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jueves, julio 22, 2010

Los terribles hombres-spray.

Aprovechando que estos días hace un calor y un bochorno que parece que hayan puesto una sauna comunitaria a cielo abierto en la ciudad, estoy reencontrándome con la piscina del polideportivo del barrio, equipamiento al cual voy últimamente muy poco. Tan poco, que más que pagar la cuota, lo tengo "apadrinado" cual niño de Biafra. Sin embargo, la existencia de algunos personajes hacen que me lo piense cada vez más a la hora de ir: Los hombres-spray.

Yo no se si en los vestuarios femeninos de los gimnasios existe también la figura de la "mujer-spray", pero en los vestuarios masculinos, siempre tiene que haber el típico carcamal que cual ONG Desodorante Sin Fronteras, rocía largamente su cuerpo y el de los 20 que le rodean con su desodorante en spray en un vano intento de esconder que más que un músico de la banda, lo que se le ha muerto bajo los sobacos ha sido toda la Orquesta y Coros de la Filarmónica de Londres.

La cosa es tanto más grave cuanto que estos tipos acostumbran a utilizar "odorantes" -lo de desodorantes es un eufemismo comercial- con unos olores tan insoportables como potentes son las campañas de marketing para promocionarlos. Un ejemplo claro son los anuncios de Axe que, encima, venden sus infames mejunjes como si en vez de desodorante lo que estuvieran vendiendo fueran feromonas para ligar chicas, tratando a su vez a las mujeres como si de vulgares polillas se tratasen. Lo peor es que siempre hay algún carpucio que se lo cree y, en un momento de exhibicionismo pituitario, ha de proclamar a todo el polideportivo que se ha comprado tal desodorante que sale por la tele y que va a ligar con las cuarenta "churris" que le van a pasar por delante antes de llegar a casa. Si, la señora esa del bastón, también.

De mientras, los que estamos a su lado, que utilizamos otros tipos de desodorantes, mucho menos agresivos -caso de ponernos, dado que yo, por suerte, no tengo problemas de olor corporal- hemos de llevarnos a casa el pestazo infame del tío que se ha bañado en "odorante". Si, como me ha pasado más de una vez, que debido a mis ataques de migraña, algún día he tenido una especial sensibilidad a los olores, las ganas de colgar por los pulgares al ceporro desnarigado de turno (para soportar ese hedor no han de tener nariz) son irreprimibles. No me extraña que las "chatis" se les desmayen en los brazos...¡hasta yo caería a sus pies del ataque de asma!

El hecho de ponerse un desodorante en spray en un recinto cerrado lleno de gente, ya es, de por si, recriminable, ya que al eyectar al aire un producto tóxico gaseoso altamente inflamable, se está envenenando literalmente, y sin ningún miramiento, el ambiente que respiramos los que allí estamos, en una falta de respeto para con los demás, ya demasiado habitual en nuestra sociedad actual.

Y es que muy buenas alternativas hay en el mercado contra el olor corporal, ya sean en roll-on o en crema, por lo que el uso de semejantes armas de destrucción masiva son totalmente innecesarias. Sin embargo, me temo que esa gente, lejos de querer arreglar un problema físico, lo que quieren arreglar, a costa del olfato de los demás, es un problema psicológico consigo mismo y con su entorno social.

El día que se den cuenta de que no hay desodorante que tape sus problemas, posiblemente será tarde: estaremos todos asfixiados.

A este tipo, le acercaron un cigarro al salir del gimnasio.

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