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jueves, junio 26, 2014

Rizal o cómo un pacifista hizo perder las Filipinas a España

José Rizal
Que la administración de las colonias españolas fue un auténtico desastre durante el último tercio del siglo XIX, es un asunto harto conocido, pero lo que no es tal vez tan conocido es el caso de las Filipinas. Para un profano cuesta mucho de entender cómo un territorio con presencia continuada española desde 1521, cuya independencia se produjo hace poco más de 100 años y que hasta 1987 tuvo el español como idioma oficial, se haya convertido en un país tan ajeno a la hispanidad como Afganistán o Mongolia. Y es que las cosas, si se habían hecho mal con Cuba (ver El negado derecho a decidir que independizó Cuba de España) en las Filipinas ya se tocó el Olimpo de lo rematadamente mal. Hasta tal punto que sólo así se comprende que un médico oftalmólogo, pacifista, que incluso quiso ayudar a las tropas españolas en Cuba, acabara siendo el héroe nacional filipino: José Rizal.

Archipiélago de Filipinas
El archipiélago de las Filipinas, para el gobierno español, era poco menos que un caos. Si para él ya era complicado controlar un territorio continuo como la península, el hecho de tener que administrar un territorio discontinuo formado por 7000 islas y en la otra punta del mundo, ya se convertía en una auténtica entelequia (ver  La Corbeta Narváez, el barco español que se comieron las termitas). Para solventar esta falta de acción, la administración española había delegado el grueso del poder a la Iglesia (que ejercía el poder político de forma oficiosa) y al Ejército, dejando a los autóctonos básicamente agricultores -más preocupados por los monzones y los tifones que por los españoles- una cierta libertad de acción, más que nada por imposibilidad de llevar la administración peninsular a todos los rincones de Filipinas.

Filipinos en 1899
Esta situación anómala hizo que, mientras que los autóctonos se encargaban de la administración del día a día local, el Ejército y, sobre todo, la Iglesia, acapararan cada vez más poder. No obstante, los nativos filipinos no tenían prácticamente ningún derecho de ningún tipo, llegando a no poseer ni la tierra que trabajaban, lo cual los dejaba a expensas de la mafia y corrupción de los grandes hacendados, e incluso de los mismos frailes que gestionaban las tierras. Desde la metrópoli, la administración de las Filipinas era secundaria, y ya se sabe que cuando el gato no está, los ratones bailan. Bueno, en este caso, es que el gato era de trapo y los ratones eran ratas en pleno "Monegros Desert Festival".

Rizal en su época de Madrid
Todo este follón provocaba que los nativos hicieran revueltas continuamente contra los españoles, habida cuenta que las injusticias sufridas eran repetidas y, si bien tenían el poder local, todos los derechos los copaban los peninsulares. El Ejército, desperdigado en pequeños destacamentos entre las islas (casi había más islas que soldados) tenía que hacer frente a los estallidos revolucionarios a golpe de pelotón de fusilamiento, lo cual le hacía ganarse la amistad a ultranza de los filipinos (nótese la ironía, claro).

En esta situación, un joven filipino, José Protasio Rizal Mercado y Alonso Realonda (Pepe para los amigos. No es coña), hijo de una rica familia criolla y el cual había estudiado medicina en Madrid, durante su estancia en la península se dedicó a escribir multitud de artículos en que proponía una cierta reforma política para las Filipinas, habida cuenta la iniquidad del sistema político imperante.

Las Filipinas tenían el estatus de provincia, pero el archipiélago era controlado desde la península tal y como si fuera una colonia comercial pura y dura: un "apartheid" que beneficiaba a los peninsulares por encima de todos los demás, los cuales no tenían ni derecho de reunión, ni libertad de expresión, ni representación parlamentaria en Madrid. 

Vivienda de un poblado
Rizal, sin poner en ningún momento en cuestión la españolidad de las Filipinas, lo denunciaba y reclamaba estos derechos para los nativos, así como que los religiosos nativos pudieran ascender al escalafón eclesiástico, exclusivo de la alta curia peninsular. El summum fueron dos novelas costumbristas, en que describía el pisoteo institucionalizado de los no peninsulares y la consiguiente revuelta contra la metrópoli.  Evidentemente, la cosa tocó lo que no suena a los anquilosados y conservadores resortes coloniales filipinos, que vieron en Rizal un riesgo para el statu quo imperante.

Rizal era masón, e imbuido por el espíritu libertario de la entidad, cuando volvió a Filipinas en 1892, fundó una sociedad, la Liga Filipina, que siguiendo los principios de libertad, igualdad y fraternidad para las Filipinas, daba educación igualitaria, luchaba contra la injusticia y propugnaba la no violencia (según parece tuvo contactos con Gandhi).¿Respuesta? A los 4 días (cuatro) fue detenido por las autoridades españolas con el cargo de subversión y desterrado a Dapitan, donde -para más subversión- además de atender sus consultas de oftalmología, se dedicó a fundar una escuela y un hospital. Un auténtico terrorista, vamos.

Distrito de las Filipinas y posesiones del Pacífico
Sus seguidores más radicales, al ver la injusticia para con Pepe, fundaron una sociedad independentista llamada Katipunan, abiertamente bélica contra los intereses españoles, e intentaron conseguir el apoyo de Rizal. Éste, contrariamente a lo que esperaban, se negó a darles su "bendición", ya que consideraba que ni el pueblo -eminentemente analfabeto- estaba preparado para la independencia, ni consideraba que la lucha armada fuera el camino a seguir. Visto lo visto, los katipunan ya estaban lanzados e hicieron oídos sordos a la opinión de su "lider" e iniciaron un levantamiento.

Cansado de su destierro, en agosto de 1896, Rizal aceptó el ofrecimiento del ejército para ir a Cuba para tratar a los soldados españoles afectados de Fiebre Amarilla que allí luchaban y, cuando ya estaba de camino, fue detenido y acusado de sedición, subversión y de todos los pecados contra la patria habidos y por haber. Los estamentos militares, presionados por el arzobispado de Manila, forzaron su detención y la destitución del Gobernador General Ramón Blanco que había escrito incluso una carta de recomendación para Rizal para cuando llegara a Cuba. 

Imagen de la ejecución de José Rizal en Manila
Devuelto a Filipinas, el 30 de diciembre de 1896 José Rizal, de 36 años, fue condenado a muerte y fusilado por un pelotón de nativos del ejército -vigilados de cerca, eso sí, por otro pelotón armado formado por peninsulares, no fuera el caso que no se atreviesen a dispararle. A Rizal se lo "pelaban" fuese como fuese... y lo hicieron.

El fusilamiento y el consiguiente "ascenso" a héroe nacional por la interpretación de sus escritos, fue la espita que dio alas a los independentistas que armaron una revuelta generalizada que el ejército no pudo reprimir al estar en plena lucha con los americanos en Cuba y no tener suficientes efectivos, hecho que acabó con la independencia efectiva de Filipinas. Independencia que duró poco, porque los americanos, tras ganar la Guerra de Cuba en 1898, aprovecharon el mismo pack de rendición para comprarle los territorios de Filipinas a España por 20 millones de dólares a pagar en tres veces. Así, manu militari, tomaban posesión del archipiélago a pesar de la oposición armada de los filipinos, erradicando el español que se hablaba en el archipiélago a base de endiñar el inglés como idioma oficial.

Nada se pudo hacer peor por parte de las autoridades peninsulares, y así, de esta forma tan penosa, acabaron 377 años de presencia continua española en las colonias asiáticas de las Filipinas. Presencia que, posiblemente, hubiese subsistido caso de no haber dado la espalda sistemáticamente a los derechos de los españoles filipinos, y hubiese mantenido a raya la corrupción y los excesos de los recalcitrantes e inmovilistas terratenientes peninsulares.

Cosas de la memoria histórica.


Monumento a Rizal en Manila

Webgrafía

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy español y vivo en Filipinas y la verdad es que la idolatría que se le tiene a Rizal es muchísima, hasta cargante en ocasiones. Se ha convertido su figura a la de leyenda y martir. Pero si es cierto que a diferencia de otros movimientos independentistas en America, en Filipinas se pretendio en un principio un trato de tu a tu entre la colonia y la peninsula, algo asi como una provincia mas. Y claro, nos pasamos de chulos y cafres (como de costumbre) hasta que la cosa estallo en nuestras narices. Algo que si te puedo comentar respecto a la relacion entre Filipinas y España es que a pesar de todo, en este pais se tiene en gran consideracion a todo lo español. El tipico debate contraproducente y besuguil de "los españoles eran unos violadores bla bla" que se tiene mas en america aqui es inconcebible. Y bueno capitulo aparte el autentico brainwash que hicieron los yankis a los Filipinos con todo lo español. Buen articulo un abrazo

Anónimo dijo...

Los españoles desde siempre unos memos mezquinos. Y lo digo yo, que soy español. La corrupción, maniupación y estupidez es la marca de lo español.

Anónimo dijo...

Los españoles desde siempre unos memos mezquinos. Y lo digo yo, que soy español. La corrupción, manipulación y estupidez es la marca de lo español.
(errata corregida)

Anónimo dijo...

Tengo entendido que el español solo lo hablaban las clases dirigentes y que el pueblo no se le permitia usarlo, tenian que usar el tagalo. Asi que el idioma tuvo facil su NO supervivencia.

Anónimo dijo...

José Rizal va estudiar també a Barcelona, i es vantava de parlar català, entre moltes altres llengües. "Contaminat" pels catalans, només demanava per als Filipins tracte d'espanyols i autonomia... Els seus llibres són molt interessants.