Publi-5

lunes, enero 14, 2019

El malintencionado bulo que convirtió a Julio César en "reina de Bitinia"

Estatua de Julio César
Estatua de Julio César
Que el nivel de la política actual se parece más a una barriobajera pelea en una piscina de lodo que a una honorable confrontación de opiniones, simplemente con ver un rato de una sesión del Congreso o de un pleno de un ayuntamiento lo tendrá más que confirmado. Descalificaciones gratuitas, mentiras continuas, lenguaje soez, petulancias y altanerías vergonzosas... han transformado cualquier reunión parlamentaria en poco menos que una zafia tertulia a gritos entre borrachos que si algo despiertan es el hartazgo y la vergüenza ajena de quien pueda estar interesado. Tal vez pudiéramos pensar que esto es una cosa nueva, fruto de la falta de políticos de calidad y las redes sociales, pero la verdad es que durante el Imperio Romano, ya era habitual este tipo de "tudo vale" contra el adversario político. Y uno de los principales afectados fue el mismísimo Julio César, al cual sus rivales atribuyeron una relación homosexual simplemente para debilitarlo políticamente. 

Cayo Mario y Sila
Cayo Mario y Sila
Si algo se puede decir del famosísimo Julio César es que era un auténtico personaje que, desde joven ya marcaba maneras de que no iba a ser alguien que pasase de puntillas por las páginas de la Historia (ver Un secuestro, unos piratas y el infinito chulerío de Julio César). Así las cosas, en el año 80 a.C., con tan solo 20 años, ya era una preeminente figura del bando de los "populares" (progresistas), que tenían una dura pugna con los "optimates" (conservadores) por el poder de Roma. No obstante, la victoria del conservador Sila, ante el progresista Cayo Mario en la Primera Guerra Civil de la República Romana, hizo que César -perteneciente al bando perdedor- se dirigiera hacia la actual Turquía, ya que salir de Roma pies-para-qué-os-quiero tras no aceptar el cambio de bando ofrecido por el vencedor Sila (se tenía que divorciar de su mujer y César no quiso), era la opción más sana para su estilizado cuello, sobre todo para evitar los sicarios que le había enviado.

Reino de Bitinia
Reino de Bitinia
En aquellas tierras de la península de Anatolia (ver La eterna llama de Yanartas), Roma se encontraba dando apoyo al rey Nicomedes IV de Bitinia (pro-romano) frente al rey Mitrídates VI del Ponto (anti-romano), los cuales se hallaban en plena zarabanda de palos por el control de la zona. En uno de estos repartos de hostias al por mayor, los ejércitos romanos al mando de Marco Minucio Termo pusieron en sitio la ciudad de Mitilene (en la isla de Lesbos, costa turca del Egeo), siendo enviado Julio César a la corte de Nicomedes IV para pedirle una flota de barcos con la cual acabar con los mitilenos. La visita, por lo visto, duró más de lo que se esperaba gracias a la amistad que entabló con el rey, siendo la excusa perfecta para que corriera el rumor de que había habido un "affaire" sentimental entre Julio César y Nicomedes, al haber quedado prendado por la belleza del "yogurín" romano. El rumor llegó a Roma, y los senadores opositores a César vieron la oportunidad para ponerlo a caldo a base de esparcir el bulo hasta la nausea.

Todo valía contra el contrincante
Todo valía contra el contrincante
Los cronistas explicaron que Julio César había hecho "tilín" al rey bitinio y que este lo invitó a su cámara. Vistiéndolo de púrpura y acompañado por soldados, se encamó con Nicomedes en su cama dorada, siendo sodomizado por el monarca. Teniendo en cuenta que, si bien la homosexualidad no estaba prohibida, ser la parte pasiva estaba muy mal visto, el hecho de que corriera el rumor de que una figura tan amenazadora para los optimates tuviera relaciones homosexuales y, para más inri, de carácter pasivo (el que recibía, vamos) con un mandatario bárbaro, era el colmo de la calumnia política y personal.

Mitilene
Mitilene
Al desprestigio que conllevaba tal infundio -César lo negó repetidamente durante toda su vida- la mala baba de sus contrincantes hizo que lo tildaran como "reina de Bitinia", "rival de la reina y plancha interior del lecho real" o "el marido perfecto de toda mujer y la esposa de todo hombre"... entre todo tipo de dimes y diretes que corrían como la pólvora entre la gente (ver El rey de España llamado Paquita). Sea como sea, la estratagema no les salió muy bien a sus "amigos", habida cuenta que las guerras contra Mitrídates lejos de ser un pozo para la reputación de Julio César, sirvieron para auparlo como el magnífico estratega y militar que se mostró posteriormente en las Galias. No en vano el asedio de Mitilene sirvió para que  fuera condecorado con la Corona Civica, el más alto reconocimiento del valor en tiempo de guerra ofrecido por la República Romana.

Busto de Julio César
Busto de Julio César
En definitiva que Julio César, lejos de verse afectado por las inquinas envidiosas de sus opositores, acabó subiendo como la espuma tal y como temían sus "queridos" optimates. La extraordinaria inteligencia política y militar, su ambición sin límites y la disoluta vida heterosexual de la que hizo gala durante toda su vida, callaron las bocas de todos aquellos que habían pretendido hundir de la forma más rastrera y cobarde la prometedora carrera de uno de los personajes más importantes y trascendentes de la Historia de la Humanidad.

jueves, enero 10, 2019

Las misteriosas y mortíferas olas gigantes

Olas como montañas
Olas como montañas
Cuando paseamos por el puerto y vemos el inmenso tamaño de los grandes cruceros o los gigantescos barcos de carga, nos da la impresión que tales ingenios son poco menos que indestructibles (ver El Tessarakonteres, el barco a remos más grande de la Historia). La potencia que despliegan en el mar estas maravillas de la técnica es espectacular, sin embargo, a pesar de su grandeza y potencia casi sin límites, son unas auténticas cáscaras de nuez flotantes cuando se encuentran en medio del mar con unos auténticos monstruos de la naturaleza: las olas gigantes.

Tsunami de Japón (2011)
Tsunami de Japón (2011)
Para empezar, no debemos confundir una ola gigante con un tsunami (ver Big 95, el tsunami que arrasó el levante español), ya que estos últimos se forman por causa de un terremoto y su mayor grado de afectación se produce en las costas, puesto que en mar abierto no son especialmente peligrosos. Sin embargo, las olas gigantes se producen en cualquier parte de los océanos, en cualquier momento y, prácticamente salidas de la nada, se disipan tan pronto como se han formado. Si por desgracia encuentran algún barco en su trayecto, por grande que este sea, tengan por seguro que las va a pasar mal. Muy mal.

Un mito demasiado real
Un mito demasiado real
Se llama "Ola Gigante", a aquellas olas que, sin causa aparente, doblan, triplican o incluso cuadriplican la altura media de las olas que hay en un mar en aquel momento. De tal forma que en zonas de mar muy alterada con alturas de olas de 8 o 10 metros, puede desarrollarse una ola que puede llegar a alcanzar los 20 m de altura o incluso ser superior, arrasando con toda flota que se encuentre en aquel momento por la zona. La existencia de estas olas se conoce desde antiguo, pero siempre se consideraron como meras fantasías y leyendas de marinos ebrios. Desde 1995 sabemos que, de mitos, nada. Y que existen en mayor número de lo que suponíamos.

Plataforma petrolífera Draupner
Plataforma Draupner
Durante el primero de enero de 1995, la plataforma Draupner dedicada a la extracción de gas y ubicada en el Mar del Norte (ver Doggerland, la Atlántida del Mar del Norte) a 160 km mar a dentro de las costas noruegas, se encontraba inmersa en un temporal en el que las olas llegaban a los 12 metros. Hacia las 3 de la tarde, los trabajadores fueron confinados en el interior de las instalaciones de la plataforma, en espera de pasar los fuertes vientos huracanados que se estaban produciendo en aquella parte del Atlántico.

Una ola de record
Una ola de record
Hacia las 15.20 h los detectores láser de medición de altura de olas de la plataforma detectaron una ola que llegó, de forma inexplicable, a los 26,8 metros de altura. Dicha altura no afectó a la plataforma, al estar preparada para aguantar huracanes y estar muy alta sobre el nivel del océano. Ello impidió que la super-ola no llegase a inundar las instalaciones, y libró a los trabajadores de ver en vivo y en directo la llegada de una pared de agua como la que se les vino encima.

Trasatlántico Queen Mary
Trasatlántico Queen Mary
A raíz de este descubrimiento, se pudo seguir el hilo de diversas desapariciones misteriosas de barcos y de eventos similares que pusieron en jaque a más de una tripulación, tal como la del trasatlántico Queen Mary, que en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, se encontró con una ola de 28 metros de altura que lo hizo zozobrar a unas 700 millas de distancia de las costas de Escocia. El buque se encontraba inmerso en una tormenta y llevaba 16.000 soldados estadounidenses, cuando, al impactar de lado la enorme ola, llegó a escorarlo 50º durante un breve periodo de tiempo. Afortunadamente, el barco se enderezó él solo y pudo continuar el viaje sin mayor inconveniente, pero si el barco hubiera alcanzado los 53º de inclinación, el Queen Mary habría volcado y provocado así el mayor desastre naval de la historia, superando de largo el siniestro del Titanic.

SS Arthur M. Anderson
SS Arthur M. Anderson
Sin embargo, no se crea que estas cosas solo pasan en mar abierto, ya que si se encuentra en un lago, en medio de una tormenta, puede que no se encuentre a salvo de estas olas monstruosas. El 10 de noviembre de 1975, los barcos SS Arthur M. Anderson y SS Edmund Fitzgerald, cargueros de agua dulce de unos 220 m. de eslora, se encontraban navegando por el lago Superior (Grandes Lagos), cuando debido a una tormenta con vientos de hasta 100 km/h se empezaron a levantar olas de hasta 7 m. de altura. En pleno fragor de la tormenta, el Anderson, que era más lento, perdió la comunicación con el Fitzgerald y se vio alcanzado por rachas de hasta 139 km/h y olas de más de 11 m. de altura, que lo hicieron zozobrar. El SS Fitzgerald por su parte se hundió, y perecieron sus 29 tripulantes. No se sabe exactamente qué es lo que pasó, pero se especula que un "tren" de tres olas gigantes partiera el buque y lo enviara a pique en un instante, ya que no se recibió ninguna llamada de auxilio, se encontró un bote salvavidas que ni tan solo tenia quitada la funda, y unos ganchos se descubrieron doblados debido a una gran presión. Sus restos reposan, partido en dos, en una profundidad de tan solo 160 metros.

Monstruos incontrolables
Monstruos incontrolables
Sea como sea, los científicos no se ponen de acuerdo en cual es el mecanismo que pone en marcha estas olas destructivas. En algunos casos se producen en zonas donde se producen confluencias de fuertes corrientes de sentidos contrarios, mientras que otras veces se producen cuando se superponen olas de varias longitudes de onda diferentes, formando momentáneamente un auténtico monstruo que se disipa tan pronto como se ha formado. Cualquiera que sea el origen de las olas gigantes, resultan un auténtico peligro para la navegación, hasta tal punto que han llegado a hacer variar algunas rutas navales de zonas especialmente proclives a su formación. 

Esperemos que los conocimientos científicos al respecto avancen con celeridad y eviten más incidentes si bien, por mucho que avancemos, el principal conocimiento que hemos de desarrollar es el del respeto y la humildad para con el mar. Un mar al cual le importamos bien poco y del cual dependemos totalmente.

Barco británico en apuros
Art. Rev. 28/03/11 12.27 3939 v