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jueves, septiembre 26, 2013

Celia, el bucardo que volvió de la extinción

Desde que el hombre conoce que hay animales extintos, le ha rondado por la cabeza cómo hacer para volverlos a la vida. La película Parque Jurásico es el paradigma de esta creciente obsesión de resurrección de especies, cuyo origen, sin duda, tendríamos que buscarla en la mala conciencia global ante la extinción masiva de seres vivos que estamos provocando en el planeta. Esta fascinación colectiva por poder ver como eran en vivo y en directo (pero sobretodo, en vivo) especies como los dinosaurios o los mamuts (ver Wrangel, el dominio del último mamut), ha hecho que infinidad de científicos se hayan puesto manos a la obra para encontrar formas para conseguirlo, sin demasiado éxito hasta ahora... ¿o tal vez si?. Una serie de científicos españoles consiguieron en 2003 volver a la vida a Celia, el último bucardo.

El cadaver de Celia, congelado
En el año 2000, los guardas forestales del Parque Nacional de Ordesa encontraron el cuerpo de Celia, la última representante de los bucardos (Capra pyrenaica sub. pyrenaica), una subespecie de cabra pirenaica exclusiva de los Pirineos que agonizaba en las partes más altas de la cordillera desde principios del siglo XX. Sus cuernas mastodónticas en los ejemplares machos, hicieron que fuera cazado hasta la extinción sin que los diferentes gobiernos hicieran demasiado caso a los científicos que avisaban de su grave declive. Cuando a mediados de los 80 tomaron alguna tímida decisión de defenderlo, ya fue demasiado tarde. 

Últimos bucardos en los 80
En previsión de lo que pudiera ser, un grupo de científicos del CITA (Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentarias de Aragón), en 1999 tomaron una serie de muestras de tejido del último bucardo y las congelaron. Una vez sobrevino su muerte, el CITA inició un programa en el que, a través de la clonación, y siguiendo el ejemplo de la oveja Dolly, se consiguiera volver a la vida a esta especie acabada de desaparecer.

Bucardo macho
La idea era utilizar cabras montesas procedentes de la reserva del Parque Natural de Tortosa-Beseit como "vientre de alquiler" para alojar los embriones que se habrían desarrollado a partir de utilizar el núcleo de las células de Celia e incorporarlo a óvulos previamente vaciados. Dicho y hecho, durante 2003, el equipo encabezado por el profesor José Folch  desarrolló 285 embriones, de los cuales se llegaron a transferir 54 a una docena de cabras. De todas ellas, tan solo dos prosperaron, aunque tan solo durante dos meses, de los 5 que dura la gestación de las cabras montesas. A pesar del fracaso, el éxito relativo de conseguir la gestación durante 2 meses, hizo que el equipo de investigadores hiciera una segunda intentona en el mismo 2003.
Gran trofeo de caza
En este caso, se desarrollaron 439 embriones, de los cuales se transfirieron 57, de los cuales arraigaron 7 y de estos siete, uno fue capaz de llegar a dar a luz a un cabritillo vivo clon de Celia, en lo que se transformaría en la primera vez que se había retornado a la vida una especie animal extinguida. Sin embargo, poco duró la alegría.

Grabado de 1817 (Cuvier)
A los siete minutos, el cabritillo murió, debido a problemas de irrigación en uno de sus pulmones, lo que hizo inviable al neonato de bucardo. Según parece, el defecto en los pulmones, que además se sumaba a una cierta inmadurez general que le hacía tener unas pezuñas blandas, resultan unas patologías habituales en los clones de ovejas y cabras, por lo que, hasta cierto punto, era de esperar que el cabrito acabara como acabó. Sea como sea, el hito ya estaba conseguido, pero un mar de sombras envuelven todo el tema del bucardo.

Museo Bucardo Torla
De primeras, se tardó más de seis años en tener conocimiento de los resultados del proyecto cuando la revista científica Theriogenology lo publicó a principios de 2009 y no se conoce las fechas exactas de los trabajos. Que se ponga como excusa que tenían cosas más importantes a hacer que publicar un descubrimiento de tales características, resulta como mínimo sospechoso. Si a eso añadimos que los laboratorios, cuando consiguen alguna cosa de estas, dan hasta el segundo en que lo han conseguido, no hace más que aumentar las dudas entorno a los trabajos de recuperación del bucardo.

Cráneos de Celia y la antepenúltima
¿A qué es debido este secretismo? ¿Atiende al miedo a las entidades ecologistas que están en contra de la clonación? ¿O tiene algo que ver que recientemente hayan acusaciones de negligencia en la muerte de Celia en el año 2000? Habida cuenta que entre los naturalistas resulta poco creíble que la bucardo muriera aplastada por un árbol como se apuntó oficialmente, el asunto en su conjunto se mantiene su oscuridad.

Sea como sea, la única realidad es que, debido a la sobrecaza y al furtivismo, una especie propia de los Pirineos ha desaparecido, y contra eso, ahora por ahora, no hay arreglo posible.


Celia, disecada en el Museo Bucardo Torla


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