemos qué hacer si hacemos corto con el conejo para el arroz! Jajaja! :-)