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miércoles, julio 18, 2018

Las alucinaciones gratuitas y sin drogas del Efecto Ganzfeld

Experimento Ganzfeld
Experimento Ganzfeld
Muchas veces nos quejamos de que, en esta sociedad en que nos ha tocado vivir, sufrimos tal bombardeo de información, que nos llega a salir hasta por las orejas. Postverdades, noticias fake, hiperactividad, falta de criterio… todo ello se ha convertido en algo cotidiano, fruto de las redes sociales y la sociedad de la información que nos rodea. Sin embargo, y por muy hartos que estemos, la verdad es que el cerebro humano está preparado para procesar todo el cúmulo de informaciones y estímulos que llegamos a recibir al cabo del día (la calidad del procesado, ya depende de cada seso), pudiéndose generar auténticos disturbios cerebrales en caso de que pudiéramos eliminar esos estímulos. Y se puede. Es el conocido como Efecto Ganzfeld.

Exceso de información
Exceso de información
Que el cerebro es una máquina extraordinaria, capaz de crear maravillas, efectuar cálculos complejos e imaginar situaciones inverosímiles, es algo que, no por conocido nos deja de sorprender cada vez que nos hacen un buen truco de magia. El único inconveniente es que este ordenador central que tenemos encima de los hombros (algunos, otros lo tienen en otro lado) necesita información externa para procesarla, ya que, sin este aporte de estímulos, el cerebro se vuelve auténticamente loco.

Dr. Wolfgang Metzger
Dr. Wolfgang Metzger
Así las cosas, el psicólogo alemán Wolfgang Metzger, estudiando la teoría de la Gelstat, según la cual el cerebro actúa reconociendo formas y agrupando conceptos conforme su experiencia, diseñó en los años 30 una forma de eliminar los estímulos sonoros y visuales. Bien… de hecho no los eliminaba, sino que los homogeneizaba, de tal forma que, a efectos prácticos, era como si los eliminase. Le llamó "Ganzfeld" (del alemán "ganz", todo, y "feld", campo) al referirse a la total privación de vista y oído.

De esta forma, a un sujeto tumbado cómodamente, se le hacía oír una especie de “fritura” similar al ruido que se obtiene cuando cambiamos entre dos emisoras de radio (conocido como “Pink Noise” o Ruido Rosa), mientras que en los ojos se ponen dos coberturas translúcidas (las dos mitades de una pelota de ping-pong) y se le enfoca una bombilla de luz roja. De esta guisa estando, se mantiene al interfecto durante varios minutos escuchando el ruido -que de hecho lo que hace es eliminar el estímulo sonoro externo- y viendo la luz rojiza que traspasa las mitades traslúcidas y sus párpados.

El efecto produce alucinaciones
El efecto produce alucinaciones
Ante esta situación de privación sensorial, el cerebro, acostumbrado como está a reconocer patrones y a predecir formas y colores -ver caras en las nubes, en los azulejos o en los desconchones de la pared… fenómenos conocidos como pareidolias- se pierde como quien se encuentra en una total oscuridad, de tal forma que comienza a hacer de su capa un sayo. O lo que es lo mismo, que el cerebro comienza a producir imágenes alucinatorias producto de la falta total de información que procesar, pudiendo llegar al extremo de afectar seriamente la salud mental del conejillo de Indias que se haya prestado al experimento. De hecho, esta forma de alucinar sin necesidad de LSD (ver Hofmann y el alucinante descubrimiento del LSD) también se consigue en las cámaras anecoicas (ver La cámara anecoica de Orfield, el lugar más silencioso del mundo)  y se ha reportado que ocurre en gente que se ha quedado durante mucho tiempo encerrada en la oscuridad (mineros accidentados, por ejemplo), expedicionarios polares o, incluso, algunos filósofos griegos, que se encerraban en cavernas y esperaban que les “fluyera” la inspiración intelectual. No obstante, este fenómeno también se utiliza para algo un pelín más misterioso: para detectar la existencia de la percepción extrasensorial, sobre todo la telepatía.

¿Experimentando la telepatía?
¿Experimentando la telepatía?
Según los estudios de diversos parapsicólogos durante principios de los años 70 del siglo XX, esta privación de sentidos hace que se disparen las capacidades precognitivas y de sentidos paranormales que, según la paraciencia, todos disponemos. En este caso, al inducir a una persona el fenómeno de Ganzfeld, las alucinaciones que tendría estarían influidas por los pensamientos que le estaría “mandando” otro sujeto que estuviese mirando una serie de dibujos en su cercanía. Es decir, mientras que una persona está viendo una serie de dibujos de forma aleatoria, el otro tendría que ver en sus alucinaciones los dibujos que está viendo su comunicador. ¿Y cómo saber si las ha visto o no las ha visto? Pues después de la sesión Ganzfeld, al que se le ha sometido al proceso se le pasan una serie de dibujos en que, de cada cuatro dibujos, uno es de los que ha visto el “emisor”, y el “receptor” tiene que reconocerlos. Estadísticamente, si fuesen elegidos por simple azar, el tanto por ciento de acierto tendría que ser del 25%. La sorpresa es que se han llegado a documentar hasta el 35% de aciertos, dato inexplicado que sirve como prueba de que “algo” existe para los que creen en estas cosas y que no prueba nada para los que no creen en estas sensibilidades paranormales. Sea como sea, la polémica está servida.

Hippies alucinando sin drogas
Alucinando sin drogas
En definitiva, que nuestro cerebro, por mucho que nos guste o no, está diseñado para gestionar información a punta pala ya que ello nos permite sobrevivir en un mundo tan cambiante y ambiguo como el nuestro. Posiblemente este mundo no sea el mejor que podamos tener, ni el que más nos gustase vivir, pero, sea uno o sea el otro, nuestra mente está diseñada para procesar una información con la que podemos volvernos locos, pero sin la que, por mucho que nos duela, podemos volvernos igualmente locos. Eso sí, puestos a volverse tarumba, hágalo con un buen libro, que, para hacerlo con la realidad, simplemente tiene que abrir Twitter o ver un Telediario.

Consejo de amigo escritor.
 
El experimento hace que el cerebro se pierda
El experimento hace que el cerebro se pierda

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lunes, julio 16, 2018

La Máquina de Antikythera, la sorprendente computadora de la Antigua Grecia

La Máquina de Antikythera en el Museo Nacional de Arqueología de Atenas
La Máquina de Antikythera
En la isla de Creta, unos arqueólogos encuentran unos extraordinarios autómatas de bronce que habían quedado enterrados desde la época de la Antigua Grecia. Uno de aquellos arqueólogos, cegado por el poder de tales androides, decide eliminar a todos sus compañeros y desarrollar a partir de aquellas máquinas olvidadas un ejército de robots con el que dominar el mundo. Desgraciadamente para sus aviesas intenciones, uno de aquellos que habían sido sus compañeros quedó solo malherido por lo que, conociendo la técnica, creó un robot que se enfrentara a aquella amenaza para la Humanidad. Así se explica en el primer capítulo de la serie el origen de Mazinger Z (ver El icono histórico del enorme Mazinger Z de Tarragona). Esta ficción, basada en el mito del gigante Talos, el invencible gigante de bronce creado por Hefesto y los cíclopes (ver La mitológica, pero real, historia de los cíclopes fosilizados) para proteger Creta de los extranjeros, puede quedar como lo que es, una simple mitología. Sin embargo, cuando en 1900 se encontró en el mar una extraña máquina medio corroída, más de un presupuesto sobre los antiguos griegos tembló como un flan. Me refiero a la Máquina de Antikythera: la computadora más antigua de la Historia.

Ubicación de Antikythera
Ubicación de Antikythera
Las islas griegas, a parte de un bello (y caro) destino turístico donde las cámaras de fotos y los Instagram sacan humo cada día, es uno de los principales puntos de interés arqueológico del mundo. El hecho de que a orillas del Egeo se desarrollase una de las culturas más avanzadas -intelectualmente hablando- y que más han influenciado a las civilizaciones posteriores, ha convertido estas tierras en un centro donde los arqueólogos han hecho su particular agosto. Y no solo en superficie, donde es normal que se hallen restos, sino incluso en los fondos submarinos, donde el descubrimiento de piezas es mucho más dificultoso y sorprendente.

Extrayendo los restos (1900-1901)
Extrayendo los restos (1900-1901)
Así las cosas, en el año 1900 un grupo de pescadores de esponjas descubrió a 45 metros de profundidad, en las costas de la isla griega de Antikythera (también conocida como Anticitera o Antiquitera), un barco romano hundido a mediados del siglo I a.C. que transportaba un valioso cargamento de ánforas, estatuas, cristalería, monedas y toda una serie de diverso material de origen griego. Todo el cargamento fue izado durante el 1901 y, depositado en el Museo Nacional de Arqueología de Atenas, los arqueólogos determinaron que buena parte de los restos estaban datados del siglo IV a.C. Y, como ocurre demasiado frecuentemente, una vez catalogados los artículos más bellos y destacados, el resto quedó en el fondo de un armario.

Restos del artilugio
Restos del artilugio
En 1902, el director del museo, el arqueólogo griego Valerio Stais, revisando un cacho de bronce corroído procedente del pecio romano de Antikythera, vio que en aquella masa informe metálica destacaba una serie de engranajes. Stais los relacionó con un reloj astronómico, pero los investigadores que lo estudiaron vieron que, caso de serlo, era algo demasiado complejo para su época y que no cuadraba con el resto de elementos recuperados. Se pensó que era algo que había caído posteriormente al hundimiento del barco, se volvió a meter en el cajón (los almacenes de los museos, esos agujeros negros del conocimiento humano…) y no fue hasta 1951 que el físico e historiador inglés Derek John de Solla Price se interesó de nuevo por los fragmentos que formaban aquel extraño amasijo metálico.

Derek John de Solla Price
Derek John de Solla Price
Tras varios años de estudio y la constatación de que “aquello” de normal tenía poco, en 1971, Price y el físico nuclear griego Charalampos Karakalos (y después alguno se queja de que mi nombre -también de origen griego- es raro) sometieron a la conocida como “Máquina de Antikythera” a un escáner de rayos X y otro de rayos Gamma. Fue la constatación de que estaban ante una auténtica maravilla de la técnica, un predecesor de los computadores actuales cuyos semejantes no se vuelven a encontrar hasta bien entrado el siglo XVI, con el desarrollo de los complejos mecanismos de relojería.

Varios fragmentos de la Máquina
Varios fragmentos de la Máquina
La máquina, formada por 82 fragmentos -algunos recuperados del pecio por el capitán Jacques Cousteau en 1976- consistía en una extraordinaria maquinaria de relojería compuesta por no menos de 37 ruedas dentadas en bronce de diferentes tamaños (la mayor era de 14 cm), y que estaban instaladas en una caja de madera de 34 x 18 x 9 cm. Según los científicos, que pudieron ver que las ruedas y los pocos restos de la caja estaban grabados, llegaron a la conclusión de que se trataba de un artilugio que predecía mecánicamente el zodiaco, las fases de la Luna, del Sol, de los eclipses y de los planetas conocidos en aquel momento. Una verdadera pasada.

Imagen de Rayos X del fragmento principal
Imagen de Rayos X
De esta forma, aplicando los profundos conocimientos de astronomía de los pensadores griegos, la Máquina de Antikythera era capaz de determinar las fechas de los acontecimientos griegos más remarcables (las Olimpiadas, por ejemplo) y de reproducir con una precisión inaudita la ubicación de cada uno de los cuerpos celestes en un momento dado. Una precisión increíblemente compleja dado que, eventos como las fases de la Luna, que tienen una velocidad variable de tránsito en el firmamento, son muy difíciles de representarse mecánicamente. Lo mejor es que, confeccionadas diversas réplicas tras la revisión de los restos con tomografía 3D computerizada, se ha constatado que la máquina funciona a la perfección. Sin embargo, el misterio persiste porque… ¿quién la construyó? ¿Quién tenía el suficiente conocimiento para desarrollarla? La verdad es que no se sabe.

Excavando el barco romano
Excavando el barco romano
Según el estudio de los restos del naufragio y de la maquinaria, se cree que pudiera ser un botín que los romanos obtuvieron durante la conquista de Rodas y que, en tránsito hacia Roma -posiblemente para entregarlo a Julio César- naufragó en aguas del Egeo a mediados del siglo I antes de nuestra era. Este botín incluiría la máquina de Antikythera, una maquinaria que, según el estudio de las inscripciones pudiera haberse construido en la segunda mitad del siglo II a.C. por alguien, evidentemente, muy ducho en astronomía y matemáticas. Hay quién ve la mano del físico y astrónomo Hiparco de Nicea e incluso la del mismo Arquímedes (ver El golpe de suerte de Arquímedes y su Eureka). Sea como sea, su creador permanece en el anonimato.

Reconstrucción por ordenador
Reconstrucción por ordenador
En conclusión, que, durante 2.000 años, el mar mantuvo en el olvido un saber y una técnica que, hasta 1.500 años después de su desaparición, el hombre no supo desarrollar de nuevo. De esta forma, la misteriosa Máquina de Antikythera nos muestra que el conocimiento, más allá de una cosa de “frikis” asociales, es un valor estratégico y fundamental pero, sobre todo, frágil, de la civilización humana. Una civilización que, lejos de la imagen de "bichos raros" que tiene de los investigadores, necesita para avanzar la formidable genialidad de aquellas mentes capaces de estudiar y comprender el mundo que les rodea (ver Hedy Lamarr, la inventora más bella del mundo), al margen de la superficialidad y anodina mediocridad de la sociedad que los señala.
 
Reconstrucción de la Máquina de Antikythera

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jueves, julio 12, 2018

La tribu de los Tasaday, el fraude paleolítico que encandiló al mundo

La tribu de los Tasaday
La tribu de los Tasaday
Cuando se produce un descubrimiento científico remarcable, muchas veces sorprende el ver cómo la misma comunidad de investigadores pone en tela de juicio dicho descubrimiento intentando rebatir las pruebas que se presentan. Desde un punto de vista externo, puede parecer que dichas objeciones tienen el fin de mantener el statu quo de los científicos del momento (y alguna vez sí que puede que lo sea), pero la verdad es que, en este mundo de la investigación, en que el éxito y el renombre van de la mano de sustanciosas subvenciones, si no fuera por esta inmisericorde crítica a degüello, los científicos descubrirían la piedra filosofal tres veces al día (ver El vergonzoso fraude del hombre de Piltdown). O dicho de otra forma, que ante la fama, la sinceridad es un nimio detalle… y si puedo meterla hasta la bola, no nos vamos a andar con remilgos. Y esto mismo ocurrió en 1971 cuando el mundo científico se sacudía con la noticia de que, en Filipinas, una tribu que vivía aún en la Edad de Piedra había sido descubierta: la tribu de los Tasaday. El único inconveniente fue que, con el tiempo, se vio que muy del Paleolítico no es que fueran… 

Manuel Elizalde Jr.
Manuel Elizalde Jr.
En julio de 1971, saltaba a la palestra informativa la noticia de que el empresario filipino (y crápula rematado) Manuel Elizalde Jr había entrado en contacto con una tribu primitiva que vivía aislada del mundo en uno de los confines más perdidos de la espesa selva tropical de la isla de Mindanao. Elizalde, antropólogo aficionado y descendiente de una rica familia de origen navarra que había hecho fortuna en Filipinas cuando todavía era colonia española (ver Rizal o cómo un pacifista hizo perder las Filipinas a España), explicó que aquella tribu -a la que se dio a llamar Tasaday-, habían desarrollado su cultura totalmente al margen de la civilización. Eran el último vestigio que quedaba de la Edad de Piedra y, con las pruebas que aportaba, no era para menos.

Cavernícolas en estado puro (a priori)
Cavernícolas en estado puro (a priori)
La tribu, consistente en unos 25 individuos de diversas edades, vivían tranquilamente en una zona de cuevas de lo que la selva les daba. No conocían el hierro, utilizaban herramientas de piedra, vestían con taparrabos hechos de hojas, no conocían la agricultura y aborrecían la violencia, hasta el punto que su lengua no tenía una palabra que significara “guerra”. Una auténtica burbuja de inocencia humana descubierta gracias a los contactos de un cazador local, dando aviso de su descubrimiento a Manuel Elizalde.

Portada del National Geographic
Portada del National Geographic
Elizalde que, desde 1968 era consejero del dictador Ferdinand Marcos para asuntos indígenas, había creado la fundación Panamin, una ONG privada pero subvencionada por el estado para salvaguardar las minorías étnicas en Filipinas y, con ella, se dedicó a gestionar el legado de los Tasaday. El revuelo que se formó fue monumental en todo el mundo y pronto montones de antropólogos, amén de gente famosa, demostraron su interés por visitar a aquellos que habían vivido en aquella auténtica burbuja en el tiempo. Se escribieron libros e incluso National Geographic les dedicó la portada y un reportaje de 32 páginas. Con la tontería, Elizalde fue capaz de recoger 35 millones de dólares para los tasaday. Dile tonto.

Ferdinand Marcos y su mujer Imelda
Marcos y su mujer Imelda
Para evitar desmanes con los posibles visitantes, semanas más tarde se bloqueó con guardas el acceso a los indígenas y en abril de 1972, Marcos ordenó una zona de exclusión de 182 km2 alrededor de sus cuevas. Tan solo Elizalde y un selecto grupo de 11 antropólogos tendrían oportunidad de visitarlos. En 1976, la instauración de la Ley Marcial en todo el país por parte de Marcos cortó de raíz cualquier posible estudio. No obstante, la comunidad científica internacional tenía la mosca detrás de la oreja desde hacía tiempo, ya que había cosas que no cuadraban (vivían a tan solo 3 horas del pueblo más cercano, por ejemplo) y corrían voces críticas con el régimen que acusaban a Marcos y a Elizalde de utilizar a los cavernícolas en su propio beneficio. La polémica entre los que creían que eran falsos y los que eran verdaderos quedaba servida.

En 1986, el régimen dictatorial de Marcos se vino abajo, poniendo los pies en polvorosa y huyendo a Hawaii, dejando a las Filipinas sumidas en el caos. En medio de este caos, el periodista suizo Oswald Iten vio la oportunidad de visitar por su cuenta a los tasaday y ver qué era lo que había de verdad o de mentira en ellos. Se quedó de pasta de boniato.

Vivían en chozas y cultivaban (foto de 1986)
Vivían en chozas y cultivaban
Según su testimonio, cuando llegó a la zona de las cuevas, allí no había nadie. Los tasaday habían dejado las cuevas y vivían en unas chozas al otro lado de la montaña, pero no solo vivían en chozas, sino que se dedicaban a la agricultura y vestían con ropas normales al estilo tradicional. De los hombres prehistóricos no quedaba nada y, cuando les preguntó el porqué de aquello, le dijeron que habían sido presionados por Elizalde para que actuaran como hombres de las cavernas a cambio de protección y para conseguir dinero. No en vano, Elizalde, ante el caos político, salió del país en 1983 con no menos de 1 millón de dólares procedente de Panamin.

Vaciando troncos con herramientas de madera. Paripé por intereses de Estado
Paripé por intereses de Estado
Según parece, Marcos (muerto en 1989) y Elizalde (muerto en 1997 en extrañas circunstancias) habrían orquestado el paripé mediático de los tasaday con fines publicitarios del régimen ante su población (tener en el país unos “ejemplares” únicos en el mundo de filipinos primigenios reforzaba el orgullo patrio) y ante el mundo, dado que en aquel momento Marcos reclamaba sus derechos sobre el estado malayo de Sabah. La situación estuvo bajo control hasta el hundimiento del tirano, cuando se destapó el pastel. Todo había sido una treta… o no.

Una tribu real, pero no paleolítica
Una tribu real, pero no paleolítica
A pesar de que la situación había sido un montaje, la realidad es que los Tasaday existían de verdad. Si bien no eran los “unicornios rosas” de la antropología moderna en forma de hombres primitivos que aún vivían en grutas, sí que eran una tribu prácticamente aislada en medio de la selva filipina que utilizaban las grutas con cierta asiduidad. Según estudios lingüísticos, los tasaday estaban relacionados con grupos relativamente próximos, de los cuales se habrían separado a mediados del siglo XIX como forma de escape ante una epidemia, y se habrían mantenido durante generaciones con un mínimo de contacto con el exterior. No eran familiares de Pedro Picapiedra, pero aún guardaban elementos culturales extraordinarios.

Los tasaday, en moto
Los tasaday, en moto
En definitiva, que, en la actualidad, los tasaday son más de un centenar, van en moto, tienen teles, visten normalmente y cultivan sus cosechas. Nada diferente de otros grupos humanos. No obstante, la publicidad a nivel mundial que recibieron –y que, según sus propias declaraciones, les hizo más mal que bien (lo tranquilos que estaban ellos con sus plantitas)- sirvió para poner en candelero la polémica de los grupos indígenas que, en las zonas más remotas del planeta viven su vida al margen de los iPhone y el Mundial de fútbol (ver El sexto sentido de los caníbales con cara de perro). ¿Tenemos derecho a perturbar su medio ambiente? ¿Viven atrasados y tenemos que ayudarlos? ¿Hemos de tenerlos en reservas como si fueran animales? Toda una serie de preguntas sin respuesta clara sobre unas sociedades en extinción que, mientras deliberamos si son galgos o podencos, simplemente estamos perdiendo a marchas forzadas.

Y es que, cuando tengamos las respuestas, ya no habrá mundo que salvar.

Desgraciadamente.

Una burbuja de inocencia antropológica explotada. Los tasaday en su caverna.
Una burbuja de inocencia antropológica fraudulenta

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lunes, julio 09, 2018

Valdivia 1960, el terremoto del Fin del Mundo

Devastación en Valdivia en 1960
Devastación en Valdivia en 1960
Encerrados en la tranquilidad de nuestras casas, cuando vemos que ocurren desgracias en un lado u otro del mundo no podemos, por menos, que pensar que esas cosas no pasan en nuestra zona. Cierto es que, fenómenos naturales como los terremotos se concentran con mayor tendencia en unas zonas respecto a otras, pero la verdad es que por muy tranquila que sísmicamente hablando sea, el peligro existe en realidad y no es baladí (ver El inquietante terremoto de Queralbs), por lo que las administraciones tendrían que estar preparadas. Con todo, cuando a la corteza terrestre le da por temblar en serio, ya puedes estar preparado que seguro lo vas a pasar mal y más si te encuentras en medio de un temblor como el que se produjo en Valdivia (Chile) en 1960. ¿Particularidad? que fue el mayor terremoto documentado en la historia de la Humanidad. Ahí es nada.
Ubicación de Valdivia
Ubicación de Valdivia
Todo lo que son las costas del Pacífico, ya sean las asiáticas o las americanas, soportan una actividad telúrica que sobrepasa la del resto de tierras del mundo. El hecho de estar englobados en el conocido como “Cinturón de Fuego” llamado así por la profusión de volcanes y terremotos que, debido a los movimientos de las placas se producen en su contorno, les hace ser muy proclives a padecer grandes acontecimientos sísmicos que acaben en una gran desgracia. Si eres un país rico como Japón, podrás prepararte para minimizar los daños producidos por terremotos de una gran magnitud. El problema es que Chile, en la costa pacífica del cono sur americano, no lo es tanto.

Cataclismo total
Cataclismo total
El 21 de mayo de 1960, a las 6.02 horas, la ciudad de Concepción, ubicada a unos 400 km al sur de Santiago de Chile, se despertó con un fuerte terremoto de escala 7,5 en la escala de Richter (bueno, en verdad es en la escala de Magnitud de Momento -Mw-, pero como es una escala que deriva de la Richter y se parece mucho, para no liar al personal se usa también “Richter”). Los daños fueron considerados de escala X en la escala de Mercalli (que es de 12), destruyendo un tercio de los edificios de Concepción y cortando las comunicaciones con el resto de Chile. Dos réplicas tan fuertes o más que la primera, tuvieron lugar al día siguiente a las 6.33 h (7,1 Mw) y a las 14.55 h (7,8 Mw) provocando una gran destrucción. Sin embargo, el plato fuerte se serviría tan solo 15 minutos después de esta última sacudida.

Alcance del tsunami
Alcance del tsunami
Pasando 11 minutos de las tres de la tarde de aquel 22 de mayo, el suelo empezó a temblar como nunca se había visto antes en la ciudad costera de Valdivia, a unos 330 km al sur de Concepción. Durante unos tremendos y eternos 8-10 minutos, el suelo valdiviense, convertido en una auténtica coctelera geológica, fue sacudido violentamente, no dejando piedra sobre piedra. Destruyó puentes, infraestructuras, casas, e incluso fortificaciones de la época colonial española y causando más de 2.000 muertes, 3.000 heridos y daños materiales que se acercaban a los mil millones de dólares de la época. La destrucción producida por el inconmensurable temblor fue total, alcanzando la categoría XII (Mercalli) y los 9,5 en la escala de Richter (que es de 10). Si algo había que se pareciera al Fin del Mundo, debía de ser aquello, debieron pensar los chilenos. Pues no. El show no había hecho más que comenzar.

Daños del tsunami en Hilo (Hawaii)
Daños del tsunami en Hilo (Hawaii)
La sacudida fue de tal calibre que incluso la topografía cambió de golpe. Los lagos y las bahías empezaron a bambolear como quien menea una palangana llena de agua (ver Wellington 1855, el terremoto que emuló a la Atlántida), produciéndose un tsunami en tres olas, la primera de las cuales fue de 4 metros, una segunda de 8 metros y finalmente una final de 10 metros, que acabó por destruir todas las poblaciones costeras cercanas a Valdivia. Un tsunami que se propagó por el Pacífico y que llegó 15 horas después a Hawaii, destruyendo la ciudad de Hilo con una ola de 10 metros y causando 61 muertos. La ola, en su macabra tournée, llegó con 6 metros al Japón produciendo unos 200 muertos y daños considerables en la isla de Honshu. Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, Alaska o California también se vieron afectadas en mayor o menor medida. Por si fuera poco, dos días después, el volcán Puyehue -a 200 km del epicentro, en los Andes- entró en erupción complicando aún más la situación.

Obstrucción del río San Pedro
Obstrucción del río San Pedro
En Valdivia, el terremoto había provocado el hundimiento del suelo (algunas partes de la ciudad quedaron 1 metro bajo el agua) así como numerosos corrimientos de tierras. Deslizamientos que no tendrían más importancia si no hubiesen taponado por tres sitios el curso del río San Pedro, un río que, desembocando en Valdivia, daba desagüe a toda una cuenca lacustre de 7 grandes lagos el último de los cuales, el Riñihue, se encontraba a tan solo 1.200 metros de los tapones. Al sublime caos tras el terremoto –que no causó más muertes gracias a estar sobre aviso por el terremoto de Concepción del día anterior y por ser una zona de baja densidad de población- y al tsunami, se añadió el “pantanazo” que podía producirse como el Riñihue, obstruido en su salida, superara el nivel de los tapones que lo embalsaban. Y como Murphy, cuando le da por hacer horas extras no se cansa, se puso a llover como si no hubiera un mañana.

El barro obligó al uso de pico y pala
El barro obligó a usar el pico y la pala
Ante la perspectiva de que el lago rebosara y produjera una riada que arrasara con los restos de Valdivia, el gobierno envió efectivos del ejército chileno y varios centenares de obreros y constructores, para crear un canal de desagüe sobre las tierras que atascaban el río San Pedro que evitara el desastre que se preveía. Un desastre que ya había pasado en 1575, con funestas consecuencias para Valdivia y que no había ganas de repetir. 27 bulldozers se enviaron a la zona, pero las crecientes lluvias convirtieron los sedimentos en un auténtico barrizal al mejor estilo Passchendaele (ver Passchendaele, la pírrica batalla donde el barro se tragó 40.000 soldados) inutilizando la maquinaria pesada. No quedó otra alternativa: cavar a pico y pala.

Erupción del volcán Puyehue
Erupción del volcán Puyehue
Los centenares de personas que trabajaban allí consiguieron penosamente realizar tres canales que recondujesen el agua que, peligrosamente se iba acumulando tras el primer tapón (o taco, como le llaman allí). Así, el 24 de julio de 1960, en pleno invierno austral, cuando ya estaba llegando al rebose del primer taco, se procedió a una voladura del dique de sedimentos que obturaba el cauce, dando pie a que el agua bajase por el canal recientemente construido. De esta forma, de una forma controlada, aún a costa de inundar algunas tierras ribereñas y gracias al trabajo poco menos que heroico de los trabajadores chilenos, se consiguió conjurar el que se ha dado a llamar el “Riñihuazo”.

40 metros de choque de placas
40 metros de choque de placas
Los científicos llegaron a la conclusión de que el terremoto de Valdivia, que se produjo a una profundidad de unos 30 km, no había sido un solo temblor, sino la concatenación de hasta 37 terremotos que produjeron que la Placa de Nazca se desplazara, de sopetón, más de 40 metros bajo la placa Sudamericana en una longitud de 1.350 km. Ello significó que aquel terremoto, por sí solo, desprendiera la cuarta parte de la energía que se había generado en todos los terremotos del mundo habidos entre 1906 y 2005. No en vano ante tal sacudida, el eje de la Tierra se desplazó 3 cm de su posición habitual. Impresionante.

La ciudad costera de Corral, arrasada
La ciudad costera de Corral, arrasada
En definitiva, que cuando la naturaleza se pone en su sitio, el hombre, con todo su (supuesto) poder no deja de ser más que un monigote de papel. Tan solo la previsión, la humildad y, cuando pasa lo inevitable, el heroísmo, la tenacidad y la solidaridad de la gente, son capaces de poner un poco de orden humano al inalcanzable caos en que nos sume la Madre Tierra en esos casos. Caos que no es tal, sino un cosmos, un orden muy superior que, como nos enseña el terremoto más fuerte de la Historia, no deberíamos de ser tan prepotentes de saltárnoslo a la torera.

Después todo son lágrimas.

El terremoto del fin del mundo
El terremoto del fin del mundo

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viernes, junio 29, 2018

La Giralda, el bello minarete musulmán convertido en bello campanario cristiano

La Giralda y la Catedral de Sevilla
La Giralda y la Catedral de Sevilla
Por mucho que durante los últimos siglos se haya querido minimizar -cuando no directamente ocultar- las profundas raíces musulmanas de buena parte de la península Ibérica (ver Silvestre II, el genial papa que trajo las matemáticas árabes a Europa) fruto de los 700 años de dominación árabe (recordar que los romanos estuvieron poco más de 500 años y mira la que armaron...), existen monumentos netamente cristianos a ojos de hoy en día que esconden tras de sí, y aunque no sea evidente a un primer golpe de vista, su origen netamente musulmán. Tal es el caso de uno de los iconos más representativos de la ciudad de Sevilla: La Giralda.

El minarete y la Mezquita de Sevilla
El minarete y la Mezquita de Sevilla
Un destino obligado para todo buen turista que se precie es visitar la Catedral de Sevilla y, en ella, su campanario, la archiconocida Giralda. En un principio, y a ojos poco avezados, podremos ver una alta torre que, ornamentada con arcos de herradura, arabescos y filigranas renacentistas, sostiene el espacio donde se ubican sus 24 campanas, rematado a su vez por una torre más pequeña coronada por "El Giraldillo", una estatua de bronce que hace las veces de veleta. El conjunto es de una gran belleza arquitectónica, pero hay que saber que dicho campanario es, ni más, ni menos, que la adaptación al culto cristiano que, tras la conquista en 1248 de Sevilla por las tropas castellanas de Fernando III de Castilla, se hizo del minarete que presidía la gran Mezquita de Sevilla.

Iglesia y Mezquita de Santa Sofía
Iglesia y Mezquita de Santa Sofía
Como acostumbra a pasar en cualquier guerra (y en las de religión, aún más), los vencedores o bien hacen tabla rasa con lo precedente o, lo que es más normal -ya que se requiere mucha menos energía y recursos-, intenten adaptar lo que encontraban a los nuevos usos y costumbres. De esta forma, encontramos ejemplos como la iglesia ortodoxa de Santa Sofía de Constantinopla que, cuando cayó en manos otomanas en 1453, les faltó tiempo para reconvertirla en mezquita. Quien gana reescribe la historia... y la arquitectura.

Mezquita Kutubía
Mezquita Kutubía
Sea como sea, durante la construcción de la Mezquita de Sevilla entre los años 1172 y 1198 (por entonces Sevilla era la capital de Al-Ándalus y uno de los más importantes centros culturales de Occidente) se decidió levantar un minarete de planta cuadrada que, tomando como referente el alminar de la Mezquita de Qutubiya en Marrakesh (ver La fallida operación que acabó expulsando a los cristianos de Al-Ándalus) -construido pocos años antes y que aún se conserva en la ciudad marroquí- mostrara el poder almohade en la Península. Y a ello se pusieron.

Inscripción en latín en La Giralda
Inscripción en latín en La Giralda
La Giralda, que se construyó en diversas fases, primero bajo el califa Yúsuf I  y después bajo su hijo Abu Yúsuf Yaacub al-Mansur, consta de un basamento cuadrado de 13,61 metros de lado y de tan solo 3,30 metros de profundidad formado por grandes bloques de piedra a los que siguen -ya en superficie- otros tres metros de bloques de sillería en gran parte reaprovechados de otros edificios antiguos  y murallas de Sevilla. No en vano se pueden observar pedestales romanos incluidos entre estas piedras, algunas de las cuales incluso conservan sus inscripciones en latín.

Rampa interior de La Giralda
Rampa interior de La Giralda
A partir de este punto -posiblemente provocado por uno de los cambios de arquitecto (alarife) que sufrió la obra-, la técnica arquitectónica cambia, y en vez de bloques de piedra se levanta a base de ladrillo y mortero de cal, dejando en su interior un acceso formado por 34 tramos de rampa pavimentados con ladrillo colocado en forma de espiga. Esta rampa, si bien acaba en un tramo de escalera empinada, según parece pretendía facilitar el acceso a caballo del califa para poder admirar el paisaje sevillano, aunque no solo eso, ya que al subir en espiral está reproduciendo las vueltas que los peregrinos musulmanes hacen alrededor de la Qaaba en La Meca.

Minarete adaptado a campanario
Minarete adaptado a campanario
Así las cosas, el alminar musulmán alcanzaba los 50,85 metros de altura hasta la azotea desde donde el almuédano o muecín se encargaba de dejarse la voz convocando a la oración, a partir de donde se erigía un segundo cuerpo cuadrado, más pequeño, que hacía 6,83 m de lado y 14,39 de alto, que coronaba con una cúpula dorada. A esta parte, en 1198 se añadió un remate -yamur-  de cuatro bolas de tamaño decreciente de bronce pulido (algunos autores decían que eran de oro) en conmemoración de la victoria del califa al-Mansur sobre los cristianos en la Batalla de Alarcos en 1195. Se había convertido en la edificación más alta de Europa en su momento y lo siguió siendo durante muchos siglos más.

El Giraldillo
El Giraldillo
Cuando en 1248, las tropas castellanas consiguen conquistar finalmente Sevilla, convierten la mezquita en iglesia, y mantienen la estructura básica musulmana hasta 1434, cuando se decide edificar un nuevo templo debido a las malas condiciones en que había quedado tras el terremoto de 1365. De esta forma, se derruye buena parte de la antigua mezquita y se levanta una nueva en estilo gótica que se da por concluida en 1568 cuando -ya en estilo renacentista- se adapta el sólido minarete como campanario cristiano y se le añade todo el cuerpo de campanas y cuerpos superiores que culminan con la colocación del Giraldillo. Todo sea el decirlo, al principio, lo que se llamaba "giralda" era a la figura -por aquello de que gira- aunque después la parte dio nombre al todo y se rebautizó la figura como "giraldillo".

Armoniosa mezcla de estilos
Armoniosa mezcla de estilos
En definitiva que, las culturas humanas, por mucho que nos queramos entestar en diferenciarlas unas de las otras por mil y un motivos, en realidad no dejan de estar todas ellas entrelazadas. Las vivencias, soluciones y respuestas a problemas de unas culturas son, muchas de las veces aprovechadas por las otras, haciendo del mestizaje una verdadera fuente de riqueza y sabiduría (ver La Giralda de L'Arboç, un homenaje a una cultura admirada). No hay, por tanto, ni mejores, ni peores, sino diferentes adaptaciones a diferentes realidades y es por ello que la belleza y la armonía en una sociedad solo se puede alcanzar cuando todos sus componentes están perfectamente integrados.

Como en La Giralda.

De alminar musulmán a campanario cristiano
De alminar musulmán a campanario cristiano

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miércoles, junio 27, 2018

Tamu Massif, el gigantesco volcán terrestre que pugna por ser el mayor del Sistema Solar

Erupción submarina
Erupción submarina
Con la capacidad que tiene el hombre en la actualidad de desplazarse miles de kilómetros en unas pocas horas gracias a los modernos medios de transporte, la idea de que la Tierra es muy pequeña es una sensación real. Si a eso sumamos que vamos haciendo ricia por allí por donde pasamos y que estamos dejando nuestra (guarra) pisada hasta en los lugares más recónditos del planeta, la sensación no es que vivimos en un planeta, sino prácticamente en un cuchitril. No obstante esta imagen de lata de sardinas planetaria girando alrededor del Sol, la verdad es que desconocemos mucho más de lo que conocemos de ésta nuestra única casa cósmica. Y como ejemplo, el botón de que, en medio de la inmensidad del Océano Pacífico y a unos 2.000 metros de profundidad, los investigadores han encontrado lo que puede ser considerado el mayor volcán de la Tierra, pero no solo de la Tierra, sino que podría serlo de todo el Sistema Solar conocido. Se trata del Tamu Massif.

Mapa Mundial de los Fondos Marinos
Mapa Mundial de los Fondos Marinos
Cuando en 1977, la geóloga Marie Tharp presentó su asombrosa cartografía de los fondos marinos mundiales (ver Marie Tharp, la increible obra de una mujer discriminada), su descomunal currada sirvió para dejar en evidencia que por mucho que hubiésemos llegado a todos los rincones del planeta, en realidad no conocíamos prácticamente nada de él. Los fondos marinos, con estar tan cerca de nosotros y a pesar de tenerlos tan esquilmados como los estantes de un gran almacén en período de rebajas (ver El bacalao y la estúpida historia de su sobrepesca), eran unos desconocidos que escondían todo tipo de sorpresas para el siempre curioso conocimiento humano. Una legión de científicos se pusieron manos a la obra para estudiarlos.

Dr. William W. Sager
Dr. William W. Sager
Fruto de estos estudios, en septiembre de 2013, el geofísico marino por la Universidad de Houston (Texas) William W. Sager, publicó en la revista Nature el fruto de 20 años de investigaciones. Investigaciones que habían dejado patente que aquel macizo volcánico submarino que se encontraba a unos 1.600 km al este de Japón, no había sido formado por una concatenación de volcanes como pudieran ser las islas Hawaii o las Canarias sino que, en realidad había sido formado por una única abertura: es decir, era un único volcán. La noticia conmocionó todo el mundo científico (para compensar, en Mujeres y Hombres y Viceversa, los "tronistas" siguieron con su habitual encefalograma plano, faltaría más). Y es que las medidas de aquello que la inmensidad oceánica esconde son simplemente de impresión.

Ubicación de Tamu Massif
Ubicación de Tamu Massif
El macizo, llamado "Tamu" por el acrónimo de la universidad para la que trabajaba Sager cuando empezó su estudio (Texas A&M -Agricultural and Mechanical- University) y "Massif" por significar "macizo" en francés, está formado casi en exclusiva por basalto, tiene su cima a 1.980 m de profundidad y arranca desde el fondo marino a 6.440 metros de la superficie; ello significa que tiene 4.420 metros de altura. Si contamos que el Mauna Loa -mayor volcán detectado hasta entonces en la Tierra- tiene unos 10 km y que el Olympus Mons de Marte alcanza los 26 km  (ver Olympus Mons, el volcán más grande del sistema solar), tal vez no llame demasiado la atención, pero es que lo impresionante empieza ahora.

Corte sismológico de Tamu Massif
Corte sismológico de Tamu Massif
El Tamu Massif, con 650 km de longitud, se extiende por la meseta oceánica Shatsky Rise en una zona que ocupa 310.000 km2 (como toda Castilla, Andalucía y Extremaduras juntas), pero con la particularidad de que parte, no de la superficie continental como el gigante marciano, sino que hunde sus raíces a 30 km de profundidad de ella, lo que haría que semejante edificio volcánico se elevase más de 34 km desde su punto de inicio. Ahí es nada. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, ya que, por lo que parece, el Olympus Mons tiene un 20% más de masa que el megavolcán terrestre posiblemente debido al particular nacimiento del Tamu Massif.

Comparación con Olympus Mons
Comparación con Olympus Mons
El origen de este gigante magmático los científicos lo sitúan en un punto de colisión entre tres placas tectónicas que empezó a emitir lava muy fluida hace entre 145 y 130 millones de años, es decir entre el Jurásico y el Cretácico. El Tamu Massif -en la actualidad apagado- se levantaría entonces a base de coladas masivas continuas en el  tiempo, extendiéndose varios centenares de kilómetros por el fondo debido a la extrema fluidez de su lava. Ello acabó por crear unas pendientes que difícilmente llegan a 1 º, pero que llegaron a formar el grueso del volcán rápidamente. El equipo de Sager, que piensa que el volcán funcionó durante solo unos pocos millones de años -aunque no se tiene muy claro el porqué de esta brevedad-, también especula con que el volcán no llegó a la superficie oceánica. De esta forma, a parte de haber podido enganchar a algún plesiosaurio despistado (ver Nahuelito, el esquivo monstruo de la Patagonia) por la zona de actividad, la formación de este monstruo basáltico no habría afectado en exceso a la fauna del momento.

Barco de Investigaciones Resolution, utilizado por William Sager
Barco de Investigaciones Resolution
En conclusión, que nuestro planeta, cada vez que pensamos que lo conocemos como la palma de la mano, y como quien saca un conejo de la chistera a cada nuevo estudio, acaba por sorprendernos con un nuevo "truco" que nos deja absolutamente descolocados. Los científicos, esa gente rara que prefiere conocer íntimamente el mundo que nos rodea a ver como Kiko Matamoros rozna sobre el Mundial, son la avanzadilla del conocimiento humano sobre el planeta. Un planeta que, ya sea grande como es o pequeño como lo hemos hecho, esconde misterios insondables que merecen (¡y mucho!) el respeto que no le tenemos en absoluto.

Composición en 3D del Macizo del Tamu
Composición en 3D del Macizo del Tamu

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