Vallirana y sus canteras, un paisaje herido por la industria del cemento

Canteras de Vallirana desde la N-340
Canteras de Vallirana desde la N-340
El macizo del Garraf-Ordal, al estar básicamente formado por calizas y dolomías del Jurásico y el Cretácico, destaca en sus partes más elevadas por la existencia de acantilados de más de 100 metros de altura. La erosión, forzada por la resistencia de la litología, ha aprovechado los puntos de debilidad de las fallas que descienden hacia el río Llobregat para modelar una orografía muy particular (ver El puente del Lledoner, la desapercibida ingeniería del siglo XVIII en la N-340) que ha dejado al descubierto los estratos de dura roca caliza. Estos afloramientos de rocas carbonatadas han sido explotadas desde mediados del siglo XX para la fabricación de cemento (ver La cantera del Montau, la gran herida abierta del Garraf-Ordal), dejando el paisaje de Vallirana salpicado de un sinfín de canteras que, visibles para el viajero que viene del Penedès por la N-340, han alterado profundamente la topografía y el paisaje de esta zona del Baix Llobregat.

Un paisaje natural profundamente alterado
Un paisaje natural profundamente alterado

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