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sábado, julio 24, 2010

Dioses en el cajón.

No entenderé jamás cómo, en un estado como España, que se define "aconfesional" y en el cual existe la libertad de culto, se permita proveer a ningún colectivo de un sitio para ejercer sus ritos a cuenta del estado, ya sea proveyendo de terrenos o directamente construyéndolos. Lo siento pero no me entra en la cabeza.

En el asunto de la mezquita de Lleida, clausurada por cuadruplicar el aforo permitido, el ayuntamiento no solo no se ha negado a este hecho, sino que ha cedido unos terrenos para la construcción de una nueva mezquita. Lo mejor es que, como la comunidad salafí no tiene dinero para construirla, le ha pedido a La Paeria (el ayuntamiento de Lérida) que le provea del espacio para hacer sus oraciones. Hasta aquí se podría llegar.

Vaya por delante que respeto las creencias religiosas de cada uno, pero no las comparto en absoluto. Ni las de los cristianos, ni las de los judíos, ni las del Islam. Ninguna. Personalmente creo que, a día de hoy, pocas cosas hay más anacrónicas y alienantes para el ser humano que la religión, que si bien en su momento podrían tener un sentido cosmogónico ante la ausencia de una ciencia válida que explicara el porqué de las cosas, ahora no tiene mayor razón de ser más allá de una tradición más o menos trasnochada.

Dios, más que un nexo de unión ha sido, secularmente, un elemento diferenciador que, lejos de unir a los pueblos y a los hombres, lo único que ha hecho ha sido derramar mares de sangre para , en su nombre, imponer una u otra visión cultural y social. Es por el hecho de ser pacifista convencido y agnóstico irredento, que creo que Dios ha de quedar única y estrictamente en el ámbito personal y que, como tal, no debe hacerse ninguna declaración pública de las creencias -o no- de nadie, ya que a nadie le debe interesar lo que cree cada uno en su fuero interno. La sociedad ha de tender, en razón de lo dicho anteriormente, al laicismo.

Por tanto, no se puede -ni se debe- promocionar el culto público de ninguna religión, y menos a cargo del erario público, justo en época de crisis. En el caso de Lleida, encima, se trata de una rama integrista del Islam, llamada salafista, la que está presionando al consistorio para que le provea del espacio necesario para seguir con su culto, cada vez más extendido gracias a los inmigrantes que vienen de temporeros. Como decimos en catalán... no anem pel bon camí (no vamos por el buen camino).

¿Hasta qué punto aguantará el ayuntamiento de Lleida las presiones?¿Pesarán más el "buenismo" poltronero de los políticos que las razones humanísticamente correctas? ¿Seguirá la "izquierda" más recalcitrante tratando de "racistas" a los que se opongan a la promoción con dinero público de una visión del mundo reaccionaria y retrógrada por simple tacticismo electoral?¿Se dan cuenta que el racismo más extremo se nutre de este tipo de incongruencias?

Yo, por defecto, soy pacífico y amigo de todo el mundo porque creo sobre todo en el Bien universal como forma de vida; negros, blancos, amarillos, musulmanes, judíos, hindúes, budistas, morenos, rubios, altos, bajos, todos somos humanos y cuando nos pinchan, todos sangramos. Démonos las manos, y dejemos a Dios cada uno en su casa. Creo fervientemente que habremos arreglado una parte importante de los problemas del mundo si lo hacemos.

Probemoslo al menos.

El mejor santuario para la humanidad.

2 comentarios:

malaputa dijo...

Si damos privilegios a unos, al final caía de cajón que habrá que darle privilegios a todos, pero claro "a la iglesia católica se la nombra en la constitución".
Los que somos ateos deberíamos ser un poco más activos y apostatar, pero que la iglesia no cuente con nosotros para justificar el apoyo que exige basándose en su número de "afiliados".
Y sí, religión al ámbito privado YA.

malaputa dijo...

Perdón, quería decir "PARA que la iglesia no cuente...".
Me encanta verte tan activo últimamente, Ireneu, se te echaba de menos :)