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martes, julio 22, 2014

Cave Canem o la historia de un galgo muy señoritingo

Cave Canem
Cuidado con el perro. Este letrero, que podremos encontrar en infinidad de casas, jardines y vallados del mundo entero, nos pone sobre aviso de que detrás de este cartel nos encontraremos un fiero guardián perruno que vigila la hacienda para sus amos. El atávico miedo que tenemos al lobo lo utilizamos para, con su variedad domesticada que es el perro, disuadir a cualquier intruso que ose pasar la frontera establecida entre lo particular y lo público. Este uso del perro como guardián se remonta al Neolítico -por aquello de que nada mejor que un clavo para sacar otro clavo- e incluso lo fue en la antigua Roma, donde se han encontrado mosaicos en que se lee la inscripción "Cave Canem" (Cuidado con el perro) en la entrada de las casas. Sin embargo, los romanos, grandes aficionados ellos a los perros, no siempre utilizaban este aviso para avisar de la fiereza del can, sino todo lo contrario.

Galgo (o lebrel) Italiano
En las ruinas de Pompeya, en la casa llamada "del Poeta Trágico", se descubrió un bello mosaico en que un detallado perro en forma amenazadora, con un "CAVE CANEM" bajo sus pies, avisaba a los visitantes de que tuvieran cuidado con él. No obstante, y a pesar de que los perros grandes tipo dogos o mastines eran conocidos y usados, había una raza que era especialmente apreciada como especie doméstica entre los romanos: el Galgo Italiano

Catalina la Grande
Esta raza de perro está en las antípodas de lo que pudiera ser un mastín o perro de guardia al uso, ya que, lejos de ser un gran perro, es un delicado y frágil perrito faldero que puede medir unos 38 centímetros de altura hasta la cruz (donde empieza el cuello y acaba el lomo) y pesar entre 5 y 8 kilos, siendo la sensación entre las familias más acomodadas de Roma. Hasta tal punto que autores romanos como Ovidio, Horacio, Plinio, Claudiano o Petronio los mencionan en sus obras.

El Galgo Italiano, como su nombre indica, procede de la miniaturización de los galgos más grandes, los cuales se utilizaban en el campo para la caza a la carrera de conejos y liebres; de aquí su nombre genérico de lebreles. Sin embargo, estos galguitos, no tenían una utilidad al uso del de sus primos más grandes, sino, simplemente, la de hacer disfrutar a sus amos de su pizpireta compañía.

Pintura egipcia
Estos pequeños perros se conocen desde muy antiguo, ya que se han encontrado restos momificados de hace 6000 años en Egipto, y han sido distribuidos por toda la cuenca mediterránea desde antiguo por fenicios y griegos, que los llevaron a Roma. Los griegos, por su parte, los consideraban especialmente útiles para diferenciar las muertes verdaderas de las fingidas, de tal forma que si había algún espabilado que quería hacerse el muerto, el pequeño galgo lo descubría ipso facto. Un uso, como mínimo curioso.

No pudo escapar del Vesubio
Pero no solo se han encontrado sus restos en Egipto, sino que también se han encontrado restos de este tipo de galgos (si bien un poco más grandes al estándar fijado en Italia en el siglo XX) en las propias ruinas de Pompeya, al no poder escapar cuando el Vesubio hizo explosión. Y es que, pocas razas más domésticas hay que este pequeño lebrel, el cual, gracias a su esbeltez y armonia de líneas, ha estado presente de forma preeminente en todas las cortes europeas.

Vivaracho y ladronzuelo
Este lebrel -también llamado Piccolo por los italianos- es simpaticón, tímido, inquieto, muy inteligente y, con su mirada de cordero degollado, un auténtico pícaro que obtiene todo lo que quiere de sus amos... y si no, no duda a tomarlo por su cuenta, gracias a un cierto mal vicio cleptómano. Es friolero debido a su pelo corto gris, canela o negro, lo cual lo hace remolonear a la hora de salir a la calle... y un tanto señoritingo, ya que puestos a escoger, prefiere el cemento a la tierra o hierba: su aristocrático estatus le impide ensuciarse, claro.

¿Me das un trocito? Vengaaaa...
Sirve mal como guardián ya que, más que ladrar, lo que hace cuando presiente algún peligro es salir huyendo... y teniendo en cuenta que es un galgo miniaturizado, cuando el instinto le indica que ha de apretar a correr, sale la verdadera vena galguera, pudiendo alcanzar los 35 km/h con sus delicadas patillas -que pueden quebrase con cierta facilidad. En estas circunstancias, tratar de recuperarlo puede ser un auténtico dolor de cabeza para su dueño.

Señoritingo y hogareño
Es justamente por esta delicadeza, a la vez que por su tendencia hogareña -que lo lleva a comportarse a veces como un gato más que como un perro- que los romanos avisaban con su "cave canem" a los visitantes. En realidad, no siempre pretendían avisar de la fiereza del guardián canino, sino que, otras muchas veces simplemente estaban avisando de que quien traspasara aquella puerta no pisara al pequeño galgo que por allí transitaba.

Pero eso, evidentemente, los posibles cacos no siempre lo sabían.


¡Cuidado con el perro!... no me lo vayan a romper  (foto de 1915)

Webgrafía

1 comentario:

María del Carmen Calderón Berrocal dijo...

He puesto para su difusión en uno de mis blogs tu artículo agradeciendote la buena idea de escribir sobre el tema. El tema de mi blog es animalista y viene ni que al pelo. Así lopresento con todos los enlaces que llevan a tu web: "Reproduzco aquí este artículo que me parece de lo más, dando las gracias a su autor por escribir estas cosas que buena falta que hacen, porque en muchas ocasiones siento que la humanidad involuciona en vez de evolucionar. Hay que mirar siempre a la Historia, ella nos enseña..."
http://patrimonionaturaldefensanimal.blogspot.com.es/2014/07/cave-canem.html

en Patrimonio Natural y Defensa Animal:

http://patrimonionaturaldefensanimal.blogspot.com.es/

Saludos