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lunes, julio 30, 2018

La Línea II, la pionera pero frustrada línea de Metro Sin Conductor de Barcelona

Serie 600. Uno de los primeros automatizados
Uno de los trenes automatizados
Por mucho que tengamos siesta, tortilla de patatas y un clima envidiable para los extranjeros (que se lo pregunten un 15 de agosto a las 3 de la tarde), la verdad es que este país siempre ha destacado más por lo malo que por lo bueno. Algunos "talibanes" -siempre "no nacionalistas", faltaría más- piensan que es una leyenda negra promocionada por envidia del resto del mundo hacia España (aquí se podría aplicar el chiste del "un kamikaze, no; cientos") pero, la verdad es que, si dais un repaso a los artículos de este blog, podréis comprobar que… hombre… en algo hemos colaborado. Con todo, y si somos francos, también se ha de reconocer que sus gentes han hecho lo posible para que no fuera así, pero la creatividad, las buenas intenciones y las mentes privilegiadas siempre han chocado de bruces contra el muro de cemento armado de la envidia, los intereses, el amiguismo y la estulticia de sus clases dirigentes. Y uno de estos ejemplos lo podemos encontrar en el Metro de Barcelona, donde se implementó por primera vez en el mundo una línea automática que no necesitaba conductor y que inspiró al resto de ferrocarriles metropolitanos del planeta… hasta que se quitó y no volvió hasta casi 40 años después. Tal y como se lo cuento.

Lineas de metro en 1925
Lineas de metro en 1925
Durante los años 50 del siglo XX, Barcelona había empezado a recibir un gran número de inmigrantes de otras partes de España debido a la cronificación sin esperanza de mejora de las calamitosas condiciones de posguerra tras la Guerra Civil (ver La corrupta historia de los coches llamados "Gracias Manolo"). Ello hizo que los diferentes barrios de la Ciudad Condal empezaran a crecer de forma desordenada, aumentando la presión sobre los transportes públicos que comunicaban las zonas residenciales periféricas con el centro de la ciudad. Esta presión llevó a los responsables franquistas del momento a tomar cartas en el asunto para implementar una ampliación de la red de Metro de Barcelona, habida cuenta que no se había hecho ninguna extensión de las líneas de tren suburbanas desde 1933 y desde entonces la población había aumentado en medio millón de personas.

Construcción cocheras Vilapicina
Construcción cocheras Vilapicina
Así las cosas, y tras municipalizar las dos empresas que gestionaban las dos líneas que había hasta entonces (el Metro Transversal -actual L1- y el Gran Metro -actual L3-), en 1951 entró en vigor el conocido como Plan de Metros, con el cual se daba carta blanca a toda una serie de ampliaciones, extensiones y construcción de nuevas líneas encaradas a llevar la red de Metro a los barrios y poblaciones de la periferia barcelonesa. Los presupuestos eran los que eran, pero se pusieron a ello.

Estación de Virrei Amat
Estación de Virrei Amat
Una de las nuevas líneas a construir era la Línea II, una línea de nuevo cuño -primera tras la contienda- que tendría que llevar el metro desde el barrio de Horta a la Avinguda del Paral·lel (por aquel entonces, Avenida Marqués del Duero), pasando por la recién construida estación de Sagrera (L1, 1954) y rodeando el centro de Barcelona por la Gran Vía y la Ronda Sant Antoni.  En 1955, mediante la técnica del "despanzurre de calles que te crió" -las tuneladoras no se estilaban en la España de la Posguerra- se daba inicio a la construcción de esta línea que culminaba en 1959 con la inauguración por el ínclito alcalde José María de Porcioles (ver Los Huevos de Porcioles, un símbolo de un pasado demasiado presente) de 5 estaciones que llevaban desde la Sagrera a Vilapicina, que sería la estación término a falta de la construcción de la estación de Horta.

Inauguración de la Línea II
Inauguración de la Línea II
Paralelamente, los ingenieros del Ferrocarril Metropolitano de Barcelona S.A. (empresa pública que, después de la municipalización, administraba el Metro) decidieron desarrollar un sistema con el cual gestionar la circulación de los trenes de forma automática entre las 5 estaciones que formaban la nueva línea (a la sazón, Sagrera, Viviendas del Congreso, Maragall, Virrey Amat y Vilapicina). En junio de 1960, se empezaron a hacer las primeras pruebas en trenes de la serie 600, en una iniciativa que era pionera en el mundo, habida cuenta que, hasta aquel momento, todos los metros del mundo circulaban de forma manual, es decir, con un conductor que gestionaba el paso de los trenes por las paradas y la apertura y el cerrado de las puertas.

Automatismo fotoeléctrico
Automatismo fotoeléctrico
El sistema era sencillo y económico, pero efectivo. Los trenes disponían de una serie de células fotoeléctricas en los bajos de los convoyes que, al pasar por una serie de balizas (entiéndase como placas metálicas fijas que cortaban el haz de luz) situadas entre las vías, hacían que los trenes acelerasen o frenasen en un momento determinado de su viaje entre las estaciones. De esta forma, los convoyes, en el momento que cerraban las puertas, se ponían en marcha y circulaban por su trayecto sin intervención humana hasta la siguiente parada. El único inconveniente era que, si bien no necesitaba conductor, sí que tenía que tener alguien que abriera y cerrara las puertas a los viajeros, habida cuenta que la marcha automática se iniciaba de nuevo en el momento en que el "supervisor" cerraba de nuevo los portones.

Estación de Horta y una baliza entre las vías
Estación de Horta
Pese a que era un mecanismo rudimentario y algo delicado -un papel en mal sitio inutilizaba el sistema- este sistema llamado ATO (Automatic Train Operation) funcionaba correctamente, despertando el interés de gran cantidad de redes de Metro de otros países por el desarrollo de este dispositivo. En vistas del éxito, el 28 de enero de 1961 y de forma provisional, se ponía en circulación entre las estaciones de Sagrera y Vilapicina, el primer tren metropolitano que funcionaba sin conductor en el mundo. Todo un logro del I+D español del momento.

Detalle del mecanismo equipado bajo los coches
Detalle del mecanismo equipado
El sistema ATO funcionó en pruebas hasta el 8 de octubre de 1962, en que la División Inspectora de Ferrocarriles dio el visto bueno a la implantación de tan novedoso sistema, obligando al operador a una comunicación diaria de kilómetros y posibles incidencias. Implantación que acabó el 23 de diciembre de 1963, equipando todos los convoyes -7 trenes de dos coches- que circulaban por los poco más de 2 kilómetros que formaban aquella corta línea y reportando toda una serie de ventajas para la empresa (disminución del 10% del consumo de electricidad, de personal, de averías, de desgaste de ruedas…). En mayo de 1965, el sistema ATO había hecho más de 1,5 millones de kilómetros, demostrando una gran fiabilidad y ganando el reconocimiento mundial en el 37º Congreso UITP (Unión Internacional de Transportes Públicos) celebrado en Barcelona en 1967. Sin embargo, tantos esfuerzos duraron poco.

Cuando llegó Franco, se acabó todo
Cuando llegó Franco, se acabó todo
Debido a los problemas en la construcción de la prolongación de la Línea II hasta el Paralelo por encontrarse con los cimientos de la muralla medieval de Barcelona y, en viendo que la cosa se eternizaba, se decidió unir el tramo existente a la reciente Línea V. Ello significaba que, en vez de que la Línea V fuera en un trayecto transversal desde Cornellà a Badalona y la Línea II fuera en un tramo vertical desde Horta al Paralelo (ver La Torre del Rellotge de Barcelona, donde paralelos y meridianos se dan la mano) cruzándose ambas en Sagrera, la Línea V giraría hacia el norte absorbiendo la antigua Línea II, la cual se había ampliado en 1967 con la nueva estación de Horta. El 26 de junio de 1970, en un acto presidido por Franco, se inauguraba la unión de las dos líneas y, con ella, el final del funcionamiento del ATO que tanto reconocimiento había dado al Metro de Barcelona. Y es que la Línea V no era automática, circulaban coches de diversas series y daba demasiado por saco implementarles la novedad de la Línea II. Ley del mínimo esfuerzo en estado puro.

Automatismos, 39 años después
Automatismos, 39 años después
En definitiva, que con la ampliación del metro se eliminó, una vez más (ver Isaac Peral y la envidia que logró frustrar un prodigioso submarino), la posibilidad de poner a España en cabeza del desarrollo técnico mundial. Por excusas técnicas y/o presupuestarias (absolutamente superables a poco que hubiera habido cierta voluntad política) el metro perdió una tecnología inspiradora que sirvió para que las grandes redes de Metro mundiales implementaran y desarrollaran mejoras con una tecnología que se había gestado en Barcelona. Una tecnología eficaz y revolucionaria que no volvió a la Ciudad Condal hasta 39 años después, con la inauguración el 13 de diciembre de 2009 de la L9/L10, primera línea totalmente automática desde la experiencia de la Línea II.

Unamuno dijo… “¡Que inventen ellos!”.

Y en ello seguimos.

Detalle de una baliza del sistema ATO de la Línea II

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jueves, julio 26, 2018

Lloret 1979, memoria histórica de uno de los incendios forestales más trágicos

Las víctimas del incendio
Las víctimas del incendio
Cuando veo las noticias que nos llegan de los incendios forestales de Grecia y los muertos habidos por culpa del fuego, algo dentro de mí se encoge y recuerda los veranos que, en una urbanización en medio de una zona forestal cerca de Hostalric (Girona), pasé durante los 70 y los 80. El olor a humo, el ruido de los hidroaviones, el inusual aire caliente, las inquietantes pavesas y el miedo a que un fuego descontrolado convirtiera aquel monte mediterráneo cerrado que nos rodeaba en una ratonera infernal, fueron la espada de Damocles con que convivíamos cada agosto que pasábamos allí. Por suerte, nunca pasó nada, pero el peligro era bien real y raro era el verano que, desde nuestra casa, no viéramos una columna de humo estratosférica o cómo lucían los fuegos que, en lontananza, iluminaban la oscuridad de la noche. Ahora, coincidiendo con los mortíferos fuegos griegos, me viene a la memoria uno de aquellos incendios que, con todo el temor del mundo, contemplábamos en la demasiado cercana lejanía. Aquel fuego, por desgracia fue diferente, no solo quemó casas, animales y bosque, sino que se llevó la vida de 21 personas que quedaron acorraladas en el fondo de un torrente. La muerte no deja indiferente a nadie; saber que 13 de ellas murieron abrazadas entre sí, menos. Me refiero al terrible incendio de Lloret de Mar de 1979.

Típico bosque mediterráneo
Típico bosque mediterráneo
El bosque mediterráneo, debido a la rigurosidad del clima que envuelve al Mare Nostrum, ha sido siempre el “pariente pobre” de los bosques mundiales. La acumulación de las lluvias en el otoño y en la primavera, unos inviernos templados y unos veranos secos y más parecidos a las ollas de Pedro Botero que a otra cosa, ha hecho que la vegetación que crece en las onduladas sierras litorales se adapte como pueda a esta particular climatología (ver ¿Por qué florecen los almendros tan temprano?). Esta situación hace que el bosque esté formado por una gran cantidad de especies vegetales diseñadas para soportar las inclementes sequías que se producen durante el verano, esto es, plantas resinosas, de hojas estrechas, perennes que, si bien son buenas estrategias para no pasar sed, las convierten en auténticas teas preparadas para que cualquier chispa ya sea natural o humana las encienda. Durante siglos, el ser humano que ha vivido a orillas del Mediterráneo ha aprovechado esta vegetación como combustible, por lo que, al ser un bosque de rendimiento bajo, el exceso de uso había convertido el paisaje en poco menos que en una dehesa. Los incendios, si bien eran normales, al no haber una masa forestal continua, eran de corto alcance. Sin embargo, en los años 60 del siglo XX la cosa iba a dar un vuelco dramático.

Las casas ocupan el bosque
Las casas ocupan el bosque
El abandono de la agricultura por la vida urbana, hizo que grandes extensiones de terreno antaño explotadas forestalmente, quedaran descuidadas. La vegetación comenzó a ganar extensión a costa de la falta de tala y de las tierras antes trabajadas, formando en poco tiempo impenetrables bosques mediterráneos sin ningún tipo de gestión. En principio, este fenómeno no es malo para el bosque, pero el problema es que, paralelamente, estas fincas se empezaron a aprovechar para construir grandes urbanizaciones de segundas residencias (ver El icono histórico del enorme Mazinger Z de Tarragona) y aquí es cuando la cosa se complica… y no poco.

Los fuegos forestales son temibles
Los fuegos forestales son temibles
Por mucho que se diga y se polemice al respecto, la realidad incuestionable es que el bosque mediterráneo (de hecho, ni ningún otro) no necesita al hombre para nada. La naturaleza es, de por sí, capaz de enfrentarse por sí sola ante los incendios y de reponerse de sus estragos -lo ha hecho durante millones de años-, e incluso de aprovechar el fuego en su propio beneficio (renovación de nutrientes, estrategias de rebrote, de reproducción…), pero la mano del hombre (ya sea consciente o inconsciente) distorsiona el panorama… ¿y quién es el principal afectado? ¿El bosque? No, el propio ser humano.

El 7 de agosto de 1979, a las 9.30 de la mañana, la tranquila y cálida mañana de verano se desperezó con un incendio forestal que empezaba casi simultáneamente en tres puntos cercanos a la cima del Puig Ventós, una pequeña colina de 185 m situada en la carretera entre Vidreres y Lloret de Mar, a unos 6 km de esta conocida población de la Costa Brava

Paisaje calcinado tras el incendio de 1979
Paisaje tras el incendio de 1979
La zona, antaño rural y forestal, había sido abandonada en beneficio del próspero negocio turístico de la costa. Ello dejó el terreno libre para que, aprovechando la tirada de los turistas, aquellos terrenos acogieran gran cantidad de urbanizaciones que mezclaban las residencias de fin de semana junto con el paisaje verde del bosque mediterráneo asalvajado. Esta peculiar disposición hizo que, el día de autos, el incendio encontrara las condiciones más propicias para expandirse a toda velocidad, poniendo en serio peligro las urbanizaciones que había en los alrededores. No obstante, estábamos en plena Transición y los medios contra el fuego eran precarios no, lo siguiente. Baste como ejemplo que, el guarda antincendios ubicado en el castillo de Hostalric, durante años no tenía ni tan siquiera unos prismáticos, de tal forma que la seguridad forestal de la zona que “vigilaba” dependía exclusivamente de las dioptrías que gastara. Con eso y un par de Avemarías ya estaba todo bajo control. ¡Ole tú!

Plano de la extensión del incendio
Plano de la extensión del incendio
Así las cosas, conforme el fuego comenzó a progresar, la inquietud de los habitantes de las urbanizaciones fue en aumento. Inquietud que se convirtió directamente en pánico cuando el fuego puso cerco a la urbanización Lloret Blau y los bomberos aún no habían llegado. De hecho, los primeros camiones de bomberos llegaron hacia las 11 de la mañana, pero el incendio ya se había desbocado. Las 1.500 personas que allí vivían, visto el alcance de las llamas -que llegaron a alcanzar un frente de 15 kilómetros-, empezó a huir en desbandada. Unos se cerraron en sus casas y otros salieron pitando con sus coches particulares, pero la rapidísima progresión del fuego de este a oeste impulsado por el viento, pilló a tres familias entre dos fuegos. Abandonando los coches, huyeron por el único punto libre: el fondo de un torrente. Se convirtió en su sepultura.

Retirado de las víctimas
Retirado de las víctimas
Cuando hay un incendio, la tendencia que tiene el fuego es a seguir la dirección del viento y a subir las laderas de las montañas. En este punto, las vaguadas y valles de los riachuelos se convierten en auténticas chimeneas que canalizan el aire y remontan con extraordinaria virulencia cualquier orografía, por lo que meterse durante un incendio en uno de ellos es poco menos que un suicidio. Se recomienda por ello que, en caso de huida, antes de tomar el fondo de una riera se abandone el frente de fuego y se busque huir por la zona ya quemada, habida cuenta que, si ya está quemada, difícilmente volverá el frente. Sea como sea, las víctimas se metieron ellas solas en la boca del infierno donde, abrazados por el miedo, acabaron calcinados. No fue hasta las 4 de la tarde en que, revisando el paisaje desde la carretera los divisaron. Estaban a 30 metros de la carretera y los confundieron con troncos quemados.

Zona donde se hallaron los cuerpos
Zona donde se hallaron los cuerpos
El incendio, que se dio por extinguido el día 9 (dos días después) y se consideró provocado, acabó afectando a más de 1.000 hectáreas de bosque mediterráneo y a no menos de 5 urbanizaciones. Las víctimas, 13 de las cuales eran de Badalona y entre los que había niños de corta edad, disfrutaban de sus vacaciones en sus terrenos de la urbanización Lloret Blau. Una de las familias, que no tenía casa, hacía poco que se había comprado un terreno y habían aprovechado el espacio para hacer camping. Un trágico balance que pone de manifiesto que, por mucho que nos parezca que nuestros montes son poco menos que la Plaza Catalunya y que una tragedia semejante no nos puede volver a pasar, la naturaleza mediterránea, en verano, con gente y por mucha prevención antincendios que haya, es algo a lo que tener mucho respeto, cuando no miedo.

Y conviene no olvidarlo.
Desolación absoluta tras el paso del fuego
Desolación absoluta tras el paso del fuego
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miércoles, julio 18, 2018

Las alucinaciones gratuitas y sin drogas del Efecto Ganzfeld

Experimento Ganzfeld
Experimento Ganzfeld
Muchas veces nos quejamos de que, en esta sociedad en que nos ha tocado vivir, sufrimos tal bombardeo de información, que nos llega a salir hasta por las orejas. Postverdades, noticias fake, hiperactividad, falta de criterio… todo ello se ha convertido en algo cotidiano, fruto de las redes sociales y la sociedad de la información que nos rodea. Sin embargo, y por muy hartos que estemos, la verdad es que el cerebro humano está preparado para procesar todo el cúmulo de informaciones y estímulos que llegamos a recibir al cabo del día (la calidad del procesado, ya depende de cada seso), pudiéndose generar auténticos disturbios cerebrales en caso de que pudiéramos eliminar esos estímulos. Y se puede. Es el conocido como Efecto Ganzfeld.

Exceso de información
Exceso de información
Que el cerebro es una máquina extraordinaria, capaz de crear maravillas, efectuar cálculos complejos e imaginar situaciones inverosímiles, es algo que, no por conocido nos deja de sorprender cada vez que nos hacen un buen truco de magia. El único inconveniente es que este ordenador central que tenemos encima de los hombros (algunos, otros lo tienen en otro lado) necesita información externa para procesarla, ya que, sin este aporte de estímulos, el cerebro se vuelve auténticamente loco.

Dr. Wolfgang Metzger
Dr. Wolfgang Metzger
Así las cosas, el psicólogo alemán Wolfgang Metzger, estudiando la teoría de la Gelstat, según la cual el cerebro actúa reconociendo formas y agrupando conceptos conforme su experiencia, diseñó en los años 30 una forma de eliminar los estímulos sonoros y visuales. Bien… de hecho no los eliminaba, sino que los homogeneizaba, de tal forma que, a efectos prácticos, era como si los eliminase. Le llamó "Ganzfeld" (del alemán "ganz", todo, y "feld", campo) al referirse a la total privación de vista y oído.

De esta forma, a un sujeto tumbado cómodamente, se le hacía oír una especie de “fritura” similar al ruido que se obtiene cuando cambiamos entre dos emisoras de radio (conocido como “Pink Noise” o Ruido Rosa), mientras que en los ojos se ponen dos coberturas translúcidas (las dos mitades de una pelota de ping-pong) y se le enfoca una bombilla de luz roja. De esta guisa estando, se mantiene al interfecto durante varios minutos escuchando el ruido -que de hecho lo que hace es eliminar el estímulo sonoro externo- y viendo la luz rojiza que traspasa las mitades traslúcidas y sus párpados.

El efecto produce alucinaciones
El efecto produce alucinaciones
Ante esta situación de privación sensorial, el cerebro, acostumbrado como está a reconocer patrones y a predecir formas y colores -ver caras en las nubes, en los azulejos o en los desconchones de la pared… fenómenos conocidos como pareidolias- se pierde como quien se encuentra en una total oscuridad, de tal forma que comienza a hacer de su capa un sayo. O lo que es lo mismo, que el cerebro comienza a producir imágenes alucinatorias producto de la falta total de información que procesar, pudiendo llegar al extremo de afectar seriamente la salud mental del conejillo de Indias que se haya prestado al experimento. De hecho, esta forma de alucinar sin necesidad de LSD (ver Hofmann y el alucinante descubrimiento del LSD) también se consigue en las cámaras anecoicas (ver La cámara anecoica de Orfield, el lugar más silencioso del mundo)  y se ha reportado que ocurre en gente que se ha quedado durante mucho tiempo encerrada en la oscuridad (mineros accidentados, por ejemplo), expedicionarios polares o, incluso, algunos filósofos griegos, que se encerraban en cavernas y esperaban que les “fluyera” la inspiración intelectual. No obstante, este fenómeno también se utiliza para algo un pelín más misterioso: para detectar la existencia de la percepción extrasensorial, sobre todo la telepatía.

¿Experimentando la telepatía?
¿Experimentando la telepatía?
Según los estudios de diversos parapsicólogos durante principios de los años 70 del siglo XX, esta privación de sentidos hace que se disparen las capacidades precognitivas y de sentidos paranormales que, según la paraciencia, todos disponemos. En este caso, al inducir a una persona el fenómeno de Ganzfeld, las alucinaciones que tendría estarían influidas por los pensamientos que le estaría “mandando” otro sujeto que estuviese mirando una serie de dibujos en su cercanía. Es decir, mientras que una persona está viendo una serie de dibujos de forma aleatoria, el otro tendría que ver en sus alucinaciones los dibujos que está viendo su comunicador. ¿Y cómo saber si las ha visto o no las ha visto? Pues después de la sesión Ganzfeld, al que se le ha sometido al proceso se le pasan una serie de dibujos en que, de cada cuatro dibujos, uno es de los que ha visto el “emisor”, y el “receptor” tiene que reconocerlos. Estadísticamente, si fuesen elegidos por simple azar, el tanto por ciento de acierto tendría que ser del 25%. La sorpresa es que se han llegado a documentar hasta el 35% de aciertos, dato inexplicado que sirve como prueba de que “algo” existe para los que creen en estas cosas y que no prueba nada para los que no creen en estas sensibilidades paranormales. Sea como sea, la polémica está servida.

Hippies alucinando sin drogas
Alucinando sin drogas
En definitiva, que nuestro cerebro, por mucho que nos guste o no, está diseñado para gestionar información a punta pala ya que ello nos permite sobrevivir en un mundo tan cambiante y ambiguo como el nuestro. Posiblemente este mundo no sea el mejor que podamos tener, ni el que más nos gustase vivir, pero, sea uno o sea el otro, nuestra mente está diseñada para procesar una información con la que podemos volvernos locos, pero sin la que, por mucho que nos duela, podemos volvernos igualmente locos. Eso sí, puestos a volverse tarumba, hágalo con un buen libro, que, para hacerlo con la realidad, simplemente tiene que abrir Twitter o ver un Telediario.

Consejo de amigo escritor.
 


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lunes, julio 16, 2018

La Máquina de Antikythera, la sorprendente computadora de la Antigua Grecia

La Máquina de Antikythera en el Museo Nacional de Arqueología de Atenas
La Máquina de Antikythera
En la isla de Creta, unos arqueólogos encuentran unos extraordinarios autómatas de bronce que habían quedado enterrados desde la época de la Antigua Grecia. Uno de aquellos arqueólogos, cegado por el poder de tales androides, decide eliminar a todos sus compañeros y desarrollar a partir de aquellas máquinas olvidadas un ejército de robots con el que dominar el mundo. Desgraciadamente para sus aviesas intenciones, uno de aquellos que habían sido sus compañeros quedó solo malherido por lo que, conociendo la técnica, creó un robot que se enfrentara a aquella amenaza para la Humanidad. Así se explica en el primer capítulo de la serie el origen de Mazinger Z (ver El icono histórico del enorme Mazinger Z de Tarragona). Esta ficción, basada en el mito del gigante Talos, el invencible gigante de bronce creado por Hefesto y los cíclopes (ver La mitológica, pero real, historia de los cíclopes fosilizados) para proteger Creta de los extranjeros, puede quedar como lo que es, una simple mitología. Sin embargo, cuando en 1900 se encontró en el mar una extraña máquina medio corroída, más de un presupuesto sobre los antiguos griegos tembló como un flan. Me refiero a la Máquina de Antikythera: la computadora más antigua de la Historia.

Ubicación de Antikythera
Ubicación de Antikythera
Las islas griegas, a parte de un bello (y caro) destino turístico donde las cámaras de fotos y los Instagram sacan humo cada día, es uno de los principales puntos de interés arqueológico del mundo. El hecho de que a orillas del Egeo se desarrollase una de las culturas más avanzadas -intelectualmente hablando- y que más han influenciado a las civilizaciones posteriores, ha convertido estas tierras en un centro donde los arqueólogos han hecho su particular agosto. Y no solo en superficie, donde es normal que se hallen restos, sino incluso en los fondos submarinos, donde el descubrimiento de piezas es mucho más dificultoso y sorprendente.

Extrayendo los restos (1900-1901)
Extrayendo los restos (1900-1901)
Así las cosas, en el año 1900 un grupo de pescadores de esponjas descubrió a 45 metros de profundidad, en las costas de la isla griega de Antikythera (también conocida como Anticitera o Antiquitera), un barco romano hundido a mediados del siglo I a.C. que transportaba un valioso cargamento de ánforas, estatuas, cristalería, monedas y toda una serie de diverso material de origen griego. Todo el cargamento fue izado durante el 1901 y, depositado en el Museo Nacional de Arqueología de Atenas, los arqueólogos determinaron que buena parte de los restos estaban datados del siglo IV a.C. Y, como ocurre demasiado frecuentemente, una vez catalogados los artículos más bellos y destacados, el resto quedó en el fondo de un armario.

Restos del artilugio
Restos del artilugio
En 1902, el director del museo, el arqueólogo griego Valerio Stais, revisando un cacho de bronce corroído procedente del pecio romano de Antikythera, vio que en aquella masa informe metálica destacaba una serie de engranajes. Stais los relacionó con un reloj astronómico, pero los investigadores que lo estudiaron vieron que, caso de serlo, era algo demasiado complejo para su época y que no cuadraba con el resto de elementos recuperados. Se pensó que era algo que había caído posteriormente al hundimiento del barco, se volvió a meter en el cajón (los almacenes de los museos, esos agujeros negros del conocimiento humano…) y no fue hasta 1951 que el físico e historiador inglés Derek John de Solla Price se interesó de nuevo por los fragmentos que formaban aquel extraño amasijo metálico.

Derek John de Solla Price
Derek John de Solla Price
Tras varios años de estudio y la constatación de que “aquello” de normal tenía poco, en 1971, Price y el físico nuclear griego Charalampos Karakalos (y después alguno se queja de que mi nombre -también de origen griego- es raro) sometieron a la conocida como “Máquina de Antikythera” a un escáner de rayos X y otro de rayos Gamma. Fue la constatación de que estaban ante una auténtica maravilla de la técnica, un predecesor de los computadores actuales cuyos semejantes no se vuelven a encontrar hasta bien entrado el siglo XVI, con el desarrollo de los complejos mecanismos de relojería.

Varios fragmentos de la Máquina
Varios fragmentos de la Máquina
La máquina, formada por 82 fragmentos -algunos recuperados del pecio por el capitán Jacques Cousteau en 1976- consistía en una extraordinaria maquinaria de relojería compuesta por no menos de 37 ruedas dentadas en bronce de diferentes tamaños (la mayor era de 14 cm), y que estaban instaladas en una caja de madera de 34 x 18 x 9 cm. Según los científicos, que pudieron ver que las ruedas y los pocos restos de la caja estaban grabados, llegaron a la conclusión de que se trataba de un artilugio que predecía mecánicamente el zodiaco, las fases de la Luna, del Sol, de los eclipses y de los planetas conocidos en aquel momento. Una verdadera pasada.

Imagen de Rayos X del fragmento principal
Imagen de Rayos X
De esta forma, aplicando los profundos conocimientos de astronomía de los pensadores griegos, la Máquina de Antikythera era capaz de determinar las fechas de los acontecimientos griegos más remarcables (las Olimpiadas, por ejemplo) y de reproducir con una precisión inaudita la ubicación de cada uno de los cuerpos celestes en un momento dado. Una precisión increíblemente compleja dado que, eventos como las fases de la Luna, que tienen una velocidad variable de tránsito en el firmamento, son muy difíciles de representarse mecánicamente. Lo mejor es que, confeccionadas diversas réplicas tras la revisión de los restos con tomografía 3D computerizada, se ha constatado que la máquina funciona a la perfección. Sin embargo, el misterio persiste porque… ¿quién la construyó? ¿Quién tenía el suficiente conocimiento para desarrollarla? La verdad es que no se sabe.

Excavando el barco romano
Excavando el barco romano
Según el estudio de los restos del naufragio y de la maquinaria, se cree que pudiera ser un botín que los romanos obtuvieron durante la conquista de Rodas y que, en tránsito hacia Roma -posiblemente para entregarlo a Julio César- naufragó en aguas del Egeo a mediados del siglo I antes de nuestra era. Este botín incluiría la máquina de Antikythera, una maquinaria que, según el estudio de las inscripciones pudiera haberse construido en la segunda mitad del siglo II a.C. por alguien, evidentemente, muy ducho en astronomía y matemáticas. Hay quién ve la mano del físico y astrónomo Hiparco de Nicea e incluso la del mismo Arquímedes (ver El golpe de suerte de Arquímedes y su Eureka). Sea como sea, su creador permanece en el anonimato.

Reconstrucción por ordenador
Reconstrucción por ordenador
En conclusión, que, durante 2.000 años, el mar mantuvo en el olvido un saber y una técnica que, hasta 1.500 años después de su desaparición, el hombre no supo desarrollar de nuevo. De esta forma, la misteriosa Máquina de Antikythera nos muestra que el conocimiento, más allá de una cosa de “frikis” asociales, es un valor estratégico y fundamental pero, sobre todo, frágil, de la civilización humana. Una civilización que, lejos de la imagen de "bichos raros" que tiene de los investigadores, necesita para avanzar la formidable genialidad de aquellas mentes capaces de estudiar y comprender el mundo que les rodea (ver Hedy Lamarr, la inventora más bella del mundo), al margen de la superficialidad y anodina mediocridad de la sociedad que los señala.
 
Reconstrucción de la Máquina de Antikythera

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jueves, julio 12, 2018

La tribu de los Tasaday, el fraude paleolítico que encandiló al mundo

La tribu de los Tasaday
La tribu de los Tasaday
Cuando se produce un descubrimiento científico remarcable, muchas veces sorprende el ver cómo la misma comunidad de investigadores pone en tela de juicio dicho descubrimiento intentando rebatir las pruebas que se presentan. Desde un punto de vista externo, puede parecer que dichas objeciones tienen el fin de mantener el statu quo de los científicos del momento (y alguna vez sí que puede que lo sea), pero la verdad es que, en este mundo de la investigación, en que el éxito y el renombre van de la mano de sustanciosas subvenciones, si no fuera por esta inmisericorde crítica a degüello, los científicos descubrirían la piedra filosofal tres veces al día (ver El vergonzoso fraude del hombre de Piltdown). O dicho de otra forma, que ante la fama, la sinceridad es un nimio detalle… y si puedo meterla hasta la bola, no nos vamos a andar con remilgos. Y esto mismo ocurrió en 1971 cuando el mundo científico se sacudía con la noticia de que, en Filipinas, una tribu que vivía aún en la Edad de Piedra había sido descubierta: la tribu de los Tasaday. El único inconveniente fue que, con el tiempo, se vio que muy del Paleolítico no es que fueran… 

Manuel Elizalde Jr.
Manuel Elizalde Jr.
En julio de 1971, saltaba a la palestra informativa la noticia de que el empresario filipino (y crápula rematado) Manuel Elizalde Jr había entrado en contacto con una tribu primitiva que vivía aislada del mundo en uno de los confines más perdidos de la espesa selva tropical de la isla de Mindanao. Elizalde, antropólogo aficionado y descendiente de una rica familia de origen navarra que había hecho fortuna en Filipinas cuando todavía era colonia española (ver Rizal o cómo un pacifista hizo perder las Filipinas a España), explicó que aquella tribu -a la que se dio a llamar Tasaday-, habían desarrollado su cultura totalmente al margen de la civilización. Eran el último vestigio que quedaba de la Edad de Piedra y, con las pruebas que aportaba, no era para menos.

Cavernícolas en estado puro (a priori)
Cavernícolas en estado puro (a priori)
La tribu, consistente en unos 25 individuos de diversas edades, vivían tranquilamente en una zona de cuevas de lo que la selva les daba. No conocían el hierro, utilizaban herramientas de piedra, vestían con taparrabos hechos de hojas, no conocían la agricultura y aborrecían la violencia, hasta el punto que su lengua no tenía una palabra que significara “guerra”. Una auténtica burbuja de inocencia humana descubierta gracias a los contactos de un cazador local, dando aviso de su descubrimiento a Manuel Elizalde.

Portada del National Geographic
Portada del National Geographic
Elizalde que, desde 1968 era consejero del dictador Ferdinand Marcos para asuntos indígenas, había creado la fundación Panamin, una ONG privada pero subvencionada por el estado para salvaguardar las minorías étnicas en Filipinas y, con ella, se dedicó a gestionar el legado de los Tasaday. El revuelo que se formó fue monumental en todo el mundo y pronto montones de antropólogos, amén de gente famosa, demostraron su interés por visitar a aquellos que habían vivido en aquella auténtica burbuja en el tiempo. Se escribieron libros e incluso National Geographic les dedicó la portada y un reportaje de 32 páginas. Con la tontería, Elizalde fue capaz de recoger 35 millones de dólares para los tasaday. Dile tonto.

Ferdinand Marcos y su mujer Imelda
Marcos y su mujer Imelda
Para evitar desmanes con los posibles visitantes, semanas más tarde se bloqueó con guardas el acceso a los indígenas y en abril de 1972, Marcos ordenó una zona de exclusión de 182 km2 alrededor de sus cuevas. Tan solo Elizalde y un selecto grupo de 11 antropólogos tendrían oportunidad de visitarlos. En 1976, la instauración de la Ley Marcial en todo el país por parte de Marcos cortó de raíz cualquier posible estudio. No obstante, la comunidad científica internacional tenía la mosca detrás de la oreja desde hacía tiempo, ya que había cosas que no cuadraban (vivían a tan solo 3 horas del pueblo más cercano, por ejemplo) y corrían voces críticas con el régimen que acusaban a Marcos y a Elizalde de utilizar a los cavernícolas en su propio beneficio. La polémica entre los que creían que eran falsos y los que eran verdaderos quedaba servida.

En 1986, el régimen dictatorial de Marcos se vino abajo, poniendo los pies en polvorosa y huyendo a Hawaii, dejando a las Filipinas sumidas en el caos. En medio de este caos, el periodista suizo Oswald Iten vio la oportunidad de visitar por su cuenta a los tasaday y ver qué era lo que había de verdad o de mentira en ellos. Se quedó de pasta de boniato.

Vivían en chozas y cultivaban (foto de 1986)
Vivían en chozas y cultivaban
Según su testimonio, cuando llegó a la zona de las cuevas, allí no había nadie. Los tasaday habían dejado las cuevas y vivían en unas chozas al otro lado de la montaña, pero no solo vivían en chozas, sino que se dedicaban a la agricultura y vestían con ropas normales al estilo tradicional. De los hombres prehistóricos no quedaba nada y, cuando les preguntó el porqué de aquello, le dijeron que habían sido presionados por Elizalde para que actuaran como hombres de las cavernas a cambio de protección y para conseguir dinero. No en vano, Elizalde, ante el caos político, salió del país en 1983 con no menos de 1 millón de dólares procedente de Panamin.

Vaciando troncos con herramientas de madera. Paripé por intereses de Estado
Paripé por intereses de Estado
Según parece, Marcos (muerto en 1989) y Elizalde (muerto en 1997 en extrañas circunstancias) habrían orquestado el paripé mediático de los tasaday con fines publicitarios del régimen ante su población (tener en el país unos “ejemplares” únicos en el mundo de filipinos primigenios reforzaba el orgullo patrio) y ante el mundo, dado que en aquel momento Marcos reclamaba sus derechos sobre el estado malayo de Sabah. La situación estuvo bajo control hasta el hundimiento del tirano, cuando se destapó el pastel. Todo había sido una treta… o no.

Una tribu real, pero no paleolítica
Una tribu real, pero no paleolítica
A pesar de que la situación había sido un montaje, la realidad es que los Tasaday existían de verdad. Si bien no eran los “unicornios rosas” de la antropología moderna en forma de hombres primitivos que aún vivían en grutas, sí que eran una tribu prácticamente aislada en medio de la selva filipina que utilizaban las grutas con cierta asiduidad. Según estudios lingüísticos, los tasaday estaban relacionados con grupos relativamente próximos, de los cuales se habrían separado a mediados del siglo XIX como forma de escape ante una epidemia, y se habrían mantenido durante generaciones con un mínimo de contacto con el exterior. No eran familiares de Pedro Picapiedra, pero aún guardaban elementos culturales extraordinarios.

Los tasaday, en moto
Los tasaday, en moto
En definitiva, que, en la actualidad, los tasaday son más de un centenar, van en moto, tienen teles, visten normalmente y cultivan sus cosechas. Nada diferente de otros grupos humanos. No obstante, la publicidad a nivel mundial que recibieron –y que, según sus propias declaraciones, les hizo más mal que bien (lo tranquilos que estaban ellos con sus plantitas)- sirvió para poner en candelero la polémica de los grupos indígenas que, en las zonas más remotas del planeta viven su vida al margen de los iPhone y el Mundial de fútbol (ver El sexto sentido de los caníbales con cara de perro). ¿Tenemos derecho a perturbar su medio ambiente? ¿Viven atrasados y tenemos que ayudarlos? ¿Hemos de tenerlos en reservas como si fueran animales? Toda una serie de preguntas sin respuesta clara sobre unas sociedades en extinción que, mientras deliberamos si son galgos o podencos, simplemente estamos perdiendo a marchas forzadas.

Y es que, cuando tengamos las respuestas, ya no habrá mundo que salvar.

Desgraciadamente.

Una burbuja de inocencia antropológica explotada. Los tasaday en su caverna.
Una burbuja de inocencia antropológica fraudulenta

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lunes, julio 09, 2018

Valdivia 1960, el terremoto del Fin del Mundo

Devastación en Valdivia en 1960
Devastación en Valdivia en 1960
Encerrados en la tranquilidad de nuestras casas, cuando vemos que ocurren desgracias en un lado u otro del mundo no podemos, por menos, que pensar que esas cosas no pasan en nuestra zona. Cierto es que, fenómenos naturales como los terremotos se concentran con mayor tendencia en unas zonas respecto a otras, pero la verdad es que por muy tranquila que sísmicamente hablando sea, el peligro existe en realidad y no es baladí (ver El inquietante terremoto de Queralbs), por lo que las administraciones tendrían que estar preparadas. Con todo, cuando a la corteza terrestre le da por temblar en serio, ya puedes estar preparado que seguro lo vas a pasar mal y más si te encuentras en medio de un temblor como el que se produjo en Valdivia (Chile) en 1960. ¿Particularidad? que fue el mayor terremoto documentado en la historia de la Humanidad. Ahí es nada.
Ubicación de Valdivia
Ubicación de Valdivia
Todo lo que son las costas del Pacífico, ya sean las asiáticas o las americanas, soportan una actividad telúrica que sobrepasa la del resto de tierras del mundo. El hecho de estar englobados en el conocido como “Cinturón de Fuego” llamado así por la profusión de volcanes y terremotos que, debido a los movimientos de las placas se producen en su contorno, les hace ser muy proclives a padecer grandes acontecimientos sísmicos que acaben en una gran desgracia. Si eres un país rico como Japón, podrás prepararte para minimizar los daños producidos por terremotos de una gran magnitud. El problema es que Chile, en la costa pacífica del cono sur americano, no lo es tanto.

Cataclismo total
Cataclismo total
El 21 de mayo de 1960, a las 6.02 horas, la ciudad de Concepción, ubicada a unos 400 km al sur de Santiago de Chile, se despertó con un fuerte terremoto de escala 7,5 en la escala de Richter (bueno, en verdad es en la escala de Magnitud de Momento -Mw-, pero como es una escala que deriva de la Richter y se parece mucho, para no liar al personal se usa también “Richter”). Los daños fueron considerados de escala X en la escala de Mercalli (que es de 12), destruyendo un tercio de los edificios de Concepción y cortando las comunicaciones con el resto de Chile. Dos réplicas tan fuertes o más que la primera, tuvieron lugar al día siguiente a las 6.33 h (7,1 Mw) y a las 14.55 h (7,8 Mw) provocando una gran destrucción. Sin embargo, el plato fuerte se serviría tan solo 15 minutos después de esta última sacudida.

Alcance del tsunami
Alcance del tsunami
Pasando 11 minutos de las tres de la tarde de aquel 22 de mayo, el suelo empezó a temblar como nunca se había visto antes en la ciudad costera de Valdivia, a unos 330 km al sur de Concepción. Durante unos tremendos y eternos 8-10 minutos, el suelo valdiviense, convertido en una auténtica coctelera geológica, fue sacudido violentamente, no dejando piedra sobre piedra. Destruyó puentes, infraestructuras, casas, e incluso fortificaciones de la época colonial española y causando más de 2.000 muertes, 3.000 heridos y daños materiales que se acercaban a los mil millones de dólares de la época. La destrucción producida por el inconmensurable temblor fue total, alcanzando la categoría XII (Mercalli) y los 9,5 en la escala de Richter (que es de 10). Si algo había que se pareciera al Fin del Mundo, debía de ser aquello, debieron pensar los chilenos. Pues no. El show no había hecho más que comenzar.

Daños del tsunami en Hilo (Hawaii)
Daños del tsunami en Hilo (Hawaii)
La sacudida fue de tal calibre que incluso la topografía cambió de golpe. Los lagos y las bahías empezaron a bambolear como quien menea una palangana llena de agua (ver Wellington 1855, el terremoto que emuló a la Atlántida), produciéndose un tsunami en tres olas, la primera de las cuales fue de 4 metros, una segunda de 8 metros y finalmente una final de 10 metros, que acabó por destruir todas las poblaciones costeras cercanas a Valdivia. Un tsunami que se propagó por el Pacífico y que llegó 15 horas después a Hawaii, destruyendo la ciudad de Hilo con una ola de 10 metros y causando 61 muertos. La ola, en su macabra tournée, llegó con 6 metros al Japón produciendo unos 200 muertos y daños considerables en la isla de Honshu. Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, Alaska o California también se vieron afectadas en mayor o menor medida. Por si fuera poco, dos días después, el volcán Puyehue -a 200 km del epicentro, en los Andes- entró en erupción complicando aún más la situación.

Obstrucción del río San Pedro
Obstrucción del río San Pedro
En Valdivia, el terremoto había provocado el hundimiento del suelo (algunas partes de la ciudad quedaron 1 metro bajo el agua) así como numerosos corrimientos de tierras. Deslizamientos que no tendrían más importancia si no hubiesen taponado por tres sitios el curso del río San Pedro, un río que, desembocando en Valdivia, daba desagüe a toda una cuenca lacustre de 7 grandes lagos el último de los cuales, el Riñihue, se encontraba a tan solo 1.200 metros de los tapones. Al sublime caos tras el terremoto –que no causó más muertes gracias a estar sobre aviso por el terremoto de Concepción del día anterior y por ser una zona de baja densidad de población- y al tsunami, se añadió el “pantanazo” que podía producirse como el Riñihue, obstruido en su salida, superara el nivel de los tapones que lo embalsaban. Y como Murphy, cuando le da por hacer horas extras no se cansa, se puso a llover como si no hubiera un mañana.

El barro obligó al uso de pico y pala
El barro obligó a usar el pico y la pala
Ante la perspectiva de que el lago rebosara y produjera una riada que arrasara con los restos de Valdivia, el gobierno envió efectivos del ejército chileno y varios centenares de obreros y constructores, para crear un canal de desagüe sobre las tierras que atascaban el río San Pedro que evitara el desastre que se preveía. Un desastre que ya había pasado en 1575, con funestas consecuencias para Valdivia y que no había ganas de repetir. 27 bulldozers se enviaron a la zona, pero las crecientes lluvias convirtieron los sedimentos en un auténtico barrizal al mejor estilo Passchendaele (ver Passchendaele, la pírrica batalla donde el barro se tragó 40.000 soldados) inutilizando la maquinaria pesada. No quedó otra alternativa: cavar a pico y pala.

Erupción del volcán Puyehue
Erupción del volcán Puyehue
Los centenares de personas que trabajaban allí consiguieron penosamente realizar tres canales que recondujesen el agua que, peligrosamente se iba acumulando tras el primer tapón (o taco, como le llaman allí). Así, el 24 de julio de 1960, en pleno invierno austral, cuando ya estaba llegando al rebose del primer taco, se procedió a una voladura del dique de sedimentos que obturaba el cauce, dando pie a que el agua bajase por el canal recientemente construido. De esta forma, de una forma controlada, aún a costa de inundar algunas tierras ribereñas y gracias al trabajo poco menos que heroico de los trabajadores chilenos, se consiguió conjurar el que se ha dado a llamar el “Riñihuazo”.

40 metros de choque de placas
40 metros de choque de placas
Los científicos llegaron a la conclusión de que el terremoto de Valdivia, que se produjo a una profundidad de unos 30 km, no había sido un solo temblor, sino la concatenación de hasta 37 terremotos que produjeron que la Placa de Nazca se desplazara, de sopetón, más de 40 metros bajo la placa Sudamericana en una longitud de 1.350 km. Ello significó que aquel terremoto, por sí solo, desprendiera la cuarta parte de la energía que se había generado en todos los terremotos del mundo habidos entre 1906 y 2005. No en vano ante tal sacudida, el eje de la Tierra se desplazó 3 cm de su posición habitual. Impresionante.

La ciudad costera de Corral, arrasada
La ciudad costera de Corral, arrasada
En definitiva, que cuando la naturaleza se pone en su sitio, el hombre, con todo su (supuesto) poder no deja de ser más que un monigote de papel. Tan solo la previsión, la humildad y, cuando pasa lo inevitable, el heroísmo, la tenacidad y la solidaridad de la gente, son capaces de poner un poco de orden humano al inalcanzable caos en que nos sume la Madre Tierra en esos casos. Caos que no es tal, sino un cosmos, un orden muy superior que, como nos enseña el terremoto más fuerte de la Historia, no deberíamos de ser tan prepotentes de saltárnoslo a la torera.

Después todo son lágrimas.

El terremoto del fin del mundo
El terremoto del fin del mundo

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