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jueves, diciembre 12, 2013

Una maravilla para admirar largamente: el Tapiz de Bayeux

Tapiz de Bayeux
Se dice que el tiempo todo lo borra y así parece ser. El devenir de los siglos hace desaparecer todo atisbo de actividad humana y parece que ni tan solo las duras piedras acaban por soportar el paso del tiempo. Sin embargo, a veces, y como esquivando todos los embates del tiempo y de la historia, nos llega un retazo de aquel pasado que parece que haya sido teletransportado hasta nuestros días. Tal es el caso de una maravilla que, en forma de tela de lino bordada, nos ha llegado directamente desde el siglo XI siendo uno de los mejores testimonios existentes de los usos y costumbres de la época. Se trata del llamado Tapiz de Bayeux.

Gran detalle de las escenas
El llamado Tapiz de Bayeux, si no tienen el gusto de haber oído hablar de él, es sencillamente impresionante. Si bien se le llama "tapiz", propiamente hablando se trata de una tela bordada ya que el dibujo no forma parte de la estructura del mismo, sino que está encima de una tela de lino que le hace de base. Consideraciones costureras a parte, la principal característica de esta sorprendente obra son las dimensiones de la misma, ya que mide 68.80 metros de largo por unos 50 cm. de alto -no es exactamente un pañito de sobremesa que digamos- y en su conjunto pesa unos 350 kilos. Esto hace más raro si cabe el hecho de que haya llegado hasta la actualidad en unas condiciones mínimamente decentes, y más si pensamos que se realizó entre los años 1066 y 1077, cuando El Cid se entretenía repartiendo mandobles por la península.

Detalle del bordado
Este bordado, confeccionado con hilos de lana de al menos 8 colores, explica a modo de cómic dividido en 58 viñetas (hay que recordar que estaba dedicado a un público eminentemente analfabeto), la historia de la conquista de Inglaterra por parte de Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, y su posterior acceso al trono inglés en el año 1066.

Harold jurando Guillermo
La trama explica cómo Eduardo, rey de Inglaterra, envía a su cuñado, Harold, a buscar a Guillermo el Conquistador para asegurarse la transmisión de su reino, al ser Guillermo el hijo de un primo suyo. Harold se dirige a Francia y nada más poner un pie a tierra, es secuestrado por el conde Guy de Ponthieu el cual pide rescate por él. Guillermo pide que se le suelte y, una vez hecho, hace jurar a Harold sobre una Biblia encima de los restos de un santo, que le será fiel y le ayudará a conseguir el trono.

Representación del Cometa Halley
Harold vuelve a Inglaterra, pero tras morir Eduardo, la ocasión la pintan calva y se apodera del trono inglés, rompiendo la promesa hecha a Guillermo. Guillermo, cabreado como una mona, decide montar una expedición para quitar al usurpador, para lo que construye una flota para ir a Inglaterra. Harold, por su parte, observa el mal augurio de una estrella en el firmamento (a la postre, el cometa Halley), mal augurio que se hace realidad al morir de una flecha en el ojo durante la batalla de Hastings, en que Guillermo sale vencedor.

Por desgracia, el relato acaba aquí al no llegarnos completo del todo. Según los investigadores, el tiempo ha cercenado una última viñeta en la que Guillermo asume el trono inglés con el nombre de Guillermo I de Inglaterra.
 
Catedral de Bayeux
Respecto su origen, se cree que este gigantesco bordado fue encargado por Odón, obispo de Bayeux  para loar la gesta de su hermanastro Guillermo el Conquistador, al cual -todo sea dicho- le debía el obispado, siendo expuesto en 1077 en la catedral de Bayeux durante la consagración de la misma.

Si bien se le llama también Tapiz de la Reina Matilde porque tradicionalmente se cuenta que fue la esposa de Guillermo junto a sus doncellas, las que lo cosieron, el grado de exactitud y de calidad técnica del mismo hace pensar a los técnicos que tuvo que ser creado en uno de los mejores talleres de bordados de la época, posiblemente en uno existente en Canterbury (Inglaterra) y diseñado por alguien que vivió la situación en primera persona poco tiempo después de producirse los hechos.
Harold el usurpador

Sea como sea, el tapiz, en su ubicación de la Catedral de Bayeux y antes de llegar a la actualidad, las ha visto pasar de todos los colores. La primera referencia escrita a su existencia es del 1476 en la que se refiere a que se muestra diversos días cada verano. En 1562, se salvó de ser arrasado por el saqueo de la catedral por parte de los Hugonotes, cuando los religiosos, avisados de la cercanía de las tropas, escondieron diversos bienes, entre ellos el tapiz. 

Exposición actual
Durante la Revolución Francesa, en 1792, las tropas revolucionarias apostadas en Bayeux tenían un carro de suministros sin cubrir, y un -más bien corto de mollera- revolucionario propuso utilizar el tapiz para taparlo. Sorprendentemente le hicieron caso y cuando ya estaba a punto de ser cortado, llegó milagrosamente un comisario de policía para salvarlo. En 1803, Napoleón lo expuso en París como toque de atención para los ingleses, ya que pretendía invadirlos, volviendo a su ubicación en 1805. Posteriormente fue escondido otra vez durante la guerra Franco-Prusiana (1870) y durante la Segunda Guerra Mundial, llegando hasta nuestros días en que se encuentra expuesto en el Centro Guillermo el Conquistador de Bayeux.

El tapiz expuesto en curva
El Tapiz de Bayeux es una de las pocas obras de arte no religiosas que han llegado hasta nosotros de época románica. Ello ha hecho de este bordado un inestimable retrato de la vida de las gentes durante el s.XI, -incluso ha servido para reconstruir edificios de los cuales tan solo se conservan los cimientos- lo que le ha hecho merecedor de formar parte del registro del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO desde 2007. Esperemos que el futuro de esta maravilla esté asegurado para uso y disfrute de las generaciones venideras.




El tapiz de Bayeux, una maravilla para admirar largamente


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