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Hoy, cuento: El autobús

Hoy, día 2 de abril del Año del Confinamiento de 2020, es el 215 aniversario del nacimiento de Hans Christian Andersen, el famoso escritor de cuentos infantiles danés, siendo por ello que hoy se ha declarado el Día Internacional del Libro Infantil. Sea como sea que, según los críticos, sus cuentos, de inocentes tenían poco, hoy le hago mi pequeño homenaje a tan ilustre colega de profesión publicando en Memento Mori! un cuento de los míos. Un cuento que, aún siendo para todos los públicos, seguro que os hará pensar con su moraleja, tal y como hacen los cuentos de Andersen. 
Espero que os guste.

Ya era tarde. Había acabado mi jornada laboral bastante más tarde de lo habitual y no estaba de muy buen humor. Una tarde demasiado densa y un dolor de cabeza intenso, no contribuían demasiado a poder extraer unas pocas sonrisas con las que adornar mi medio ambiente. Para postre, tenía que tomar el autobús que me retornara a casa, el cual daba una vuelta terriblemente larga para alcanzar mi tam…

El chef les recomienda...

Realmente, viendo cualquier telediario estos días, si no le da a uno un parraque es porque ya tiene mucho entrenamiento, porque si no es por los judios, es por Irak, o por el nuevo tsunami, o por Afganistán, o por los refugiados… total, que uno comienza a estar saturado de tanta imbecilidad humana por todos lados y se cansa de repetir siempre lo mismo. Al final ya llega uno a pensar que si la humanidad se va a la mierda, que se joda, que se lo tendrá merecido. Y no es para menos.

Sin embargo, leyendo el periódico me ha llamado la atención un artículo en que informaban que los astronautas chinos van a alimentarse de gusanos de seda en el espacio porque son muy ricos en proteínas, ocupan poco, crecen rápido y no generan casi residuos. Toma castaña. Ya no se van a llevar los caros complejos proteínicos que se llevan los occidentales tras décadas de investigación, sino que se van a llevar sencillamente una cajita con sus gusanitos de seda y sus hojas de morera y se van a poner como el quico. Sólo a los chinos se les podía haber ocurrido.

Esto es un ejemplo más de la verdadera idiosincrasia china, que el maoísmo había ocultado durante décadas. Tradición y métodos de una sencillez extrema se combinan con la más alta tecnología para conseguir resultados espectaculares. No resulta extraño comprobar cómo la China sube puestos en la economía mundial como quien sube en ascensor. Ya son los cuartos, y sus rascacielos se levantan con andamios hechos con bambú atado.

Vayan reservando plaza en una escuela de chino, que les hará falta. No lo duden.


¡Mmm!¡Qué apetitosa ensalada china!

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