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El disparate urbanístico de las modernistas Casas Baratas de L'Hospitalet

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La Sedición de Niká o los 30.000 muertos a cuenta de unas carreras de carros

Unas carreras de carros que se complicaron
Unas carreras de carros que se complicaron
Por mucho que nos entestemos en proclamar los beneficios del deporte y que el deporte es nada más que deporte, la verdad es que los espectáculos de masas relacionados con la práctica deportiva, poco o nada tienen que ver con las bondades que tiene el ejercicio practicado de forma amateur. Para convencerse, solamente tiene que ver los cada vez más divulgados grupos violentos que se mueven alrededor de los partidos de fútbol o los disturbios sociales que se forman como piten un penalty en el último segundo en una final importante. Sea uno o sea otro, la verdad es que los espectáculos deportivos son el catalizador del estado de ánimo de una sociedad pudiendo, en un momento dado, ser su válvula de escape o, como pasó en el año 532, en la espoleta que casi acaba con un emperador. ¿Su particularidad? Una carrera de carros que acabó con más de 30.000 muertos. Me refiero a la llamada Sedición de Niká.

El palacio real junto al hipódromo
El palacio real junto al hipódromo
El uso de los grandes eventos deportivos como forma de mantener contento al populacho es algo que se conoce desde época de los romanos, los cuales también conocían los follones que muchas veces iban asociados (ver Pompeya año 59, la primera batalla campal entre aficiones de la Historia). Los bizantinos, herederos directos del Imperio Romano de Oriente, tenían exactamente las mismas cadencias. Las luchas del circo, en tanto que era un estado cristiano, hacía mucho tiempo que se habían perdido, pero aquella afición desaforada la adoptaron las carreras de caballos. Y hasta tal punto era una cuestión de estado que, en Constantinopla -la actual Estambul-, el palacio imperial estaba pegado al hipódromo y tenía un pasadizo que los unía.

El emperador Justiniano y la emperatriz Teodora
El emperador Justiniano y la emperatriz Teodora
Así las cosas, en aquel año del Señor del 532, el emperador Justiniano I y su esposa la emperatriz Teodora, organizaron como era habitual las carreras anuales en que, durante el mes de enero, se hacían una gran cantidad de eventos hípicos para público divertimento. El pan y circo de unos siglos antes, se había trocado sin solución de continuidad en un pan e hipódromo, que para el caso era lo mismo. Los cuatro equipos tradicionales romanos (verdes, azules, rojos y blancos) en la Constantinopla de aquellos días se habían reducido a 2 (verdes y azules) polarizando toda la vida social y política del imperio cual Barça-Real Madrid de hoy día... enfrentamientos violentos entre aficiones incluidos.

La rivalidad entre las "factiones" era brutal
La rivalidad entre las "factiones" era brutal
La idiosincrasia de cada uno de los equipos era radicalmente diferente a la del otro. Así, mientras los verdes atraían las simpatías de comerciantes y artesanos y eran cristianos monofisitas (creían que Jesucristo era divino y no tenía nada de humano), los azules se granjeaban las preferencias de los terratenientes y los aristócratas, que eran en su mayoría cristianos oficiales (aún no se habían separado entre ortodoxos o católicos y creían que Jesús tenía naturaleza humana y divina a la vez) e incluso la del emperador. Obvia decir que ante tanta rivalidad antagónica, las carreras sacaban chispas y durante el 1º de enero del 532, las chispas prendieron en forma de graves disturbios por las calles de Constantinopla. Tres aficionados (dos verdes y uno azul) fueron detenidos y condenados a la horca -sutil que era Justianiano, mira. No obstante, un milagro ocurrió...

Enfrentamientos violentos entre aficiones
Enfrentamientos violentos entre aficiones
En el momento del ahorcamiento, no hubo forma de colgar a un verde y al azul, porque hasta por dos veces, las cuerdas cedieron, por lo que la gente, considerando que aquello era una señal divina, se amotinó y en medio del tumulto dejaron escapar a los dos condenados, que fueron a buscar refugio en sagrado a una iglesia cercana (ver La anilla salvadora del Señor de Cal Bufalà). El emperador, por su parte no estaba dispuesto a perder sus presas y envió los soldados a buscarlos, pero la masa, cabreada como una mona, cuando se dio cuenta, mató a los soldados. Y ante el cariz que tomaba el asunto, Justiniano decidió organizar unas nuevas carreras de carros para calmar ánimos.

Hagia Sofía no se salvó de los disturbios
Hagia Sofía no se salvó de los disturbios
La verdad es que Justiniano y Teodora no estaban a partir un piñón con el pueblo. De primeras porque los estaba cosiendo a impuestos derivados de las parias (ver Cuando El Cid se hizo héroe musulmán matando cristianos: la Batalla de Almenar) que pagaba a los persas para no tener guerra con ellos, y por otro por su origen modesto (Teodora provenía del mundo del espectáculo y la acusaban de prostituirse) la cual cosa los hacía muy impopulares ante el pueblo y la nobleza. Así las cosas, el 13 de enero, en medio de las carreras, tanto los verdes como los azules empezaron a gritar juntos “niká!” (victoria). Ambas facciones se habían unido y, aprovechando la cercanía al palacio imperial, estallaron violentos disturbios que pedían la absolución de los condenados huidos y acabar con el mal gobierno del cruel emperador. El tumulto, extendido por toda la ciudad, con incendios de iglesias (Santa Sofía no se salvó), graves destrozos, con la simpatía de amplias capas de la sociedad y la impotencia de las escasas tropas leales, pusieron los cataplines por corbata a Justiniano.

El general Belisario, al rescate de Justiniano I
El general Belisario, al rescate de Justiniano I
El día 15 de enero, en medio del follón, diversos senadores vieron la posibilidad de deponer al emperador y, apoyando moral y logísticamente a los manifestantes, nombraron emperador a Hipatio, sobrino del antiguo emperador Anastasio I, a la vez que rodeaban el palacio imperial. Justiniano, viéndose perdido, pretende huir, pero su mujer Teodora lo convence de que irse suponía perder el trono, la honra... y que a ella le sentaba muy bien el púrpura de emperatriz, oye. Convencido de no irse, quedó en espera de las tropas de refuerzo de su fiel general, Belisario. Unas tropas que llegarían el día 17 a Constantinopla cortando cabezas a diestro y siniestro, aunque el conflicto no bajó de intensidad ni un ápice.

Narsés, el chambelán eunuco del emperador
Narsés, el chambelán eunuco del emperador
El día 18, Hipatio estaba congregado en el hipódromo con todos sus seguidores para ser proclamado oficialmente emperador, cuando de pronto se acercó Narsés, un eunuco liberto que había hecho carrera política y se había convertido en la mano derecha de Justiniano, con una bolsa de oro que empezó a repartir entre los líderes azules, recordándoles que el emperador era de los azules e Hipatio era de los verdes. Después de un rato hablando entre ellos, decidieron abandonar el circo y la lucha, lo que dejó a los verdes de pasta de boniato... y solos.

En el preciso momento en que los azules abandonaron las instalaciones, las tropas del general Belisario por una puerta y las tropas del general Mundus por la otra, pillaron a los verdes por banda, masacrando con fruición y alegría a los manifestantes allí atrapados y acabando, ahora sí y por lo sano, con la revuelta.

Máxima expansión de Bizancio con Justiniano I
Máxima expansión de Bizancio con Justiniano I
Se estima que más de 30.000 personas (la absoluta mayoría monofisitas) murieron a cuenta de la revuelta, entre ellos Hipatio y diversos cabecillas de alta alcurnia que habían conspirado contra Justiniano. Emperador que, por otro lado, se mantuvo en el poder hasta que se murió en el año 565, siendo el último emperador con el latín como lengua materna y habiendo sido capaz de reunificar bajo su cetro buena parte del Imperio Romano, al conseguir añadir Italia, el norte de África (ver La belleza escandinava de los bereberes de ojos azules) y el sur de España para Bizancio.

Eso sí, aprendió de primera mano que los espectáculos deportivos de masas, ayer igual que hoy, los carga el diablo.

...y la política. 

Constantinopla, con el hipódromo y el palacio imperial
Constantinopla, con el hipódromo y el palacio imperial

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Comentarios

brenllae9@gmail.com ha dicho que…
Muy bien, una entrada muy completa de la que he descubierto muchas cosas. Gracias por la información. Saludos.
Héctor Ramos ha dicho que…
Muy entretenido. Me entran ganas de saber más de los bizantinos...

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