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sábado, enero 29, 2011

El vertido asesino de Minamata.

Todos sabemos lo pernicioso que son los efectos de la contaminación por metales pesados en el cuerpo humano, sin embargo esto, que ahora es evidente para todo el mundo, no lo era para el grueso del gran público hace unos años. Fue necesaria una gran catástrofe medioambiental y el conocimiento de todo lo que ello conllevó para que medio planeta se concienciara de los serios problemas que producen los vertidos contaminados por la industria. Estamos hablando del desastre de la bahía de Minamata.

Minamata es una pequeña ciudad industrial de unos 28.000 habitantes situada en la costa oeste de la isla de Kyushu, en el sur del Japón. En esta población, a principios del siglo XX (1908, más concretamente) se instaló una fabrica de productos químicos a cargo de la compañía Chisso Corporation. La factoría, que vertía sus residuos líquidos a la bahía de Minamata, en un principio se dedicó a la fabricación de fertilizantes dando a los pocos años, ya sus primeros problemas por el impacto medioambiental de dichos vertidos, ya que produjo una importante reducción de la pesca, afectando a los pescadores que faenaban en la bahía. Ello hizo que durante los años 20 y 40 tuvieran que pagar compensaciones a los afectados.

A raíz de la Segunda Guerra Mundial, la factoría empezó la producción en masa de diversos productos, entre ellos el acetilaldehido, sustancia química que sirve de base para la síntesis de pinturas, lacas, plásticos, caucho, papel, entre otros usos y que, como inconveniente principal es que necesita sulfato de mercurio para ser catalizado. Al aumentar la producción de este producto, los desechos empezaron a contener cantidades cada vez mayores de mercurio, que al depositarse en el fondo marino reaccionaron convirtiendose en metilmercurio, un compuesto muy tóxico y que entra en la cadena alimenticia con una facilidad pasmosa.

Los vertidos provocaron que los peces y mariscos que se encontraban en la bahía tuvieran concentraciones bárbaras de mercurio. Los pescadores que vivían a orillas de la bahía se alimentaban casi en exclusiva del producto de la pesca diaria y empezaron a acumular cantidades cada vez más importantes de esos productos en su cuerpo. A partir de 1956 empezaron a darse las primeras señales de que la cosa empezaba a desmadrarse.

Fue a partir de entonces que los pescadores empezaron a dar síntomas de una rara enfermedad que les provocaba dificultad en el andar, en el habla y fuertes convulsiones. Esta enfermedad, no solo afectaba a las personas, sino que afectaba también a perros y gatos, los cuales enloquecían y convulsionaban hasta la muerte (ver vídeo en inglés)por lo que se supuso erróneamente que era una enfermedad contagiosa estigmatizando gravemente al colectivo.

Diversas entidades empezaron a investigar el brote "epidémico", entre ellas la misma Chisso Corporation, la cual, al intuir cual era la causa empezó por desviar el vertido de aguas hacia un río adyacente, pero que hacía evacuar las aguas fuera de la bahía envenenada. La intención era clara: la de que los investigadores independientes de la Universidad de Kumamoto tuvieran el máximo de dificultades para señalarlos como los culpables. Chisso no iba a cooperar en la investigación lo más mínimo, y se encargaron de silenciar sus propios trabajos con gatos en que, claramente, señalaban a los vertidos como los culpables .
 
Pese a todo, las evidencias eran abrumadoras. En la zona de desembocadura del canal de vertidos, se hallaron hasta dos kilos de mercurio por tonelada de sedimento, y los habitantes de la zona tenían una tasa media de mercurio de 191 partes por millón, alcanzándose los 700 ppm en algunos casos. Si tenemos en cuenta que la tasa media de los habitantes fuera de la zona de Minamata era de tan solo 4 ppm, ello nos indicará la gravedad del envenenamiento. Para más inri, se empezaron a detectar los mismos síntomas aguas abajo en el río al que se había desviado el vertido, afectando a las pesquerías y a la salud de las personas.

Los afectados empezaron a movilizarse solicitando compensaciones y el cierre de la fábrica, pero los intereses de la compañía así como de las fuerzas vivas de la población, la economía de la cual dependía absolutamente de la factoría, hicieron que Chisso continuase sus actividades contaminantes. Por su parte, el gobierno japonés obligó en 1959 a que revertiera el desagüe de aguas residuales a su canalización original y a imponer un sistema de depuración de los vertidos, el cual, a pesar de ser inaugurado a bombo y platillo, resultó ser totalmente inoperante y una simple cortina de humo que sirvió para que la gente creyera que el problema estaba resuelto y bajar el nivel de presión social contra la empresa.

Durante los 60, se hicieron nuevos estudios debido a que se continuaban produciendo muertes, tomándose muestras de cabello de la población. Esta vez los resultados fueron de escándalo, detectándose casos de intoxicación congénita en recién nacidos de madres sanas cuando, contrariamente a lo que suele ocurrir la placenta, concentraba el metilmercurio en el feto y lo elimlinaba de la sangre de la madre. Las muestras de cabello marcaron un récord de concentración de mercurio de 900 ppm en una señora de una de las islas de la bahía. No obstante, no se avisó a los afectados y no fue hasta 1968 en que el gobierno japonés dio una explicación oficial a la enfermedad, cuatro meses después de que la empresa dejase de fabricar acetilaldéhido.

Ante la situación, Chisso intentó llegar a un acuerdo económico, tal y como lo había hecho anteriormente, pero se llegó a juicio gracias a parte de los afectados que no aceptaron las compensaciones, pese a las graves presiones de los trabajadores y directivos de la empresa que veían en peligro sus puestos de trabajo. Durante el juicio se destapó las malas artes y trapicheos de la compañia para esconder su responsabilidad, lo que si bien produjo la indignación de los más de 3000 afectados, no evitó que debido a las presiones de la compañía, el proceso se alargase ad eternum, no llegándose a pagar las primeras indemnizaciones a las que fue condenada Chisso hasta 1996. 

Chisso, durante los 80, se vio obligada a limpiar la bahía del mercurio vertido, lo cual, curiosamente, más que un castigo fue una bendición, ya que los lodos tenían tal concentración de mercurio que la empresa hizo negocio extrayéndolo y vendiéndolo de nuevo para su reutilización. Cuando acabó con la auténtica mena de mercurio que eran los fangos vertidos durante tantos años, la zona más afectada se rellenó de tierra y se le ganó al mar, creando un parque urbano que ha inmovilizado el mercurio que quedó en el fondo.

Sea como sea, aún, a día de hoy, el litigio sigue abierto ante la discriminación de parte de los afectados -sobretodo congénitos- que no fueron reconocidos como afectados por el envenenamiento masivo por la empresa, negándose a pagar indemnización alguna. Los afectados se cuentan por miles, y los que no han muerto, padecen gravísimas secuelas que el dinero racaneado por la empresa causante del daño no van a poder paliar, en una de las peores catástrofes ecológicas producidas por el ser humano en las que su propia desidia se ha vuelto contra él como un boomerang, recordándonos que, queramos o no, formamos parte de una naturaleza que no debemos maltratar.

Sufrimiento humano en estado puro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estaba investigando sobre la matanza de los delfines y sobre la muerte de Jane Tipson y Jeeny May, pero la mayor informacion que he encontrado es sobre la fabrica Chisso.

Muchiisimaas Gracias.