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martes, septiembre 03, 2013

Aokigahara, el bosque de los suicidas

En el imaginario popular, pocas cosas hay más terroríficas que la imagen de un bosque solitario y oscuro. Esta imagen, que ha sido utilizada hasta la nausea en las novelas y en el cine de misterio y terror, nos genera un profundo temor, a pesar de que hoy día, más que de las fieras, en los bosques hemos de temer el encontrarnos con el resultado del solaz intestinal de algún apurado urbanita. Sin embargo, y a pesar de esta realidad, hay sitios en que esta imagen de horror e inquietud está plenamente justificada. Tal es el caso del bosque de Aokigahara, en Japón, más conocido como El Bosque de los Suicidas.

El Fujiyama
El bosque de Aokigahara se encuentra en la parte noroeste de la falda del mítico Monte Fuji, cerca de la población de Fujikawaguchiko, y ocupa una extensión de unos 35 km2. Este bosque no tendría nada de especial más que lo que pueda tener un denso bosque joven (1200 años) creado sobre la lava de una erupción del Fuji, pero la ausencia de viento y la falta casi total de fauna (oír cantar un pájaro es una tarea casi imposible) han hecho que desde hace 1000 años la tradición local lo considere como maldito.

Restos de un suicidio
Aokigahara, tambien llamado Jukai (mar de árboles), debido posiblemente a su inquietante tranquilidad, se ha hecho famoso por ser el segundo lugar del mundo donde se producen una mayor cantidad de suicidios, después del Golden Gate en San Francisco, hasta el punto de ser considerado por la literatura japonesa como el mejor sitio para suicidarse de todo Japón. Esta "publicidad" ha hecho que la gente desesperada encuentre entre las ramas de los árboles el mejor sitio para quitarse la vida, dejando el bosque literalmente lleno de tétricos testimonios de sus suicidios.

Espectáculo tétrico en Aokigahara
Tal es la "afición" de los suicidas a este lugar que la prefectura ha puesto carteles intimidatorios para evitar en lo posible los más de 300 suicidios anuales que se producen en la zona, aunque visto lo visto, no son demasiado efectivos. Ello ha llevado a la administración japonesa, por un lado, a no publicar las estadísticas de suicidios de los últimos años -curiosamente se encuentra una punta en marzo, coincidiendo con el final del año fiscal- y por otro, a organizar anualmente una truculenta batida con una brigada de trabajadores para recoger los restos mortales que se puedan haber encontrado en el bosque.

El bosque de Aokigahara
Todo el conjunto de hechos han envuelto a Aokigahara en un halo de misterio, creando todo tipo de leyendas a su alrededor; estas leyendas van desde que la zona, debido a los depósitos metálicos del subsuelo, anula todo tipo de aparato de posicionamiento (brújulas, gps, etc...), a que las almas de los difuntos vagan por medio del bosque, pasando porque los trabajadores encargados de las batidas se juegan al piedra-papel-tijera el dormir con los cadáveres para que las almas de los suicidas encuentren la paz. Lo que no es leyenda es que hay auténtica escoria humana que se dedica a rastrear el bosque en busca de las pertenencias de valor que pudieran llevar los pobres infelices en el momento de su deceso.

Japón es uno de los países del mundo con mayor tasa de suicidios, con más de 30.000 personas  que se quitan la vida anualmente por las más diversas causas, y Aokigahara, por si solo, alberga el 1% de los suicidios de todo el país -la mayoría por ahorcamiento o sobredosis de drogas. Triste fama para una zona y un bosque bellos; tan bellos que lo convierten en el mejor sitio para morir de todo Japón. 
 
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