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sábado, diciembre 22, 2018

¡Felices Fiestas! Bones Festes!

Aprovechando este tradicional momento del año en que la lotería seguro que no os ha tocado (que os devuelvan el dinero jugado no cuenta como "premio", lo siento), quiero desearos de todo corazón...


Bon Nadal i Feliç Any Nou!

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo

Merry Christmas and a Happy New Year

Fröhliche Weihnachten und ein glückliches Neues Jahr!

Joyeux Noël et Bonne Année!


Y, como de costumbre, agradeceros profundamente que me sigáis en Memento Mori!, ya que, sin vosotros, este blog no tendría sentido.

¡Felices Fiestas!

-Ireneu Castillo-


Christmas Memento 18-19

viernes, diciembre 21, 2018

La Talaia de L'Hospitalet, el símbolo inerte de una ciudad iconoclasta

La Talaia
La Talaia
Uno de los símbolos patrimoniales más conocidos de L'Hospitalet de Llobregat es, por méritos propios, la conocida como Talaia (Atalaya), la torre de piedra que hoy en día podemos admirar en la entrada de la no menos conocida calle Xipreret de esta población barcelonesa. En tanto que símbolo, podría destacar por su edad, por su altura, por su construcción, por su singularidad... pero la realidad es que, por encima de todos estos parámetros, la Talaia destaca como símbolo inerte de la especulación urbanística más indignante y de la corrupción institucional del gobierno municipal durante el final del franquismo. ¿Sabía que no está en su ubicación original y que cuando se inauguró su traslado se tuvo que inaugurar a medias porque habían robado las 12 arcadas del último piso? Sígame un ratito, que intentaré explicárselo con detalle.

Mas Modolell de la Torre con la Atalaya
Mas Modolell de la Torre
Hasta principios del siglo XX, Hospitalet destacaba por ser una pequeña población de tradición eminentemente agrícola que ocupaba casi todo el lóbulo izquierdo del Delta del Llobregat (ver El delta del Llobregat, una costa en retroceso). Esta circunstancia tan particular implicaba que, más allá de los núcleos de población del barrio del Centro y de Santa Eulàlia, dispuestos a lo largo de la antigua Vía Augusta (actual Carrer Major), la población estuviera dispersa en una constelación de masías aisladas que gestionaban sus campos como buenamente podían. Una de estas casas de campo era la conocida como Can Modolell de la Torre, que se encontraba a la salida del pueblo en dirección a Cornellà pero a una relativa cercanía del casco urbano.

Dintel grabado con la fecha de construcción: 1587
Dintel con la fecha de erección
Esta masía destacaba por tener adosada una torre de vigilancia construida con bloques de piedra calcárea en 1587 y que, con sus 5 metros de ancho y unos 14 m de alto (lo que daban sus 4 pisos de planta cuadrada y el ático con arcadas abiertas a los cuatro vientos), pretendía proteger a los habitantes de la casa de las razzias de los piratas sarracenos. Una amenaza muy real que, en aquel momento histórico, tenía en jaque a buena parte de las poblaciones costeras catalanas (ver Moros en la costa: La historia de los pueblos dobles del Maresme).

La Talaia en su ubicación original, C/ Atalaya, nº 9
C/ Atalaya, nº 9
El paso del tiempo, el fin de la amenaza pirata, y el desarrollo, años después, de la agricultura intensiva de regadío gracias a la construcción en 1819 del Canal de la Infanta (ver El Canal de la Infanta o la trascendencia histórica de un patrimonio olvidado), dio alas al crecimiento disparatado de L'Hospitalet. Un Hospitalet que durante la segunda mitad del siglo XIX se extendió a base de ensanches de los núcleos más antiguos y, a principios del siglo XX, con la creación de nuevos barrios residenciales (caso de Collblanc y de La Torrassa). La organización en Barcelona de la  Exposición Universal de 1929 y la llegada masiva de mano de obra hizo que el antiguo Mas Modolell de la Torre (también conocido como Mas Burguera o Can Vila) se viera absorbido por la trama urbana, y sus casi 6,86 hectáreas de terreno a tocar de la Riera de l'Escorxador se parcelaran. Tras la Guerra Civil se abrieron nuevas calles alrededor de la masía, quedando la casa ubicada finalmente en el número 9 de la calle Atalaya (hoy Talaia), llamada así en honor a aquella casa con aquella torre tan característica. Sin embargo, la presión demográfica seguía imparable y el construir más y más (que no mejor) se convirtió en un adictivo y lucrativo deporte solo al alcance de unos pocos.

La Talaia con sus piedras numeradas
Sus piedras fueron numeradas
L'Hospitalet en 1970 tenía 241.978 habitantes, o lo que es lo mismo, el 4.800% más que la población de 1900, que era de 4.948 almas, y el espacio que ocupaba la vieja casa, ya rodeado de bloques de pisos, se vio como el lugar más adecuado para levantar un rentabilísimo nuevo bloque de pisos. Tirar Can Modolell de la Torre se veía obligatorio para el negocio (¿Salvar el Patrimonio? Eso es de cobardes. Quita, quita...) pero se toparon que la torre que acompañaba la casa, en tanto que era un elemento defensivo histórico, había sido protegido por la Ley de Castillos que el propio Franco había firmado el 22 de abril de 1949. La torre de marras se convertía, de esta forma, en un duro freno para el chollo que se presentaba con la construcción masiva del suelo que pisaba. ¿La solución? La trasladamos a otro sitio piedra a piedra y así nos queda el espacio diáfano y sin molestias. Las autoridades franquistas ávidas de llenar las arcas municipales (y algún que otro bolsillo) no dudaron en dar el visto bueno.

Obras de traslado de La Talaia
Obras de traslado
Así las cosas, la Diputación Provincial de Barcelona, en 1972,  encargó las obras a Eduard Muntada i Lluch (el arquitecto que colocó en 1971 el reloj giratorio de la Plaza Catalunya de Barcelona), el equipo del cual procedió a numerar las piedras que formaban la Talaia y a trasladarla a un solar que había en la esquina entre las calles Xipreret y Barcelona, a unos 300 metros de la ubicación original. De esta forma, el casco antiguo de L'Hospitalet, lleno de pequeños tesoros patrimoniales (ver El Tratado de Utrecht o cuando la Historia pasó por Hospitalet), se "enriquecía" con un elemento más -que no estuviera en su sitio no pareció importarle a nadie-, les permitía ponerse medallas de "salvamento patrimonial" (al menos que hubiera algo que compensase el patrimonicidio brutal que se estaba perpetrando en la ciudad) y, lo más importante, dejaba el solar libre a la especulación urbanística desbocada. No obstante, algo no salió como debía...

Inauguración sin acabar
Inauguración sin acabar
En el lapso de tiempo entre el desmontaje y el montaje de nuevo de la Atalaya, se descubrió que las arcadas que conformaban el piso superior de la torre y que en su momento permitían la visión del delta hasta el mar, habían desaparecido.¿Quién se las llevó? Nunca se supo, pero, evidentemente, quién lo hiciera lo hizo con total conocimiento ya que desaparecieron las 12 arcadas y las 16 columnas que las sustentaban. No falló ni una. Corría el rumor de que eran góticas y tal vez ello ayudó a que alguien informado convenientemente (¿alguien de dentro?) las sustrajera. Incluso se dijo que el pintor y escritor Santiago Rusiñol se las había llevado a Sitges como decoración de su famoso taller "Cau Ferrat", pero teniendo en cuenta que había muerto en 1931 y que allí no hay ni rastro de ellas, la tesis no pasa de una mera leyenda. Eso sí, había un problema añadido: la inauguración del traslado estaba programado para el 8 de noviembre de 1972, en el llamado "Día de la Provincia". Y no era un día cualquiera. Un montón de autoridades del Estado venían con los Príncipes de España  (a la postre los reyes Juan Carlos y Sofía) a inaugurar el recién acabado Hospital de Bellvitge y se aprovechaba la presencia en la ciudad de más estrellas -políticas- que en el firmamento, para hacer diversas inauguraciones por toda la ciudad, entre ellas, nuestra Talaia. ¿Y se cree que se suspendió el acto? Pues no... se inauguró con toda pompa y boato con cuatro enormes boquetes correspondientes a los espacios que tenían que haber ocupado las arcadas superiores. Sin complejos.
 
Antes y después de las arcadas
Odiosas comparaciones
Los arcos robados fueron sustituidos poco tiempo después por otros que se parecían al original igual que un huevo a una castaña, es decir, en nada. Y no solo eso, sino que, según comentan los que visitaron la edificación original, el interior, que debía tener un acceso a la masía a la altura del primer piso, se reconstruyó también en un estilo libre -por decirlo de manera fina- que dificulta en la actualidad el acceso a posibles visitantes. No en vano, los tramos de escalera que unen las diferentes plantas no disponen ni de una mala barandilla para evitar que alguien se rompa la crisma como diese un mal resbalón; una responsabilidad directa del Ayuntamiento que se ve que en casi 50 años no ha tenido nunca un momento para solventarlo.

Sea como sea, la Talaia quedó bajo la tutela del Museu de l'Hospitalet, que actualmente la utiliza como almacén y, pese a la falta de fidelidad histórica en su reconstrucción (o tal vez justo por ello), la torre se ha convertido en uno de los símbolos más representativos de una de las ciudades más iconoclastas y menos respetuosas con su Patrimonio Histórico de la faz de la Tierra: L'Hospitalet de Llobregat.

La Talaia en su ubicación actual
La Talaia en su ubicación actual

Webgrafía

miércoles, diciembre 19, 2018

Teruo Nakamura, el último soldado de la 2ª Guerra Mundial

Teruo Nakamura, mirada perdida
Teruo Nakamura
Isla de Morotai, en el archipiélago indonesio de las Molucas. Un avión militar del ejército indonesio con base en aquella isla, en un vuelo de reconocimiento divisa, en medio de la selva, una cabaña y un mínimo campo cultivado por un hombre semi-desnudo. Semanas después, un reducido grupo de soldados, rodean la cerca de aquella cabaña cantando viejas canciones militares. Eran las 8.15 h del 18 de diciembre de 1974. Había sido detenido finalmente, 29 años, 3 meses y 16 días después de finalizada la 2ª Guerra Mundial, Teruo Nakamura, el último soldado al servicio del emperador del Japón.

Isla de Morotai
Isla de Morotai
Cuando el soldado raso Nakamura se encontró rodeado por aquel batallón de soldados extranjeros, cantando algo tan conocido para él como el Kimigayo (el himno del ejército imperial japonés) el pobre hombre quedó petrificado ya que, según explicó posteriormente, temía por su vida. En 30 años en medio de una selva hostil, en ningún momento tuvo noticia de que la Segunda Guerra Mundial había acabado, por lo que a falta de otras noticias, él seguía siendo un soldado en pie de guerra. Lo que pasa es que en esos 30 años, el mundo había cambiado tanto que ya no lo conocía ni la madre que lo parió -parafraseando a Alfonso Guerra.

Teruo Nakamura
Desubicado
Nakamura había llegado a la isla de Morotai a principios de 1944, dentro de los movimientos del ejército nipón para asegurar el control de esta isla estratégica para la defensa de las bases japonesas en Filipinas (ver Ramree o el batallón japonés devorado por los cocodrilos). Sin embargo, entre agosto y septiembre de aquel mismo año, el avance de los aliados llegó a la isla, bombardeando, ocupando y eliminando las bases japonesas. No obstante, y debido a la frondosa selva que albergaba, dos batallones japoneses que no habían sido eliminados se escondieron en el bosque, luchando hasta 1945 con refuerzo aéreo de la aviación japonesa para expulsar a los aliados, sin mucho éxito.

Capitulación de Japón en el Missouri
Fue, justamente, el bloqueo de suministros a las tropas japonesas y el acoso militar de las fuerzas aliadas lo que obligó a sus comandantes a dividirse en pequeños grupúsculos con el objetivo de buscarse las algarrobas cada uno como pudieran y luchar en forma de guerrillas. En esto, llegó la capitulación de Japón tras los dos bombazos atómicos (ver La extraordinaria suerte (o no) del hombre que nació tres veces) y con ella, la rendición de 660 combatientes del ejército imperial destinados a Morotai. No obstante, debido a la dispersión de las fuerzas japonesas, no todos se enteraron del alto el fuego y como a cabezones y disciplinados no les gana nadie, con la última orden recibida, siguieron.

Rendición japonesa en Morotai
Rendición japonesa en Morotai
Diversos grupos fueron detenidos por las fuerzas aliadas durante los años posteriores, y finalmente el grupo de Nakamura fue arrestado en 1956. El único inconveniente es que Nakamura se había escindido de aquel grupo unos meses antes de que los descubrieran ya que -según él- sus compañeros lo habían traicionado y temía por su vida, por lo que decidió separarse y crear su cabaña y su campo para asegurarse la supervivencia. Cuando lo descubrieron en 1974 tenia un fusil y cinco balas -que no había utilizado para no llamar la atención y desvelar su posición al enemigo-, estaba demacrado y con síntomas de haber padecido malaria. Un ecce homo, vamos, pero el verdadero problema vino después.

Voluntarios Takasago
Voluntarios Takasago
Nakamura (perteneciente al grupo de voluntarios Takasago) en realidad, no era japonés, sino un aborigen Amis de la antigua colonia japonesa de Taiwan. Ello causó muchos recelos en la sociedad japonesa ya que, lejos de despertar la admiración de otros "rezagados" anteriores -a los cuales se les hizo todo tipo de honores-, éste lo que despertaba eran los fantasmas de una terrible época colonial japonesa que el gobierno quería olvidar cuanto antes. Pero claro... con los otros no había habido ningún problema porque eran japoneses y con una repatriación ya tenían suficiente, pero es que Nakamura se sentía plenamente japonés de un lugar que ya no era japonés y que, para más inri, ponía en un brete al gobierno nipón porque tocaba el conflicto entre la China comunista y la isla rebelde de Taiwan (antigua Formosa). Todo un papelón.

Nakamura en el ojo del huracán
Nakamura en el ojo del huracán
Al final, la sangre no llegó al río. El gobierno japonés se lo quitó de encima llevándolo desde Jakarta directamente a Taiwan sin pasar por suelo japonés, escudado en que Nakamura simplemente quería "volver a casa" y dándole una mísera compensación económica de 68.000 yens (unos 857 euros de hoy en día) en concepto de los 30 años de servicio militar y por la repatriación. Esta actuación levantó una polémica muy fuerte en la sociedad civil japonesa que acusó al gobierno de ser más agarrado que un chotis, lo que llevó a diversos colectivos a hacer colectas que recaudaron 3.250.000 yenes para Nakamura. La vergüenza hizo que el gobierno se lo pensara dos veces y aprobara una compensación de 2 millones de yenes más para el antiguo soldado.

Teruo Nakamura murió en 1979 afectado de un cáncer de pulmón, con un nombre chino -Li Kuang Hwei- impuesto por el gobierno de Taiwan para asimilar la minoría étnica Amis pese a no hablar chino (hablaba mejor el japonés que su propia lengua amis -ver La trascendencia de un idioma despreciado), con un nombre amis que no había utilizado nunca (Attun Palalin), honrado por unos, defenestrado por otros, pero con el -dudoso- honor de haber sido el último soldado en rendirse de la Segunda Guerra Mundial.

Teruo Nakamura
Art. Rev. 08/07/13 8.00 3176v

Webgrafía

domingo, diciembre 09, 2018

El arte del Bonsai, un Arte viviente

Armonía viva
Es muy difícil que la vista no se sienta atraída por esos pequeños árboles llenos de flores de poco más de un palmo que algunas veces tenemos la ocasión de ver en exposiciones al aire libre. Estos arbolitos nos producen una mezcla de sensaciones, unas veces de admiración ante una obra de arte viviente y otras veces de respeto -por no decir miedo- ante la dificultad intrínseca que el gran público intuye tras un pequeño bonsái. En parte es cierto, pero como todo lo que se desconoce -y yo llevo desde los 14 años cultivándolos- le puedo asegurar que no es tan fiero el león como lo pintan.

Belleza, arte y filosofía -Acer buergerianum
Belleza, arte y filosofía
El bonsái, originario de China ya hace más de 2.000 años, posteriormente desarrollado por los japoneses durante nuestra Edad Media, y llegado a Europa a finales del siglo XIX es, simplemente, un árbol plantado en una maceta y cultivado de forma tal que el resultado nos evoque sentimientos como los que nos produciría un viejo pino en un acantilado o un majestuoso roble en medio del bosque. En el bonsái se entrelazan la biología, la agricultura, el arte y la filosofía para conseguir armonía viviente.

Los árboles utilizados en bonsái no son árboles preparados, ni modificados genéticamente, ni de razas artificiales. Son árboles y arbustos como los que puede encontrar en cualquier jardín o bosque, que necesitan luz, sol, agua y viento como cualquier otro. Eso sí, se acostumbra a utilizar especies que por sus características ofrezcan facilidades a la hora de miniaturizar hojas y ramas: los castaños o los nísperos no se utilizan dado que tienen hojas demasiado grandes, es preferible utilizar otras especies de hojas ya de por sí pequeñas, tal es el caso de los pinos (ver El pino de Yamaki, 400 años de bonsai antinuclear), los enebros o los olmos.

Cuidados periódicos -Trasplante
Cuidados periódicos
El proceso de miniaturización es el proceso más delicado de un bonsái, al cual se llega a través de podas repetidas tanto de las ramas como de las raíces. Hemos de tener en cuenta que un árbol en el campo utiliza un espacio ilimitado para desarrollarse (ver El árbol del Pastor: modestia por arriba, récord mundial por debajo), pero en el caso del bonsái, las raíces están confinadas en un espacio muy reducido. Es entonces que, si queremos que el árbol se desarrolle en un espacio tan reducido, hemos de cortarle el exceso de raíces generadas y proporcionarle cada cierto tiempo más espacio para poder desarrollar más raíces. De otra forma, moriría.

Tradición y respeto por los árboles -Pino Blanco Japonés
Tradición y respeto por los árboles
En las ramas el proceso es similar. Debido a las características fisiológicas de los árboles -más cercanas a las de un coral que a las de un perro-, los brotes más fuertes tienden a “chupar” la energía que absorben de las raíces, creciendo más que los brotes más débiles. Es el trabajo del bonsaista el que ha de equilibrar el vigor de las diferentes partes para que el árbol se desarrolle perfectamente y, a la vez, consiga la forma que él mismo ha diseñado.

Es con la poda, el pinzado de los brotes tiernos y por el alambrado de las ramas, que el árbol va tomando la forma deseada, sin descuidar en ningún momento su nutrición. Vale la pena remarcar que -al contrario de lo que mucha gente piensa- a estos árboles no se les mantiene pasando hambre, y ni mucho menos sed. Un buen árbol está siempre abonado y en perfecto estado de salud ya que un árbol débil no se puede trabajar, acabaría muerto en poco tiempo.

El bonsái es una bella afición que nos permite disfrutar en nuestro propio hogar de la armonía y equilibrio de un trocito de Naturaleza. Ahora que el hombre ha emprendido una insensata lucha a muerte contra la Madre Tierra (ver Réquiem por un mar: El pavoroso desastre ecológico del Mar de Aral), cultivar un árbol en casa tal vez sea lo mínimo que podamos hacer para intentar revertir la tendencia.

El amor del bonsaista el árbol lo devuelve en belleza -Azalea florida
El amor del bonsaista el árbol lo devuelve en belleza


Art. Rev. 22/01/08 0.39 61 v

viernes, diciembre 07, 2018

Isabel II, Espartero y los heroicos garbanzos guardaespaldas

Improvisados garbanzos antigolpistas
Improvisados antigolpistas
Tenemos la impresión que la historia la escriben los grandes hechos, las grandes hazañas o los grandes nombres. No obstante, hay veces que algo tan pequeño como un garbanzo puede hacer que la historia sufra un giro de 180 grados en su errático devenir. Tal fue el caso en que estas pequeñas legumbres impidieron un golpe de Estado.

Corría octubre de 1841 y España estaba inmersa en una convulsa situación política y social fruto de las luchas internas entre las tendencias absolutistas y liberales que conllevaba numerosos alzamientos y revoluciones de todos los signos posibles. María Cristina había abdicado de la Regencia, abandonando el país debido a las presiones de los progresistas, y el general  Baldomero Espartero había tomado la jefatura del Estado en espera de que la infanta Isabel adquiriera la mayoría de edad y fuera nombrada Reina de España (ver El rey de España llamado Paquita).

Baldomero Espartero
Baldomero Espartero
Los liberales, que habían elevado a Espartero al poder en búsqueda de una democratización de la vida política,  se encontraron traicionados por las tendencias dictatoriales del general regente, por lo que se rebelaron contra él. En medio de esta sedición, un par de batallones del regimiento de infantería de la Princesa, se dirigieron  el 7 de octubre de 1841 al Palacio Real de Madrid con la intención de secuestrar a la princesa Isabel -que por aquel entonces tenía 11 años- y su hermana, y propiciar el retorno de María Cristina a la Regencia.

Los encargados de este golpe de mano fueron los generales Manuel de la Concha y Diego de León, pero no contaron con la férrea defensa de los Alabarderos encargados de la escolta personal de Isabel, que en principio tenían que estar a favor de la revuelta y los cuales les desbarataron todos los planes (ver La Devotio Ibérica o la costumbre hispana de seguir al líder hasta la muerte).

Mª Cristina de Borbón
Mª Cristina de Borbón
Sobre las 8 de la noche llegaron los rebeldes al Palacio Real, y cuando llegaron a las escaleras de acceso a los pisos superiores, fueron repelidos por el fuego de los 17 alabarderos que, comandados por el coronel Domingo Dulce, se encargaban aquella noche de la vigilancia de las princesas, las cuales se encontraban en plena clase de canto en aquellos precisos instantes. Las hostilidades se prolongaron durante buena parte de la noche debido a la estructura de la escalera, la cual la hacía fácilmente defendible.

El general Diego de León, popular héroe de las guerras carlistas, se propuso doblegar el tenaz proceder de los alabarderos ya que si bien eran muy superiores en número a los defensores, el tiempo corría en su contra, y decidió ordenar el alto el fuego y subir con sus hombres pacíficamente por aquellas suntuosas escaleras de mármol a tomar a las princesas. El general confió en su oratoria y apelando al patriotismo de los defensores para poder conseguir sus objetivos se dirigió hacia arriba.

Escalinata del Palacio Real
Escalinata del Palacio Real
El coronel Dulce, ante un alto el fuego que no pretendía romper (los historiadores dicen que ambos bandos no tiraban a matar, a pesar de lo cual hubo una baja), ordenó recoger todos los sacos de garbanzos que hubiera en la cocina y que fueran esparcidos escaleras abajo. Dicho y hecho.

Los asaltantes, debido a la suela lisa de sus lustradas botas, al intentar subir por las escaleras, resbalaban de mala forma al pisar las legumbres. Ello impidió que los sublevados pudieran acceder por la escalinata, ya fuera por las buenas o por las malas, y así, sin romper el alto el fuego, Dulce ganó un tiempo vital que evitó que las princesas fueran raptadas.

Diego de León asaltando la escalera.
Diego de León asaltando la escalera.
En vista de la imposibilidad de culminar su acción antes del amanecer, y de que los refuerzos fieles a Espartero se acercaban al Palacio Real, los cabecillas tuvieron que huir sin su "botín" pero fueron apresados poco después y juzgados en consejo de guerra. El general Diego de León, a pesar de su popularidad y la solicitud de clemencia de la misma Isabel -cabe recordar que no quería atentar contra ellas, sino conseguir que su madre volviera-, fue condenado a muerte por el propio Espartero, lo que le hizo caer en desgracia ante la población española. Los Alabarderos que defendieron a la futura reina Isabel II, por su parte, fueron condecorados por su heroica acción.

Las crónicas no dicen si hubo alguna condecoración para los "heroicos" garbanzos, pero fueron una pieza clave para el fracaso del alzamiento. Tampoco sirvió de mucho, debido a que los tumultos, abdicaciones, golpes de estado y revoluciones fueron moneda de cambio habitual durante todo el siglo XIX (ver La insólita estafa oficial de los falsos duros sevillanos) pero, al menos, dejar constancia de que todo el mundo forma parte de la historia, hasta los humildes garbanzos.

Fusilamiento del General Diego de León (1841)
Fusilamiento del General Diego de León (1841)
Art. Rev. 10/12/10 22.34 466 v

sábado, diciembre 01, 2018

El maloliente incidente del lavabo de la Estación Espacial Internacional

Gases hediondos y problemáticos
Gases hediondos y problemáticos
Quien más, quien menos, ha tenido el placer de "disfrutar" de los inefables efluvios que quedan en un lavabo en el que previamente alguien ha dado solaz a sus inquietudes intestinales. Estos gases, por mucho que molesten, son un subproducto natural de todos los seres vivos, cuya expulsión trasciende incluso a nivel climático (ver Cuando el hombre y los pedos de mamut produjeron una glaciación: el Dryas Reciente). Y es que, por mucho que sea poco glamuroso hablar de flatulencias, la realidad es que hasta el más reprimido ha dejado en algún momento un "regalito" gaseoso que ha hecho abrir puertas y ventanas al más pintado. Sin embargo, un gesto tan simple como es el de abrir la ventana para no asfixiarte tras ir al váter, no es posible hacerlo en el espacio, pudiéndose encontrar en un serio problema si se diera el caso. Lo peor es que este "catastrófico" supuesto se ha producido realmente, tal y como ocurrió en julio de 2011 cuando la controladísima atmósfera de la Estación Espacial Internacional se vio, de golpe, invadida por un hediondo olor proveniente de uno de sus lavabos.

Estación Espacial Internacional
Estación Espacial Internacional
Cuando te haces astronauta, lo que menos te puedes pensar es que, además de saber conducir naves espaciales, te va a tocar meter la mano en un retrete como si fueras un fontanero cualquiera. No obstante, esto es justo lo que le tocó hacer al astronauta estadounidense Ron Garan, cuando se reportó un olor insoportable que se extendía por los alrededores del lavabo ubicado en el módulo Tranquility de la Estación Espacial. Después de hacer historia siendo el último astronauta que dio un paseo espacial en la última misión del transbordador Atlantis el martes 12 de julio de 2011, es de suponer que tampoco le haría demasiada gracia liarse a arreglar un albañal, pero de la Tierra no iba a venir nadie a arreglárselo. Cosas de estar en el espacio.

Módulo Tranquility
Módulo Tranquility
Por mucho que en estas misiones espaciales se muevan miles de millones de dólares y que, por ello, el asunto de pegar una meada o hacer de vientre parezca una frivolidad, el asunto de los residuos es uno de los principales dolores de cabeza de la humanidad en general (ver Las mareas que afectaban Madrid a pesar de no tener mar) y la astronáutica en particular, sobre todo en el caso de vuelos o misiones tripuladas. No por nada te puedes gastar una auténtica millonada en aparatos carísimos de medición de la radiación gamma al tresbolillo que, como el astronauta que tenga que montarlo o gestionarlo no pueda orinar o defecar en condiciones, aquello no va a servir para nada, por lo que montar una infraestructura para el adecuado alivio de los cosmonautas, no es un lujo, sino una necesidad de primer orden.

Sin gravedad, todo flota
Sin gravedad, todo flota
Para empezar, un váter cósmico no funciona como uno en la Tierra, ya que la falta de gravedad hace que una taza al estilo de tu casa no sirva para nada. Imagínese por un momento haciendo sus cosas en gravedad cero igual que lo haría a nivel del mar. Si orina, se va a bañar con ella porque el líquido va a flotar por la habitación con total libertad; y si hace caca, también... el espectáculo, en ese caso, se lo dejo a su (más o menos sucia) imaginación. Sea como sea, la solución terrestre no es una buena opción y, por ello, los sanitarios espaciales son más parecidos a aspiradoras que a un lavabo al uso.

Váter de la Estación Espacial
Váter de la Estación Espacial
Efectivamente, para evitar que vaya usted bostezando por su nave y se encuentre comiendo o bebiendo algo que no debiera, la orina y las heces se absorben mediante una corriente de aire que recoge ambos productos directamente desde su fuente de emisión. Es decir, que para mear, un embudo adaptado a la forma de los genitales del astronauta (más cónico para los hombres, más ancho para las mujeres) y conectado a la manguera de un aspirador, recoge la orina y la traslada a un sistema de filtrado que separa el aire del líquido, a la vez que extrae el agua que contiene. Agua que es depurada y que, dada la dificultad de asegurar un suministro continuo en el espacio, se reutiliza para beber u otros menesteres.  Y ahora se preguntará... ¿y para cagar? La respuesta es sencilla: en vez de utilizar la manguera, se sienta directamente en el agujero de la aspiradora. Literalmente.

Esquema de funcionamiento de un váter espacial
Esquema de funcionamiento
Cuando llega el momento de hacer aguas mayores, los y las astronautas han de sentarse en una especie de pequeño bidón metálico con una boca de unos 10 cm de ancho y atinar a poner el ano centrado en ese agujero. De esta forma, la corriente de aire aspira lo que salga de "ahí" y, talmente como la bolsa de un aspirador, el mecanismo recoge sus "adabelardos" en unas bolsas especiales en las cuales se queda el residuo sólido y líquido, pero no el gaseoso, que es absorbido y transportado a un filtro que depura el aire. La bolsa, así estando, se cierra y se guarda en cajones especiales que, cuando están llenos, se lanzan hacia la Tierra, se desintegran al reingresar en la atmósfera como un meteorito y forman parte del polvo que se le pone en los muebles. Al principio de la era espacial (ver Belka y Strelka, unas perras de ida y vuelta), tanto los líquidos como los sólidos se lanzaban directamente al espacio, hasta que en 2001 vieron que el 40% de los paneles solares de la estación rusa Mir estaban dañados por el impacto a gran velocidad de la orina y heces congeladas. De los errores se aprende, claro.

Ronald J. Garan
Ronald J. Garan
Así las cosas, en julio de 2011, un fallo de los sistemas de filtrado de gases -se comentó que tal vez unas burbujas de aire hubiesen quedado en el conducto de recogida de orina- obligó al coronel Ron Garan a pasar varias horas del 13 de julio haciendo mantenimiento de distintos filtros del lavabo "averiado". Esta fue la explicación oficial que se dio para justificar la intervención en el lavabo y la peste asociada (todo está monitorizado por la NASA), pero algo no cuadra en esta historia dado que el "olor" desapareció por sí solo mientras que estaban haciendo el paseo espacial, bastante tiempo antes de arreglar la supuesta avería... ¿qué pasó entonces?

Lavabo espacial soviético
Lo que pasó en verdad difícilmente lo llegaremos a saber nunca -lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas-, pero, más allá de la versión oficial, algunos autores apuntan a que alguien de la tripulación atascó el váter (los "bates de béisbol" siempre son complicados de gestionar) o bien no acertó a ponerse correctamente en él, lo que provocó que los gases de sus intestinos no fuesen correctamente absorbidos por la maquinaria de filtrado y se esparcieran libremente por la estación orbital, haciendo que se lo "comieran" sus compañeros, a la vez que activaba todas las señales de alarma. Una alarma que, en el fondo, no habría sido tal, sino la confirmación fehaciente y rotunda que, por mucho que seamos reyes o plebeyos, ricos o pobres, hablemos una lengua u otra, estemos en tierra o en el espacio, no somos más que unos corrientes y molientes animalejos pedorros.

Naturaleza en estado puro, vamos.

Retretes espaciales rudimentarios de las naves Soyuz
Retretes espaciales rudimentarios de las naves Soyuz


Webgrafía

jueves, noviembre 29, 2018

Escocia o el porqué un cardo borriquero se convirtió en su símbolo nacional

El cardo escocés
El cardo escocés
Si hay algo hay variopinto en extremo son los símbolos nacionales con los que cada país, territorio o grupo humano se identifica. Los hay de todo tipo, aunque acostumbran a ser iconos extraídos de la naturaleza que por conocidos o importantes localmente, son capaces de representar un colectivo humano. El Burro en Catalunya, el Toro para España, el Oso Panda para China, el Águila Calva para Estados Unidos, la hoja de arce para Canadá o el Gallo para Francia y Portugal, son ejemplos más o menos conocidos de símbolos utilizados. Pero... ¿qué fue lo que llevó a los escoceses a adoptar el denostado cardo borriquero (Onopordum acanthium) como símbolo nacional? Una soberana metedura de pata estaría implicada en este asunto.

Mapa de Escocia
Mapa de Escocia
La leyenda de porqué se toma el cardo como símbolo de Escocia se remonta a mediados del siglo XIII y como en todo mito, la fantasía se mezcla con elementos históricos reales. 

Hacia 1263, los noruegos tenían el control de unas cuantas islas de la costa occidental escocesa, pertenecientes al archipiélago de las Hébridas. Los escoceses, que se encontraban en plena expansión,  mostraron un cierto interés en obtener el control de dichas islas (hubo incluso negociaciones de adquisición), lo que llevó a los noruegos a desconfiar de las intenciones de los escoceses, al frente de los cuales se encontraba el rey Alexander III de Escocia.

Desembarco vikingo
Desembarco vikingo
En vista del cariz que tomaba el asunto y que los escoceses iban "a piñón" para obtener la posesión de las tierras en litigio, el rey Haakon IV de Noruega decidió hacer un ataque preventivo a las poblaciones costeras para asegurarse el control de las islas en su poder y parar los pies al expansionismo escocés. Para ello organizó una gran flota de 200 barcos que proveniente de Bergen (Noruega) se tenia que encontrar en las Hébridas con los refuerzos que provenían de la Isla de Man, por aquel entonces autónoma (ver Tynwald, el parlamento más antiguo del mundo), pero en la órbita noruega. 

El problema de ir descalzos
El problema de ir descalzos
Cuenta la historia que en estas circunstancias los vikingos noruegos desembarcaron durante la noche para tomar a los escoceses desprevenidos y que, para no hacer ruido, se les ocurrió descalzarse para avanzar en el máximo silencio en la oscuridad. En principio la idea era buena, pero no contaron con que la vegetación dominante en la zona eran los cardos y, en medio del avance nocturno, uno de los soldados noruegos pisó un espinoso cardo y -como en una historieta de Mortadelo y Filemón- pegó un alarido que rompió el silencio de la noche. Ello puso en evidencia a los noruegos y dio la señal de alerta que permitió a los escoceses vencer a los invasores (ver Unas escandalosas pero diligentes ocas guardianas), siendo desde entonces, en agradecimiento, el símbolo nacional de Escocia.

Con un pie y un cardo, ya tengo tu símbolo nacional
Con un pie y un cardo...
El romanticismo de la leyenda, sin embargo, no parece tener un reflejo en el relato histórico del hecho bélico en sí. Según las fuentes, en esa situación de reunión de fuerzas noruegas, una gran tormenta (ver El Fuego de San Telmo: el poder de un santo encerrado en una botella) se abalanzó sobre la expedición e hizo que una parte de la flota noruega tuviera que tomar tierra cerca de Largs (a 50 km al este de la capital escocesa, Glasgow), lo que produjo el inicio de las hostilidades. 

Monumento a la batalla de Largs
Monumento a la batalla de Largs
Los escoceses, que se habían percatado de los movimientos noruegos y estaban siguiéndolos desde tierra (en la antigüedad se navegaba básicamente costeando) cuando éstos se vieron forzados a desembarcar y estaban en inferioridad de condiciones, los atacaron, lo que provocó que el grueso de la flota noruega tuviera que desembarcar en una zona que no era la más idónea para repeler el ataque, produciéndose la Batalla de Largs, donde  1.500 escoceses acabaron con la vida de 25.000 noruegos -según fuentes escocesas, evidentemente.

La realidad, más prosaica, no habla de cantidades de muertos y tanto las fuentes noruegas como escocesas se dieron como vencedoras de la batalla, lo cual permite pensar que el desenlace de la batalla fue más igualado de lo que realmente se vendió desde el bando escocés. 

Al final, todo acabó en el 1266 con la firma del Tratado de Perth en el que se firmaba la venta de las Hébridas, la Isla de Man y el condado de Caithness a los escoceses por 4.000 marcos y una anualidad de 100 marcos, así como, por haber estado en el momento más oportuno, el ascenso a símbolo nacional de un humilde y espinoso cardo borriquero.

El cardo escocés: el espinoso asunto de un símbolo nacional
El cardo escocés: el espinoso asunto de un símbolo nacional

Art. Rev. 20/01/13 15.45 237 v

jueves, noviembre 22, 2018

El embalse de Mediano o el salvaje desalojo de un pueblo que no quería morir

Iglesia de Mediano
A pesar de gustarme los paisajes verdes y boscosos, y tal vez justo por ello, los paisajes áridos y semidesérticos me han llamado la atención desde siempre. El hecho de tener familia en Bujaraloz, en Los Monegros (Aragón), y saber que aquel erial llano como la palma de la mano había sido, siglos ha, un cerrado bosque de sabinas arrasado por la mano del hombre, no hacía más que despertar mi curiosidad por la posibilidad de revertir aquel desierto en bosque otra vez (ver La indignante muerte y milagrosa resurrección de una laguna de interior). Sin embargo, en aquella tierra si algo faltaba era agua y, de hecho, aún me acuerdo de las grandes tinajas de barro que ocupaban la entrada de la casa de mis tíos donde almacenaban el agua que se les llevaba con cisternas. Aquel paisaje no se normalizó hasta 1975, cuando les pusieron el agua corriente, pero el agua no salió de la nada y tan solo la construcción de los grandes pantanos del Pirineo permitieron llevar el agua a aquella sedienta tierra. Pantanos que, construidos a machamartillo durante el franquismo, anegaron gran cantidad de pueblos pasando al galope sobre cualquier derecho o voluntad popular. Y uno de esos episodios, por ignominioso e indignante, fue el desalojo del pueblo de Mediano, ubicado a escasa distancia de la presa homónima, en la comarca oscense de Sobrarbe.

Desierto de Los Monegros
La conveniencia o no de convertir en regadío zonas donde los recursos hídricos son escasos es una polémica que ha llegado a la sociedad hace tan solo pocos años. Anteriormente, sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX, el debate se centraba en cómo hacerlo y, en ningún caso, el por qué hacerlo o las consecuencias de llevarlo a cabo. O dicho de otra forma, que los únicos limitantes eran los técnicos y los pecuniarios, desestimándose por defecto cualquier limitación moral y medioambiental que pusiera en peligro los intereses de los posibles regantes. Y si ello implicaba el levantamiento de mastodónticas presas, se hacía y punto, aunque ello provocase, a la larga, graves problemas colaterales (ver El problemático lodazal de los sedimentos de los embalses).

Regadíos de la cuenca del Ebro
Uno de estos embalses, que tenía que dar suministro a los canales de Aragón y Catalunya obteniendo su agua del río Cinca era el embalse de Mediano. Un embalse que, si bien no afectaba al pueblo de Mediano -del cual obtiene el nombre- anegaría uno de los valles más hermosos y fértiles del Prepirineo aragonés. El bien general, los intereses de la oligarquía agrícola que se beneficiaría del riego derivado y un territorio en despoblación que aún se desplazaba a lomos de caballos y mulas, hicieron que, en 1915, el rey Alfonso XIII (ver La reina Victoria y la trascendente epidemia de hemofilia entre las casas reales europeas) aprobara el proyecto de Plan de Riegos y, con él, el levantamiento de la presa.

El bonito pueblo de Mediano (1933)
El embalse no empezó a construirse hasta octubre de 1929, pero el advenimiento de la II República, el replanteamiento del proyecto en 1932 -que pasó a anegar el pueblo-, la Guerra Civil y el impago de los jornales por parte del contratista encargado de levantar la obra, hicieron que el embalse sufriera continuos retrasos y paralizaciones. No fue hasta 1941 cuando Franco, pretendiendo convertir los Monegros en una vega agrícola con más de 300.000 hectáreas de regadío, procedió a reemprender las obras de construcción de pantanos, entre ellos el pantano de Mediano. No obstante, el proyecto inicial no sumergía el pueblo, por lo que una tensa negociación por las compensaciones de la expropiación se puso en marcha.

Presos republicanos
Mediano era un pequeño pueblo con 14 casas de labrador correspondientes a otras tantas familias, y si bien hubo gente que pronto abandonó el pueblo ante la falta de futuro claro, las ridículas cantidades que se ofrecían por las propiedades y tierras expropiadas (se aplicó una ley de 1879 por la cual recibirían el valor de una propiedad similar, no por los daños ocasionados) hizo que buena parte de la gente se negara a irse, provocando la ralentización de las obras. Obras que, llevadas a cabo por Dragados y Construcciones por 250 millones de pesetas y utilizando a gran cantidad de presos políticos republicanos como mano de obra esclava, contrariamente a lo que se podría pensar llenaron de vida el pueblo con sus trabajadores. De esta forma, Mediano llegó a tener unos 800 habitantes y todo tipo de servicios, desde bar, cine, baile, carnicerías, peluquería… Ironías de la vida, lo que iba a matar el pueblo, justamente le estaba dando la vida.

Presa de Mediano
Hacia 1960, el proyecto observó la incorporación en la presa de una central hidroeléctrica gestionada por ENHER, pero los continuos retrasos en los tribunales por los recursos de las familias resistentes al desalojo, llegaron a exasperar los intereses de la hidroeléctrica y de los regantes de la zona baja de Huesca que, ávidos del negocio fácil en plena época desarrollista (ver La corrupta historia de los coches llamados "Gracias Manolo") presionaron a las autoridades franquistas para que entrase de una vez en funcionamiento el embalse. El rodillo estatal se puso en marcha y se empezaron a derruir las casas de los que habían vendido. La diferencia era que se hacía a golpe de dinamita. Dinamita cuya explosión se utilizaba para destruir tanto la extraordinaria resistencia de unas piedras centenarias como la moral de los que no querían irse. No obstante, mientras se mantuvieran en su casa, el pantano no podría entrar en funcionamiento… o al menos eso les habían prometido desde la Confederación Hidrográfica del Ebro.

El río Cinca desbordado
El 27 de abril de 1969 amaneció con un fuerte aguacero que no paró en todo el día, provocando la crecida del río Cinca.  Sin embargo, a las 6 de la tarde, después de la misa por la muerte de un vecino, los vecinos vieron aterrados que aquello no era como tantas otras veces. El nivel del agua estaba creciendo a una velocidad endiablada amenazando de anegar el pueblo. Las compuertas del fondo del pantano no estaban abiertas y, ¡oh, casualidad!, el único teléfono de la zona no funcionaba por la lluvia. Nadie atendía sus llamadas.

18,5 metros subió en 3 días
Deprisa y corriendo, los medianenses que resistían el mobbing franquista como la aldea de Asterix, vieron que o evacuaban o ponían en riesgo su vida. Así que, ante el aumento inexorable del nivel del embalse, recogieron corriendo los pocos enseres que pudieron trasladar con los precarios medios de que disponían. La indignación y la impotencia de ver sumergido su pueblo (no se había ni trasladado el cementerio), llenó de lágrimas el alma de aquella gente. Incluso una abuela, que vivía sola, decidió que antes moriría ahogada que abandonar su casa, cerrándose por dentro y negándose a salir. Tan solo la fuerza bruta de la Guardia Civil, derribando la puerta, fue capaz de doblegar la tozudez desesperada de aquella mujer que, no solo perdía una casa, sino su vida, sus recuerdos, su historia… Todo.

Embalse de Mediano
Durante tres días el cielo se abrió en canal, lloviendo como nunca antes lo había hecho. Evacuados cuando el agua ya llegaba hasta las rodillas, lo que no pudieron llevarse se subió a los desvanes, en la vana esperanza de que la apertura a tiempo de las, hasta entonces, bloqueadas compuertas de fondo impidieran el desastre. El embalse arrasó con todo. En aquellos tres días de abril el nivel subió 18,5 metros hundiendo bajo el agua todo lo que quedaba de Mediano, obligando a las 6 familias que aguantaron hasta el fin a buscarse una nueva vida. Unos se instalaron en las casas que la Confederación Hidrográfica construyó más arriba, otros se fueron a pueblos cercanos y otros tuvieron que irse con la familia a Barcelona, pero todos con sus existencias rotas sin remisión, convertidos, en el peor de los casos, en auténticos muertos en vida.

Tan solo la iglesia sobresale
Nunca se supo qué fue lo que pasó. La Confederación Hidrográfica dice que nadie dio orden alguna, que fallaron las comunicaciones por las lluvias y fue todo un desgraciado suceso; los evacuados no dudan de que fue absolutamente premeditado para imponer su ley y echarlos del pueblo. Sea uno o sea otro, de Mediano, tan solo queda la torre de la Iglesia, testimonio mudo del sufrimiento y la tristeza de una gente cuyas vidas fueron sacrificadas sin misericordia para satisfacer las necesidades de agua de zonas más secas, pero, sobre todo, para satisfacer las ansias de negocio de gente que ni vivía, ni conocía, ni le importaba lo más mínimo el territorio ahogado.

Un año después aún se recuperaban cosas de las casas. La próxima vez que vaya al lavabo recuerde que, de aquel grifo abierto con tanta alegría, puede que no solo salga agua, sino también dolor, indignación e injusticia.

Tengámoslo en cuenta.

435 hm3 no pueden disolver las lágrimas de Mediano

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