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viernes, junio 27, 2014

Los 17 años de canto invisible de la cigarra

Cigarra
Sabemos que estamos en verano cuando, en un pinar, escondidos del justiciero sol y sumergidos en el ambiente denso de un aire cargado de resina escuchamos el taladrante sonido de las cigarras en nuestras sudorosas orejas. Este paisaje tan típico del mediterráneo no sería lo mismo sin esos animalejos escandalosos que todo el mundo (urbanitas recalcitrantes a parte) ha escuchado, pero muy poca gente atina a poder ver. A pesar de esta estampa tan familiar, la fama que precede a las cigarras es pésima, sobre todo gracias a la conocida fábula de La Cigarra y la Hormiga, la cual nos ha transmitido la imagen de una indolente cigarra en contraposición de la trabajadora hormiga. La realidad es otra muy distinta, sobre todo si tenemos en cuenta que las cigarras que oigamos este verano nacieron cuando Van Gaal debutaba como entrenador del F.C. Barcelona.

Exuvias en un árbol
Efectivamente, 17 años hace que el inefable entrenador holandés hizo su estreno en la liga española y hace 17 años que eclosionaron los huevos que, un tórrido verano de 1997, puso una hembra de cigarra después de ser atraída por la estridente llamada del macho en una alta rama de un árbol. Edad que no puede llegar ni a imaginar la hormiga, la cual, si no es una reina (la monarquía siempre tiene privilegios) raramente pasa de los dos años de vida.

Aparato succionador
La cigarra (Cicada orni), por si no las ha visto en vivo y en directo, es un bicho relativamente grande, de color pardo -se camufla perfectamente en la corteza de los árboles-, que hace unos 2'5 cm de largo y hasta 7 cms si contamos sus grandes alas. Es de la familia de las chinches y los pulgones y, como ellos, se alimenta "picando" las ramas y chupando la savia que puede absorber con su boca en forma de jeringuilla. No se preocupe, no le va a picar; le va más el dulce que lo salado.

Este particular bichejo tiene uno de los ciclos vitales más largos entre los insectos, por lo que lejos de la imagen de brevedad que tradicionalmente se ha transmitido de ella, es uno de los más longevos. Y es que su vida es muy particular, sobre todo porque el 99% de su tiempo lo pasa lejos de nuestra vista.

Haciendo sus cosas
Con la llegada de los calores, el "cigarro" -el macho de la cigarra, no se confunda- se enciende al mismo ritmo que lo hacen las temperaturas estivales. Es en este punto cuando, con un par de membranas que tiene en su abdomen y las cuales se relajan y contraen rápidamente, que el macho genera el típico sonido del canto de la cigarra, llegando a veces a morir del exagerado cambio de presión interno en el momento de hacer su canto. Las hembras, que no hacen este ruido, se sienten atraídas por los "encantos" del macho con el cual hacen "tralarí" en cuanto lo enganchan. Pasados unos días, la hembra pone los huevos en las ramas y hojas de los árboles donde quedarán hasta eclosionar tras algo más de un mes de maduración.

Emergiendo de la larva
Tras eclosionar, las pequeñas larvas que salen de los huevos caen a peso contra el suelo, y tras rebotar como si fuera una pelota de goma, se introducen entre la hojarasca e inician un viaje hacia el interior de la tierra hasta llegar a una raíz de un árbol. En esta fase, la larva se engancha a la raíz, alimentándose de la savia que transporta el árbol gracias a su boca succionadora, y pasando (dependiendo de las especies) hasta 17 años enterradas.

Metamorfosis completada
Llegando un momento dado, las larvas que han pasado todo este tiempo creciendo tranquilamente sabiendo del exterior solamente por los cambios químicos de la savia del árbol, se desenganchan y ascienden por la tierra, saliendo al exterior. Lo mejor es que, no se sabe ni cómo ni porqué, toda la generación que nació en la misma temporada, emerge de las profundidades a la vez, como si algo les incitara a hacerlo de forma unitaria. 

Detalle de la exuvia
Las larvas, ascienden por los troncos y a una altura prudencial, se produce una eclosión tipo mariposa, saliendo el adulto listo para aparearse y dejando un extraño cascarón vacío con la forma de la larva (llamada exuvia). La vida de los adultos es corta -un mes y medio a lo sumo- y mueren una vez que se han reproducido, independientemente del frío, de lo que hayan recolectado... o de la generosidad -o no- de la hormiga, claro.

En definitiva, la cigarra, es uno de los insectos más conocidos y a la vez más desconocidos de nuestras latitudes. Si tiene la oportunidad de verlas en los troncos, disfrute de su efímera presencia, ya que sus descendientes desaparecerán de su vista durante muchos años. 

Normal que se lo tomen con tranquilidad, ¿no cree?



La cigarra, un canto invisible

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