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jueves, junio 05, 2014

Las mareas que afectaban Madrid a pesar de no tener mar

La calle de Alcalá (Madrid)
"¡Aquí no hay playa!" decía una canción que en los años 80 hizo fortuna en el panorama juergo-festivo español. En ella se repasaba de forma jocosa el hecho de que Madrid no tuviera playa, cosa evidente dada su situación en medio de la península. No obstante, posiblemente no sepa que el hecho de que la villa y corte esté tan alejada de la costa, no impidió que durante más de dos siglos, Madrid sufriera "mareas", aunque, eso sí, un tanto peculiares... y no muy gratas de ver.

¡Agua va!
El Madrid de los Austrias nos evoca una imagen de realeza, poder y arquitectura lujosa ligada a la existencia en la ciudad de la corte, primero de la Casa de Austria y, posteriormente, de los Borbones. Esto, en principio es cierto, pero no todo era arte y nobleza en aquel Madrid del siglo XVII al XIX, ya que los súbditos tenían que vivir en algún lado... y no eran exactamente, ni pocos, ni ricos. El problema venía del hecho que tanta gente viviendo en aquella ciudad, tenía que ir a hacer sus cosas en algún sitio, y si, encima, resulta que la ciudad no tenía los más mínimos acondicionamientos de alcantarillado...¿a dónde iban a parar las inmundicias generadas por los 150.000 habitantes de la capital del imperio? Efectivamente...¡Agua va!

Viejo Madrid
La gente -humilde y no tan humilde- si no tenía la suerte de disponer de una fosa séptica (eufemismo para denominar un pozo en la tierra el cual llenar de excrementos hasta que rebose), no tenía más opción que tirarlos a la calle con más o menos dignidad. Pero ya se sabe... si tienes poca cultura, finura tienes menos, y para un pueblo en su inmensa mayoría analfabeto, la forma más habitual era tirarlos o por la ventana o por la puerta...¡y pobrecito del que pillara por delante!

Plano de Madrid (Teixeira-1656)
Las calles, para más regodeo, en su inmensa mayoría no estaban pavimentadas de ninguna manera, de tal forma que la calle era simplemente una pista de tierra por la cual circulaban los reguerotes de las cochambres humanas, las de los numerosos animales que transitaban (caballos, mulas, bueyes, burros...) -a cual más pequeña, evidentemente- y, en el mejor de los casos, el agua de lluvia cuando llovía y era capaz de romper la capa de porquería que cubría toda la calle. Ahora me lo pisa insistentemente, lo mezcla con el fango y lo deja fermentar al sol del verano hasta que haga "chup-chup"... y la castaña que recibía un visitante en el olfato era de las de impresión. Pues bien, por raro que le parezca, los propios madrileños loaban las excelencias del pestilente aire de la ciudad, al cual consideraban sanador, porque el aire que bajaba de la sierra...¡era demasiado puro! Increíble, pero cierto.

Calle del Madrid de los Austrias
En esta cotidianidad callejera, en que los cerdos llevaban pinzas en la nariz y los caballeros gruesas capas marrones y sombreros de ala ancha, se movía la población de Madrid habitualmente. No obstante tras mucho tiempo de mantener el aporte "vitamínico" a las calles, el tránsito se hacía totalmente imposible. Los carros se atascaban en la mierda, y no se podía ni pasar, por lo que era llegado el momento de que, desde el ayuntamiento, se hiciera limpieza de las calles, la cual era un auténtico espectáculo. Hasta tal punto era así que había mujeres de cierta clase que hacían la merienda con sus amigas en los balcones mientras veían el show.

Barrenderos (1910)
Imagínese dos troncos de árbol paralelos en el suelo como rodillos, ahora les clava una puerta gruesa, se pone un mozo encima y un par de mulas tirando del conjunto... y ya está: esto era el "camión de la basura", un estrambótico aparato al cual, los madrileños llamaban con toda la sorna del mundo "la marea de Madrid". El funcionamiento, como podrá comprender, necesitaba los conocimientos de un ingeniero.

Barrio de Tetuán
Estos carros -también llamados "carros podridos" por razones obvias-, tirados por las mulas, lo que hacían era arrastrar todo el fango merdoso que se encontraban por delante y lo llevaban a los pocos sumideros que habían repartidos por la ciudad, aunque lo más normal es que se dedicara simplemente a enrasar la superficie de la calle para volverla a hacer circulable, ya que sacar décadas de desechos (recordar que el 99% de los residuos eran biodegradables) era harto difícil. Lo que no se podía arrastrar, era secado por el sol, llevado por la lluvia o quedaba para hacer solera para la siguiente capa. ¡Sin problemas!

Carlos III de Borbón
Por Madrid llegaban a circular hasta 132 de estos carros que supuestamente se dedicaban a limpiar las calles madrileñas, a pesar de lo cual, la fama de la capital española de ser una de las más hediondas del mundo le persiguió durante siglos. Y es que el problema de base eran las 100.000 libras de inmundicias (más de 45 toneladas) que se tiraban todos los días al medio de la calle.

No fue hasta el advenimiento de Carlos III, que las inquietudes urbanísticas del cual (ver Carlos III, el delta del Ebro y su olvidado canal marítimo) le llevaron a emprender un ambicioso proyecto de alcantarillado y canalización de aguas para Madrid que mejoraron notablemente el tránsito y la pituitaria de madrileños y foráneos.

Con el paso del tiempo, la capital fue dotándose de todo un sistema eficaz de evacuación de aguas pluviales y fecales, así como de pavimentación de todas sus calles, haciendo olvidar los años en que las calles de la villa y corte sufrían el paso de "mareas"... a pesar de no tener el mar cerca.


Homenaje a los barrenderos (Madrid)

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