Publi-5

domingo, mayo 19, 2019

Eurovisión 2019: la venda que no cae

Los 22. Nada nuevo bajo el sol
Los 22. Nada nuevo bajo el sol
He de reconocer que esta edición del festival de Eurovisión, que le ha tocado celebrar a Israel, me ha dejado bastante frío. La calidad de las canciones presentadas era muy bajo y habían pocas que salieran del marasmo general. De hecho, he tenido verdaderos problemas para escoger cuáles serían las posibles ganadoras, pero es que, cuando he visto la favorita del público y la de las casas de apuestas, poco menos que me he echado a temblar. La española, saliendo en el número 26 y último (la cosa ya prometía), por simple contraste me ha hecho pensar que quedaría entre el 10 y el 13. Finalmente ha quedado el 22 con 60 puntos; nada nuevo bajo el sol.

John Lundvik (Suecia)
John Lundvik (Suecia)
Dentro de una edición mediocre, en que había demasiada cosa insulsa y mala de solemnidad (Grecia, Eslovenia, Israel, Malta, Alemania...) pocas canciones destacaban de la tabla rasa general del festival. Los suecos más negros que Legrá, el guaperas amante del flamenco de Azerbaiyán, el musulmán italiano y el grupo de Noruega con un rapero lapón nieto de un onubense de Ayamonte, eran de lo poquito que se salvaban, aunque ninguna llegará a quedar en el olimpo de las eurovisivas inolvidables.

La australiana... pinchada de un palo
La australiana... pinchada de un palo
En el sector “friki” tan solo han aparecido el "tecno-punk anticapitalista" de los islandeses -que han provocado la ira del público durante las votaciones cuando han salido con sendas banderas palestinas-, el inclasificable representante francés con bailarina obesa incluida, las australianas colgadas de un palo y, como destacable, la representación española, que con el pegadizo ska “La venda” interpretada por Miki, encandiló al público pero, visto lo visto, no a los jurados ni votantes. Si la venda no cae y nos entestamos en llevar productos de consumo interno, pasan esas cosas. Por suerte, ya ni se dignan a comentar la jugada en el "postpartido". Como diría el juez Marchena, mucho mejor.

Duncan Laurence (Países Bajos)
Duncan Laurence (Países Bajos)
Esta mediocridad se ha hecho patente en el momento de las votaciones, en que los 6 primeros han ido muy a la zaga, siendo al final el televoto el que ha decantado el ganador, dando la victoria al favorito y, para mi gusto, soso representante de Países Bajos. Televoto que ha permitido sacar a España del último puesto en que estaba -los 41 jurados profesionales solo le han dado 7 puntos- y meter a Alemania con sus “hermanas Sister” -al no darle ni un punto el televoto- en el farolillo rojo. El ser del Big Five siempre es un handicap (ver Eurovisión 2016: el handicap de ser del Big Five).

Madonna...¿o Sara Montiel?
Madonna...¿o Sara Montiel?
Curiosamente, la máxima expectación estaba fuera del escenario israelita, no solo por las amenazas yihadistas, sino por la presencia en directo de la sexagenaria e incombustible Madonna. Una Madonna que, sin despeinarse y con su nuevo look de parche en el ojo al estilo pirata, ha cantado (como una graja, todo sea el decirlo) el "Like a Prayer" y, ya un poco más en su línea, una nueva canción de su último trabajo Madame X. Los años no pasan en balde, aunque resulta curioso que cada vez más se parezca a Sara Montiel.

En definitiva, una edición que no pasará a la historia, pero que, seguro no olvidará este verano cuando, en todas las ferias de pueblo y bares musicales salte hasta la extenuación la canción española. Eso de ganar Eurovisión, si acaso, ya se lo dejamos a otros países.

Mejor.

Divertida, pero no gustó en Europa
Divertida, pero no gustó en Europa

martes, abril 23, 2019

Sant Jordi 2019, Día del Libro y de la Rosa

Hoy, 23 de abril, es Sant Jordi (San Jorge para los hispanoparlantes), y en Catalunya -como ya sabéis todos- es tradición que los hombres regalen una rosa a las mujeres y las mujeres, a su vez, regalen un libro a los hombres. Ello ha sido óbice para que este día se haya convertido en el Día del Libro. Y aunque el día se ha levantado pirriosillo por estos lares, la gente está cumpliendo con la tradición. Tradición que cada uno se toma como mejor les parece, y así, como hay tantos tipos de familia como personas, hay parejas que se regalan libros, rosas, lo uno y lo otro, o lo que mejor les venga en gusto... sin olvidar a los más "siesos", los cuales, "desaboríos" como ellos solos, no se regalan nada.

Sea como fuere, no quisiera, en tanto que un servidor es perteneciente al gremio de los ajuntaletras, dejar de felicitaros este día con las pertinentes rosas...

Manojo de rosas
Para ellas o ellos, al mejor gusto

...y el pertinente libro que, para qué nos vamos a complicar, os ofrezco mi última obra "1001 Curiositats del Baix Llobregat i l'Hospitalet" y que os invito a leer.

1001 Curiositats del Baix Llobregat i l'Hospitalet
Para todo el mundo

Eso sí, mi especial recomendación para los 4 jinetes de la "poca leche" del debate electoral de TVE1 de ayer -y que tendremos el inmenso disgusto de volver a padecer hoy en Antena 3-, es el siguiente libro...

Libro "Me tenéis hasta los cojones"

Que, aunque parezca mentira, no es un meme, sino un libro verdadero que, como el mío, podréis encontrar en la FNAC.

¡¡¡Feliz Sant Jordi!!!

miércoles, abril 10, 2019

Hoy, cuento: El refresco

La necesidad de aquella empresa era acuciante. Las ventas de aquellos refrescos, que antaño tenían tanta tirada, habían bajado estrepitosamente y, si no eran capaces de remontarlas, acabarían por tener que cerrar. Toda la gente que trabajaba allí, caso de no variar el negro rumbo de colisión que se preveía en el horizonte, se verían sin su única forma de vida. Se tenía que hacer alguna cosa.

Ante la perspectiva de echar el negocio al traste, los "capos" decidieron poner el grupo de científicos encargados del I+D de la empresa a mover sus neuronas para, así, conseguir mejorar los resultados de sus ventas. Los agentes comerciales ya hacían su trabajo con fruición y ahínco, pero el producto también tenía que tener una calidad suficiente que facilitase su venta. Y la que tenía en aquel momento no era suficiente.

Así las cosas, aquellos científicos, presionados por sus superiores y por el peligro de verse en la calle de la noche a la mañana, decidieron poner toda su alma, todo su conocimiento, toda su diligencia, en conseguir la perfección hecha refresco.

Trabajaron mañana, tarde y noche durante días. Mezclaron todo tipo de hierbas buscando la excelencia en aquella bebida. Una bebida tan buena, refrescante y adictiva que consiguiera enganchar a quien lo probase.

Agua de aquí, agua de allá, este aditivo, aquel otro, esta mezcla de raíces, aquella infusión de cortezas, aquella receta, aquella otra...

De improviso, en una de aquellas miles de catas, vomitivas unas, mediocres otras, se encendió la luz. Una de las combinaciones, forzosamente estrambóticas de puro desespero por no poder hallar la piedra filosofal de los refrescos, tenía la proporción áurea del éxito. ¡La habían encontrado!

La bebida era tan efectiva, tan especial, que todo aquel que la probaba quedaba prendado por su olor, por su sabor, por su textura... por todo. Maridaba con cualquier alimento que se comiera e incluso era el complemento ideal para muchos perfumes. Era un auténtico milagro de la naturaleza que los jefes de aquella empresa, prendados como estaban de su propio refresco, no vacilaron un momento en ponerlo a la venta de forma masiva. Las ventas se dispararon.

Tal fue el éxito, que la fábrica no solo no expulsó a la gente, sino que amplió la plantilla, amplió la planta embotelladora y hasta agotó la fuente de agua que suministraba el líquido elemento base del refresco. Una mañana, sin previo aviso, un tremendo ruido invadió el edificio. La policía, armada hasta los dientes, había penetrado en el interior de las oficinas y, apuntándoles con sus armas automáticas, a gritos hicieron tirarse a todo el mundo al suelo. Detenidos, fueron juzgados y encarcelados de por vida.

Sin pretenderlo, habían dado con la droga más potente del mundo.


Tenían que conseguir la perfección hecha refresco
Tenían que conseguir la perfección hecha refresco

sábado, abril 06, 2019

Matome Ugaki, el épico último kamikaze de la Segunda Guerra Mundial

Ataque kamikaze
Ataque kamikaze
Una de las principales limitaciones que tienen las policías y los cuerpos de seguridad para luchar contra el integrismo es que muchos de sus adeptos, a falta de mejor herramienta, no dudan en inmolarse en mor de sus convicciones, ya sean religiosas, políticas o éticas, y ante esto no hay negociación posible. Los japoneses, durante la Segunda Guerra Mundial, fueron el ejemplo más claro de esta casuística, con los conocidos como kamikazes. Soldados que, atrapados entre la espada del honor ancestral del guerrero samurai y la pared del avance del ejército norteamericano, no dudaron en sacrificarse de forma épica lanzándose contra el enemigo por tierra, mar (ver Los Kaiten, los kamikazes submarinos japoneses) y aire cuando vieron la partida perdida. Tal fue el caso del vicealmirante Matome Ugaki, el cual, tras la rendición de Hirohito, hizo caso omiso a su mandato y se lanzó contra las fuerzas yanquis en un viaje sin retorno. Es el conocido como "último kamikaze".

Tuvieron efectos psicológicos
Tuvieron efectos psicológicos
A principios de febrero de 1945, las fuerzas japonesas en el Pacífico, a pesar de luchar contra los aliados como gato panza arriba, veían que la guerra estaba perdida. La imposibilidad de construir barcos, aviones y diferente material de guerra al mismo ritmo que lo hacían sus contrincantes hacía que, a cada día que pasaba, se encontrasen un poco más en desventaja. La dificultad de aplicar novedades tecnológicas en el campo de batalla tal y como estaban haciendo los EE.UU., era un plus de inconveniente que era imposible de superar. En esta situación tan desesperada, en que el código de honor del soldado japonés (el bushido) no observaba la rendición en ningún caso, el lanzar aviones pilotados por pilotos suicidas contra los barcos americanos se vio como la única forma de parar la más que posible intención aliada de invadir Japón.

Despedida con flores
Despedida con flores
En esta tesitura, el vicealmirante Matome Ugaki fue encargado por el alto mando nipón de comandar la 5ª flota aérea japonesa, situada en la isla de Kyushu (al sur de Japón) dedicándose desde este punto a enviar centenares de operaciones kamikazes contra la marina norteamericana -sobre todo contra barcos de transporte y portaaviones, que eran especialmente delicados y estratégicos- que se estaba acercando peligrosamente a la isla de Okinawa, a unos 550 km al sur del archipiélago japonés.

Matome Ugaki
Matome Ugaki
Los efectos de estos ataques eran devastadores para los aliados, no tanto a nivel material como psicológico, aunque para quien resultaron catastróficos fueron para los propios japoneses, ya que perdían los aviones y, lo que era peor, los pilotos y su valiosísima experiencia. Una fuerza técnica y humana que era totalmente irremplazable. La toma de Okinawa, la entrada en la guerra de la Unión Soviética y los dos bombazos atómicos acabaron por convencer al emperador Hirohito de que no valía la pena seguir con la guerra, por lo que el 15 de agosto de 1945 a las 12 del mediodía, y tras una declaración radiodifundida, Japón se rindió.

Bebiendo sake antes de morir
Bebiendo sake antes de morir
Semejante golpe bajo al honor castrense japonés hizo que hubiera, entre los altos mandos, conatos de rebelión para impedir la rendición a toda costa (ver El golpe de estado contra Hirohito para evitar que Japón se rindiera) y una auténtica "epidemia" de suicidios rituales entre las más altas figuras militares japonesas, al no poder haber evitado la vergüenza de la deshonrosa derrota y no poder soportar el verse juzgados y humillados por los vencedores (ver El periodístico festín de hienas del suicidio del General Tojo).

Firma de la rendición
Firma de la rendición
Tras oír el comunicado del emperador, Ugaki, desoyendo el mensaje de Hirohito, decidió que, como no había recibido ninguna comunicación "oficial" obligándole a finalizar los ataques, decidió comandar él mismo un último ataque contra los invasores norteamericanos. Pese a las protestas de sus subalternos, que le reprocharon que tomara tan drástica decisión cuando la posguerra necesitaría de su experiencia y liderazgo, Ugaki se preparó para el ataque, encontrando el apoyo de 22 soldados nipones dispuestos a pilotar sendos 11 biplazas hacia su trágico destino.

Ugaki antes de su "última misión"
Ugaki antes de su "última misión"
De esta forma, Ugaki, vestido de verde oscuro, sin ninguna condecoración ni emblema de su rango y equipado simplemente con unos binoculares y una ceremonial espada corta, se hizo una última honrosa foto y tomó el lugar de un suboficial encargado de la radio en uno de los aviones. El suboficial, un tal Akiyoshi Endo, se enfadó como una mona y se negó a ser dejado en tierra por lo que, encastrados tres en un avión de dos plazas, emprendieron, tras los rituales tradicionales, su última batalla por el honor japonés. Tres de los once aviones volvieron por problemas técnicos y, a las 19.24 h se recibió un último mensaje del bombardero Yokosuka D4Y de Ugaki, en que se informaba de que iniciaba un ataque a un barco americano. Nunca más se supo de ellos.

Bombardero Yokosuka D4Y
Bombardero Yokosuka D4Y
A la mañana siguiente, una patrulla americana en la isla de Iheya, en Okinawa, descubría los restos de un avión humeante con tres tripulantes muertos, uno de los cuales, vestido de verde oscuro, tenía la cabeza destrozada, le faltaba un brazo y estaba acompañado por una espada corta. No se sabe exactamente qué pasó ya que, durante aquellas horas, la marina estadounidense no documentó ningún ataque kamikaze a sus tropas. Sea como sea, algunas versiones apuntan a que, ante la falta de objetivos a su alcance, intentó impactar contra un transporte de tropas, sin mucho éxito. Los otros siete habrían caído al mar, posiblemente derribados por cazas americanos, aunque no ha quedado documentación al respecto.

Pilotos kamikazes preparados
Pilotos kamikazes preparados
Según parece el vicealmirante Ugaki se suicidó no tanto por una cuestión de honor personal -que también- sino por la vergüenza de haber sacrificado la vida de tantos valientes pilotos y no haber sido capaz de conseguir los objetivos propuestos. Sea como sea, Japón resultó derrotada en una guerra en que el fanatismo imperialista y un arcaico modo de concebir la guerra no le dejó más salida que luchar hasta el final. Matome Ugaki, de esta forma, ha quedado para la historia como el último de los  kamikazes de la Segunda Guerra Mundial. Kamikazes que, si bien no fueron capaces de dar la vuelta a la tortilla, marcaron con su sacrificio el espíritu de toda la sociedad nipona posterior; convirtiéndose, de rebote, en un ejemplo de abnegación, disciplina y dignidad humanas que jamás ha de volverse a utilizar para hacer el mal, sino para hacer avanzar la humanidad.

Morir matando. Una cuestión de honor
Morir matando. Una cuestión de honor

Webgrafía

domingo, marzo 31, 2019

Serre Ponçon: la sala de baile de las misteriosas señoritas con sombrero

Demoiselles coiffées
Demoiselles coiffées
Para los que amamos la naturaleza y disfrutamos de nuestro entorno natural, la Tierra es un proveedor incansable de espectáculos de insuperable belleza. Detrás de cada esquina de nuestro planeta podemos tener una pequeña maravilla que, con su observación, nos haga disfrutar de una escena digna de hacer olvidar el duro día a día de nuestras tediosas vidas. Uno de estos pequeños -o no tan pequeños- prodigios naturales los podemos encontrar en Francia, cerca de la frontera italiana, donde unas mujeres misteriosas que visten sombreros tienen una curiosísima sala de baile.

Lac de Serre-Ponçon al fondo
Lac de Serre-Ponçon al fondo
En las cercanías del Lac de Serre-Ponçon, un embalse construido en el cauce del río Durance -afluente del Ródano- en plenos Prealpes provenzales, la naturaleza ha modelado de forma un tanto extraña para el profano los sedimentos que milenios atrás dejaron los glaciares que bajaron por su valle. Estos sedimentos, llamados morrenas (ver Glaciares pirenaicos, la lenta muerte de nuestros glaciares domésticos), están formados por una mezcla de arcillas, arenas, gravas y bloques de roca de diferentes medidas y composiciones.

Las piedras protegen lo de debajo
Esta composición, en que materiales blandos se mezclan de forma totalmente heterogénea con materiales muy duros, hace que cuando la superficie de la tierra pierde su cobertura vegetal, la erosión incida fuertemente sobre los sedimentos subyacentes, arrancando los materiales más blandos y dejando los más duros y compactos. Los bloques y piedras más duras, por tanto, hacen más resistencia a la erosión, actuando en no pocas de las veces como auténticos paraguas para con los sedimentos blandos que la soportan, creando una especie de parapeto que impide que las lluvias ataquen directamente las arenas y las arcillas que hay inmediatamente debajo de estos bloques de piedra.

Equilibrio imposible
Equilibrio imposible
Esta protección inesperada del terreno, hace que el agua circulante (ver Missoula, un cataclismo hecho riada) genere torres de tierra de varios metros de alto al abrigo del bloque más grande que, a modo de sombrero aguanta, de forma muchas veces casi imposible, las más duras condiciones climáticas. Estas altas y estilizadas torres, coronadas con una piedra en su ápice es lo que se ha dado a llamar como "chimeneas de hadas" o, más internacionalmente Demoiselles Coiffées (señoritas con sombrero, en francés).

Alturas considerables
En la zona que estamos hablando, las morrenas alpinas dejaron un substrato idóneo para que la erosión actuase de esa forma, creando diversos parajes a pocos kilómetros de distancia los unos de los otros en que las "señoritas" se muestran en todo su esplendor. En algunos casos, la acumulación de tanta dama con pamela, hace que se produzca lo que se ha dado a llamar como "sala de baile" de las dames coiffées. Sin embargo, estas simpáticas señoritas, y como si fuera fruto de una maldición, sólo pueden permanecer en su sala si están cubiertas, ya que en el momento en que, por una u otra causa, la piedra que les hace de abrigo acaba por caer, la lluvia y el viento borra en muy poco tiempo los blandos materiales que formaban su cuerpo.

Sala de baile
Sala de baile
Remollon, Théüs, Savines le Lac, Le Sauze, Pontis... son poblaciones de la zona que muestran esta curiosísima e inestable forma de modelado de la superficie terrestre (ver Columbretes: la ignota joya volcánica de la Isla de las Serpientes) en cada recodo del camino. Camino que llena de asombro a quien, mirando más allá del paisaje cotidiano, tiene el placer de poder admirar a estas bellas señoritas de sólido sombrero y blando corazón.

La erosión produce un paisaje espectacular
Art. Rev. 17/12/13 12.28 246v

Webgrafía

jueves, marzo 21, 2019

Condorcet, Robespierre y la tortilla que delató a un matemático fugitivo

Una tortilla tuvo la culpa
Una tortilla tuvo la culpa
Aunque la lógica indica que la tendencia de la humanidad tendría que ser eliminar las diferencias entre ricos y pobres, la verdad es que esta utopía cada día es más utópica porque en vez de bajar, el número de pobres no hace más que subir. Esta situación hace que los ricos y poderosos formen una élite cada vez más exclusiva que copa las parcelas de poder y los encierra en su Olimpo particular, dándose casos tan sorprendentes como el de Zapatero ignorando el precio de un café en la calle. Si a esto se le une un componente intelectual, ya el asunto llega al cúlmen y pasa lo que le pasó al político, matemático y filósofo francés Nicolas de Condorcet, el cual, huyendo de Robespierre y sus secuaces, fue capturado por haber pedido una tortilla para comer. Le invito a seguir leyéndome, porque le aseguro que tiene huevos la cosa.

Rey Luis XVI
Rey Luis XVI
A finales del siglo XVIII, Francia era un auténtico caos. La monarquía borbónica representada por un Luís XVI en quiebra se aferraba al poder pese a que sus súbditos pasaban más hambre que un caracol en un espejo. Paralelamente, la burguesía, enriquecida gracias al comercio y a la incipiente industria reclamaba su espacio de poder, pero chocaba con la aristocracia y el clero, los cuales, ejerciendo sus privilegios tradicionales, copaban el poder pese a estar más arruinados que don pepito. Y, como era de esperar, todo este potaje social acabó explotando en 1789 en forma de revolución. La Revolución Francesa, más concretamente.

Toma de la Bastilla
Toma de la Bastilla
Tras la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, una élite social, política e intelectual -en parte procedente de la misma aristocracia- vio la posibilidad de dar un vuelco a la situación y, apoyando la revolución, emprender toda una serie de mejoras sociales que hicieran una sociedad más justa y equitativa (ver La historia del metro o cuando la globalización se volvió necesaria). Reventada la antigua estructura en que estaba dividido su parlamento (la Asamblea Nacional), la nueva asamblea, elegida por sufragio universal -masculino, claro- promulgó la Declaración de los Derechos Humanos como ley fundamental a partir de la cual crear una nueva sociedad. Una nueva constitución fue también preceptiva  aunque a no todo el mundo le gustaba.

Nicolas de Condorcet
Nicolas de Condorcet
El rey Luís XVI, que no había sido depuesto, sino forzado a aceptar el nuevo orden social, no era muy amigo de estas exquisiteces sociales, más que nada porque a nadie le gusta que, de la noche a la mañana, le quiten todo el poder y se lo den a cuatro desarrapados -por más que fueran el 80% de la población (ver ¡Muera la libertad!... y no era una broma). Ello implicó que, si bien por delante hacía el paripé democrático (aunque vetaba todas las resoluciones que no le interesaban), por detrás se entretenía en buscar -y encontrar- el apoyo de todas las monarquías absolutistas europeas contra el nuevo orden francés. No por ninguna simpatía con el rey francés, sino porque no les llegaba la camisa al cuerpo de pensar que el ejemplo revolucionario galo llegase a sus países. Amenaza muy real, ya que era uno de los objetivos de los políticos revolucionarios. No obstante, el intento fallido de huida de Luís XVI y María Antonieta el 21 de junio de 1791, dejó claro del palo que iba el rey, provocando su detención. El invento de la monarquía constitucional había fracasado.

Ejecución de Luis XVI
Ejecución de Luis XVI
Ante la traición del rey, la Asamblea Nacional abolió la monarquía y declaró la república, por lo que el futuro de Luís XVI pendía de un hilo. No obstante, el control de la asamblea por parte de los girondinos, burgueses federalistas y a favor de una monarquía constitucional -entre los que destacaba  Nicolas de Condorcet- permitía que el monarca permaneciera con vida. Una posición que, como puede imaginar, hacía las delicias de los radicales jacobinos que, liderados por Maximilien de Robespierre, eran centralistas, republicanos, favorables a la ejecución del rey y con el apoyo de las capas más populares de la sociedad. La amenaza de intervención exterior provoca la radicalización del pueblo, que ve peligrar la revolución, lo que lleva a los diputados a juzgar a Luís XVI y, el 21 de enero de 1793, a hacerle perder la cabeza. Literalmente.

Las guillotinas sacaban humo
Las guillotinas sacaban humo
Las escaramuzas bélicas de los países amigos del descabezado rey, España y Austria sobre todo, y el caos interno de la sociedad francesa, hace que el pueblo bajo más revolucionario -los sans culottes- acabe por hacer que la rama más radical de los jacobinos domine la Asamblea. De esta forma, Robespierre y sus acólitos, para asegurar la pureza de la revolución, instauran un régimen terrorífico (La Terreur) en que las guillotinas sacan humo de tanto eliminar elementos contrarrevolucionarios. El único inconveniente era que todo el que no era favorable a sus ideas, era contrario y, por tanto, aspirante a decapitado. Y los girondinos, en tanto que contrarios a la pena de muerte del rey, eran unos candidatos perfectos. Nicolas de Condorcet, cumpliendo todos los requisitos necesarios (moderado, contrario a la pena capital, a favor del voto femenino y ex-presidente de la Asamblea), teniendo un especial cariño a su cuello, por el cual habían puesto precio, decide huir.

Maximilien de Robespierre
Maximilien de Robespierre
Así las cosas, Condorcet se refugia en París en casa de la viuda del escultor Louis-François Vernet durante 9 meses, donde aprovecha para escribir su libro más famoso. No obstante, los revolucionarios le estaban pisando los talones, por lo que permanecer en casa de Madame Vernet la ponía en un riesgo que no estaba dispuesto a permitir. Nicolas de Condorcet, visto lo visto, el día 5 de abril de 1794 escapa vestido de forma harapienta esperando llegar a casa de unos amigos, pero no los encuentra y se pasa todo el día vagando por ahí... hasta que le entra “gazuza”. 

Revolucionarios Sans-culottes
Revolucionarios Sans-culottes
Como el hambre le apretaba, entró en una tasca de mala muerte del pueblo de Clamart (a pocos kilómetros de París), donde pidió para comer una tortilla, pero no se esperaba la pregunta del mesonero: ¿De cuantos huevos? Cagada la hemos. Acostumbrado a la vida cómoda de la alta política y la intelectualidad, si algo ignoraba de forma total eran las cosas de casa y, sobre todo, las cosas de cocina de la clase más baja. Y como la ignorancia es atrevida, sin encomendarse a ningún santo, respondió al mesonero: ¡Doce huevos! El mesonero, ojiplático ante el tamaño bárbaro de aquella tortilla para una sola persona, procedió al servicio. Y no fue al único al que llamó la atención.

Tantos huevos llamaron la atención
Tantos huevos llamaron la atención
En la mesa de al lado, un par de sans-culottes estaban tan sorprendidos como el camarero, porque aquello no era ni medio normal. Pero fue cuando Condorcet pagó el servicio con una moneda de oro, que los dos hombres vieron que aquel andrajoso, de pobre tenía poco. Y como la caza del aristócrata en fuga estaba de moda durante aquellos días, procedieron a su detención. Una detención que duró tan solo tres días, dado que, al tercero, apareció en su celda muerto en extrañas circunstancias.

Muerte de Condorcet
Muerte de Condorcet
Ya se hubiera suicidado o por haber sido “suicidado”, la revolución acabó con uno de los intelectuales moderados más valiosos del país por el simple hecho de pensar diferente y ver enemigos en todas las esquinas. Condorcet, se descubrió por no saber de cuantos huevos se hacía una tortilla para uno, encerrado como estaba en su particular burbuja intelectual que algunos confundieron con un elitista y contrarrevolucionario Olimpo. Sin duda, un ejemplo más de lo malo que es la ignorancia -en cualquiera de sus formas- y, sobre todo, de lo malo que es que la radicalidad -en cualquiera de sus formas- tome el mando porque, cuando la estupidez congénita toma el poder, la misma sociedad que la ha provocado será la que la sufra (ver Rumanía o cuando la austeridad extrema destruyó un país).

¿El karma? No lo se, pero Robespierre acabó guillotinado. Piense usted lo que quiera.


Casa en Bourg-la-reine donde murió Condorcet (1914)
Casa en Bourg-la-reine donde murió Condorcet (1914)

Webgrafía

jueves, marzo 07, 2019

El Charrán ártico, 22.000 km en busca del sol eterno

Charrán ártico
Charrán ártico
Las migraciones de los animales son un espectáculo natural que muy frecuentemente podemos ver en nuestras pantallas debido al especial atractivo que produce a nuestros profanos y urbanitas ojos. Todo tipo de animales, desde ñus a palomas o de golondrinas a tortugas nos ofrecen una exhibición de esfuerzo y constancia que les hace desplazarse miles de kilómetros en busca de mejores terrenos donde criar o alimentarse. No obstante, entre todos los animales que se dedican a viajar por el planeta periódicamente, hay uno que es, con diferencia, el rey: el charrán ártico.

Charrán alimentándose
Charrán alimentándose
El charrán ártico (Sterna paradisaea) es un pájaro mediano de la familia de las gaviotas que, con sus 100 gm de peso, 35 cm de largo y 80 cm de punta a punta de las alas, ostenta el récord mundial de migración anual más larga por encima de cualquier otro animal (ver El mito no tan mito del suicidio masivo de los lemmings) sobre la superficie de la Tierra. Y, la verdad, que no es para menos, ya que para esta pequeña bola de plumas el planeta se le queda pequeño.

El hielo es su medio ambiente
El hielo es su medio ambiente
Nuestro pequeño héroe, como bien dice su nombre, acostumbra a vivir en las orillas del Océano Glacial Ártico, por lo que se puede encontrar en las costas boreales de Siberia, Canadá, Groenlandia o Escandinavia (ver El curioso efecto de las aguas muertas). Sin embargo, en cuanto se acaba el verano, coge la familia, el hatillo y se va a buscar tierras más benignas para él. En el caso del charrán, esto significa irse a las costas de... la Antártida.

Nidos pequeños y poco elaborados
Nidos pequeños y poco elaborados
Efectivamente, el charrán cuando acaba el verano boreal y ha terminado la temporada de reproducción en el gran norte, se va en busca del verano austral, donde tiene sus territorios de invernada, haciendo la friolera de más de 22.000 km en un viaje que le lleva unos dos meses. Lo más asombroso del caso es que, en cuanto acaba el verano austral, el charrán vuelve a su terruño de origen en las tierras árticas, lo que comporta hacer una vuelta completa a la Tierra cada año. Y es que, parece que le guste tanto el sol, que va constantemente buscando aquellos sitios donde no se llega a poner nunca el astro rey.

Polluelo de charrán ártico
Polluelo de charrán ártico
Justamente por el hecho de vivir en las zonas circunárticas el camino que tome para ir hacia la Antártida le es un poco igual, si bien al ser un ave marina, utiliza el Atlántico y el Pacífico para dirigirse a sus "pastos" de invierno. Ello implica que una gran parte del trayecto los pase sobre mar abierto, por lo que su migración es una auténtica proeza biológica, y más si tenemos en cuenta la extrema precocidad de los polluelos de estas aves para comenzar a volar y emigrar.

Rutas de migración
Rutas de migración
En 1928, un pequeño charrán anillado en las costas de Labrador (Canadá) el 23 de julio, fue encontrado en las costas de Natal (Sudáfrica) poco más de 3 meses después. Pero no es el único ejemplo; un charrán anillado en las islas Farne (al sur de Escocia) durante el verano de 1982 cuando todavía no había emplumado, se encontró en Melbourne (Australia) en octubre de ese mismo año. Tanta distancia recorrida anualmente hace que durante su larga vida (puede vivir hasta 34 años), este animalejo pueda recorrer perfectamente la distancia Tierra-Luna de ida y de vuelta, o lo que es lo mismo, casi 800.000 km. Ahí es nada.

Se emparejan para toda la vida
Se emparejan para toda la vida
Sea como sea, el pobre bicho no hace los 22.000 km de una tacada, sino que después de una serie de jornadas por mar abierto, aprovecha las ricas aguas costeras del trópico para hacer un pequeño receso. Así las cosas, se han encontrado charranes en la costa del delta del Níger en África, donde se alimentan a base de pequeños peces y recargan las pilas para poder acabar el viaje, el cual, para más inri, no hacen en linea recta norte-sur. Ello es debido a que aprovechan las zonas de mejores vientos para hacer el gasto mínimo de energía y aprovechar, de paso, la riqueza biológica de las aguas por donde pasan. Auténtica ingeniería viajera.

En definitiva, la vida del charrán ártico es un auténtico ejemplo de constancia y determinación (ver La inaudita proeza de Shackleton), en la cual, por buscar su mejor opción en la vida, no duda en recorrer el mundo entero para alcanzarlo. Un ejemplo a tener en cuenta la próxima vez que se queje porque tiene que desplazarse 20 minutos a su lugar de trabajo.

Un incansable buscador del sol eterno
Un incansable buscador del sol eterno
Art. Rev. 23/12/13 15.47 261v

Webgrafía

domingo, marzo 03, 2019

Hoy, cuento: El bulevar

Aquella plomiza mañana me pesaba en el alma como sólo la soledad sabe hacerlo: con una aplastante frialdad. Pensaba que tomar un poco el aire me permitiría salir, al menos un rato, del agujero negro en que se había convertido mi vida, pero no. El gris asfalto, la contaminación tóxica de los tubos de escape y las macilentas plantas del desértico parterre, no colaboraban a despejarme. Al contrario, me arrastraban a un marasmo de patetismo y decrepitud que me angustiaba. Me asfixiaba.

Sin saber hacia dónde dirigirme, ni si valía la pena seguir adelante, me encontré arrastrando mis pies y mi alma por una larga avenida jalonada de árboles pelados y llenos de cicatrices que tenía los carriles de circulación a los lados. Extrañamente estrecha, si mi melancolía me lo hubiese permitido, hubiera podido tocar ambas hileras de árboles con solo poner los brazos en cruz. Bastante calvario llevaba, como para, encima, haberlo hecho patente para los demás... Caso de que hubiera habido alguien, claro.

Una explosión detrás mío, me extrajo de golpe de mi tupida nebulosa mental. ¿Qué había pasado?

El estallido, que se había producido a un centenar de metros en medio de aquel desolado bulevar, había provocado que el pavimento saltase por los aires levantando una columna de agua de varios metros, tal como si fuese una mina en el mar. Quedé flipando.

Todavía no estaba repuesto del shock que, una segunda explosión se produjo unos metros más adelante, en mi dirección. A los pocos segundos, una tercera, una cuarta y una quinta. Las explosiones se dirigían a toda velocidad hacia mi. Mis ojos no creían lo que estaban viendo; querían huir, pero mi paralizado cuerpo no reaccionaba. Una nueva detonación a menos de cinco metros me hizo reaccionar al final. Huir. Huir a todo trapo. Huir.

Mis cortas piernas no corrían lo suficiente como para dejar atrás aquellas explosiones que me pisaban los talones y una de ellas, de tan cerca, me dejó empapado. Y corrí. Como nunca lo había hecho. Corrí en busca de una salida entre aquella jaula de árboles y setos que dejara zafarme, pero sólo la huida hacia adelante estaba permitida. Correr o morir. No había más escapatoria.

Una eternidad pasó a la vez que mi corazón latía hasta salirse por la boca. Finalmente, un paso cebra me permitió girar y cruzar la calle. ¡Mi salvación! Pero no fue más que un espejismo. Las detonaciones cruzaron por el mismo sitio por donde lo había hecho yo. ¿Qué endemoniada pesadilla estaba viviendo? Estaba muerto en vida, pero tenía que seguir corriendo. Un paso más, un metro más, una pulgada más.

Tomé una calle, tomé otra, giré a izquierda, giré a derecha, pero no podía escapar. Aquellas malditas explosiones que me perseguían de aquella forma tan inmisericorde, me acabarían por coger y volaría por los aires borrando mi triste existencia de este valle de lágrimas. Un exhausto e inoportuno tropezón dio con mis huesos en el suelo. Ya no podía levantarme y rompí a llorar. Un estallido a mis pies que me llenó de miedo, agua y cascotes me dijo que allí se acababa todo. Era el final. Pero...

Había cerrado los ojos y estaba temblando esperando la detonación que me despanzurrara, cuando me di cuenta de que algo raro pasaba. Aquella explosión temida estaba tardando más de lo que debiera. No es que la deseara exactamente, pero me extrañó. Primero el uno y después el otro, abrí los ojos y pude ver que los estallidos habían cesado. Una oleada de alegría nerviosa recorrió mi extenuado y dolorido cuerpo, dándome fuerzas para levantarlo.

Una vez incorporado, me di la vuelta y pude ver algo maravilloso: me encontraba delante de un canal por el que discurría una corriente de agua tan límpida y cristalina que se veían los numerosos peces que nadaban dentro de ella. Un sentimiento de felicidad me llenó el alma.

Ese canal reseguía exactamente el recorrido de mi desesperada huida y, cuando deshice el camino, vi que todo había cambiado. El día, como por arte de magia, se había abierto y lucía un sol despampanante, pero no solo eso, sino que todo aquel gris y mortecino bulevar se había convertido en un canal lleno de vida, donde los antaño mustios árboles flanqueaban el curso de agua henchidos de salud y verdor. Los pájaros revoloteaban y cantaban hasta quedarse roncos, atrayendo un numeroso público que se sentaba a orillas del canal y se bañaba, y pescaba, y se reía... y vivía.

Aquel canal que, en su grito de escape, a punto estuvo de matarme, irónicamente me devolvió a la vida. Una vida que llenó toda la ciudad. Una vida que, jamás, jamás, tenía que haber sido enterrada bajo la ignominiosa lápida del cemento y el asfalto.

¿Qué endemoniada pesadilla estaba viviendo?
¿Qué endemoniada pesadilla estaba viviendo?

jueves, febrero 28, 2019

Devil's Marbles: el desierto donde el diablo juega a las canicas

Las canicas del Diablo
Las canicas del Diablo
Australia, medio isla, medio continente, es una de las regiones más especiales del mundo. El hecho de ser tan grande y tan aislado han desarrollado en ella toda una fauna endémica y una serie de paisajes que difícilmente se pueden encontrar en otros parajes en el mundo. Una de estas zonas curiosas y poco conocidas en pleno centro de Australia, en el medio de la nada más absoluta, a 100 kms del pueblo más cercano, podremos encontrar el paisaje de Las Canicas del Diablo.

Rocas sagradas
Rocas sagradas
Las Devil's Marbles (Canicas del Diablo, en inglés) o Karlu Karlu en idioma aborigen ocupan una extensión de unos 18 km2 en el interior del llamado Territorios del Norte, a unos 100 km al sur del pueblo de Tennant Creek. Esta zona -que recuerda vagamente a La Pedriza de Madrid- se caracteriza porque, repartidas por toda ella, se encuentran una miríada de bloques redondos de granito con una sorprendente forma esférica, con tamaños que oscilan entre los 50 cm y los 6 metros de diámetro, con la característica añadida de que muchas de ellas se encuentran en un equilibrio más que precario.

Las sagradas Karlu Karlu
Las sagradas Karlu Karlu
Estas "canicas" desde antiguo han sido veneradas como sagradas por las tribus aborígenes del centro de Australia (ver El rancho más grande del mundo: Anna Creek Station) ya que, según la leyenda, el diablo Arrange se estaba haciendo una trenza ritual de los hombres aborígenes, cuando se le cayó un mechón de cabello al suelo, dando origen a estas curiosas formas pétreas. Sin embargo el origen de esta formación geológica es un poco menos romántica.

Erosión del paisaje granítico
Erosión del paisaje granítico
Formado hace unos 1.700 millones de años, el escudo australiano está formado por una intrusión de magma desde el manto que no llegó a salir a la superficie, convirtiéndose cuando enfrió en una masa granítica. Los movimientos telúricos del desplazamiento de la Placa Australiana así como la descompresión por la erosión de los sedimentos depositados encima (ver Las bacterias, los fósiles más antiguos y más pequeños del mundo), produjeron el agrietamiento y fragmentación del granito subyacente. Éste, al entrar en contacto con los agentes ambientales se fue erosionando siguiendo las fracturas preexistentes y dando origen, al cabo de los milenios, al curioso paisaje de Devil's Marbles.

"Canica" partida
"Canica" partida
La zona de las Canicas del Diablo, fue declarada Reserva en 1961, y con los años ha ido cambiando de denominación hasta la actual Devil's Marble Conservation Reserve (Reserva de conservación de Devil's Marble), adoptada en 2011. En la actualidad la gestión de la reserva la efectúan al alimón la Traditional Aborigin Owners (Propietarios Aborígenes Tradicionales) y el Servicio de Parques y Fauna Salvaje de los Territorios del Norte.

En definitiva, un paraje insólito en el cual, la tranquilidad está asegurada. Eso sí, llévese usted su agua y su combustible, porque si no, el diablo seguro que se lo llevará a hacer una partida de canicas con él.

Un venerado patrimonio cultural y natural australiano
Un venerado patrimonio cultural y natural australiano
Art. Rev. 29/04/14 19.28 690 v

Webgrafía