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Jóvenes, feminismo o la dictadura de la testosterona

Escaneando iris como si no hubiera un mañana
Escaneando iris como si no hubiera un mañana
Entre la esperable victoria del PP en Galicia (la noticia es que no hay noticia, circulen), la venta de iris al por mayor con la constatación de que por cuatro chavos vendemos nuestra alma al diablo -de los etéreos valores de la privacidad, ya mejor ni hablamos- y el hecho de que las nuevas generaciones nos están saliendo más machirulas que los tradicionales carcamales de avanzada edad, la verdad es que por estos lares tenemos el gallinero bastante alborotado estos días. Tertulias, tabloides y foros varios van vomitando sus opiniones en un circunloquio vacío en que todo se centra en la culpabilidad y falta de valores de una parte de la sociedad: los jóvenes. No obstante, a parte del tradicional "caña al mono, que es un joven" que se repite con insistencia cansina en cada generación (nadie parece acordarse ahora de lo malos que eran los melenudos de los 60, ni los punks de los 80...), la gente no reparamos en el verdadero actor protagonista que se esconde detrás de tanta supuesta "tontería" de los jóvenes: la dictadura de la testosterona.

Julio Iglesias y Papuchi, testosterona con patas
Julio Iglesias y Papuchi, testosterona con patas
Tradicionalmente, es decir, en el último siglo, se ha relacionado al sector más joven de la sociedad (pongamos entre 16 y 24 años) con las opciones políticas más de izquierdas y liberales, en contraste a la parte más madura -por no decir vieja- de ella, con tendencias derechistas socialmente más conservadoras. Esta definición no es casual (¿casualidad? ¿qué es eso?) ya que la franja de edad que tiende a mandar en nuestras sociedades acostumbra a tener entre 40 y 70 años y, si lo que quieres es mantenerte en el poder, las ideas de bombero revolucionario de no pocos jóvenes mueven la silla a los más apoltronados. El inconveniente es que los jóvenes (independientemente de su estatus social y económico) tienen el problema añadido de tener que dar rienda suelta a unas hormonas (sobre todo las masculinas) que están más revolucionadas que un avispero al que le has dado una patada. Si a esta realidad fisiológica incuestionable enfrontamos unos "maduritos" a los que -salvo Julios Iglesias recalcitrantes- las hormonas ya van de baja, el hecho de que los jóvenes sean revolucionarios y busquen las opciones sexuales más libérrimas viene dado. El problema es que, en la actualidad, la opción política sexualmente más liberadora, no la ofrece la izquierda, sino, paradójicamente, la derecha más extrema y reaccionaria. Mátame camión.

Por un lado reprimía, por otro facilitaba
Por un lado reprimía, por otro facilitaba
Otrora, las opciones de izquierda encontraban en la reclamación de la libertad sexual una forma de oposición a las tendencias más conservadoras y, por tanto, represivas del comportamiento humano, sobre todo en el plano sexual. El ensalzamiento del celibato, de la fidelidad matrimonial, del sexo simplemente por motivos reproductivos, del rechazo a la visión hedonista de la sexualidad, que la sociedad nacionalcatolicista del franquismo introdujo a machamartillo en España, reprimía vía presión social la libre expresión -léase, vertido- de la testosterona juvenil. Sin embargo, al igual que reprimía la sexualidad descontrolada, también proporcionaba un cauce socialmente aceptado, tradicional, en el cual se aliviaban dichos envites testosterónicos; el macho, expulsaba y la mujer, tragaba con lo que viniese...y no solo literalmente.

Feminismo represor de la testosterona
Feminismo represor de la testosterona
Con el paso del tiempo y la Transición, las férreas convenciones morales dejaron paso a un relajamiento de estos cauces tradicionales de solaz, en mor de una libertad sexual y una mayor igualdad social, cosa que ha llevado al crecimiento del feminismo entre la mitad de la sociedad que, antaño callaba y otorgaba por la fuerza o simplemente por el "qué dirán". El problema es que, ahora, las nuevas generaciones -con las mismas necesidades de alivio de la testosterona de siempre- se encuentran que las opciones de izquierda, tanto han promulgado la igualdad y la libertad que, si eres congruente y sigues pies juntillas sus preceptos, en vez de una liberación implican una represión de los bajos instintos de las gónadas de los jóvenes, en beneficio de los derechos y la igualdad sexual de las jóvenes, personificado en el feminismo. Curiosamente, lo que antes lo promocionaba, ahora, justo lo reprime. Mal negocio, dijo la testosterona.

Las gónadas, a favor del Vox que más calienta
Las gónadas, a favor del Vox que más calienta
Por contra, las opciones más conservadoras y represoras, ofrecen el canto de sirena de, al menos, una vía eficaz para ejercer el alivio sexual de los jóvenes heterosexuales... aún a riesgo de conculcar todos y cada uno de los derechos de libertad sexual de las mujeres, claro. Cuando el feminismo se ve como una amenaza a la libre expresión testicular, la tradición más carrinclona y ortodoxa se vuelve la solución... y los jóvenes, que no hacen más que pensar en el sexo (ver Juan de Aragón, el príncipe español muerto a polvos), se tiran a ellas -a las tradiciones, malpensado- con los brazos abiertos. ¡Olé tu!

Las que mandan, mandan
Las que mandan, mandan
En definitiva que, como ya he demostrado fehacientemente en este mismo blog (ver La Hipótesis de la Abuela, cuando menopausia y nietos conspiran contra las mujeres) somos todos y todas unos auténticos peleles en manos de nuestras hormonas, las cuales hacen con nosotros y con nuestra sociedad lo que les da la gana. La próxima vez que tenga dudas sobre qué votar, qué comer, qué ver por la tele (o YouTube, al gusto), qué libro leer, con quien pasar un rato..., en definitiva, sobre qué hacer con su vida, en vez de pensarlo concienzudamente, consúlteselo a sus gónadas que, sin duda, le dirán qué es lo que tiene que hacer.

¡Ah! Y recuerde que, si usted no lo hace, muchos otros sí lo harán.

Así nos luce el pelo.


Ellos no tienen la culpa, sus gónadas, si.
Ellos no tienen la culpa, sus gónadas, si.


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