Publicidad

lunes, junio 02, 2014

Mataró y el tren que utilizaba grasa de bebés secuestrados

Primer tren Barcelona- Mataró
La rumorología -más popularmente conocida como "radio macuto"- está presente en las sociedades humanas desde el principio de los tiempos. El boca a boca, cuando una información interesa a un grupo de personas, la lleva allí donde no llegan los comunicados oficiales o de primera mano. El problema sobreviene en el momento que esta información no puede ser contrastada y cada persona quita o pone en proporción de la información que ha recibido, convirtiéndose en algo totalmente diferente de la información de partida. Si a este fenómeno de tergiversación de una noticia se le suma la ignorancia de quien la recibe/envía, el miedo y se la adereza con una buena cantidad de mala leche, lo que tenemos es un auténtico cóctel molotov social. Esto mismo fue lo que pasó en 1848, cuando se armó la marimorena al "enterarse" la gente que las máquinas de tren se lubricaban con... grasa de recién nacidos.

Túnel de Montgat finales S. XIX
El 28 de octubre de 1848 se inauguraba la primera línea de ferrocarril en la península, la cual llevaba desde Barcelona a Mataró. De hecho no fue la primera de España, ya que la primera había sido instalada en Cuba unos años antes, y por aquel entonces, Cuba era española, pero este hecho no evitó que la instalación del primer trazado ferroviario se viera con muchos recelos. Tal vez con demasiados.

Primera estación de Mataró
La gente de a pie, que desconocía totalmente tan novedoso invento, cuando se enteró que de 5 horas que tardaba el trayecto hasta Mataró en carro se pasaba a una media hora, se imaginó todo tipo de cosas raras. Pero no solo fue la gente normal -analfabeta en su mayoría-, para la cual, cualquier cosa más allá de su vida habitual era un auténtico descubrimiento, sino incluso para gente intelectual y reputada, la cual llegó a especular que el hecho de ir tan rápidos podría provocar desde asfixias a crisis nerviosas, pasando por todo tipo de catástrofes varias (quemas de cultivos por las chispas de los rieles, por ejemplo). El desconocimiento, los miedos y la falta de comunicaciones, hicieron que las cosas se salieran de madre... para beneficio de unos pocos, a los cuales ya les venía bien este clima de miedo y odio hacia el incipiente ferrocarril: los carreteros.

Diligencia Barcelona- Esplugues
Efectivamente, hasta entonces, la única forma de desplazarse a cualquier sitio era, en carro, en animal o a pie. En esta situación, los cocheros y los carreteros se llevaban el grueso de los transportes por tierra, de tal forma que se ganaban la vida transportando viajeros y mercancías en sus carros y diligencias. La aparición del ferrocarril era un mazazo terrible para su negocio, habida cuenta que ni se transportaba la misma cantidad, ni a la misma velocidad, y la competencia era, simplemente imposible. Tal eficacia en el transporte por tierra hizo que vieran en peligro sus trabajos y no dudaron en hacer lo que fuera para mantenerse con la cuota de negocio. Lo que fuera.

Miquel Biada
Atiando los miedos de la gente y apoyando actos de sabotaje, hicieron que las obras se vieran constantemente atacadas, llevando al propio Miguel Biada (el impulsor del ferrocarril), a hacer guardias en persona para evitar los ataques furtivos que por las noches sufría la linea. Sin embargo la vía violenta no era la única forma de oponerse al nuevo invento, ya que la difusión de rumores de todo tipo que sembraran el pánico entre el público era utilizada de forma sistemática. En este sentido, uno de los rumores que más "éxito" tuvo fue el que decía que los ejes de la máquina y los rieles de la vía estaban lubricados con la grasa de recién nacidos que habían sido secuestrados en Barcelona. Ello significó todo un shock para la sociedad barcelonesa de la época.

Estación de Barelona (1850)
El rumor, llegó a tener tales visos de verosimilitud, que un grupo de mujeres de la Barceloneta, barrio donde se ubicaba  la primigenia estación de Barcelona, decidió tomar cartas en el asunto. La estación se hallaba un poco por debajo de la actual Estación de Francia, y el humilde barrio de pescadores de la Barceloneta -único que se hallaba fuera de las murallas- estaba especialmente sensibilizado. Ello llevó a un grupo de mujeres a amotinarse y a dirigirse a la estación de Mataró a destruir las máquinas que allí se hallaban.

La Barceloneta actualmente
Las crónicas no cuentan como acabó la historia aunque parece que no consiguieron salirse con la suya, pero la situación fue tan seria que llevó a la compañía que administraba el ferrocarril (a la sazón la Compañía de los Caminos de Hierro de Barcelona a Mataró) a publicar en el Diario de Barcelona -el popular Brusi- un anuncio en que desmentía categóricamente que sus máquinas utilizasen grasa de niños para la lubricación habitual de sus ejes.

La eficacia del ferrocarril, finalmente, trascendió a los miedos y a los sabotajes de quienes lo veían como su enemigo, convirtiéndolo en uno de los medios de comunicación más utilizados en la actualidad. Los carreteros y cocheros aún mantuvieron una parte de su negocio hasta bien entrado el siglo XX en que entró el motor de explosión, y las habladurías continuaron, eficazmente, su faena de información-desinformación a partes iguales de un desconocido y a veces increíble mundo que nos rodea.


Escultura conmemorativa de la inauguración del tren de Barcelona a Mataró


Webgrafía

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Irenéu,

En otros círculos barceloneses, se rumoreaba que eran los bebés los culpables, pues decidieron vender los derechos a su grasa a los ferroviarios por un plato de lentejas (cada uno).

Hasta la fecha, nadie con procedencia de fuentes oficiales en la capital barcelonesa, ha admitido que dicha declaración respecto a las lentejas, se funda en la realidad.

U.N. Servidor. Trolero de Manchester, R.U., ávido lector antiguo de "La Codorniz".

Con toda seriedad: Muy interesante, como siempre. Tus artículos son más y más fascinantes. JS-M

Josep Oriol Vaca dijo...

Cert. El meu rebesàvi fou entre els enginyers, i es va haver de quedar (ell era alamany) per anar fent comprendre (operaris inclosos) com anava la cosa.