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viernes, julio 23, 2010

La legalidad del puzzle.

El Tribunal de La Haya ha declarado que la independencia de Kosovo era legal, y el revuelo que se ha montado ha sido de los de órdago. Los países que tienen problemas de separatismo en sus territorios han puesto el grito en el cielo ante la posible multiplicación de los problemas, y los territorios con aspiraciones independentistas han botado de alegría al ver respaldadas jurídicamente sus reclamaciones. Sin embargo, pocas sentencias han levantado tanto polvo con tan poco contenido.

La Corte Internacional no ha dicho nada ilógico, ni contra natura y, por tanto, era la única sentencia posible, por mucho que desagrade a unos o agrade a otros. Al no haber una legislación internacional "ad hoc" que regule algo tan subjetivo como son las fronteras internacionales, en ningún momento puede declarar "ilegal" la secesión unilateral de un territorio. Y como tal, así ha fallado.

Harina de otro costal es que a los países que tienen problemas territoriales les interese apelar a La Haya para, de forma "alegal" -o directamente ilegal-, perpetuar un statu quo que les es favorable. Pero para que ello fuera así, tendría que haber habido un consenso internacional en la inmutabilidad de las fronteras que en ningún momento se ha producido, porque ello significaría que muchas de las reclamaciones históricas de los países quedarían sin validez.

En esa situación, Argentina habría dado por bueno que las Malvinas son británicas, España habría renunciado para siempre a Gibraltar y Marruecos habría hecho lo propio con Ceuta, Melilla y la isla de Perejil, simplemente por enunciar algunos ejemplos cercanos. Evidentemente, nada más lejos de la realidad.

Por todo ello, si estas reclamaciones siguen vigentes, por la misma regla de tres, las secesiones o las reordenaciones entre los países no pueden ser tachadas de ilegales, máxime cuando la historia de la geografía política de las naciones ha sido siempre un estira y afloja entre pertenencias a unos y a otros. El hecho de que Serbia amenace al mundo con una oleada separatista tras esta sentencia, no deja de ser más que una pataleta ante un hecho -la independencia de Kosovo- que consideran un atentado a su territorio. Madrid, Moscú y Pekín apoyan su causa, simplemente porque temen por sus barbas al ver las del vecino quemar, pero ello no les da más legitimidad.

Por otro lado, el fallo del Tribunal de La Haya, poco va a cambiar las cosas en los territorios con aspiraciones separatistas: El Quebec continuará con sus referéndums periódicos hasta que lleguen a ganar los independentistas; el Sahara continuará pensando que su territorio no es marroquí y continuará pidiendo el referéndum con la base del censo del 74; los valones y flamencos continuarán con sus peloteras en Bélgica; el problema vasco continuará hasta el fin de la lucha armada de ETA y los partidos catalanistas continuarán con sus aspiraciones nacionales a pesar de sus luchas intestinas.

El hecho de que la independencia de un territorio no pueda ser tomado como ilegal, simplemente tiene el valor de dar un espaldarazo meramente moral que no implica nada más, ya que para conseguir una independencia, se necesita algo más que saber que el derecho internacional no dice que sea ilegal. Si así fuera, no tenga dudas que el mapa político del mundo sería otro muy diferente al actual.

La inmutabilidad no ha existido jamás en la naturaleza (humana) y continuará sin existir.

Al tiempo.

El puzzle no está acabado.

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