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Mimosa sensitiva, una mimosa muy recatada.

Mimosa sensitiva.
Mimosa sensitiva.
Quien más o quién menos, hemos podido ver plantas que cierran las flores por la noche, que siguen la luz solar u otras, como las carnívoras, que se cierran para atrapar sus complementos vitamínicos con patas (ver La rosa leñosa, la irresistible fragancia de la flor que huele a sudor). Sin embargo...¿conoce una planta a la cual, cuando usted la toque se pliegue toda? aunque le parezca imposible, ella existe y se llama Mimosa Sensitiva.

La mimosa sensitiva (Mimosa pudica) es una planta rastrera perenne no muy diferente a las mimosas arbóreas de flores amarillas que se cultivan en los jardines mediterráneos, ya que pertenecen como ellas, a la familia de las leguminosas. Es justamente, al tener estos hábitos terrestres que la mimosa sensitiva ha desarrollado el curioso método de, para salvarse de los herbívoros, al más mínimo roce plegar todas sus hojas y encoger las ramitas para ocupar el mínimo espacio, volviendo a su posición inicial a los pocos minutos. Si no sabes de qué va la cosa, las primeras veces te puedes llevar un sustillo.

Reaccionando al tacto.
Reaccionando al tacto.
Esta peculiar mimosa, que no levanta más de un metro del suelo y es originaria de Brasil, está cubierta de pequeños ganchos -al estilo de las rosas- que le ayudan a engancharse al resto de la vegetación y, lo que es más importante para ella, le son un eficaz método defensivo. Estas espinas y su capacidad de retraerse al menor contacto, hacen que, cuando una vaca o cualquier herbívoro intentan acercarse a la mata, la mimosa contraiga todo el follaje dejando en primer plano todas sus aguzadas defensas. El animal, por tanto, queda sorprendido ya que la jugosa mata ha pasado, de golpe, a ser un zarzal indigesto.

Flores de Sensitiva
Flores de Sensitiva
Es tal el éxito de esta especie, que en algunas partes de su Brasil natal se la haya considerado como una auténtica plaga, ya que con sus zarcillos se van haciendo las dueñas del sitio donde se encuentra, volviéndolo prácticamente impenetrable (ver El bocage, cuando la verde campiña se vuelve inexpugnable). Además, esta curiosa planta saca unas bonitas flores rosáceas-violetas, que no difieren mucho de las de sus primas mayores las acacias de Constantinopla o las mimosas, si no fuera porque de esta flor al fructificar, salen unos racimos de pequeñas habas de un par de centímetros de largo literalmente forradas de pequeños ganchos que hacen que se aferre a todo aquello que se mueva. Al secarse, la vaina se abre y dejan caer tres o cuatro lentejillas que germinan con solo mirarlas.

Manojito de semillas
Manojito de semillas
Hace unos cuantos años, esta especie era una auténtica rareza en nuestro país, pero de un tiempo a esta parte, con la globalización (ver Una carretilla, una alcachofera y un anuncio de espárragos desconcertante), se puede ver con cierta regularidad en los viveros y garden center. Les recomiendo que adquieran alguna, no cuestan mucho y son de vida breve (viven mal en estas latitudes), pero la sensación de tener una planta tan peculiar durante una temporada es de las que vale la pena. Eso sí, aprenda bien cómo es esta planta, porque como le guste...¡se pasará todo el día tocando las hojas de las mimosas normales para ver si alguna se cierra!

Se lo digo por experiencia.

Mimosa sensitiva, una planta muy curiosa
Mimosa sensitiva, una planta muy curiosa

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