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viernes, enero 24, 2014

Caffa, las catapultas que bombardearon la peste a Europa

Murallas genovesas de Caffa
La guerra biológica es algo que, por mucho que nos parezca mentira, no es exclusivo de nuestros días y se ha utilizado profusamente durante la historia (ver Fort Pitt o la guerra biológica contra los indios). El avance de las tecnologías durante los últimos decenios han propiciado que estas armas, letales como ellas solas, tengan una eficacia incontestable porque pueden ser lanzadas en cohetes o bombas y lanzadas desde distancias muy grandes sobre el enemigo, con mortíferos efectos. Sin embargo, una vez más, todo está inventado, y los mongoles utilizaron una forma de guerra biológica a distancia que indujo la muerte de millones de personas.

Ubicación de Caffa (actual Feodosia)
En 1346, la Horda de Oro, un imperio mongol que se extendía desde la actual Ucrania hasta prácticamente la frontera con China tenía una piedra en el zapato de su frontera occidental: Caffa. La ciudad de Caffa (antigua colonia griega de Teodosia, actual Feodosia) se encontraba en la costa de la península de Crimea, en el Mar Negro y desde un tiempo atrás era una colonia de los genoveses, los cuales la habían convertido en un floreciente puerto comercial. Los genoveses controlaban la costa de Crimea y monopolizaban los intercambios comerciales de la zona -entre ellos el comercio de esclavos-, lo cual molestaba ligeramente (nótese la ironía) al khan Jani Beg.

Jani Beg o Janibeg
Jani Beg, con sus tropas ya había intentado poner sitio a la ciudad en 1343, pero los refuerzos genoveses llegados para socorrer la ciudad, habían hecho que el jefe mongol levantara el sitio. El mal sabor de boca y la necesidad de asegurarse el control de los productivos centros costeros bajo control genovés, hicieron que volviese a intentarlo tres años después. Así las cosas, sus tropas volvieron a poner sitio a la fortificada y cristiana ciudad de Caffa a finales de 1346, la cual se defendió como gato panza arriba.

Estando en plena faena asediadora ante las murallas de Caffa, las tropas mongoles empezaron a sufrir bajas debido a una epidemia de peste bubónica. En esta circunstancia, los cuerpos de los soldados muertos empezaron a ser un incordio y en vez de enterrarlos, decidieron enviárselo a los genoveses en forma de regalito expedido por correo aéreo. Es decir, pusieron los muertos en las catapultas y los lanzaron al interior del recinto amurallado. De esta forma, se quitaban de en medio un cuerpo apestado y, a la vez, inoculaban la peste a los genoveses los cuales, al estar encerrados, doblegarían su resistencia.

Danza de la Muerte
Los genoveses, al ver lo que les "caía" del cielo, intentaron desprenderse de los cuerpos lanzándolos al mar, pero pese a sus esfuerzos, la peste acabó por contagiarse a principios de 1347 y empezó a producir enormes bajas entre los sitiados. No obstante, la peste, no solo se apoderó de los sitiados, sino que se extendió gravemente entre las tropas mongoles, hasta tal punto que Jani Beg, ante la cantidad de bajas que estaba sufriendo, tuvo que levantar el asedio y retirarse. Los asediados no estaban en mejor situación, pero a los supervivientes, al levantarse el sitio, les faltó tiempo para coger sus barcos y huir de la ciudad, llevándose con ellos un indeseado acompañante: la peste.

Génova
Los huidos de Caffa, recalaron primeramente en Constantinopla, en la salida del Mar Negro, contagiando la capital del Imperio Bizantino. Al poco tiempo llegaron a Sicilia -que no se salvó de la infección- y finalmente a Génova, contagiando con la peste bubónica también la metrópoli. La peste, coincidiendo con el calor de la primavera, empezó a extenderse como una mancha de aceite por una Europa que no estaba habituada a esta enfermedad. Los supervivientes se reducían a un 20% de los afectados, lo que comportó la muerte de la escalofriante cifra de 25.000.000 de personas y reducir en menos de 4 años, la población europea a la mitad.

Ilustración de afectados de peste
Si bien algunos autores ponen en duda la eficacia real de transmisión de la enfermedad con los cuerpos muertos (se dice que los cuerpos, una vez muertos no son vectores de transmisión), ya sea por este método o por las pulgas, o por transmisión de las ratas que deambulaban entre el campamento mongol y el interior de Caffa, la verdad es que los sitiados consiguieron su objetivo de diezmar los habitantes cristianos de la ciudad. Los mongoles fueron mortalmente eficaces en sus pretensiones, pero desgraciadamente lo fueron al precio de no poder tomar Caffa por sus propias bajas y de contribuir a la mayor mortandad por una epidemia de la historia. 

Triste daño colateral producido por la ambición política de un gobernante.

Ilustración medieval árabe del sitio de Caffa


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