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lunes, noviembre 28, 2005

La Moral del Diablo

No acostumbro a hacerlo, pero hoy transcribo -y suscribo- un artículo de Pilar Rahola, aparecido hoy en El Periódico y que me ha parecido bastante ilustrativo de la calaña moral que gastan los de siempre.

La Moral del Diablo

La farsa es un género que siempre me ha resultado simpático. A diferencia de otros, más ampulosos y solemnes, éste no engaña, es tan ingenuo en su formulación, que enseña trampa y cartón sin demasiados camuflajes. A pesar de la voluntad épica de sus protagonistas --siempre convencidos de protagonizar la historia-- la política tiene una tendencia irrefrenable a la farsa; tanto, que es la culpable de haber llevado este género menor hasta hitos memorables.
El último rifirrafe entre el PP y el PSOE, por ejemplo, merecería formar parte de la mejor antología de la farsa española, y no tanto por lo dicho como por la altura moral de alguno de sus protagonistas.
Situados en el epicentro de la campaña mediática contra el ministro José Montilla --es un alivio saber que la agenda de Mariano Rajoy se la escriben dos grandes de la letras españolas, Jiménez Losantos y Pedro J.--, el PP escogió como acusador al hombre más limpio e intachable del panorama parlamentario, Eduardo Zaplana. Y así, investido de la alta categoría que le otorgaba el báculo inquisidor, el diputado que más bien y más caro viste del mundanal político le espetó al ministro demoledoras invectivas que acabaron con el sermón de la montaña: "Señor ministro, le queda una salida digna: salir a esta tribuna y presentar la dimisión".
De esta manera fue como Zaplana, el hombre que aparecía lindamente en las grabaciones del caso Naseiro, el que fue condenado en su época presidencial por discriminar medios de comunicación valencianos, aquel que tuvo algo que ver con Tierra Mítica, empresa que hoy está en suspensión de pagos y que acaba de aparecer en un caso gravísimo de fraude fiscal, propietario de sus valiosas propiedades, y tan amigo de sus amigos, que lo era de un tal Julio Iglesias, al que, según parece, se le pagaban sus muchos servicios en paraísos fiscales, ese hombre fue la moral del reino, en el reino inmoral de la política sucia. Ciertamente, el PP no sólo ha recuperado el lema de la calle es mía, y se está divirtiendo como un niño, sino que ha decidido tratar al personal como si todos tuviéramos un ataque severo de amnesia. En cualquier caso, la farsa protagonizada por Zaplana es de las que marcan época.

ESTAMOS, pues, ante el acoso y derribo del PP como estrategia de oposición, y a tenor de los resultados que les da la tensión no parece que vayan a modificarla. Este todo vale frontal y exento de escrúpulos, se fundamenta en tres ejes centrales: la ocupación de la calle, el paseo del Cristo de la contrarreforma y el manoseo porcino de la cuestión catalana, llevada a extremos de esperpento valleinclanesco.
Sobre la primera cuestión, sólo un apunte. Personalmente estoy encantada de que la derecha, justamente esta derecha, sea quien se manifieste y no quien envía a la policía. Calle en mano, sin embargo, parece que la calle ya no es suya.
Sobre el segundo tema, sólo recordar que la España de la Contrarreforma ha escrito los momentos más obtusos de la historia de este país y ha sido la responsable, no ya de patrimonializar una lectura regresiva de la religión sino de usar el nombre de Dios en banalidades represoras. Desde los afrancesados, hasta los republicanos, muchos españoles saben lo que significó el dedo inquisidor de este Dios usado contra la modernidad. Y contra la libertad.
Pero vayamos al tercer eje, quizá el más hiriente: el uso perverso de la cuestión catalana, no sólo para alimentar la furia estomacal patriótica, sino para impedir un debate sano e inteligente sobre la propia España. La estrategia del PP es de una irresponsabilidad que va mucho más allá de los boicots u otras sandeces que ha producido, y que tiene que ver con la cuestión sagrada de la convivencia. Sin reparos y sin complejos, el PP ha mentido sobre el Estatut, ha permitido la voracidad alocada de los micrófonos cómplices, ha contemplado el descontrol de la catalanofobia y se ha sentido encantado con todo ello. El resultado no sólo es la caída del cava catalán, sino la imposibilidad de hablarnos, como gente adulta, entre pueblos adultos. Nuevamente, en coherencia con su tradición histórica, el PP usa el nombre de España para ir contra el debate sano, honesto y necesario de España. Y eso a pesar de que el Estatut presentado es una seria apuesta en favor de España, pero también lo eran las Cortes de Cádiz, y los predecesores de Zaplana las barrieron sin piedad.

ASÍ, LO que está negando el PP no es el Estatut, está negando el debate democrático sobre España, convirtiéndose en guardián de una especie de España atávica, mesiánica y casi bíblica que sólo puede estar al servicio de la intransigencia. Como si fuera un coto privado al estilo de Pazo de Meirás, la España que dicen defender está blindada a periféricos, divergentes, plurales, federales y otras gentes de mal vivir. A casi todos nosotros.
Y puestos a patrimonializar símbolos, ahora pretenden ser los garantes de la sagrada Constitución y, nuevamente calle en mano, amenazan con montar el teatro en la Puerta del Sol, subir 17 militantes como soles al estrado, y leernos 17 artículos de la susodicha, los mismitos que peligran por la maldad estatutaria. Con lo cual, la farsa llegará a la categoría del mito.
¿Estará José María Aznar entre los manifestantes? ¿Irán en tropel todos los grupos de extrema derecha que cabalgan por las cloacas de la democracia? ¿Cuántos de los de la primera fila votaron, en tiempos no tan remotos, en contra de las sagradas escrituras que ahora defienden cual brava Agustina de Aragón? ¿Y qué tendrá que ver España con todo este despropósito?
En fin, ciertamente la farsa es un género simpático. Sean actores, sean farsantes vocacionales, siempre enseña la trampa que lleva dentro.

Pilar Rahola

10 comentarios:

scape95 dijo...

Un buen artículo. Sin embargo, Rahola es también política (no sé si sigue militando) y, por ello, "sospechosa" de muchas de las cosas que critica. Lo clásico del "y tú más" que está tan de moda.

Ireneu dijo...

Tienes toda la razón. A esta siempre le pongo comillas, porque sabiendo de donde viene no es que me resulte de demasiada confianza, pero he de reconocer que aquí tiene más razón que una santa. Santa que no es en absoluto, claro.

O sinó que se lo pregunten a ERC, que entre esta y el "seis alas" lo dejaron como un solar...

scape95 dijo...

¿Quién es el "seis alas? Sorpréndeme...

:)

Haters dijo...

Sigue siendo independentista la Rahola? O era una pose?

Ireneu dijo...

Scape95: El "seis alas" es el Ángel Colom i Colom (Colom= Paloma) y ese fué enchufado por la generalitat de Pujol en una oficina de representación de Catalunya me parece que en Casablanca.

Haters: Pues no se si será independentista, pero intentó ingresar en el PSC, pero le dieron la patada en el culo. El Colom pidió ingresar en CiU, y a este lo aceptaron.

scape95 dijo...

Ah! Un mote muy apropiado entonces, jajajaaa

chin dijo...

Del Sr. Zaplana se rumorea en Madrid que cuando llegó determinados servicios de alto standing sólo para caballeros, subieron sus tarifas :)

Miércoles Adams dijo...

Nuestra élite política da miedo pena y asco. Me da igual que se vayan a putas/os o se metan de todo, siempre y cuando desempeñen su curro eficazmente.

oserlaj dijo...

Muy buen artículo de Rahola! Soy yo, o esta mujer ha suavizado sus ideas con el paso del tiempo? Arremete contra sus enemigos pero de forma bastante elegante, no como hace unos cuantos años, todo hay que decirlo...un saludo!

Anónimo dijo...

Veo que en este blog leen poco a Rahola. Es, hoy por hoy, una de las plumas con más sentido común y más brillantes del panorama catalán. No se casa con nadie, es incorrecta si hace falta, y dice lo que hay que decir. Y, desde luego, ha suaviazado mucho sus posturas. En su web, www.pilarrahola.com, encontrareis muchos articulos suyos.
A mi me gusta más esta Rahola que la que estaba en política. Por cierto, no milita en ningún partido, y eso que Maragall la fue a buscar.
Lo del solar de ERC, que dice uno, que solemne sandez. ERC siempre tuvo problemas, y mandaba, en esa epoca, el señor Colom Y EL SEÑOR CAROD. Entre todos, la tenían hecha polvo.