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viernes, noviembre 10, 2017

Alcoy 1821, cuando el odio a las máquinas llegó a España

¿Trabajo o paro?
Cuando paseando por el campo vemos los tractores, las cosechadoras o las máquinas que, pegando un meneo a los almendros, no dejan una almendra en el árbol, no podemos, por menos, que pensar en la cantidad de mano de obra que han ahorrado. Trabajos que antes necesitaban el concurso de una cantidad ingente de mano de obra, con el avance de la tecnología son llevados a cabo por unas pocas personas, pero claro... ello significa que la gente que antes se dedicaba a ello, quedan en el paro, perdiéndose tantos puestos de trabajo como brazos ahorra la maquinaria en cuestión. Esta constatación fehaciente lleva a más de uno a pensar que, en esta época de crisis y paro desbocado, las máquinas, más que ayudar, lo que hacen es empeorar la situación, creando una animadversión hacia la tecnología tanto más radical cuanto tu puesto de trabajo está en peligro por ella. Sin embargo, aunque parezca muy actual, este discurso no es nuevo, y ya en el siglo XIX, en España, las primeras máquinas provocaron un rechazo tan violento que tuvo incluso que intervenir el ejército. Es lo que se conoce como Motín Ludita de Alcoy.

Movimiento ludita
Cuando a mediados del siglo XVIII empezaron a salir las primeras máquinas en Inglaterra, su eficacia y productividad incomparables pusieron en pie de guerra a los trabajadores artesanos que vieron en las máquinas a un competidor a batir. El movimiento, llamado “ludita” por Ned Ludd, un joven inglés que -supuestamente- en 1779 destruyó dos máquinas de tricotar en un ataque de ira, se extendió con violencia por toda Europa según iba avanzando la industrialización de los diferentes países. En España, siguiendo la tradición de ir a remolque de las vanguardias, la Revolución Industrial no llegó hasta bien entrado el siglo XIX, sobre todo debido al follón monumental de la Guerra de la Independencia que impidió cualquier desarrollo mínimamente coherente del país. Aunque claro, en un país en plena vorágine reaccionaria, en que se clamaba “¡Vivan las cadenas! ¡Muera la libertad!” (ver ¡Muera la libertad!.. y no era una broma)... implementar una novedad era una auténtica heroicidad, cuando no directamente una insensatez.

Alcoy (Alicante)
No fue hasta la llegada del Trienio Liberal (1820-1823) que, Fernando VII, forzado por un pronunciamiento militar que reinstauró la Constitución de Cádiz, se tuvo que envainar el absolutismo -al menos temporalmente- y ceder a las demandas de apertura social y económica. Este breve periodo progresista dio confianza a diversos empresarios del textil de la provincia de Alicante a instalar los primeros telares en Alcoy, aprovechando que la mayoría de la población de la comarca se dedicaba a la producción y manipulación de la lana para su posterior tejido. No en vano, en un Alcoy de unos 11.000 habitantes, el 48% de su población trabajaba para la lana, a los que se tenían que sumar unos 15.000 más igualmente empleados en el ramo lanar, pero distribuidos por los pueblos de la comarca. Sin embargo, la instalación de las primeras fábricas cayó como un jarro de agua fría al conjunto de la población alcoyana.

Cardadora Arkwright
La producción, que hasta entonces estaba centrada en el trabajo artesano que las familias ejercían en su casa, pasó de golpe a efectuarse en centros de trabajo, es decir en “fábricas”. Unas fábricas que, aprovechando la materia prima suministrada por los paisanos, aumentaban la producción textil de forma bárbara, modificando el papel de los antiguos artesanos, los cuales dejaban de ser manipuladores a ser meros proveedores de la materia prima. Esta novedad provocó una reestructuración en la producción, desapareciendo una gran cantidad de puestos de trabajo y condenando a la miseria a una gran parte de la población. La Hoya de Alcoy se había convertido, gracias a las máquinas, en una olla a presión -perdonen el chiste fácil.

Para los luditas eran una amenaza
Así las cosas, el 1 de marzo de 1821, 1.200 hombres armados, hartos de las máquinas que les habían quitado el pan, se dirigieron a Alcoy dispuestos a acabar con las tan odiadas competidoras. No obstante, Alcoy estaba parapetada tras un amplio lienzo de murallas, por lo que los airados “luditas”  se ensañaron con los telares que se encontraron en los talleres ubicados extramuros. El tumulto tuvo como resultado el incendio y consiguiente destrucción de 17 máquinas valoradas en 2 millones de reales (lo que valían un par de goletas de guerra) y no fue hasta que el alcalde de Alcoy prometió destruir los telares que habían dentro de la ciudad amurallada, que los trabajadores no se retiraron. No obstante, en viendo la magnitud de la movilización y las aviesas intenciones de los manifestantes, el alcalde mandó llamar al Ejército para poner orden.

Fábrica de tejidos (S.XIX)
Cinco días más tarde, el 6 de marzo, se personaron dos regimientos (estamos hablando de 2.000-3.000 soldados por cada regimiento), uno de caballería procedente de Xàtiva y otro de infantería proveniente de Alicante, para poner orden a la fuerza. Ello produjo que, tres días después el diputado por Alcoy, Sr. Gibert, compareciera ante el Congreso de los Diputados para dar explicación de lo sucedido y consensuar las indemnizaciones a los empresarios por las máquinas destrozadas.  No se tiene información precisa al respecto, pero se produjeron detenciones que seis años después aún mantenían diversos “luditas” tras las rejas, pese a las solicitudes de indulto efectuado por la alcaldía de Alcoy. Los trabajadores afectados, por su parte, tuvieron que aprender a convivir con las máquinas ya que, aunque no les gustara, habían llegado para quedarse.

Todo depende de las intenciones
Sea como sea, a este primer arranque contra las máquinas en España le siguieron muchos otros (ver Mataró y el tren que utilizaba grasa de bebés secuestrados) , el más conocido fue el incendio de la Fábrica Bonaplata de Barcelona de 1835, en que se acusó también a las máquinas de quitar el medio de vida a la gente. No obstante, y pese a que por miedo o por ignorancia, haya gente que aún piense que es mejor para la sociedad que cientos de personas se deslomen segando el trigo con hoces, o abriendo túneles a pico y pala, la realidad es que sin la tecnología ni usted podría estar leyendo estas letras, ni yo las podría haber escrito. Al fin y al cabo, y como pudieron llegar a comprender sus detractores del siglo XIX, el verdadero peligro para el trabajador no son las máquinas, sino las buenas o malas intenciones del humano que hay detrás de ellas.

Para reflexionar.

Una lucha que 200 años después aún persiste en algunas mentes

Webgrafía

5 comentarios:

Emilio Tejera dijo...

Como bien dices en el artículo, el problema no es la tecnología, sino las intenciones. Está muy bien que una máquina haga el trabajo de muchos, pero entonces, tienes que reestructurar la sociedad para que esos muchos no se queden sin trabajo. El debate sigue candente hoy en día (y lo estará más en los próximos años), con soluciones propuestas que van desde la creación de nuevas profesiones, hasta una renta básica universal, o que esas máquinas (en definitiva, sus dueños) paguen impuestos por su labor. En todo caso, interesante post.

Kiko Tuba dijo...

Me ha gustado el artículo, yo vivo en Ontinyent, que está a unos 20 minutos en coche de Alcoy. Sabía algo de esta historia gracias a un profesor del instituto, pero me ha gustado reencontrarme con una referencia escrita de lo que sucedió. En la actualidad el textil sigue siendo un sector importante en esta zona.
Respecto a la tecnología estoy contigo, el problema no es esta, sino las intenciones de las personas que hay detrás. Si todos buscáramos el bien común todo iría mejor en el mundo.
Un Saludo!

Julen Laskibar dijo...

Pues ya pueden ser buenas las intenciones que a mí lo que me preocupa es quién tiene la propiedad de esas máquinas, que es quien decidirá.
La empresa que diese de comer a los desempleados gracias a las máquinas debería de ser el estado.
Pero eso nunca sucederá aquí sino en alguna otra galaxia muy, muy lejana.

Ireneu Castillo dijo...

- Emilio: Efectivamente, la progresiva mecanización de la sociedad tiene que comportar una reestructuración de la sociedad, y posiblemente el crecimiento de la sociedad del ocio esté directamente relacionado. Gracias por tu amable comentario y gracias por leerme.

-Kiko: Me alegra que hayas podido reencontrarte con este particular pasaje de la Historia y, evidentemente el mundo sería mejor si todos trabajáramos por el bien común. Aunque también te digo que tendríamos que consensuar eso de "bien común" porque creo que hay tantas acepciones como personas. Gracias por tu visita! :-)

-Julen: Justamente es eso lo que quiero expresar cunado me refiero a las "intenciones" de quien está detrás de las máquinas. Ya que no es lo mismo que sea una colectividad social o un particular sin escrúpulos. ¿Que no puede ocurrir? Es dificil, realmente, pero cosas más raras se han visto y no se puede descartar como posibilidad por remota que sea. Un saludo y gracias por tu comentario. :-)

VillaMariaRoom dijo...

Recuerdo este artículo que leí:
http://www.economiahoy.mx/economiahoy/opinion/noticias/8013519/12/16/Sr-Trump-Soy-el-hombre-que-fabrica-su-iPhone.html

El dueño de Foxcon escribe al presidente de EEUU:
Puedo desplegar más robots en los Estados Unidos, por supuesto, pero entrenarlos puede llevar meses mientras que los humanos aprenden en unas horas. Además, más robots significan menos empleos.

Es decir que este hombre decide trabajar con humanos, a parte de por que aprenden más rápido por el valor social que proporciona el trabajo, poca broma ¿Acaso esto puede ser un brote de Ludismo?
Más bien es una manera de excusar su abuso y lavar su imagen, recordemos que Foxconn es una de las empresas más grandes y exolotadoras que hay.

Habría que poner puertas al campo y luchar contra la naturaleza del sistema capital-trabajo. Difícil pero necesario.

¿Como se mide la intención de un empresario? En algunos casos se puede generar más trabajo reduciendo el beneficio ¿estaría bien que el estado meta mano en esto? ¿Sería posible hacerlo sin que pagasen justos por pecadores?

El tema va a más, gracias por sacarlo a la luz, también ha sido bonito ver una historia de la Terreta que tanto amo aquí, para mi Alcoi es un lugar de especial presión cultural, lo era entonces y lo sigue siendo hoy, prueba de ello es que está difícil comprar suelo industrial en la zona por haber mucha más demanda que oferta.