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martes, abril 04, 2006

Llámenme malpensado.

Aún a riesgo de cometer injusticia y hacer pagar justos por pecadores, pero se ha de reconocer que en política solo unos poco románticos son los que trabajan con la creencia cierta de que en sus manos tienen el bienestar y el orden necesario para el día a día de la sociedad. Quien más y quien menos se mete en política con la intención de encontrar en ella su fuente de sustento diario. Unos con más honradez y otros con menos, pero es inútil negar que esa realidad existe. Solo tenemos que ver los continuos ejemplos que la vida política nos ofrece a diario para convencernos de ello.

El estar en un puesto de responsabilidad en los ayuntamientos -el que sea- implica que se tiene contacto con los intereses económicos y sociales de la población. Los intereses sociales de la población se manifiestan muy puntualmente, mientras que los intereses económicos se manifiestan constantemente en pro de solventar sus necesidades, y los políticos o funcionarios de responsabilidad media están ahí. Se encuentran entonces el hambre con las ganas de comer y si te has metido para solventarte la vida ¿alguien dejará el bocado apetitoso de un quid-pro-quo sin apenas riesgos? El concejal del PP de Marbella, por lo visto si, pero más me da la impresión que o bien no se enteraba de que iba el asunto o bien los otros no le dejaron probar bocado. Llámenme malpensado.

El dinero mueve la política, o sino que se lo digan a los de ERC, que con su particular impuesto revolucionario iban reclamando los favores prestados a aquellos a los que enchufaron en mayor o menor medida. ¡Y ojo! Resulta curioso destacar la poca sangría que ha hecho del asunto el resto de partidos políticos. Normal, los demás ya llevan muchos años de experiencia y como mínimo saben como se han de hacer las cosas para que no sean tan evidentes. Estos han entrado como un toro en una cacharrería y se les ha visto el plumero. Cuestión de “Savoir faire”.

Como dije en el post de ayer, el 90% de los ayuntamientos, si se mirase con lupa tendrían que ser disueltos como el de Marbella, pero unas veces por miedo y otras por decencia las cosas no se han salido de madre y ello permite que sigan adelante sin muchos altibajos y dejarlo todo como en una corrupción de elementos puntuales. El caso de Marbella es que ha sido de tal descaro que la Justicia y el poder político central han tenido que actuar.

Dinero, dinero y más dinero. O si no, pregúntele a algún responsable del gobierno Vasco si cambian que en su estatuto se definan como “nación vasca” por abandonar el concierto económico. Alguno se luxaría el codo de tanto hacerle “butifarras” como respuesta a su pregunta. Y es que siempre primero el dinero, y después la nación.

Eso es la política.

2 comentarios:

Sergio Fidalgo dijo...

¿Sólo el 90 % de los ayuntamientos? Eres muy optimista...

MIércoles Adams dijo...

Acabo de ver el tele5 las imágnes de los bienes incautados a los procesados de marbella, uno tenía un miró colgado en el cuarto de baño, justamente en la bañera. Sin comentarios