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Can Rigalt, especulación y polémica de un singular patrimonio hospitalense

Masía de Can Rigalt
Masía de Can Rigalt
En el límite norte del término municipal de L'Hospitalet, junto a Barcelona (ver Finestrelles, las 53 hectáreas de Hospitalet cercenadas por un conde), la masía de Can Rigalt es uno de los patrimonios históricos de la ciudad más singulares y, a la vez, polémicos de los últimos años. Ubicado al pie de la Carretera de Collblanc (ver La capilla de Collblanc, la ermita barroca escondida entre platos de sushi), el caserón neoclásico con perfil casi cúbico de Can Rigalt fue levantado en 1741 sobre los restos de un edificio anterior por Miquel Rigalt quien había adquirido la propiedad en 1728. La edificación destaca por los ojos de buey que dan ventilación a la buhardilla y por su azotea plana, coronado por toda una serie de bolas de piedra, de las cuales sólo se conservan cuatro de ellas. El escudo de la familia Girona que domina la puerta principal está declarado BCIN desde 1963, mientras que el resto de la masía fue declarada Bien de Interés Local en 2001.

La especulación urbanística rodea Can Rigalt
La especulación urbanística rodea Can Rigalt
La finca, dedicada al cultivo de la viña, ocupaba más de 150 hectáreas repartidas entre Barcelona y L'Hospitalet, que durante el siglo XX fueron progresivamente divididas entre varios propietarios. Uno de esos propietarios fue el F.C. Barcelona, quien en 1997 adquirió la masía y parte de los terrenos para acoger una escuela de futbolistas pero, sobre todo, para construir caros y rentables pisos. Este proyecto urbanístico especulativo al más alto nivel se ha encontrado con la oposición frontal de los vecinos de la zona, lo que ha provocado continuos paros y reescrituras del proyecto inicial que, junto a problemas de financiación del club y sentencias judiciales en contra, han provocado el abandono de los terrenos y un serio deterioro de Can Rigalt. Un deterioro que, pese a los requerimientos del ayuntamiento hospitalense y pese a estar protegida (ver La Torre Gran de L'Hospitalet, el bochornoso estado de un patrimonio supuestamente protegido), está comprometiendo muy gravemente la conservación de este extraordinario patrimonio arquitectónico para las generaciones futuras.

Una singular edificación en peligro
Una singular edificación en peligro

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