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miércoles, abril 26, 2006

Pacientes de ida y vuelta.

Los médicos, en Catalunya, se han echado a la huelga durante ante lo que consideran un abuso de horarios al trabajar más de 48 horas semanales y una retribución de las guardias más bajas de lo pactado, obligando la patronal hospitalaria a la movilidad geográfica y a la aceptación forzosa de las guardias por parte de los facultativos. Todo esto que en principio puede parecer muy legítimo, choca con el hecho de que la hierba sobre la que luchan los “elefantes” de la sanidad tiene nombres, apellidos y una salud en juego.

Retrasos en las visitas, anulación sin previo aviso de operaciones programadas desde mucho tiempo atrás, molestias inútiles a enfermos que se ven obligados a desplazarse muchos kilómetros para encontrarse con las puertas en las narices, simplemente porque los médicos los están utilizando inmisericordemente de moneda de cambio en su pulso personal con la administración.

Un enfermo que se desplaza 250 kms a un centro médico, no lo hace porque le parezca bien, sino porque sufre un mal o una dolencia y, antes de nada, ha de ser su salud y después las intenciones lucrativas -evidentemente- de los facultativos. Nos quieren pintar que la administración es la gran culpable, y sin duda lo es, de la soberana manzana podrida que significa la sanidad pública. Pero si la administración es la culpable, los médicos son, sin duda, el gusano que se alimenta de ella.

Todo el problema viene planteado desde el momento en que se pretende desde la administración hacer que los médicos (clase de elite por antonomasia que incluso reclama un convenio propio a parte de todo el mundo, al estilo del de los pilotos) cumplan sus horarios con la sanidad pública para poder mejorar la asistencia sin aumentar los presupuestos. Y aquí, amigo Sancho, con la iglesia hemos topado.

Quien tenga contacto más o menos cercano con el mundo sanitario sabrá que la mayoría de los médicos especialistas no están habitualmente en el puesto en que son titulares, sino que están muy comúnmente sus suplentes. Unas veces están aquí otras están allá, y ¡oh casualidad! otras están en SU consulta privada. Es decir, se quejan de que tienen demasiado trabajo en el área de sanidad pública y resulta que SÍ que tienen tiempo para atender sus propias consultas. Por aquí no paso, señores, por aquí no paso.

Quejarse de horarios, retribuciones y guardias cuando fuera del trabajo público se mantiene –y atiende- una consulta privada, es de un cinismo que roza la cara dura. No es el primero ni el segundo que llega tarde a la consulta pública simplemente por que estaba atendiendo en la privada, ni tampoco que se va antes, justamente por la misma causa. Mención aparte es el “asco” con que parece que algunos tratan a los pacientes públicos. Y de estos, todos podemos dar ejemplos.

Reivindicar jugando con la salud de los demás es muy grave, porque una cosa es reconocer el trabajo social de la clase médica, y otra que para un ámbito –el público- la cosa sea insostenible, y sin embargo, en el ámbito privado donde los honorarios son de todo menos “caritativos” sea todo espléndido. Tener que pagar a la Seguridad Social para pagarles un sueldo y luego pagar en la consulta privada por un servicio que ya debieran dar en su consulta pública, lo encuentro indigno y mercantilista.

Ser médico es, ante todo, una opción personal, y en el momento que la asumes, sabes donde te estás metiendo. Si no les gusta lo que hay, siempre pueden salirse y ponerse a trabajar en la SEAT o a limpiar despachos. Aunque dudo mucho que el “prestigio” y el sueldo que da ser médico en una capital –por mal que digan estar- lo cambien por trabajar en una cadena de montaje y levantarse cada día a las 5 de la mañana, tal como hacen muchos de sus ninguneados pacientes, o por irse a combatir el ébola al África central, tal como hacen sus colegas de Médicos Sin Fronteras.

A lo mejor, lo que en el fondo quieren es volver a sentirse poderosos como antaño y no saben como hacerlo: En el pueblo de mi abuelo, la guerra civil empezó 6 meses más tarde porque los únicos transistores de radio que había eran los del cura y los del médico y se callaron como putas.

Los tiempos han cambiado, afortunadamente. Las maneras, no.