Can Sumarro, la masía que se convirtió en el corazón cultural de L'Hospitalet

Masía de Can Sumarro
Masía de Can Sumarro
Can Sumarro es una masía histórica situada en la calle de la Riera de l'Escorxador, nº 16, en pleno casco antiguo de L’Hospitalet de Llobregat. Fue construida en 1580 por Montserrat Cerdanya, como lo atestigua el dintel de dovelas de la puerta principal, que constituye un testimonio material de su fundación, a la vez que simboliza, la voluntad de dejar constancia de la identidad de su promotor (recordar que, en aquel momento, Montserrat era nombre masculino). En aquella época, la construcción de una vivienda unifamiliar representaba no solo una necesidad funcional, sino también una declaración social. El edificio, de planta rectangular, tejado a dos aguas con tejas árabes y cumbrera transversal a la fachada, presenta una tipología clásica de la arquitectura popular catalana del siglo XVI. Su organización combina sobriedad formal con funcionalidad y refleja la forma en que las masías se adaptaban a las necesidades de la vida agrícola, manteniendo una coherencia tipológica que las convertía en elementos característicos del paisaje rural de aquel momento. 

"JESUS MA. MONSRAT SERDANYA EN L'AY 1580"
"JESUS MA. MONSRAT SERDANYA EN L'AY 1580"
Durante siglos, la masía estuvo vinculada a la nobleza local, primero al Marquesado de Castellbell (ver El Palau Falguera, la emblemática maravilla arquitectónica del Baix Llobregat), que desempeñó un papel fundamental en la configuración del territorio y la gestión de las tierras, y posteriormente a la familia Prats, que residió allí durante generaciones y consolidó su presencia como un linaje influyente dentro de la sociedad hospitalense. Algunos miembros de esta familia ocuparon cargos municipales de responsabilidad, lo que refuerza la dimensión simbólica de la masía como espacio de poder y representación, y que demuestra cómo las casas señoriales se convirtieron en centros de toma de decisiones y prestigio dentro de la vida local. El Dr. Santiago Prats i Comas, último propietario de la finca, decidió donarla al Ayuntamiento con la condición de que se utilizara con fines culturales o de asistencia social, un gesto que marcó un punto de inflexión en la historia del edificio y aseguró su continuidad como espacio de servicio público, transformando su función original en una nueva dimensión social y comunitaria.

Los establos, reconvertidos en biblioteca infantil
Los establos, reconvertidos en biblioteca infantil
En 1979, bajo la dirección del Departamento de Cultura, encabezado por Paco Candel, el edificio fue renovado con el objetivo de convertirlo en biblioteca pública. Este proyecto fue liderado por los arquitectos Martorell, Bohigas y Mackay, figuras de gran relevancia en la arquitectura catalana contemporánea, quienes supieron adaptar el edificio histórico a las necesidades modernas sin distorsionar su identidad patrimonial. La intervención culminó con la inauguración de la Biblioteca Can Sumarro el 23 de abril de 1983, fecha simbólica vinculada a la celebración de Sant Jordi (ver San Jorge, el héroe cristiano venerado por el Islam) que refuerza, aún más si cabe, la dimensión cultural y literaria del espacio. La biblioteca -convertida durante un tiempo en la biblioteca central de la ciudad- ocupa el edificio principal y el antiguo establo, que fue adaptado como espacio infantil. Ello mostraba el deseo de dotar al centro de una funcionalidad diversa y capacidad para acoger a diferentes públicos, desde adultos hasta los más pequeños, y que, al mismo tiempo, refuerza la idea de la biblioteca como espacio de convivencia y transmisión cultural.

Can Sumarro y sus jardines
Can Sumarro y sus jardines
El entorno de la masía conserva parte del jardín original, con vestigios agrícolas y especies mediterráneas que aportan una dimensión paisajística coherente con su historia y mantienen viva la memoria de su pasado rural. La presencia de estos elementos, aunque hoy se encuentren rodeados de un entorno urbano, refuerza la dimensión patrimonial de Can Sumarro y ofrece una lectura histórica que trasciende su estricta arquitectura. De este modo, la masía se integra en un contexto más amplio de vida rural y comunitaria, progresivamente absorbido por la ciudad moderna.

Antiguos festejadores conservados en Can Sumarro
Antiguos festejadores conservados en Can Sumarro
Can Sumarro es Bien Cultural de Interés Nacional desde 1975, un reconocimiento que garantiza -al menos a priori, ver El Castell de Bellvís, el castillo románico escondido en medio de la Torrassa- su protección legal y subraya su importancia patrimonial en el conjunto del país, así como la necesidad de preservarlo como símbolo de la memoria rural y urbana de L’Hospitalet. Su integración en el tejido cultural de la ciudad, como espacio para la lectura, el encuentro y la vivencia del patrimonio, demuestra la capacidad del edificio para adaptarse a nuevas funciones y seguir ejerciendo una influencia significativa en la sociedad. Una situación que refuerza la idea de que el patrimonio arquitectónico no es solo un vestigio del pasado, sino también un recurso para la construcción de la identidad colectiva y para el fortalecimiento de la cohesión social. 

Can Sumarro en 1967
Can Sumarro en 1967
Su trayectoria, desde su construcción como casa de campo en el siglo XVI hasta su transformación en biblioteca pública en el siglo XX, constituye un ejemplo paradigmático de la complejidad del patrimonio. Un patrimonio que combina la dimensión material con la simbólica y que muestra cómo los edificios pueden trascender su función original para convertirse en espacios de memoria y cultura, al tiempo que ejercen una función social y educativa de gran relevancia dentro de la comunidad que los acoge.

Antigua puerta de acceso de carros a la masía
Antigua puerta de acceso de carros a la masía

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