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jueves, mayo 19, 2016

La forma romana de castigar a los malos políticos: la Damnatio Memoriae

Condena de la memoria
Tras la muerte de Franco, las ganas de limpiar el agrio recuerdo de 40 años de dictadura hizo que los ayuntamientos se apresuraran a borrar todos los vestigios que de esa ignominiosa etapa de la historia quedaban por las calles. Estatuas de Franco, monumentos alegóricos al régimen, nombres de calles dedicadas a héroes franquistas... con mayor o menor rapidez y determinación según la simpatía o la antipatía popular con el personaje, acabaron por desaparecer del día a día de las ciudades. No obstante, esta situación no fue ni mucho menos nueva, ya que cuando el franquismo accedió al poder tras la Guerra Civil, hizo exactamente lo mismo con los símbolos de la Segunda República y ésta, a su vez, hizo lo propio con los símbolos monárquicos de Alfonso XIII, en una cadena de quitar y poner que se remonta hasta... ¡los romanos!. Y es que, aunque nos parezca lo contrario, en 2.000 años no hemos avanzado tanto, ya que los romanos institucionalizaron el borrado sistemático de toda la iconografía y memoria de los personajes especialmente deleznables de la sociedad. Es lo que se ha dado a llamar condena de la memoria o “Damnatio Memoriae”.

¿Dónde estaba Domiciano?
Cuando en el 211 d.C. el emperador Septimio Severo murió, dejó que sus dos hijos Geta y Caracalla llevaran el cetro imperial romano al alimón. Sin embargo, eso de tener que repartirse un imperio con alguien, por mucho que sea tu “tete”, es algo que no llevaban demasiado bien ni el uno ni el otro. En esta situación, previendo que Geta le levantara la camisa -y Roma-, Caracalla, aprovechando una reunión familiar con su madre, decidió quitárselo de en medio con una sobredosis de hierro suministrada por centuriones romanos. 

De esta forma, Caracalla pasaba a ser el único emperador de Roma tan ricamente. No obstante, el “amor” para con su hermano era tan fuerte (ejem) que, no solo se lo cargó físicamente, sino que promulgó un edicto oficial de “damnatio memoriae” según el cual se haría desaparecer el nombre y la efigie de Geta allí donde existiese la más mínima mención a su persona. ¡Y vaya si lo hizo!

Caracalla, sus padres...¿y?
Así las cosas, Geta empezó a desaparecer de todos los sitios de donde había estado hasta entonces. Monumentos, estatuas, documentos, pinturas, medallas... dejaron de mostrar la efigie del “hermanísimo” tras ser raspadas sus caras o borrados sus nombres (abolitio nominis). Incluso se llegaron a retirar monedas de la circulación porque llevaban el nombre o el perfil del difunto hermano de Caracalla, en un paroxismo de borrado de memoria que ha hecho que muy pocas imágenes inequívocamente de Geta hayan llegado hasta la actualidad. Por suerte, por mucho que se apliquen en una faena, resulta imposible ser tan sistemático como para hacer desaparecer todo rastro posible, por que si no, es posible que a estas alturas no supiéramos ni de la existencia de este personaje.

Eliminando a Saddam Hussein
Este es un ejemplo de la aplicación de la Damnatio Memoriae, que si bien es extremo y bastante cargado de mala leche, sirve para ejemplificar lo que significaba en el seno de la sociedad romana. Ahora bien, aunque este castigo oficial -de origen helenístico- ya se producía desde los primeros tiempos del Imperio, la finalidad no era tanto la de eliminar todo atisbo de memoria de los adversarios políticos vencidos, como la de eliminar la memoria de todo aquel que, por una causa u otra, resultaban de especial mal recuerdo para la sociedad del momento.

Traidores, corruptos y otros “chupópteros” enganchados cual garrapatas a la Res Pública, al morir (acostumbraba a aplicarse, sobre todo a los emperadores y altos cargos que habían salido “rana”) y tras la condena explícita del Senado romano, desaparecían del imaginario público para siempre -se llegaban a retrabajar estatuas para darles una nueva cara.

Retirada de la estatua de Jordi Pujol
De esta forma, con esta condena ejemplar se castigaba un proceder ilícito de un gobernante que atentaba directamente contra los principios de la sociedad romana del momento. Aunque, claro, si bien la idea primigenia era muy loable, no dejaba de ser una herramienta para los nuevos gobernantes, los cuales corrompían la ley y la utilizaban para eliminar la memoria de cualquier opositor o adversario, como le pasó a Geta con su hermano Caracalla.

El martillo borrador en acción
Emperadores como Calígula, Nerón, Domiciano, Cómodo, Heliogábalo... de esta manera sufrieron los efectos de la damnatio memoriae, en una práctica que, sin muchas diferencias se ha mantenido constante durante la historia posterior (ver El macabro juicio a un papa muerto... y presente) y hasta el mismo día de hoy. Día de hoy en que las leyes de Memoria Histórica siguen poniendo en el punto de mira del martillo borrador la iconografía pública de los personajes más detestables de la historia reciente de la Humanidad.


Damnatio Memoriae, la forma de castigar a los malos gobernantes

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1 comentario:

jose antonio Garcia dijo...

Visitando los museos que exponen las cosas de la Roma antigua, he observado: Las estatuas de emperadores, tribunos, generales y otros cargos políticos casi todas tienen la postura del cuerpo que sigue el patrón de no mas de cuatro modelos. Los torsos tienen las mismas formas y solo cambian las corazas, toga,... en las monos llevan espadas, rollos de papiro o lo que corresponda a su dignidad.... Lo que más me llama la atención es que las cabezas en muchos casos no son de la misma pieza de mármol, parece como si fueran de quita y pon. Todo lo expuesto me hace pensar que los talladores trabajaban en"cadena" y que posiblemente había algunos especializados en parte concretas de la talla. Que la cabeza fuera por separado me hace pensar en "rey muerto rey puesto" en este caso " saco cabeza pongo cabeza " . Sabiendo lo practico que eran los romanos cuando había un cambio en el poder solo tenían que cambiar la cabeza de la estatua y en caso de la " damnatio memoriae" era rápido, poco costoso y hasta respetuoso con el medio ambiente gracias a la reutilización . ¿Estoy en lo cierto?.