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lunes, noviembre 23, 2015

El Santo Prepucio de Jesús, una reliquia divina muy terrenal

Circuncisión de Jesús
Para la humanidad, el tener un recuerdo de alguien famoso siempre ha sido algo especialmente valorado, y por lo que se han llegado a pagar auténticas millonadas. Un traje de Elvis Presley, el vestido de Marilyn Monroe o las pelucas de Andy Warhol, han sido todo ellos artículos de auténtica devoción -y, no olvidemos, de negocio- para sus seguidores. Hace siglos esta chaladura por los recuerdos de los famosos, también existía, pero con la particularidad de que cambiaba el tipo de famoso ya que, si bien hoy cualquier pelagatos puede ser conocido por la tele, en su momento no era tan fácil, trascendiendo, sobre todo, las "gestas" de los santos. Esta inusitada devoción por un santo por parte de sus fans hizo que, desde el principio del cristianismo, cualquier objeto que hubiese tocado, vestido o, incluso, partes de su cuerpo, se consideraran reliquias que todo el mundo quería admirar, tocar o poseer. Pero claro... una cosa es tener una astilla de la Vera Cruz, la Sábana Santa o el cuerpo incorrupto de Santa Bernardita, y otra mucho más gore descuartizar al santo de turno cual pollo para el puchero y guardar su corazón o su sangre. No obstante, entre todas las reliquias morbosas de santos y santas que han existido por toda la cristiandad, había una que se llevaba la palma: el Santo Prepucio de Jesús. Lo más gracioso del asunto es que hubieron hasta...¡14 santos prepucios! dando vueltas por las iglesias. Ahí es nada.

Mártir cristiano
La historia de la veneración de reliquias de santos se remonta a los primeros siglos de la Iglesia. En este tiempo, los nuevos fieles rendían homenaje a los primeros mártires del cristianismo, a los cuales consideraban santos por haber dado su vida por la fe. Por esta cuestión, se erigían iglesias en el sitio donde se sabía -o creía- que se encontraban los restos de los santos y se convertían en centros de peregrinación que atraía a la cada vez más extendida comunidad cristiana. No obstante, la devoción por los santos, no se circunscribía al hecho de poder ver o tocar la tumba del santo de turno para así poder absorber parte de su virtud, sino que en el momento de morir, el hecho de poder ser enterrado a su lado era todo un lujo, porque se aseguraba la entrada -por enchufe, claro- al reino de los cielos.

Cementerio paleocristiano de Tarragona
La Iglesia, que no es tonta, se dio cuenta de que los ricos pagaban lo que no estaba escrito por poder enterrarse cuanto más cerca del santo (enterramiento ad sanctos, que se dice), por lo que vieron que tener una reliquia marcaba la diferencia entre tener cuatro fieles "cotizantes" y una auténtica masa enfervorizada de feligreses dispuestos a abrir los bolsillos por la comunidad. En un momento en que el Imperio Romano estaba dando sus últimos estertores, tener dinero -o no- era tener -o no- un importante peso político en la comunidad. La carrera entre las diferentes comunidades por conseguir cualquier tipo de reliquia había dado el pistoletazo de salida.

Lo que sea, oiga,lo que sea
Huesos, brazos, ropas, enseres, momias, dedos, sangre, astillas... todo era válido para atraer a cuantos más fieles mejor, y si era capaz de hacer milagros, miel sobre hojuelas. En estas circunstancias, una de las reliquias más curiosas era el llamado Santo Prepucio de Jesucristo.Y es que hemos de contar que Jesús, en sí, no era cristiano, sino judío, por lo que como buen judío, tenía que seguir todos los preceptos que envuelven la fe hebraica. 

Según la costumbre judía, los niños se han de circuncidar pasados 8 días de su nacimiento, ya que la circuncisión es un rito iniciático que tiene la finalidad de incorporar al recién nacido a la comunidad judía. En este caso, Jesús, al formar parte del judaísmo, fue circuncidado y según cuentan algunos evangelios apócrifos, la matrona de María le dio el trocito de pellejo a su hijo, que era perfumista, para que lo metiera en una jarra de alabastro junto con aceite de nardos, para conservarlo. La verdad es que cada uno explicaba una historia diferente.

Catacumbas de Domitila (Roma)
A partir de aquí, el prepucio de Jesús comienza tantas vicisitudes como iglesias dicen poseer la tan preciada reliquia, pasando primero por manos de Carlomagno, por Enrique V, por el papa Inocencio III y estando ubicuo (a la vez, vamos) en iglesias de Roma, Francia, Bélgica, en Tierra Santa e incluso en Santiago de Compostela. Sin embargo, el prepucio de marras, a parte del lógico problema de asegurar su pertenencia (que se arreglaba con la confirmación en sueños de alguna santa), producía un serio problema teológico porque, si era carne de Jesucristo... ¿qué hacia en tierra si su propietario había ascendido a los cielos? ¿No era divino entonces? ¿Resucitó a medias?

Hasta 14 prepucios rondaron
Tal era el follón que implicaba semejante reliquia -de la cual se cuenta que habían hasta 14 "originales"- que incluso en el siglo XVII, tras el descubrimiento de los anillos de Saturno, hubo quien dijo que cuando Jesús ascendió al cielo, lo hizo también su prepucio, dando origen a los anillos de este planeta. La Iglesia, ante el cariz que tenía la polémica por el pellejillo divino, decidió que los trozos de Jesús (pelo, prepucio, uñas...) eran prescindibles de la divinidad, por lo que empezó a reprender el culto al Santo Prepucio y en 1900 directamente lo prohibió, amenazando de excomunión al que lo siguiera.

Calcata (Italia)
Progresivamente las reliquias del Santo Prepucio fueron desapareciendo hasta que en 1984 desapareció de la iglesia de Calcata (Italia) la última reliquia de la circuncisión de Cristo que se veneraba. Se echó la culpa a ladrones que robaron el relicario por sus piedras preciosas, pero malas lenguas señalan a la propia Iglesia como responsable de su desaparición para erradicar un culto que más que culto era una simple superchería. Y es que una cosa es tener astillas de la cruz en la que se crucificó a Cristo -aunque todas juntas sumen como para hacer un bosque de cruces- a tener un trozo de Cristo que más que confirmar su divinidad, justamente confirmaba lo contrario.

En definitiva, que las reliquias, si bien los "fans" de tal iglesia o santo las tratan con veneración en tanto que son representaciones de su ídolo (exactamente igual que los fans de los Beatles hacen con los suyos), la Iglesia las trata como lo que realmente son: una simple forma de atraer a la gente -y a su dinero- hacia su órbita. Poco importa que en su momento Jesucristo condenara la idolatría y que predicara la humildad y la pobreza, que los que siguieron su culto y supuestamente tendrían que haber seguido su ejemplo hicieron caso omiso. Bien al contrario se dedicaron a seguir al único ídolo que ha sido capaz de unir a la humanidad al margen de religiones y credos: el vil metal.

...y esa reliquia sí que atrae a la gente, y no el prepucio momificado de Nuestro Señor.
 
El Santo Prepucio, rodeando a Saturno

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