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lunes, junio 30, 2014

Aztecas, sacrificios humanos y los salvadores conquistadores españoles

Sacrificio humano
La conquista de América por parte de los españoles, ha sido famosa por los excesos que los conquistadores tenían para con los nativos americanos, lo cual siempre ha generado polémica entre los defensores de la bondad de la colonización del Nuevo Mundo y los que la han visto como un simple genocidio. Desde un punto de vista historiográfico, no se puede negar la evidencia del trato despectivo o incluso con visos genocidas de algunos conquistadores españoles, sin embargo, no todo es tan simple como aparenta, ya que uno de los primeros territorios conquistados por los españoles, México, no hubiera sido posible conquistarlo sin la inestimable ayuda de los propios pueblos nativos, que vieron en los españoles a unos salvadores. No, no es que los vieran como enviados de los dioses -que también-, sino que estaban bajo dominación del Imperio Azteca y estos, tenían la mala costumbre de hacer sacrificios a su costa.¿Donde estaba el problema? Pues en que podían llegar a ser 250.000 al año. Los españoles, a su lado, eran el club de amigas de la Madre Teresa de Calcuta.

Banquete canibal
Los sacrificios humanos eran una costumbre que con mayor o menor importancia estaba ampliamente extendida por todo el continente americano. Desde los indios del Canadá, hasta los nativos de la Patagonia, todos ellos, contemplaban el sacrificio humano y la antropofagia como rito tradicional en sus culturas, y si bien un gran número de los pueblos americanos los ejercían, también se ha de reconocer que en su mayoría era de tipo excepcional y aislado. No obstante, con los aztecas -en el corazón de lo que hoy sería México- el asunto de los sacrificios humanos era algo que pasaba de castaño oscuro, incluso para las comunidades vecinas.

Códice Ramirez
La afición de los aztecas por el sacrificio humano era de impresión, ya que aunque no sacrificaban cada día, lo hacían con profusión y prolijo en los días festivos y en caso de inauguraciones de monumentos. Si tenemos en cuenta que el año azteca estaba dividido en 18 meses y cada mes tenía un día festivo dedicado a un dios al cual estaba dedicado ese mes, podrá imaginar la "jartá" de gente que llegaba a caer bajo los cuchillos de obsidiana de los sacerdotes aztecas. Eso sí, imaginativos lo eran un rato.

Muestra de sacrficios
Las técnicas que utilizaban para hacer estas judiadas eran de lo más variopinto e implicaban a todo tipo de estamentos, clases sociales, edades, sexos y situaciones: todo quisque era susceptible de donar su corazón batiente al dios... o al guisado para el emperador. Desde el que se ataba, se abría en canal y se le sacaban las vísceras en vivo y en directo (sobre todo en vivo); al que se degollaba, se despellejaba y el sacerdote se vestía con su pellejo; al que se ataba a un palo y se le disparaban flechas hasta parecerse el alfiletero de un sastre; al que se ataba de pies y manos y se le tiraba rulando abajo por las empinadas escaleras de la pirámide, o al que se le hacía luchar con defensas de mentirijillas contra un guerrero armado hasta los dientes... todo valía para brindar un alma a los dioses.

Guerrero de mentirijillas
Tal cantidad de sacrificios, necesitaban una gran cantidad de gente dispuesta -o no- a ser sacrificados, y si bien había un cierto número que no dudaba en autoinmolarse como sacrificio al dios de turno, lo más normal era que el elegido lo fuera por la técnica "digital", y si era un soldado enemigo, mejor que mejor. En este sentido, los aztecas, cuando hacían alguna guerra con sus vecinos, no dudaban en tomar cuantos más prisioneros mejor, ya que ellos ya se encargarían de darles un "buen" fin, con la consiguiente alegría del bando que había sido el perdedor, claro está, que veía perder a sus mejores hombres, no en el campo de batalla, sino a manos de los sacerdotes de los vencedores. Pero la perversidad aún podía tener una vuelta de tuerca.

Imperio Azteca
Los aztecas, cuando conquistaban a un pueblo vecino, le imponían un tributo consistente en cuerpos humanos para sacrificar ritualmente y que debían proporcionar con cierta periodicidad. Si no querías tener que enviar a los tuyos al desolladero azteca, no tenías más tutía que cogerlos de otros, de tal forma que hacían guerras contra sus propios vecinos de cara a conseguir prisioneros que dar a los aztecas. De esta forma, el Imperio Azteca se extendía a base de miedo y sacrificios... hasta que llegó Hernán Cortés.

Hernán Cortés
En 1518, Hernán Cortés decidió entrar en contacto (bélico, se entiende) con los pueblos que ocupaban la costa del Caribe de lo que hoy es México, de cara a unir estos territorios a la corona castellana. Sin embargo, pronto estableció alianzas con pueblos que tenían a los aztecas como principales enemigos, los cuales, visto lo visto, vieron en los españoles unos aliados perfectos para acabar con la tiranía azteca. 

Las fuerzas españolas a pesar de disponer de más de 1300 soldados,100 caballos y 6 cañones, eran totalmente insuficientes para unos experimentadísimos y belicosos 300.000 soldados aztecas, que, a pesar de sus rudimentarias armas -desde el punto de vista de un español del 1500-, habían sido capaces de desarrollar mazas con puntas de obsidiana capaces de atravesar las corazas españolas y chalecos anti-flechas gracias a capas de algodón compactadas. Obvia decir que, español prisionero, español que pasaba por el matarife.

Decapitado con chorros de sangre
Tras su política de alianzas, Cortés consiguió añadir a su ejército hasta 200.000 guerreros más procedentes de las comunidades nativas que, entre lo malo y lo peor, prefirieron dar apoyo a los españoles antes que seguir teniendo que soportar las sangrientas veleidades de los jefes aztecas. En 1521, finalmente, con la caída de Tenochtitlan, los españoles con ayuda de sus aliados acabaron con el sangriento imperio azteca y con él, con los cultos con sacrificios humanos y canibalismo.
Los especialistas no se ponen de acuerdo con cual era la razón de tal cantidad de derramamiento gratuito de sangre humana. Unos piensan que era debido al culto al sol, el cual pensaban que sufría una batalla diaria y que tras perder su sangre, supersticiosamente tenia que ser repuesta con la sangre de los sacrificios, no fuera el caso que no volviera a salir. Otros piensan que era para mantener la población a raya en momentos de hambruna y otros que eran utilizados de manera política para -al estilo vikingo- imponer miedo a sus vecinos habida cuenta la inferioridad numérica de los aztecas para con ellos. 

Sea como fuere, los sacrificios humanos acabaron con la penetración de la iglesia católica en los terrenos conquistados, y si bien los nativos no lo iban a pasar bien de ahora en adelante (ya que en muchas de las ocasiones los españoles aprovecharon las estructuras socio-represivas que habían anteriormente) sí hubieron muchos que prefirieron los malos por conocer que a los peores conocidos. Al menos, muertos por muertos, mejor no hacerlo viendo como te arrancaban tu propio corazón, claro está...

Todo ventajas.

2 comentarios:

guillermo durigon dijo...

Es cierto. Los sacrificios humanos eran abundantes. En el blog se publican cifras. Entiendo que no hay manera de saber con exactitud las mismas. Hernán Cortés, que escogió cuidadosamente a sus hombres, supo aprovechar el descontento de los vecinos. Pero lo que sucedió a continuación fue muy nefasto para los nativos, es posible concluir que empeoró mas aun la mala situación.

JGJ dijo...

Guillermo: siento interés por el tema. ¿En qué aspecto empeoró su situación?