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miércoles, diciembre 04, 2013

La tempestad que consiguió provocar un terremoto


Presa de Oliana
Las tormentas en el área mediterránea son conocidas por su extraordinaria violencia. No son pocas las veces que hay muertos, desprendimientos, carreteras cortadas, desbordamientos... todo ello derivado de la tremenda potencia de evaporación de un mar cerrado como el Mediterráneo. Quien más, quién menos ya conocemos los efectos destructores de estas avenidas que pueden hacer que un río, en cuestión de horas, pase de estar completamente seco a ser una bestia destructora como pocas, pero...¿conoce que estas pavorosas tormentas pueden ser tan virulentas que pueden llegar a desencadenar terremotos? No es broma; ello pasó en el Pirineo catalán en las devastadoras inundaciones de noviembre de 1982.

Situación meteorológica
Durante el día 7 de noviembre de 1982, una potente borrasca cruzó la península ibérica proveniente del Atlántico, chocando con una entrada de aire húmedo y cálido procedente del Mediterráneo que estaba siendo empujado por un anticiclón que estaba ubicado sobre Centroeuropa. Este choque de trenes meteorológicos en pleno otoño, significó que el cielo se rasgara de arriba a abajo y dejara un auténtico diluvio sobre la vertiente sur del Pirineo central y oriental. Las cantidades recogidas fueron de impresión.

Cauce del Segre inundado
Entre el día 7 y el día 8 de noviembre, es decir, en 24 horas, se registraron 650 l/m2 en la estación meteorológica de Goriz, en Huesca, 500 l/m2 en la estación de La Molina y más de 300 en innumerables puntos del Pirineo aragonés, catalán y Andorra. Todo ello provocó una avalancha de agua que hizo que los ríos, simplemente no pudieran absorber la tremenda cantidad de agua que caía del cielo, inundándose buena parte de su cauce.
Andorra inundada
La riada descontrolada provocó un sinfín de desprendimientos y corrimientos de tierra que afectaron por doquier, produciendo cortes de carreteras y aislando a los vecinos de las zonas afectadas, poniendo en serio peligro al pequeño pueblo de Pont de Bar, en la cabecera del Segre, el cual tuvo que ser abandonado y reconstruido tiempo después a 800 metros de su emplazamiento original. Incluso corrió el rumor de que un desprendimiento podría interrumpir el río Segre en la cola del embalse de Oliana, y provocar una ola destructora que acabara con todo lo que hubiera aguas abajo. Por suerte no pasó de aquí.

Destrucción generalizada
Sea como sea, el caudal del Segre a la entrada del pantano de Oliana había pasado de 16.000 litros por segundo (16 m3/seg) a las 4 de la madrugada del día 7 a unos escalofriantes 1.886.000 litros por segundo (1886 m3/seg) a las 23 horas del mismo día 7, manteniéndose por encima de los 1500 m/3 hasta las 10 de la mañana del día 8. Todo este muro de agua fue a parar al dicho embalse, lo que significó que en menos de 24 horas recogiese 30 hm3 de agua, o lo que es lo mismo, casi un tercio de la capacidad total del pantano de Oliana, estimado en 101 hm3.

Pont de Bar fue destruido
En medio de todo este tumulto meteorológico, a las 3 de la mañana del día 8 de noviembre, los vecinos de Oliana, sintieron un terremoto que hizo temblar hasta las lámparas de las casas, lo cual llenó de desasosiego a toda la población. El terremoto fue detectado por el Observatorio del Ebro en Roquetes (Baix Ebre) y por el observatorio de Moulis (Ariège, Francia), pero no por el Observatorio Fabra de Barcelona debido a que, en aquel preciso momento, la tromba de agua que descargaba encima de la estación producía interferencias sísmicas que no le permitieron captarlo. Si bien no pudieron triangular la profundidad, los geólogos determinaron que el foco estaba en el pantano y que el terremoto fue de una intensidad II-III (escala de Mercalli), correspondiente a unos 2,5-3 grados en la escala de Richter.

Embalse de Oliana
La brutal cantidad de agua que se había embalsado en el pantano de Oliana en tan poco tiempo, había hecho tal presión contra la presa y las paredes montañosas del vaso del embalse, que indujo el desplazamiento de alguna de las fallas que recorren la zona, creando el terremoto que se pudo sentir en la zona. Este movimiento telúrico, si bien quedó en una mera anécdota, pudo poner en peligro la pared del propio dique de contención lo que hubiera podido provocar otra desastrosa "pantanada" como la que se había producido en Valencia con la rotura de la presa de Tous tan solo 15 días antes.

La riada en el Segre produjo 14 muertos y supuso unos 45.000 millones de pesetas de la época en daños, pero para la naturaleza, indómita e imprevisible como es, simplemente fue la demostración de que si se lo propone, no hay nada que la pare. Ni las paredes de la más dura montaña.


Sismograma del terremoto registrado en Moulis

Webgrafía

1 comentario:

Maríjose Luque Fernández dijo...

Deberíamos a veces, tener un poco más de miedo a la madre naturaleza, tal vez asi nuestro respeto fuera mayor. Buen post