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lunes, junio 10, 2013

La fuerza antinazi de un sencillo clip sujeta papeles

¿Tiene usted un clip en su casa u oficina? Raro sería que respondiera de forma negativa, la verdad. Este pedazo de alambre doblado ha sido uno de los inventos más sencillos pero más útiles y exitosos a su vez que ha dado la tecnología humana en los últimos siglos, y debido a su versatilidad, en la actualidad no hay escuela, oficina o casa que no utilice los clips de forma masiva para reunir todo tipo de documentos sin romperlos... o para hacer con ellos un tanque a partir de una lata como le pasaba al televisivo McGyver. Coñas a parte, cuando coja un sencillo clip sepa que, además de lo explicado anteriormente, tiene entre sus manos todo un símbolo de resistencia contra el nazismo.

Haakon VII de Noruega
En abril de 1940 los nazis habían ocupado Noruega para asegurarse el abastecimiento del mineral de hierro que importan desde allí, dada la dependencia de Alemania de esta materia prima para poder desarrollar su industria de guerra. Tras su ocupación, el régimen nazi instaura un gobierno títere que insta al rey HaakonVII a abdicar. El rey, dado el órdago de los acólitos hitlerianos, rechaza abdicar y después de huir de un bombardeo alemán, se exilia en Londres gracias a la ayuda de la marina británica que saca el séquito del norte de Noruega donde se había refugiado.

La ocupación nazi duró los 5 años que duró la II Guerra Mundial, y durante ese tiempo la represión de la resistencia noruega fue durísima, incluyendo desde un principio la prohibición -so pena de deportación- de todo tipo de enseñas y símbolos nacionales. A pesar de toda esta coacción, los noruegos se las ingeniaron para expresar su "norueguicidad" (disculpen el neologismo) y su apoyo al rey exiliado; primeramente vistiendo gorros de color rojo y con las iniciales del rey Haakon VII y, posteriormente -dado lo evidente de llevar una prenda roja en la cabeza-, un sencillo clip prendido en la solapa o en el delantero de la prenda que se usase. La iniciativa, promovida por los estudiantes noruegos en otoño de 1940, hizo furor.

Sello conmemorativo
El clip, como elemento de unión que es, simbolizó en aquel momento la unión de los noruegos contra la ocupación nazi y contra todo lo que significaba el nazismo, y llegó hasta tal punto a incomodar a las fuerzas de ocupación hitlerianas que fue prohibido expresamente por el gobierno títere bajo condena de severos castigos. A pesar de la represión, que llevó a la detención de numerosas personas que vestían el clip, el símbolo continuó vigente durante toda la ocupación alemana hasta convertirse, de facto, en el símbolo nacional de Noruega. Sin embargo, no acaba aquí la historia "antinazi" del clip sujeta papeles.

En 1998, una escuela rural del pequeño pueblo de Whitwell (Tennessee, 1700 habitantes) para explicar gráficamente el Holocausto judío durante la 2ª Guerra Mundial a sus alumnos y tras conocer la historia de los clips noruegos, decidió recoger 6 millones de clips, uno por cada muerto por el nazismo. El asunto, pronto llegó a los oídos de los medios de comunicación, los cuales divulgaron la iniciativa -bautizada como "The Paper Clips Project"- y empezaron a llover clips de todas partes del mundo provenientes en gran parte de judíos que, de esta forma, honraban a sus muertos. La afluencia de clips fue tal, que a los 6 millones iniciales se sumaron 5 millones más en recuerdo de los gitanos, católicos, testigos de Jehová, homosexuales, etc... que murieron víctimas del nazismo. 

Children's Holocaust Memorial
Simultáneamente, en 2001 se erigió en Whitwell un monumento en homenaje al 1'5 millones de niños víctimas del Holocausto, consistente en un auténtico vagón de tren alemán que había sido utilizado en el transporte de personas a los campos de concentración y el cual fue llenado con los 11 millones de clips obtenidos por los chavales de la escuela. En la actualidad se siguen recibiendo clips y el objetivo es conseguir los 50 millones de clips, que es lo que se estima que fueron las víctimas totales de la Segunda Guerra Mundial.

Muchas veces pensamos que la estupidez humana es infinita, y tal vez así lo sea, pero tanto ver la parte mala posiblemente no nos deje ver que el ser humano, si bien es capaz de hacer lo peor, también es capaz de hacer lo mejor, luchando contra el mal y expresando su solidaridad con el que sufre. A veces lo vemos, la mayoría de veces no, como los clips, los cuales, invisibles en nuestros cajones, esperan pacientes el mejor momento para salir a escena.

Monumento al clip en Noruega

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