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El Edifici Molí, 165 años de patrimonio industrial hospitalense salvado por los pelos

Fachada del Edifici Molí
Fachada del Edifici Molí
El patrimonio histórico de Hospitalet, por mucho que los feos edificios que jalonan la ciudad no dejen verlo, es mucho más importante de lo que podemos imaginar. Tal vez no encontremos grandes castillos medievales (aunque los haya -ver El Castillo de Bellvís o la indignante precariedad de un patrimonio románico), ni estilizadas iglesias góticas (la que teníamos se derribó durante la Guerra Civil), pero sí hay una gran cantidad de ejemplos de patrimonio industrial, el cual es muy desconocido y, lo que es peor, despreciado: el destrozo de los centenarios hornos cerámicos de Cosme Toda con la connivencia del Ayuntamiento es un ejemplo. No obstante, otro ejemplo del rico legado industrial que ¡aún! mantenemos en esta ciudad, es el Edifici Molí del Centro Cultural Tecla Sala. ¿Sabía que este edificio, muy anterior a la propia fábrica Tecla Sala, aprovechaba la fuerza del Canal de la Infanta y aún mantiene en sus bajos el salto hidráulico que le dio origen? ¿Y que se ha salvado recientemente de la piqueta por los pelos? Pues créaselo. Sígame y le explico sucintamente su historia.

Patrimonio industrial histórico desapercibido
Patrimonio industrial histórico desapercibido
Situado justo al lado de la antigua fábrica textil Tecla Sala, sede hoy de la Biblioteca Central de L'Hospitalet, se encuentra un edificio gris que pasa totalmente desapercibido a los ojos del transeúnte, si no fuera porque en él tiene su sede el Centre d'Estudis de L'Hospitalet. Conocido por Edifici Molí (Edificio Molino), esta construcción de planta baja y tres pisos, ahí donde la ve, que parece no tener ninguna gracia, fue construida en el año 1855 para acoger un molino papelero que aprovecharía la fuerza hidráulica del Canal de la Infanta que aún hoy -convertida en cloaca- pasa por detrás suyo.

Curso del Canal de la Infanta por Sant Josep
Curso del Canal de la Infanta por Sant Josep
La historia de este edificio, que ha llegado prácticamente intacto hasta la actualidad, comienza en 1819 con la construcción misma del Canal de la Infanta (ver El Canal de la Infanta o la trascendencia histórica de un patrimonio olvidado) ya que, para salvar la diferencia de altura entre Molins de Rei y la desembocadura del canal en el Morrot de Montjuïc se hicieron 13 saltos de agua en zonas estratégicas del recorrido, que serían aprovechados para poner diversas industrias. Uno de ellos, instalado al lado del Torrente Gornal, no pudo ser aprovechado debido a diversos conflictos de intereses con los molineros de Molins de Rei, pero en 1855 Antoni Ferrer (el mismo de la fábrica Ferrer i Mora de Molins) encarga a Josep Oriol i Bernadet la construcción de un gran edificio de cuatro plantas para acoger un molino papelero que aprovecharía la fuerza de aquel salto sin uso hasta entonces.

Esquema de un molino de eje vertical
Esquema de un molino de eje vertical
Si bien el edificio era de los más grandes de Hospitalet (4 plantas de unos 450 m2 cada una), la potencia que desarrollaba el salto de agua sobre el que se construyó es para sorprender a cualquiera, ya que el caudal de agua que movía -entre 4 y 18 litros por segundo- generaba la exorbitada cifra de... entre 6 y 12 CV. O lo que es lo mismo, lo que hace hoy día un pequeño motocultor o el fueraborda de una zodiak normalita. Pues bien, con esta -desde el punto de vista actual- misérrima generación de potencia (solo tiene que compararlo con el caballaje de un coche cualquiera), se movían hasta 8 ruedas de eje vertical y una turbina, que daban servicio a una muela y a diversas tinas donde se llevaba a cabo la transformación de trapos en papel. Valga como ejemplo que, en 1867, daba trabajo a 20 hombres y 20 mujeres especializadas en la fabricación de papel; papel que se secaba en el secadero situado bajo el tejado a dos aguas del edificio. Con todo, en 1856 la Junta del Canal le hizo destruir una obra que había hecho “de estrangis” en el salto con el fin de conseguir aumentar la potencia. Si cuela, cuela, se conoce que dijo el jefe... solo que no coló.

Complejo de la Tecla Sala en 1916
Complejo de la Tecla Sala en 1916
Con el tiempo, hubo diversos cambios de propietarios y en 1880 el negocio acaba por cesar (el vapor se generaliza y el agua pierde competitividad) y será comprado por la familia Basté, la cual transforma el molino papelero en una fábrica textil. En este momento se le incorpora la parte de viviendas de los obreros que tapan la fachada sur del edificio original y el antiguo molino de papel pasa a funcionar, a todos los efectos, como una colonia fabril. El éxito de la fábrica se pone de manifiesto en 1892, cuando se construye en sus inmediaciones el conocido edificio de ladrillo rojo en estilo manchesteriano que ocuparían los grandes telares a vapor, dejando a trabajos secundarios el antiguo molino papelero, el cual, sin grandes cambios estructurales queda unido con el principal por un puente de hierro. En 1913 todo el conjunto pasa a manos de Tecla Sala, la cual mantendrá la actividad textil hasta 1979 cuando, en el marco de la crisis del textil catalán, acaba cerrando puertas, siendo adquirido por el Ayuntamiento de L'Hospitalet en 1982 para su transformación en un gran centro cultural. Parecía que el futuro de este patrimonio industrial histórico ¡por una vez! estaría asegurado, pero el cambio de siglo iba a poner los pelos como escarpias a más de uno.

La cobertura es una reclamación social de LH
La cobertura es una reclamación social de LH

La necesidad de cobertura de las vías del ferrocarril que, desde mediados de siglo XIX se obstinaron a trinchar el término municipal en todas las direcciones y sentidos imaginables (ver Bifurcación Gornal, el misterioso túnel fantasma de L'Hospitalet), se convierte en una reclamación insistente de la sociedad civil hospitalense a partir de 1995. Ante la presión, y la multiplicación de nuevas infraestructuras ferroviarias (AVE y L9), desde 2001 se anuncia el soterramiento del trazado de la linea de Vilafranca y Vilanova. Un soterramiento que conllevaría la construcción de una gran estación en las cercanías del C.C. Tecla Sala que hiciese de intercambiador con el metro (L1 y L9) y el tren. No obstante, los plazos se alargan y las cosas se complican.

El viejo molino se ha salvado por los pelos
El viejo molino se ha salvado por los pelos
El apelotonamiento de vías de ferrocarril en la confluencia entre el Torrente Gornal y la vía de cercanías, pone en peligro los dos edificios del centro cultural, pero el Edifici Molí sería el que se llevaría la peor parte. La escasa profundidad del túnel de la L9-L10 obligaría a derribar el molino aunque, eso sí, volviéndolo a montar una vez hecho el túnel... con los inquietantes precedentes que ya se conocen, claro (ver El triste fin de un puente Real). Esta espada de Damocles hace que el futuro de la industria más antigua que se mantiene en Hospitalet, junto con el salto del Canal de la Infanta que mantiene en sus bajos sea muy negro. Por suerte, el hundimiento del túnel del metro en el Carmelo (2005) y la crisis económica a partir de 2008, obligan a un replanteamiento que desvía y hace profundizar el túnel de la L9 más de lo proyectado, lo que salva in extremis el antiguo molino papelero.

Sección y salto del canal (Mariano Carellada,1860)
Sección y salto del canal (Mariano Carellada,1860)
En la actualidad, y tras la enésima promesa de soterramiento (la última fue el 2018), el proyecto de cobertura de las vías modifica la ubicación del intercambiador y la cobertura no afectará el Edifici Molí. Ello permitirá que el salto del Canal de la Infanta que se halla en el subsuelo del edificio (conocido como Salt Baltà y no visitable en tanto que el canal fue convertido en cloaca y los gases que se desprenden son irrespirables) pueda ser rehabilitado y visitable en un futuro. Un futuro halagüeño que aseguraría, de esta forma, que la única industria que se mantiene en los 17,420 km de trazado de canal que utilizaba directamente su agua como fuente de energía desde 1855, se mantenga para la generaciones futuras como un preciado testimonio de la riqueza patrimonial e histórica de la ciudad de L'Hospitalet.

Un patrimonio industrial de 165 años al borde de la desaparición
Un patrimonio de 165 años al borde de la desaparición (Foto de 1991)

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