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lunes, julio 16, 2018

La Máquina de Antikythera, la sorprendente computadora de la Antigua Grecia

La Máquina de Antikythera en el Museo Nacional de Arqueología de Atenas
La Máquina de Antikythera
En la isla de Creta, unos arqueólogos encuentran unos extraordinarios autómatas de bronce que habían quedado enterrados desde la época de la Antigua Grecia. Uno de aquellos arqueólogos, cegado por el poder de tales androides, decide eliminar a todos sus compañeros y desarrollar a partir de aquellas máquinas olvidadas un ejército de robots con el que dominar el mundo. Desgraciadamente para sus aviesas intenciones, uno de aquellos que habían sido sus compañeros quedó solo malherido por lo que, conociendo la técnica, creó un robot que se enfrentara a aquella amenaza para la Humanidad. Así se explica en el primer capítulo de la serie el origen de Mazinger Z (ver El icono histórico del enorme Mazinger Z de Tarragona). Esta ficción, basada en el mito del gigante Talos, el invencible gigante de bronce creado por Hefesto y los cíclopes (ver La mitológica, pero real, historia de los cíclopes fosilizados) para proteger Creta de los extranjeros, puede quedar como lo que es, una simple mitología. Sin embargo, cuando en 1900 se encontró en el mar una extraña máquina medio corroída, más de un presupuesto sobre los antiguos griegos tembló como un flan. Me refiero a la Máquina de Antikythera: la computadora más antigua de la Historia.

Ubicación de Antikythera
Ubicación de Antikythera
Las islas griegas, a parte de un bello (y caro) destino turístico donde las cámaras de fotos y los Instagram sacan humo cada día, es uno de los principales puntos de interés arqueológico del mundo. El hecho de que a orillas del Egeo se desarrollase una de las culturas más avanzadas -intelectualmente hablando- y que más han influenciado a las civilizaciones posteriores, ha convertido estas tierras en un centro donde los arqueólogos han hecho su particular agosto. Y no solo en superficie, donde es normal que se hallen restos, sino incluso en los fondos submarinos, donde el descubrimiento de piezas es mucho más dificultoso y sorprendente.

Extrayendo los restos (1900-1901)
Extrayendo los restos (1900-1901)
Así las cosas, en el año 1900 un grupo de pescadores de esponjas descubrió a 45 metros de profundidad, en las costas de la isla griega de Antikythera (también conocida como Anticitera o Antiquitera), un barco romano hundido a mediados del siglo I a.C. que transportaba un valioso cargamento de ánforas, estatuas, cristalería, monedas y toda una serie de diverso material de origen griego. Todo el cargamento fue izado durante el 1901 y, depositado en el Museo Nacional de Arqueología de Atenas, los arqueólogos determinaron que buena parte de los restos estaban datados del siglo IV a.C. Y, como ocurre demasiado frecuentemente, una vez catalogados los artículos más bellos y destacados, el resto quedó en el fondo de un armario.

Restos del artilugio
Restos del artilugio
En 1902, el director del museo, el arqueólogo griego Valerio Stais, revisando un cacho de bronce corroído procedente del pecio romano de Antikythera, vio que en aquella masa informe metálica destacaba una serie de engranajes. Stais los relacionó con un reloj astronómico, pero los investigadores que lo estudiaron vieron que, caso de serlo, era algo demasiado complejo para su época y que no cuadraba con el resto de elementos recuperados. Se pensó que era algo que había caído posteriormente al hundimiento del barco, se volvió a meter en el cajón (los almacenes de los museos, esos agujeros negros del conocimiento humano…) y no fue hasta 1951 que el físico e historiador inglés Derek John de Solla Price se interesó de nuevo por los fragmentos que formaban aquel extraño amasijo metálico.

Derek John de Solla Price
Derek John de Solla Price
Tras varios años de estudio y la constatación de que “aquello” de normal tenía poco, en 1971, Price y el físico nuclear griego Charalampos Karakalos (y después alguno se queja de que mi nombre -también de origen griego- es raro) sometieron a la conocida como “Máquina de Antikythera” a un escáner de rayos X y otro de rayos Gamma. Fue la constatación de que estaban ante una auténtica maravilla de la técnica, un predecesor de los computadores actuales cuyos semejantes no se vuelven a encontrar hasta bien entrado el siglo XVI, con el desarrollo de los complejos mecanismos de relojería.

Varios fragmentos de la Máquina
Varios fragmentos de la Máquina
La máquina, formada por 82 fragmentos -algunos recuperados del pecio por el capitán Jacques Cousteau en 1976- consistía en una extraordinaria maquinaria de relojería compuesta por no menos de 37 ruedas dentadas en bronce de diferentes tamaños (la mayor era de 14 cm), y que estaban instaladas en una caja de madera de 34 x 18 x 9 cm. Según los científicos, que pudieron ver que las ruedas y los pocos restos de la caja estaban grabados, llegaron a la conclusión de que se trataba de un artilugio que predecía mecánicamente el zodiaco, las fases de la Luna, del Sol, de los eclipses y de los planetas conocidos en aquel momento. Una verdadera pasada.

Imagen de Rayos X del fragmento principal
Imagen de Rayos X
De esta forma, aplicando los profundos conocimientos de astronomía de los pensadores griegos, la Máquina de Antikythera era capaz de determinar las fechas de los acontecimientos griegos más remarcables (las Olimpiadas, por ejemplo) y de reproducir con una precisión inaudita la ubicación de cada uno de los cuerpos celestes en un momento dado. Una precisión increíblemente compleja dado que, eventos como las fases de la Luna, que tienen una velocidad variable de tránsito en el firmamento, son muy difíciles de representarse mecánicamente. Lo mejor es que, confeccionadas diversas réplicas tras la revisión de los restos con tomografía 3D computerizada, se ha constatado que la máquina funciona a la perfección. Sin embargo, el misterio persiste porque… ¿quién la construyó? ¿Quién tenía el suficiente conocimiento para desarrollarla? La verdad es que no se sabe.

Excavando el barco romano
Excavando el barco romano
Según el estudio de los restos del naufragio y de la maquinaria, se cree que pudiera ser un botín que los romanos obtuvieron durante la conquista de Rodas y que, en tránsito hacia Roma -posiblemente para entregarlo a Julio César- naufragó en aguas del Egeo a mediados del siglo I antes de nuestra era. Este botín incluiría la máquina de Antikythera, una maquinaria que, según el estudio de las inscripciones pudiera haberse construido en la segunda mitad del siglo II a.C. por alguien, evidentemente, muy ducho en astronomía y matemáticas. Hay quién ve la mano del físico y astrónomo Hiparco de Nicea e incluso la del mismo Arquímedes (ver El golpe de suerte de Arquímedes y su Eureka). Sea como sea, su creador permanece en el anonimato.

Reconstrucción por ordenador
Reconstrucción por ordenador
En conclusión, que, durante 2.000 años, el mar mantuvo en el olvido un saber y una técnica que, hasta 1.500 años después de su desaparición, el hombre no supo desarrollar de nuevo. De esta forma, la misteriosa Máquina de Antikythera nos muestra que el conocimiento, más allá de una cosa de “frikis” asociales, es un valor estratégico y fundamental pero, sobre todo, frágil, de la civilización humana. Una civilización que, lejos de la imagen de "bichos raros" que tiene de los investigadores, necesita para avanzar la formidable genialidad de aquellas mentes capaces de estudiar y comprender el mundo que les rodea (ver Hedy Lamarr, la inventora más bella del mundo), al margen de la superficialidad y anodina mediocridad de la sociedad que los señala.
 
Reconstrucción de la Máquina de Antikythera

Webgrafía

4 comentarios:

Miguel Angel Hernandez dijo...

Muy interesante. Desde que la descubrí hace ya algunos años (quizá demasiados) me ha parecido fascinante la historia de este artilugio. Parece mentira que se construyera cuando el ser humano estaba, practicamente, "aprendiendo a pensar".
Gran artículo.

Ireneu Castillo dijo...

Miguel Ángel: Muchas gracias por tu comentario. Ciertamente es una maravilla fruto de un genio cuyo nombre no nos ha llegado al día de hoy. Con todo, posiblemente hubieron otros mecanismos antes, y otros mecanismos después, pero, por desgracia, no los hemos encontrado. Es muy posible que si los encontrásemos cambiaríamos nuestra forma de pensar sobre la antigua civilización griega. Un saludo y gracias por la visita.

Dubitador dijo...

Me gusta lo que significa el artilugio ese... y a la vez desconfio.

Quiero imaginar que algo asi rompe con la imagineria jerarquico-paternalista y cristiano-liberal (cada vez se me antoja mas importante percibir la filiacion del liberalismo con el cristianismo) reflejada en los grados y planes de estudio que endiosan la tecnica y el calculo, en consonancia con una vision creacionista a fuer de mecanicista, donde se sustituye el "hagase la luz" por el "realicese el calculo", trocando el sacerdocio que administra la Revelacion y reza por el sacerdocio del calculo, ambos siempre obsecuentes con la autoridad del momento. La oracion, el charleteo con la divinidad, no libera de la esclavitud a los pueblos ni a los individuos. El calculo en tanto que herramienta para arrancar los secretos a la divinidad de lo dado, tampoco.

Se supone que cuando tomamos una piedra, apuntamos y la lanzamos contra un blanco, estamos llevando a cabo una serie de calculos implicitos relativos a la distancia, el peso, la fuerza y la velocidad. Hay personas afectadas por alguna clase de desequilibrio intelectual que son capaces de arrojar resultados exactos e instantaneos relativos a operaciones de calculo complejas.

El artilugio de Antikitera puede haber sido fruto de una pericia similar, capaz de integrar de modo implicito "los calculos" de los movimientos de los astros y trasladarlos a un constructo mecanico que los fija y reproduce, permitiendo anticipar su ocurrencia.

Ireneu Castillo dijo...

Dubitador: No está mal que dudes hasta de tu sombra. Tener espíritu crítico, es la base de tener criterio fundamentado sobre el mundo de que te rodea. Por otro lado, es muy cierto que pueda ser la genialidad de una única persona, pero ello no quita que muy posiblemente haya habido una base técnica anterior a partir de la cual fuera desarrollado. De hecho se basa en los cálculos astronómicos babilónicos y egipcios y no tanto en sus contemporáneos griegos, lo que significa que no fue desarrollado a partir de conocimientos coetáneos sino de un saber anterior. La pena es que no hayamos encontrado nada similar después, ni nada similar anterior, por lo que la máquina se vuelve un auténtico caso único. Gracias por la visita y tu comentario. :-)