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El Samontà y la Marina, el desconocido origen del alma de L'Hospitalet

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Los misteriosos cuernos que habrían asesinado al alcalde Just Oliveras

Rambla Just Oliveras
Rambla Just Oliveras
La Rambla Just Oliveras es, por si no la conoce, una de las vías más bulliciosas y populares de la ciudad de L'Hospitalet. No obstante, y si bien este bulevar arbolado es reconocido en todo el área metropolitana de Barcelona, lo que no es tan conocido -incluso para los mismos hospitalenses- es quién era el tal Just Oliveras. Para su información, Just Oliveras fue un propietario, empresario y alcalde de Hospitalet del primer tercio del s.XX, que, entre otras "virtudes", tuvo la de tenerse que comer el marrón de oponerse a la expansión de Barcelona a costa del territorio hospitalense (ver Finestrelles, las 53 hectáreas de Hospitalet cercenadas por un conde). Hasta aquí no dejaría de ser uno más entre tantos que ha habido en la ciudad si no fuera porque murió tiroteado en 1938, junto a su cuñada, en unas circunstancias muy extrañas. La versión oficial dice que fue asesinado en su casa por un trabajador descontento pero las malas lenguas apuntan a que, detrás de aquel homicidio, lo que hubo en realidad fueron unos "cuernos" más grandes que la feria del árbol. Acompáñeme, que le explicaré con más detalle este auténtico chafarderío histórico.

Just Oliveras i Prats
Just Oliveras i Prats
Just Oliveras i Prats (1887-1938) perteneciente a una de las familias más pudientes de la ciudad y emparentado de forma más o menos cercana con Rossend Arús (ver Los símbolos masónicos de la fachada del ayuntamiento de L'Hospitalet) fue un político local que, afiliado a la Lliga Regionalista (catalanistas conservadores) alcanzó la alcaldía por tres veces entre 1916 y 1931. Puesto político que le permitió mantener sus terrenos -la Rambla de Hospitalet se creó en tierras de su propiedad-, el floreciente negocio de cereales de su padre y, a la vez, crear en 1921 la empresa de autobuses Oliveras que, dedicada al transporte urbano e interurbano, ha llegado hasta la actualidad. No obstante, el estallido de la Guerra Civil en 1936 iba a cambiarlo todo.

Autobús Oliveras (1989)
Autobús Oliveras (1989)
Los convulsos tiempos de guerra llevaron a la colectivización de una gran cantidad de empresas de L'Hospitalet durante 1937 (ver La explosión de Cosme Toda, la fortuna que evitó la destrucción de L'Hospitalet), entre ellas la de autobuses Oliveras. Sin embargo, y a pesar de que, debido a su pertenencia a las capas de la sociedad más pudientes y burguesas, tenía la animadversión de los elementos más radicales de la izquierda revolucionaria, Just Oliveras no emprendió el camino del exilio como habían hecho otros tantos, sino que se quedó en Hospitalet y acabó siendo un trabajador más de su propia empresa. 

Ca n'Oliveras
Ca n'Oliveras
La familia Oliveras, que vivía en la casa que hay en la calle Enric Prat de la Riba esquina con Riera de la Creu, la formaban, aparte del mismo Just Oliveras, su mujer Josefa Durbán Casas, la hermana de Josefa -la cuñada, vamos- Antonia Durbán Casas y una ahijada del matrimonio, Ángela Casas Sabaté, prima de las hermanas. La casa, de estilo noucentista y levantada entre el 1928 y 1930, era, a su vez, la oficina de la empresa de autobuses, los cuales se aparcaban en la nave ubicada detrás de la casa y que, hoy en día, ocupa una librería Abacus. Habría sido justamente en los bajos de Can Oliveras donde habría ocurrido el asesinato del ex-alcalde.

Declaración de la ahijada
Declaración de la ahijada
Según testimonio de la ahijada prestado en 1941 con motivo de la Causa General franquista contra los republicanos, ella misma abrió la puerta a un desconocido vestido con chaqueta de piel, cara medio tapada y con un arma escondida que preguntó por Just Oliveras. Cuando éste salió, el individuo desconocido sacó la pistola, y aunque Oliveras intentó escapar, cayó muerto alcanzado por los disparos. La cuñada, tras ver el asesinato, espetó un "Virgen Santísima" y el pistolero, temiendo ser reconocido, le disparó también, huyendo acto seguido. La joven, que en el momento del tiroteo tenía 21 años, declaró que no reconoció al agresor ya que iba con la cara tapada. La investigación posterior atribuyó el atentado a un cobrador de autobuses descontento con Oliveras que se marchó al frente justo después de los hechos y que desapareció en él. Esta circunstancia pareció consistente, y se dio el caso por cerrado... al menos oficialmente, ya que, a nivel de calle, el asunto tenía mucha más tela que cortar.

Quico Sabaté
Quico Sabaté
Las conjeturas por tan extraña muerte y los antecedentes revolucionarios habidos en L'Hospitalet en aquellos caóticos días, llevaron a que corriera el bulo de que el guerrillero anarquista hospitalense Quico Sabaté (ver El Coro, el edificio donde la Historia está en extinción) había sido quien había acabado en realidad con la vida de Just Oliveras. Sin embargo, aunque algunos autores defendieron esta tesis, aún hubo otra que cuadraría mejor con lo sucedido: el crimen pasional.

Una gran cornamenta
Una gran cornamenta
Como he comentado antes, la familia Oliveras la componía el matrimonio, la cuñada y la ahijada, y vivían todos bajo el mismo techo. La cuñada era la encargada del comercio que tenían en el edificio y, según cuentan los mentideros del pueblo (recordar que en aquel entonces el barrio del Centre tenía entre 7.000 y 9.000 habitantes lo que significa que "radio patio" funcionaba a toda castaña), Antonia Durbán mantenía un "affaire" amoroso con Just Oliveras, a escondidas -obviamente- de su mujer. Según esta teoría, Josefa, la mujer, de alguna manera se habría enterado de la infidelidad de su marido con su propia hermana por lo que, sintiéndose con más cuernos que un rebaño de renos, los celos la habrían llevado a maquinar un plan para acabar con ellos.

Esquela de Josefa Durbán
Esquela de Josefa Durbán
Así las cosas, en un momento en que sabía que ambos estarían juntos, la despechada mujer haría acto de presencia en la casa disfrazada y armada, y habría descerrajado a tiros a la pareja de amantes, haciendo "justicia" ante semejante afrenta sentimental. La caótica situación del momento, en plena Guerra Civil, habría ayudado a escapar de rositas a la ejecutora del crimen.

Evidentemente, y hasta el momento, no hay ninguna constancia documental de esta hipótesis (al igual que no la hay de ninguna otra), pero el hecho de que el pistolero fuera tan determinado a dar caza a Justo Oliveras y Antonia Durbán cuando la ahijada salió indemne pese a ser testigo presencial igual que la cuñada, significa que el agresor tenía muy claro a por quién iba y no tenía nada contra la joven. Josefa, de la cual no se sabe dónde estaba en el momento de los crímenes, se mostró terriblemente afectada por la pérdida de su marido y hermana, pesadumbre que arrastró hasta el 3 de junio de 1941 momento en que murió.

Conocida vida, enigmática muerte
Conocida vida, enigmática muerte
Sea como sea, y ya fuera la aflicción por dolor sincero o por simple remordimiento, Ángela Casas hizo la declaración meses después de que Josefa Durbán muriese, por lo que, si había alguna posibilidad de interrogarla y de incriminarla por las muertes, desaparecieron; aunque siempre quedará la duda de saber si la ahijada, en tanto que testigo, sabía más de lo que declaró. Por si fuera poca sospecha, el crimen no fue denunciado a las autoridades en su momento, lo que añade más oscuros que claros sobre la versión oficial que dieron por buena las autoridades franquistas para cerrar el caso. Un incómodo caso, el del asesinato de Justo Oliveras y su cuñada, que afectaba a una de las familias con más peso específico de L'Hospitalet y que, posiblemente, escondiera, más que el ajuste de cuentas entre clases sociales que se nos ha vendido durante años, algo tan mundano como unos simples pero mortíferos celos.
 
Monumento a Just Oliveras al inicio de la Rambla
Monumento a Just Oliveras al inicio de la Rambla

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Comentarios

Ana ha dicho que…
Muy interesante historia, la verdad ni cómo saberla, y todo puede ser posible así que... Lo que sí que pesé a ser uno de tantos casos reales mientras lo leía no podía evitar pensar que éste era un caso ideal para mi amado (y ficticio) Poirot, jeje. Besos!
Ireneu Castillo ha dicho que…
La Puerta Secreta: Gracias por tu comentario! :-) pero la verdad es que mientras lo iba escribiendo me iba dando cuenta que habría sido un excelente caso para Grissom. Tal vez nunca lleguemos a saber lo que pasó, pero estaría bien que algún superdetective estudiara el caso. Seguro que nos sorprenderíamos. ;-)
María R ha dicho que…
Muy interesante y novelera explicación. Todo es posible y como se suele decir, la realidad supera muchas veces la ficción.
Manu ha dicho que…
Muy interesante la historia gracias por contarla!! Una pregunta sabe la casa de la que habla de quien es? Como esta por dentro ? Ya que la fachada si que hace unos años la rehabilitaron, seria una pena que se perdiera parte de la historia
Muchas Gracias
Ireneu Castillo ha dicho que…
Manu: Gracias a ti por leerme. Respecto lo que preguntas, no se exactamente su propietario, pero la casa está incluida en el catálogo de patrimonio actual, por lo que está protegida y no se puede hacer cualquier cosa. Hasta cierto punto, su futuro no es preocupante.

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