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miércoles, septiembre 25, 2013

El quelea, el pajarito al que teme el hombre

Bandada de queleas
Imagínese que está de safari por Zimbabwe, como un rey de España cualquiera. Apunte al primer pájaro que vea y dispárele. Si lo ha derribado y no ha hecho algo de lo que se debiera arrepentir, tengo la absoluta certeza del pájaro que ha cazado: un quelea de pico rojo. Tranquilo, no se trata de ningún truco de mentalismo, sino simple estadística. No en vano los queleas de pico rojo son las aves más abundantes del mundo...y una auténtica plaga en muchas partes de África.

Macho de quelea en época de celo
El Quelea de Pico Rojo (Quelea quelea) es un pájaro de la familia de los tejedores muy similar, tanto en tamaño como en apariencia, a nuestro más conocido jilguero. Hace sobre unos 12 cm de largo y tiene un peso de entre 15 y 20 gms, vive en bandadas de centenares de miles de individuos que emigran anualmente dentro de África, se alimenta de semillas -más de 18 gm al día- y (su gran problema) se estima que superan ampliamente los 1500 millones de individuos. ¿Le parecen muchos? Pues hay fuentes que dan la friolera de 10.000 millones de queleas de pico rojo en el mundo. ¡Ahí es nada!

Área de distribución
En estas circunstancias, podrá imaginar lo que puede ser que una bandada de estos gráciles pajaritos se pare a comer en un campo de trigo o de arroz... las plagas de langostas, a su lado, son una auténtica broma. La gente del África por debajo del Sahara (a excepción de la zona de selva húmeda ecuatorial y de la punta sur de Sudáfrica) los conocen perfectamente y los temen profundamente, utilizando cualquier medio para acabar con ellos. Sin embargo, no siempre fueron una plaga tan importante.

Auténtica nube de queleas
Los queleas de pico rojo, si bien siempre han sido muy numerosos debido a sus hábitos sociales, tenían una población estable en las zonas de sabanas. Ello era debido a que su principal fuente de alimento eran las semillas que se producen por el crecimiento de las grandes llanuras herbáceas de buena parte del continente africano. Tenían recursos alimentarios muy extensos, pero limitados, lo cual junto a los depredadores de todo tipo que tienen mantenían estable su población.

Macho y hembra
No obstante, a partir de mitad de siglo XX, un espectacular desarrollo de la agricultura cerealista intensiva en África, hizo que estos pequeños pajaritos se encontraran de bruces con una disposición de rico alimento inimaginable hasta entonces. Los sembrados de mijo, sorgo, arroz y trigo pasaron a ser auténticos "buffets libres" para los queleas y ello disparó sus poblaciones de forma espeluznante, llegándolas a multiplicar por 100 en los años 70. La alegría de los agricultores al escuchar el trino de estas lindas avecillas se la pueden imaginar.

Nadie se libra de sus molestias
Desde los años 50 y 60 en que se empezó a luchar contra los queleas de pico rojo, se ha utilizado todo lo imaginable. Partiendo de la base que, ante una nube de millones de pájaros comiendo al unísono, no hay nada que hacer, se ha utilizado desde espantapájaros, a repelentes sonoros, plaguicidas, lanzallamas y, dada la costumbre de pasar la noche en árboles, hasta de explosivos. A pesar de los millones de bajas producidas, la población no ha bajado en absoluto, lo que lleva a la desesperación a los agricultores ya que si bien afectan a grandes explotaciones, los más afectados son los pequeños productores que cultivan pequeñas extensiones para autoconsumo. Para más inri, sus depredadores naturales no dan abasto a comérselos. Un desastre, vamos.
 
Es similar al jilguero
Y no es para menos: en 2001, en Tanzania, un campo de 700 hectáreas (7 km2) de trigo experimentó el 100% de pérdida de la cosecha, pero fueron infinidad los que perdieron entre el 60 y el 80%. Estos daños han sido estimados por la FAO en más de 45 millones de dólares al año, resultando comprensible entonces que se busquen formas de erradicar esta plaga aunque sea desarrollando productos químicos específicos para acabar con los queleas de pico rojo, tales como el Queletox, o incluso que se propongan como fuente de alimentación barata para la población africana. Como diría aquel, "lo que sea, oiga, lo que sea".

En conclusión, los queleas de pico rojo han demostrado ser una especie de éxito que ha sabido aprovecharse de los cambios que el hombre ha hecho en su medio ambiente natural. Lo que normalmente produce una eliminación de la vida salvaje -la actividad humana-, en este caso la ha promocionado hasta niveles inauditos, lo que ha acabado por afectar al propio hombre gravemente. 

Esta vez, no ha sido el hombre el más listo. La naturaleza siempre tiene las de vencer.

Siempre.
  
Una plaga de millones de individuos por bandada

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