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lunes, abril 04, 2005

La Iglesia, de los ricos. Dios, de los pobres.

Si algo he podido comprobar fehacientemente ha sido el hecho de que la gran mayoría de pobres o de clase trabajadora no quiere saber absolutamente nada de la Iglesia (católica o no), ni su liturgia ni de sus representantes y, sin embargo, el ateísmo no está extendido más que en círculos reducidos -normalmente intelectuales- o radicales; Dios, al contrario de lo que pudiera parecer, está presente de forma reiterada en la vida de la gente de clase baja. ¿A que se puede deber esta paradoja?

La Iglesia siempre ha arrimado el ascua a su sardina, es decir, ha tenido una especial atracción hacia los poderosos, tanto por las posibilidades de obtener beneficios materiales del "pupilaje" de sus pecaminosas almas, como por el hecho de poder mantener una cuota de poder político y social dentro de los países en que está institucionalizado. Y esto, en el pueblo bajo -que no es tonto- ha llegado fondo y reniega de este interés terrenal que la Iglesia promueve con tanto ahínco.

La Iglesia adoptó el papel de interlocutor de Dios y nadie puede saltarse el conducto reglamentario. Quien habla con Dios, independientemente de la Iglesia, está cometiendo fraude... al menos por principio. Múltiples son los casos de milagros, estigmas y demás avistamientos que sin mayor estudio son refutados por ella. Vale que en la mayoría de veces, no dejan más que ser fraudes, pero ¿alguien puede demostrar que los "milagros oficiales" no lo sean igualmente?. Evidentemente la Iglesia no está interesada en que se estudien seriamente según qué autos de fe que provocarían un cisma dentro de la cristiandad, es decir, dentro de su parcela de poder.

La Iglesia se ha autoproclamado portavoz de Dios, acercándose a los poderosos y a los bienes terrenales mas promiscuos, dejando para los pobres la fe, la oración y el sacrificio (ver Cayetano Ripoll, el catalán que fue la última víctima de la Inquisición). Para unos el lado ancho del embudo, para los otros el estrecho: eso no es la justicia que Jesús predicó.

El pobre cree en los preceptos de Jesús (Dios) y que les proporciona la Iglesia, pero no cree en la banalidad material en que viven los "mandos intermedios", los cuales prefieren estar más cerca de la mano que les da de comer que de seguir aquellos preceptos que Dios puso en boca de Jesús. El rico, siempre estará de parte de la Iglesia, ya que trabajará para salvar su alma y tiene un poder terrenal innegable. El pobre, solo tiene a Dios en su interior como ayuda en su desgracia, no en su capilla privada; el rico prefiere seguir el conducto reglamentario, tiene mas a ganar (por eso es rico).

Y después alguno se rasga las vestiduras por el ascenso del Islam respecto el cristianismo: El Islam, que no tiene iglesia, es una religión de gente pobre en países pobres mientras que el cristianismo crece en los países ricos y entre gente rica.

Aunque me quedo con lo que aprendió mi abuelo en las trincheras del frente del Ebro: "Tú, fíate de los santos, y no corras... que verás".

Amén.

Por el interés, te quiero Andrés.

1 comentario:

laceci dijo...

De acuerdo contigo. Te añadí a mis hordas de links, entre ellos alguno rojillo y ateo...
(Te sentirás como en casa...)

Un saludo