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miércoles, agosto 14, 2013

Rómulo Augústulo, el último emperador romano

Rómulo Augústulo
La frase "Caída del Imperio Romano" ha estado en boca de todo el mundo en un momento o en otro, y ha sido siempre el paradigma de hundimiento total de algo que había estado en lo más alto. Sin embargo, y a pesar de haber utilizado el término en más de una vez...¿conoce quién y cuándo fue el último emperador romano? Para su información, el último emperador romano se llamaba Rómulo Augústulo y lo fue hasta el año 476 d.C.

Flavio Rómulo Augusto, llamado despectivamente "Augústulo" por su corta edad al tomar el trono (aproximadamente 14 años) fue el último emperador del Imperio Romano de Occidente y reinó durante escasos 10 meses, entre finales del año 475 y septiembre del 476... y aún gracias, porque tal como estaba el "imperio" al menos éste no acabó muerto. Tan mal iban las cosas para el antaño todopoderoso Imperio Romano.

Moneda con la efigie de Augústulo
El imperio romano de la segunda mitad del siglo V era lo más parecido al castizo "coño de la Bernarda" que pudiéramos encontrar. La creciente presión de los pueblos bárbaros (ostrogodos, visigodos, hérulos, torcilingios, vándalos, alanos, etc.) por instalarse en los -a priori- seguros límites del Imperio Romano para huir del acoso de los hunos, la bestial presión fiscal y una iglesia cristiana recién reconocida que no hacía más que malmeter, minaron la otrora solidez social del imperio. Ello provocó que un emperador y una zapatilla tuvieran la misma autoridad y que las luchas por ostentar la corona fueran continuas. Solo así se entiende que en 20 años se sucedieran hasta 10 emperadores, los cuales duraban menos que un caramelo en la puerta de un colegio...y habitualmente asesinados por las facciones rivales, claro está.

En el año 475, Roma controlaba poco más que Italia, algo de Croacia y un poco del sur de Francia. Los bárbaros y los ricos terratenientes romanos, debido al descontrol de Roma y debido a que formaban el grueso del ejército los primeros y tenían sus propios ejércitos los segundos, iban todos ellos "a su rollo" y se independizaron en amplias zonas del Imperio de Occidente. Era la mejor forma de escabullirse de pagar impuestos y hay que reconocer que les funcionó la mar de bien.

En todo esto, los años pasaban a base de repartirse hostias los unos con los otros, cuando Orestes, general romano de la Panonia (actual Hungría-Austria) dio un golpe de estado y decidió poner a su hijo Rómulo Augústulo como emperador en vez de ponerse él mismo. Así de chulos eran los romanos de la época; si no me gusta el que está, me quito de encima el que hay ahora (Julio Nepote era el del momento), y pongo el mío. Y vive el cielo que lo hizo. Aunque claro... el que vino detrás, hizo lo mismo.

Odoacro, convenciendo a Augústulo
Odoacro, jefe de los Esciros, pidió a Augústulo (bueno, a Orestes) un tercio de Italia para que sus bárbaros se instalasen -los germanos siempre han sido muy grandes. Orestes le dijo que ni hablar del peluquín y como a Odoacro le molestó la respuesta, hizo lo que tocaba en estos casos: ejecutó a Orestes, hizo abdicar a Augústulo el 4 de septiembre del 476 (no quedaba muy cristiano cargarse un chaval que ni pinchaba ni cortaba), le pegó una patada en las posaderas, lo envió a la Campania, y se puso él. No obstante, Odoacro tuvo el sutil detalle de pedir al emperador del Imperio Romano de Oriente (para el caso, Zenón) ser coronado como Rex Italii (una suerte de virrey del imperio oriental), olvidándose del título de Imperator Populi Romani que tenia Rómulo Augústulo

Zenón aceptó, llegando con ello el fin del Imperio Romano de Occidente y el inicio oficial de la dura y oscura Edad Media.

 
Abdicación de Rómulo Augusto ante Odoacro

Webgrafía

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que se produjera lo arriba mencionado con respecto a los bárbaros o con el hecho de que tuvieran los terratenientes romanos sus propios ejércitos supongo que habría que achacarlo a Mario, tio del futuro emperador Julio Cesar, por matrimonio con la tia de éste, pues dictaminó en la época que gobernó 2 hechos que considero trascendentales, pues permitió que el ejército no lo formaran exclusivamente ciudadanos romanos, y además dictaminó que los soldados a partir de entonces no deberían obediencia a Roma, sino a sus generales.