Ca la Pubilla Casas, la masía con nombre de mujer origen de un barrio de L'Hospitalet

La masía de la Pubilla Casas
La masía de la Pubilla Casas
La casa solariega de Ca la Pubilla Casas es un edificio señorial situado en el número 225 de la carretera de Collblanc, en el término municipal de L'Hospitalet de Llobregat, concretamente en el barrio que lleva su nombre (ver Pubilla Cases, historia del barrio pijo que torció su destino), el cual deriva directamente de esta finca histórica. Su ubicación, a las puertas de Barcelona y junto a la antigua carretera de Madrid -la actual N-340-, le ha conferido una posición estratégica que ha sido determinante tanto para su desarrollo histórico como para su actual función social. Catalogada como Bien Cultural de Interés Local, la casa acoge hoy día el colegio Sant Josep Obrer, regentado por la congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, que mantienen una actividad educativa continuada desde mediados del siglo XX.

Verja de entrada con el símbolo de los Casas
Verja de entrada con el símbolo de los Casas
El edificio presenta una estructura de volumen cúbico con una composición simétrica en las cuatro fachadas, constando de sótano, planta baja y dos pisos superiores, con una cubierta plana que sustituyó el tejado original a cuatro vientos. La entrada principal, situada en la fachada norte, se articula mediante una gran puerta de acceso de arco escarzano, flanqueada por pilares de piedra rematados con florones, y una reja de hierro forjado con decoración de entrelazados y hojas de hiedra, en cuyo centro se representan unas casas que hacen referencia a la familia fundadora. Las fachadas son recorridas por seis pilastras de orden jónico que se extienden desde el primer piso hasta la cornisa, con capiteles ornamentados y ménsulas decoradas en las pilastras centrales. La distribución de las aberturas sigue un patrón regular: en la planta baja, pequeñas ventanas cuadrangulares a ambos lados de la puerta; en el primer piso, tres balcones adintelados; y en el segundo piso, tres ventanas cuadradas enmarcadas por molduras lisas. La parte superior del edificio se completa con un friso sin decoración, una cornisa con mucho voladizo y un muro de cierre de la azotea decorado con bandas lisas que mantienen la correspondencia vertical con las pilastras. El resto de fachadas repiten esta composición, reforzando la simetría y el equilibrio arquitectónico del edificio.

Camino de acceso principal
Camino de acceso principal
El entorno inmediato de la casa está rodeado por un jardín que conserva la antigua entrada de carruajes, y en el sótano se mantiene la antigua bodega, hoy reconvertida en capilla para la comunidad religiosa. Este espacio, según describe Ramon Puig i Gairalt (ver El pionero pero olvidado Rascacielos de L'Hospitalet) en un artículo de 1932, permitía la carga del vino en los lagares mediante un sistema de canalizaciones que conectaba el patio con la bodega, evidenciando la funcionalidad agrícola de la finca en época preindustrial. La presencia de este sistema, junto con la dimensión de la hacienda, confirma la importancia económica que tuvo su casa en relación con la producción vitivinícola, actividad que definió el paisaje agrícola de la zona hasta su urbanización durante el siglo XX.

Ca la Pubilla Casas (1932)
Ca la Pubilla Casas (1932)
La historia de la casa se inicia en 1770, cuando Josepa Casas i Clavell adquirió del Estado una gran finca expropiada a los jesuitas, expulsados ​​por Carlos III tres años antes (ver El Pont de Carles III, el monumental símbolo de Molins de Rei volado por el franquismo). Situada junto al camino real, la propietaria obtuvo del conde de Darnius el derecho a conducir y aprovechar el agua de los torrentes de las Cucales y de los Albarells, con la que regó las tierras y las convirtió en jardines y huerta. Al año siguiente, derribó la casa existente para construir la mansión de estilo neoclásico que hoy en día conocemos como Pubilla Casas (de "pubilla", heredera en castellano). Su situación privilegiada y la categoría social de la familia, vinculada a la producción de vino, favorecieron que el edificio alojara visitantes ilustres, tanto políticos como eclesiásticos, que entraban o salían de Barcelona.

Antònia Salallasera, Josep Molins y sus 4 hijos
Antònia Salallasera, Josep Molins y sus 4 hijos
Josepa Casas murió sin descendencia y repartió sus bienes entre los primos Anton Francesc Casas i Rogent y Josep Anton Casas i Costa. El primero se casó con Josepa Romanyà i Costa, y su hijo Felip Neri Casas i Romanyà se casó con Francesca Sors i Matas, a quien legó los bienes en usufructo con la condición de que eligiera el heredero entre sus sobrinos: Antoni, Francesc, Gaspar y Felip Cunill i Sors. Felip Cunill i Sors fue el escogido, y en los capítulos matrimoniales nombró usufructuaria a su esposa Alberta Campreciós i Folch, que murió en 1920. La sucesión pasó a su nieta Antònia Salallasera Campreciós, hija de Dolors Campreciós y de Salvador Salallasera, latero con tienda en la calle de la Bòria de Barcelona. Antonia nombró administrador del patrimonio a su marido Josep Molins Carreras, que recompró una parcela de viña a Francesc Garcia Cunill, uno de los herederos de las tierras de Ca la Casas. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Anna, Salvador, Josep y Antoni Molins Salallasera, de los cuales Salvador y Antoni reunificaron el patrimonio comprando parcelas a otros herederos.

Antigua bodega convertida en capilla
Antigua bodega convertida en capilla
En 1947, la casa fue adquirida por Joaquim Freixa, que instaló una fábrica textil. Esta actividad industrial, que transformó parcialmente el uso de la finca, se mantuvo hasta la quiebra de la empresa en 1963. Al año siguiente, Freixa vendió la finca a la congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, que establecieron una escuela, manteniendo así la continuidad de uso comunitario del edificio. Esta transición, de residencia señorial a espacio educativo, ha permitido conservar la casa y adaptarla a las necesidades contemporáneas, aunque su condición patrimonial exige una vigilancia constante para evitar su degradación.

Masía de Ca la Pubilla Casas (Años 60)
Masía de Ca la Pubilla Casas (Años 60)
La masía de la Pubilla Casas, a pesar de su transformación funcional y la presión urbanística que ha transformado completamente su entorno, ha mantenido su estructura original y sigue siendo un referente arquitectónico e histórico dentro del barrio que lleva su nombre. Sin embargo, el futuro de la construcción depende de la capacidad de compatibilizar su función educativa con la protección patrimonial, y de reconocer su valor como testigo de una etapa histórica que ha definido la identidad del barrio de Pubilla Cases y, por extensión de L'Hospitalet. La casa, con su arquitectura neoclásica y su trayectoria familiar, agrícola, industrial y educativa, es un ejemplo de cómo un edificio puede condensar varias capas de memoria y seguir teniendo un papel activo en la vida urbana de la segunda ciudad de Catalunya.

Fachada principal de Ca la Pubilla Casas a la N-340
Fachada principal de Ca la Pubilla Casas a la N-340

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