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Santa Eulàlia, la historia del barrio más hospitalense de todos (1)

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Las elevadas y supervivientes baldosas del Viacrucis de L'Hospitalet

Baldosas supervivientes del Viacrucis de LH
Baldosas supervivientes del Viacrucis de LH
Una calle como el Carrer Major (Calle Mayor) de L'Hospitalet, que hunde sus raíces hasta la época romana, es normal que tenga una gran profusión de elementos patrimoniales e históricos dada la importancia intrínseca de ser, durante siglos, la principal vía que atravesaba la ciudad (ver El invisible y superviviente mojón histórico de la calle Enric Prat de la Riba). Sin embargo, algunos de ellos, aún no siendo muy antiguos, tienen una curiosa historia detrás suyo, sobre todo porque, acostumbrados como estamos a ir mirando al suelo intentando escapar a las sempiternas cacas de perro, no nos percatamos de lo que nuestros ojos se pierden si miramos un poco más arriba. Tal es el caso de las baldosas del Vía Crucis de L'Hospitalet.

Vía Crucis tradicional en el Vaticano (2018)
Vía Crucis tradicional en el Vaticano (2018)
Por mucho que duela a los más ateos de la ciudad, una de las atracciones turísticas más conocidas de Hospitalet es, desde hace unos años, las procesiones laicas que, por Semana Santa, se celebran en los poblados barrios de Pubilla Casas y La Florida. Esta expresión de fe más o menos artificiosa, por mucho que sea la más mediática del momento, no significa que sea ni la única, ni la primera. Y un ejemplo de ello son las procesiones que se hacen en el barrio del Centro durante el Viernes Santo rememorando la Pasión de Cristo. Unas liturgias que, extendidas a lo largo y ancho de la cristiandad, son también conocidas como Viacrucis.

La iglesia de Sta. Eulalia de Mérida (años 60)
La iglesia de Sta. Eulalia de Mérida (años 60)
Cuando acabó la Guerra Civil, la Iglesia, alineada con el bando vencedor, vio en las tradiciones religiosas populares una inmejorable arma con la cual combatir el anticlericalismo que una ciudad eminentemente obrera como Hospitalet aún mantenía latente pese a haber sido derrotado en el campo de batalla. No en vano, al poco de iniciarse la guerra, la antigua iglesia barroca fue desmontada piedra a piedra como símbolo del fin de la opresión de las sotanas sobre la clase obrera del momento (ver La trágica semana en que las momias bailaron con los obreros). Evidentemente, cuando acabó la guerra, a las autoridades franquistas les faltó tiempo para levantar una iglesia cuatro veces mayor a la que derribaron (¿No querías caldo? Toma tres tazas), utilizando el edificio del Centro Católico como templo improvisado, mientras se construía la nueva iglesia.

Estación n° 1. Jesús sentenciado (c/ Major,46)
Estación n° 1. Jesús sentenciado (c/ Major,46)
Sea como sea, el nuevo templo tardó bastante en ser acabado, y aunque fue inaugurada a medio construir el día 19 de marzo de 1942, las obras no se dieron por finalizadas hasta el 26 de octubre de 1947. Paralelamente, en una fecha indeterminada de los 40, se instaló (se ignora si ya existía algún viacrucis anterior, ni los detalles que permitieron llevarla a cabo) a lo largo de la calle Mayor, la calle Enric Prat de la Riba y hasta la plaza Anselm Clavé, unos conjuntos de azulejos que representarían las 14 estaciones (paradas) que componen el Viacrucis tradicional. Estaciones que servirían como puntos de oración a la solemne procesión pública que el Viernes Santo saldría de la iglesia de Santa Eulalia de Mérida con una imagen de Cristo al frente.

Estación n°7. Segunda caída (c/ Major,5)
Estación n°7. Segunda caída (c/ Major,5)
Así las cosas, se confeccionaron 14 conjuntos de baldosas, cada una formada por un mosaico de 12 azulejos policromados, los cuales fueron instalados a una altura de unos 3 metros en diversas fachadas del recorrido. Una posición estudiada para que quedase lo suficientemente a la vista de la procesión y, de esta forma, rezar la plegaria correspondiente.

De esta manera, y saliendo de la iglesia, la procesión conducida por el párroco  se dirigía hacia la plaza de La Remonta (ver Las torres carlistas de la Remunta, el patrimonio hospitalense que el ayuntamiento no quiso salvar) donde, a la altura de la placeta de la Constitución, giraba y volvía tras sus pasos pasando por delante de la iglesia y continuando por Enric Prat de la Riba hasta la plaza Anselm Clavé. A partir de aquí la procesión giraba de nuevo y volvía, deshaciendo lo andado, hasta la iglesia, donde introduciendo el Santo Cristo otra vez en el templo se daba por finalizado el oficio.

Estación n°8. Santas mujeres (Desaparecida)
Estación n°8. Santas mujeres (Desaparecida)
La procesión del Viacrucis, como oficio religioso organizado por la parroquia, se siguió desarrollando como habitualmente, hasta que el crecimiento poblacional de la ciudad de los años 70, la falta de devoción y, sobre todo, los importantes cambios urbanísticos sufridos por la ciudad (con la apertura de la Rambla Marina y el derribo de numerosos edificios antiguos) hicieron que esta procesión dejara de hacerse de forma multitudinaria y quedara circunscrita al interior de la iglesia. Los azulejos de las estaciones, por su parte, al estar ubicadas en las fachadas de las casas, legalmente pertenecían a sus propietarios, por lo que, en caso de derribo o rehabilitación, se volvía a poner o no, en función de la sensibilidad de estos. Ello significó la desaparición poco a poco, pero prácticamente total, de los azulejos.

Estación n°13. Descenso de la cruz (Desaparecida)
Estación n°13. Descenso de la cruz (Desaparecida)
En la actualidad, de las 14 estaciones solo se mantienen 4 (la I, la IV, la VI y la VII, todas en la calle Mayor) fruto de la falta de sensibilidad y, sobre todo, de la falta de protección jurídica, lo que deja este patrimonio totalmente indefenso ante el transformador albedrío del urbanismo hospitalense. La procesión, por su parte, debido al espectacular aumento durante los primeros años del siglo XXI de la población inmigrante sudamericana -mucho más devota que la autóctona- ha permitido que el Vía Crucis de Semana Santa vuelva de nuevo a las calles aunque esta vez, en un corto recorrido que pasa por la calle Rossend Arús, el mercado, para acabar volviendo a la iglesia por Príncep de Bergara y Major.

En definitiva, un patrimonio religioso en extinción que, más allá de las convicciones políticas y religiosas de cada uno, merece ser preservado como testimonio de una antigua manifestación popular de fe que, guste o no, forma parte de la azarosa historia de la segunda ciudad de Catalunya.

Estación n°6. Encuentro con la verónica (c/ Major 23-25)
Estación n°6. Encuentro con la verónica (c/ Major 23-25)

Webgrafía

Comentarios

Unknown ha dicho que…
La numero 8, correspond a l'edifici de "Sundicats" que tancava la rambla.Igualment "vox populi" afirmava que a cada pas de rajoles el carrer s'eixamplava, per a girar el pas. No ho vaig comprovar mai.

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