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sábado, enero 27, 2018

Bouvet, donde aislamiento se escribe con mayúsculas

Isla Bouvet
Hace un tiempo que dediqué un artículo a la isla de Tristán de Acuña (ver Tristan da Cunha: La isla donde Cristo perdió la zapatilla), una isla que de tan aislada que está, más bien se le tenía que llamar la isla de donde Cristo perdió la zapatilla. No obstante, esto no es del todo cierto -permítanme la licencia- porque en realidad existe una isla que bate todos los récords de aislamiento habidos y por haber en el planeta: la isla Bouvet.

La deshabitada isla Bouvet, a pesar de ser noruega, está en el Atlántico Sur, a medio camino de cualquier sitio reconocible, o lo que es lo mismo, perdida en la inmensidad del océano, lejos de la Antártida, lejos de América y lejos de Sudáfrica.

Situación de la isla
Y no es para menos. La isla de Bouvet (Bouvetoya para los noruegos) es una accidentada isla de unos 49 km2 -la mitad que el municipio de Barcelona- formada por un cono volcánico que asciende hasta los 780 m de altitud y cuya característica principal es que no hay una isla en el mundo más aislada que ésta. 2.580 km la separan de la costa de Sudáfrica, 2.260 de la antes referida Tristán de Acuña y 1.600 km de la costa Antártida. El mejor sitio para perderse... y el peor sitio para ser encontrado si nos perdemos, claro está.

Bouvet en el siglo XIX
Bouvet está completamente cubierta de nieve y hielo, formando glaciares que llegan hasta el mar... y que difícilmente se llegan a ver. Ello es debido a que prácticamente todo el año se encuentra bajo una capa de nubes y niebla que la hace invisible, incluso para los satélites. No en vano, la primera cartografía que se hizo a partir de fotografía aérea no se consiguió hasta 1985.

Glaciares a "cascoporro"
Hasta tal punto es accidentada, que en las partes en que no hay nieve es, sencillamente, porque no puede ponerse. Ello implica que hay muy pocas playas a las cuales arribar con un mínimo de seguridad y que, por tanto, está deshabitada la mayor parte del año a excepción de los osados científicos que puedan pasar cortas temporadas en la isla. La dificultad añadida de estar rodeada de una banquisa de hielo durante el invierno, no es que facilite excesivamente su visita.

La rareza de Bouvet con pocas nubes
El clima, como habrá podido extrapolar de mis palabras, es frío y húmedo gracias a la proximidad de la Antártida, con temperaturas medias anuales de -1ºC. Pero no se preocupe excesivamente por el frío, ya que si bien hace un frío que pela (ver Oymyakon. Frío, no. Lo siguiente.), al ser una isla de origen volcánico generada en el punto de choque entre las placas Antártica, Sudafricana y Sudamericana, en cuanto se cava un poco más de un palmo, la tierra se encuentra a una temperatura constante de +25ºC. Eso si, el problema es encontrar un sitio limpio donde cavar y los terremotos que de vez en cuando se producen y que en una ocasión provocaron el descalce de la estación "permanente", la cual apareció en el océano después de una violenta tormenta.

Anexión de Noruega en 1927
No obstante, este polo de máxima inaccesibilidad ha tenido siempre un punto misterioso debido a su pequeño tamaño y su impresionante aislamiento. Descubierta en 1739 por el explorador francés Jean-Baptiste Charles Bouvet de Lozier, no fue vista otra vez hasta 1808 por los ingleses al haber habido un error en su ubicación por el explorador francés, lo que llevó a reclamarla para la corona británica en 1825. En 1927, los noruegos pusieron el pie y la volvieron a reclamar para ellos, pero como 100 años antes tampoco se ubicó correctamente e incluso una isla cercana había desaparecido como por arte de magia, Inglaterra no pudo asegurar a qué islas se referían y renunció a sus derechos, siendo declaradas noruegas en 1930.

Bouvetiense posando
Tal nivel de aislamiento ha propiciado que la isla Bouvet mantenga una inmaculada riqueza biológica, tanto en las aguas marinas, como en superficie -con gran cantidad de especies de aves que utilizan la isla como zona de cría-, lo que condujo a Noruega a declararla reserva natural en 1971.

En conclusión, que si está cansado de sus ruidosos vecinos y quiere saborear lo que es la soledad más absoluta del planeta, le recomiendo que pase una temporadita en la isla Bouvet. Le puedo asegurar que sus vecinos, definitivamente, le van a molestar más bien poco.

Primer "hotelito" de la Isla Bouvet en 1929


Art. Rev. 13/02/14 22.57 179v

Webgrafía

domingo, enero 21, 2018

Hoy, receta: Fideos con costilla de cerdo

Que no se puede mezclar carbohidratos con proteínas es una de tantas tonterías que se escuchan en los círculos más snobs del panorama nutricionista actual. Y reitero lo de “tontería” porque, si esto mismo nos lo hubieran dicho cuando tiempo atrás nos teníamos que levantar a las cinco de la mañana para varear las olivas o para segar el trigo con hoz, poco menos que se nos hubieran reído en la cara. ¿Y qué mejor para recuperar fuerzas después de una dura mañana que un caliente y sabroso plato de fideos con costilla? Pues ésta receta, aunque para algún vigoréxico pueda parecer una temeridad, es un plato de cuchara muy nutritivo, sabroso, barato y fácil de hacer aunque se tenga poca experiencia en la cocina.

Para 3 personas se necesita:
  • 500 g de costilla de cerdo troceada
  • Una cebolla mediana
  • Un litro de caldo de pollo
  • 200 g de fideos gruesos
  • Un diente de ajo
  • Aceite
  • Sal
  • Colorante alimentario

Para empezar colocaremos un poco de aceite en el fondo de una cazuela y cuando esté caliente sofreiremos el diente de ajo cortado a láminas.

Sofreímos el ajo laminado
Una vez sofrito, echaremos a la cazuela los trozos de costilla de cerdo, salpimentamos, y rehogaremos las costillas hasta que cojan color uniforme. Conviene que los trozos no sean muy grandes para que sean más fáciles de cocinar y de comer, aunque eso ya depende de la preferencia de cada uno. Cuando estén hechos, los apartamos y reservamos.

Apartamos cuando la costilla se dore
En el aceite que ha quedado de hacer la costilla sofreímos la cebolla picada en trozos pequeños hasta que esté trasparente...

Sofreímos la cebolla
...momento en el cual echaremos los fideos y doraremos hasta que absorba el aceite que haya dejado la cebolla. 

Doramos los fideos con la cebolla
Será ese el momento justo en que tiraremos el litro de caldo. Removemos un poco y aprovechamos para tirar un poco de colorante alimentario (o azafrán según gusto y disponibilidad) para darle un color más apetitoso. Salpimentamos y llevamos a ebullición.

Tiramos el caldo y el colorante
En el punto en que vuelve a hervir, añadiremos los trozos de costilla que habíamos reservado y, a fuego medio y vigilando que no se quede seco, lo tendremos cociendo el tiempo que indique el fabricante de la pasta (normalmente alrededor de los 13 minutos).

Añadimos la costilla
Transcurrido el tiempo, apagamos el fuego y dejamos reposar unos minutos a fin de que acabe de absorber el caldo que pudiera quedar.

Dejamos reposar y servimos
Ya solo quedará servir, presentándolo en plato hondo. Un buen plato de cocina tradicional que, sin mucha complicación y buen precio, arreglará más de una comida... ¡y más de un cuerpo!.

¡Buen provecho!

Un plato sabroso y fácil: Fideos con costilla de cerdo

Otras recetas en Memento Mori:

viernes, enero 12, 2018

Los Rodeos o los 7,62 metros que faltaron para evitar el peor accidente aéreo de la Historia

El peor desastre de la aviación civil
He de reconocer que, a mí, los aviones no me hacen ninguna gracia y, a poco que puedo, los evito. No es que les tenga miedo (de hecho me he subido tres veces), sino que los baches aéreos me ponen cardíaco perdido -no los soporto ni en los columpios- y como estos sube-baja no los puedo evitar, para pasar un mal rato prefiero no subir en ellos. Con todo, y a pesar de que este medio de transporte es mucho más seguro que cualquier otro, accidentes aéreos que impactan la opinión pública mundial, haberlos haylos (ver Comet 4: Tragedia en el Montseny), dándose el caso de que el peor accidente que ha tenido nunca la aviación civil se dio en un aeropuerto español en 1977. Ahora ya nadie se acuerda de él, pero cuando el mundo se enteró de aquella tragedia hubo un nombre que quedó grabado a fuego en la memoria de la humanidad para siempre: Los Rodeos.

Independentismo canario
A finales de los años 70, la situación política en España si algo no era, era ni tranquila, ni apacible. Los coletazos del franquismo y los atentados terroristas ya fuesen de ETA, Terra Lliure o cualquier otro (ver El Caso Scala o las oscuras cloacas de la Transición) llenaban las portadas de los diarios. Dentro de este marasmo que se movía entre la ignorancia de la gente, el miedo a un golpe militar y las reivindicaciones de una democracia sin cuajar, las islas Canarias no eran una excepción, ya que tenían incluso su propio grupo armado independentista, el MPAIAC (Movimiento Por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario). Este grupo, próximo al comunismo más furibundo y exaltado, reclamaba la independencia de las Canarias a base de acciones terroristas y, el día 27 de marzo de 1977, no tuvo una mejor idea que poner un artefacto explosivo en la floristería de la terminal de pasajeros del aeropuerto de Gran Canaria. Eran las 13:15 h y la deflagración tuvo como resultado 7 heridos.

Ubicación de Los Rodeos
Ante este atentado, y la amenaza de una segunda bomba, las autoridades decidieron cerrar el aeropuerto y derivar todo el tráfico aéreo hacia el aeropuerto de Los Rodeos, en la isla de Tenerife. El único inconveniente era que Los Rodeos tenían una única pista de aterrizaje y despegue, no tenían radar de tierra, no les funcionaban todas las luces de las pistas, los controladores no estaban acostumbrados al trajín de un aeropuerto internacional como el de Gran Canaria y, por si no había parido la abuela todavía, había sobre la pista una niebla espesa que impedía la visión desde la torre de control. O lo que es lo mismo, que se estaba rifando una tragedia y tenían todas las papeletas. Todas.

En esta circunstancia, los aviones en vuelo transoceánico que iban llegando a las Canarias se iban desviando a Los Rodeos, donde se iban acumulando como podían en espera de que se volviera a abrir el de Gran Canaria.

El KLM accidentado
Alrededor de las 15 h se dio el visto bueno a que empezaran a ponerse en movimiento los aviones que esperaban desplazarse al aeropuerto cerrado, no obstante el Boeing “Jumbo” 747 de la compañía holandesa KLM, procedente del aeropuerto de Schiphol (Amsterdam) con 234 pasajeros y 14 tripulantes estaba cargando combustible y hasta que no hubo acabado, no dejó el camino libre para que los de atrás comenzaran a moverse. Seguro que le habrían pitado hasta gastar el claxon, sobre todo otro Jumbo 747 de la compañía estadounidense PanAm procedente de Nueva York, con 380 pasajeros y 16 tripulantes que iba inmediatamente detrás en la cola, si no hubiese sido anulada la orden de despegue antes de acabar el repostaje de los 50.000 litros de combustible que cargó el 747 de la KLM. Dos horas más de espera tuvieron que chuparse en estricto orden de salida.

Un 747 PanAm similar al implicado
A las 16.56 h., una vez que el aeropuerto de Gran Canaria volvió a abrir su espacio aéreo, la torre de control de Los Rodeos avisó al primero de la cola (al KLM, que ya había acabado de repostar) para que iniciara su desplazamiento hacia el principio de la zona de despegue. Como sólo había una pista, la maniobra se trataba de entrar por una punta y, al llegar al final, hacer un giro de 180º que dejara el avión encarado para iniciar el despegue. Sin mayor inconveniente, el 747 de la KLM inició su rodaje por la pista.

Tres minutos después (a las 16.59 h.), la torre de control indicó al segundo de la lista, el PanAm, que hiciera exactamente el mismo trayecto que el KLM pero que, dado que había toda una serie de carriles auxiliares que desembocaban en la pista principal, cuando el avión llegase al tercero, tendría que girar 135º y tomarlo a la izquierda. El capitán del PanAm, tal como informado, inició el movimiento.

Infografía de cómo fue la tragedia
Paralelamente, el capitán del  Jumbo KLM, había llegado al final de la pista y había efectuado el giro pertinente para encarar el avión para su despegue. La torre de control, que hay que recordar que no tenia visión ni de la pista, ni de los aparatos, indicó al capitán de que le avisaría cuando estuviera la pista libre. Sin embargo, alguna cosa pasó que no se entendieron y el KLM, en vez de esperar a que le avisaran, aceleró e inició la maniobra de despegue. El PanAm, que circulaba por la misma pista, cuando llegó a la tercera intersección, se dio cuenta de que no era a 135º, sino a 45º, pero inició el desvío pertinente.

Recreación del impacto
El capitán del KLM, en plena aceleración de despegue, vio salir de en medio de la niebla la imponente silueta del PanAm por lo que, acordándose de todos los santos del cielo, le metió caña a tope e intentó levantar el aparato para evitar lo que parecía inevitable. Por desgracia, lo inevitable ocurrió.

Tragedia en estado puro
Aunque el KLM se elevó, los motores impactaron de lleno con el PanAm a una velocidad de 250 km/h, arrancando de cuajo el techo del aparato y provocando la explosión del combustible del avión holandés que acabó matando a todo su pasaje y a buena parte del pasaje del PanAm. El KLM, envuelto en una bola de fuego recorrió unos 300 m, mientras que los supervivientes del 747 americano (entre ellos el capitán) escapaban como podían saltando al vacío desde más de 10 metros produciéndose graves fracturas al caer desde semejante altura.

7,62 metros faltaron para evitarlo
Avisada por los otros aviones que habían visto una deflagración entre la niebla, la torre de control envió los servicios de emergencia a ciegas, porque no se sabía exactamente lo que había pasado. Cuando llegaron y vieron la magnitud de la tragedia, poco pudieron hacer más que dar apoyo a los supervivientes y retirar unos 15.000 litros de combustible de los restos del PanAm antes de que explotasen. El siniestro se había saldado con la muerte de los 248 ocupantes del KLM y 335 de los 396 ocupantes del PanAm norteamericano, o lo que es lo mismo, 583 muertos, 61 heridos y el peor accidente que hasta el día de hoy ha tenido la aviación civil a nivel mundial.

Vista aérea del accidente
El estudio posterior de las cajas negras llegó a la conclusión de que un error de interpretación entre la torre de control y la cabina del avión holandés, sumadas a las prisas de reemprender el vuelo hacia Gran Canaria y volver a Holanda, fueron la causa de que el avión arrancara el despegue antes de tiempo. A la vez, el PanAm, posiblemente debido a la niebla, no atinó a tomar la tercera desviación, sino que tomó la cuarta, por lo que estuvo en la pista más tiempo del debido. Esta circunstancia hizo que, cuando el capitán del KLM se dio cuenta del PanAm e intentó levantar el vuelo, si lo hubiera hecho tan solo 7,62 metros más de lo que lo hizo, hubiera evitado la catástrofe. Por desgracia, si en vez de haber cargado los 50.000 litros de combustible como hizo, hubiera puesto la cantidad justa para llegar a Gran Canaria, el KLM hubiera pesado mucho menos y los hubiera alcanzado. En definitiva, toda una concatenación de desgracias que acabaron por mostrarse fatales.

Todo se puso en contra
El accidente, como era previsible tuvo sus consecuencias. La isla de Tenerife, en el momento de la tragedia, estaba preparando un nuevo aeropuerto en la parte sur que se inauguró al año siguiente. Ello significó cambiar el nombre de Los Rodeos por el de Tenerife Norte (el nombre antiguo hacía daño a la vista), quitar su estatus de aeropuerto internacional y reducir su tráfico aéreo hasta el punto de que entre 1980 y 2003 pasó a acoger tan solo vuelos interiores entre las Islas Canarias. Por su parte, a nivel internacional, la aviación civil endureció los protocolos de comunicación para evitar confusiones y se generalizaron durante los siguientes años los radares de tierra. Todo ello un nimio legado para una tragedia sin parangón, cuyo recuerdo se reduce a un monumento con forma de escalera de caracol de 18 metros que se dedicó en 2007 en un parque de San Cristóbal de la Laguna, a varios kilómetros del lugar del accidente.

Un accidente lejano, estúpido, mortífero y despiadado que esperemos no se vuelva a producir jamás, pero que -y eso será lo más difícil- tampoco debemos olvidar jamás.

Memorial por las víctimas de 1977

Webgrafía

lunes, enero 01, 2018

Hoy, receta: Arroz con garbanzos

Llegas a casa, no tienes ganas de ponerte a cocinar, pero ya estás hasta los mismísimos de hacerte ensaladas, calentar pizzas precongeladas y el socorrido pan con tomate y jamón ya te sale por las orejas... ¿qué hacer?. Esta pregunta que todo el mundo nos hemos hecho en un momento o en otro, tiene una solución sencilla, rápida y nutritiva que, en poco más de media hora, permite hacerte un plato de cuchara sabroso y que te dejará bien colmado: Un arroz con garbanzos.

Para este plato para 3 personas necesitamos:

  • 1 cebolla mediana
  • 1 litro de caldo de pollo
  • 180 gr. de arroz redondo
  • 300 gr. de garbanzos cocidos
  • Aceite de oliva 
  • Sal

Comenzamos cogiendo la cebolla y, después de pelarla (obvio, pero siempre habrá algún despistado), la cortamos en trozos pequeños y, en una cazuela con un chorreón de aceite, le ponemos un pellizco de sal, la salteamos y la sofreímos con el fuego a 3/4 de su potencia.

Sofreímos la cebolla
Cuando ya esté trasparente, le tiramos el arroz y le damos vueltas a fin de que se dore un poco y absorba el líquido que quede de sofreír la cebolla. Es lo que en catalán llamamos "rossejar" y, a mi parecer, es uno de los pasos más importantes para que un arroz quede bien.

Doramos el arroz antes de echarle el caldo
Cuando el arroz ha secado el poco líquido que quedaba y empieza a tomar un poco de color (no nos pasemos tampoco) le tiramos el litro de caldo de pollo y, a partir del momento en que vuelve a hervir, contamos 20 minutos, que será el tiempo que tarde en hacerse el arroz -al menos a nivel del mar, y ponemos el fuego a media potencia. Si os gusta más caldoso, lo tapáis para que no se evapore todo el caldo y si os gusta más seco, dejadlo abierto vigilando que no se os queme por falta de líquido, en cuyo caso le podéis tirar un vaso de agua para que acabe la cocción.

Dejamos cocer 20 minutos
Cuando falten 5 minutos para cumplir los 20 minutos de cocción del arroz, le añadiremos los garbanzos. Como ya están cocidos, no hace falta tenerlos más tiempo, si no, se desharían todos.

Cuando falten 5 minutos, añadimos los garbanzos cocidos
Removeremos un poco para que los garbanzos queden repartidos por el arroz y acaben de coger el sabor del caldo. Será el momento de probarlo y rectificar de sal.

Cocemos hasta cumplir los 20 minutos de ebullición
Dejamos que el conjunto acabe de cocer y cuando sean los 20 minutos, lo apartamos y servimos en plato hondo.

Un buen plato, barato, fácil y rápido que puede ayudar a restaurar algún sufrido estómago, sobre todo en las temporadas más frías del año. 

¡Buen provecho!

Un plato barato, fácil y rápido: Arroz con garbanzos
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