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jueves, julio 10, 2014

Septiembre Negro o cuando los jordanos dieron la del pulpo a los palestinos

Soldados palestinos (1970)
El conflicto palestino-israelí es uno de aquellos conflictos que, sin saber porqué, llevan toda la vida en el candelero y parece que, de tan enquistado, no hay ningún viso de solución. La cuestión es que, tal como se plantea desde los medios de comunicación, existen dos posiciones enfrentadas; por un lado los israelíes, judíos todopoderosos y prepotentes y, por otro, los palestinos, árabes pobres y desahuciados de sus tierras por los israelíes a los cuales solos les queda su honor mancillado. Sorprende, sin embargo, que si este conflicto buenos-malos es tan claro y evidente, el asunto se alargue en el tiempo hasta la nausea, ya que el resto del mundo se miran los toros desde la barrera y los países árabes hacen piña contra Israel. Este sería el punto de vista simplista que pudiera tener cualquier persona que ve un telediario tranquilamente en su casa, pero la realidad, mirada al detalle, dista años luz de esta visión. Sin ir más lejos...¿sabía que en septiembre de 1970, Jordania -país árabe que defiende la causa palestina a ultranza- hizo una guerra contra los palestinos para quitárselos de encima? Efectivamente, estoy hablando del Septiembre Negro.

Palestina en 1948
En mayo de 1948, los británicos, que desde el final de la Primera Guerra Mundial tenían el control de Oriente Medio, impotentes de controlar la zona, la cual se había desmadrado por la inmigración masiva de judíos que escapaban del holocausto nazi, decidió lavarse las manos del follón que se había allí organizado y salir de aquella zona con los pies en polvorosa  porque se había convertido en un auténtico avispero. Los judíos, de forma ilegal y como último recurso ante el antisemitismo institucionalizado del régimen nazi, ocuparon tierras palestinas, autoorganizándose como un estado y desplazando progresivamente a sus propietarios árabes, muchos de los cuales habían sido simpatizantes de Hitler por aquello de "el enemigo de tus enemigos es tu amigo".

El Reino de Jordania, por su parte, se había independizado en 1946 y, ante el desplazamiento masivo de palestinos de sus tierras (aconsejada por los propios países árabes de la zona, en vistas de una hipotética pronta solución), no dudó en abrirles sus fronteras e incluso de darles la ciudadanía jordana. El problemilla es que la cosa se iba a alargar mucho más de lo deseado.

Campamento palestino en Amman (1971)
Palos arriba y palos abajo entre el recién creado estado judío y los estados árabes colindantes, que veían en él un peligroso competidor por el control de la zona, los palestinos, que vivían en campamentos en territorio jordano, cada vez iban sumando mayor número y mayor poder conforme aumentaban su potencia militar gracias al apoyo -interesado, todo sea el decirlo- de los países árabes en litigio con Israel, léase Siria, Líbano, Iraq, Egipto, Arabia y Jordania. La cosa se complicó cuando la población palestina supuso el 60% de la población jordana y las guerrillas palestinas comenzaron a campar por Jordania como Pedro por su casa, controlando partes de la frontera y cobrando "impuestos revolucionarios" a los propios comerciantes jordanos. Dios había dicho hermanos, pero no primos.

Hussein I de Jordania
El rey Hussein de Jordania, que había participado en la Guerra de los Seis Días contra Israel, habiendo recibido la del pulpo como todos los demás, no quería ponerse a malas con los palestinos, ya que apoyaba su causa. Sin embargo, los guerrilleros palestinos (Yasser Arafat entre ellos) utilizaban cada vez más los campos de refugiados como campo base de sus incursiones armadas en terreno judío al oeste del río Jordán, poniendo en un brete a los jordanos, los cuales después del varapalo con Israel, lo que buscaban era más un tratado de paz que volver a recibir una somanta palos por parte de los judíos.

Los diferentes grupos armados palestinos, envalentonados por la inacción de Hussein, creyeron que todo el monte era orégano y consideraron que Jordania era, simplemente, una parte de Palestina. El rey de Jordania, evidentemente no pensaba lo mismo y envió a sus fuerzas armadas a llamar al orden a tan incómodos huéspedes. Comenzaron los rifi-rafes armados entre los jordanos y los palestinos, los cuales se negaban a entrar en vereda.

Yasser Arafat, lider palestino
A todo esto, en 1968, Israel decidió hacer una incursión de castigo a los campamentos palestinos de Karameh, pueblo jordano en la frontera con Israel, a fin de capturar o, preferiblemente, matar a Arafat. La acción tenía que ser "quirúrgica", pero se les complicó y los tanques jordanos, ante la zarabanda de leches entre judíos y palestinos, tuvo que intervenir para expulsar al ejército israelí de territorio jordano. Los mandos militares palestinos se habían pasado tres pueblos con la hospitalidad jordana y el rey Hussein decidió ponerle las peras a cuarto a los palestinos, haciéndoles firmar un acuerdo de siete puntos que ponía negro sobre blanco quién mandaba en aquel país. Los palestinos, tras el primer momento, se pasaron la firma por el arco de triunfo.

Secuestro aéreo 12/7/1970
La cosa iba de mal en peor, y a los continuos pillajes, enfrentamientos armados con el ejército jordano e incluso intentos de asesinato del rey Hussein por parte de los extremistas palestinos, que no querían ni oír hablar de firmar el más mínimo tratado de paz con Israel, se tuvo que sumar que los palestinos empezaron a ver los secuestros y atentados aéreos contra intereses judíos en todo el mundo como la mejor forma de seguir adelante con su lucha. Actuaban como un estado independiente dentro de Jordania.

El colmo llegó cuando el jefe de la corte suprema jordana denunció que un soldado jordano había sido abatido por los palestinos, cortado su cabeza y jugado al fútbol con ella en el sitio donde vivía. Entre eso, los secuestros -que hacía a Jordania foco de represalias por parte de Israel y la comunidad internacional (ver El paradigmático caso de los cazas israelíes)-, la implantación de control de fronteras y expedición de visados por parte de las milicias palestinas y el cobro de impuestos, Hussein de Jordania decidió que hasta allí habían llegado.

Gamal Abdel Nasser
Tras contactar con Estados Unidos y Egipto e intentar estos un acuerdo de paz que no fue aceptado por los mandos militares palestinos, el 17 de septiembre de 1970 se decretó la ley marcial en todo el país, empezando una ofensiva militar contra la resistencia palestina, que controlaba una gran parte de ciudades jordanas, incluida la capital Amman. Las tropas jordanas (unos 74.000 soldados), con la ayuda de tropas iraquíes, pakistaníes, e incluso con ayuda israelí (que evitó que Siria participara del lado palestino), bombardearon con la máxima virulencia posible los campos de refugiados y recuperaron  en once días las ciudades bajo control de los 40.000 soldados palestinos.

El 27 de septiembre, el presidente egipcio Nasser (el cual moriría al día siguiente de un ataque de corazón), consigue que se firme el alto el fuego entre jordanos y palestinos, en que el rey Hussein se afirma como único poder jordano, obligando a los palestinos que se hallan en su territorio a no acumular armas ni a ir vestidos de militar, forzando a las milicias palestinas a huir de Jordania e instalarse en el Líbano.

Tratado de paz jordano-palestino
El conflicto había producido más de 3500 víctimas palestinas (10.000 según Yasser Arafat), mientras que las jordanas se redujeron a 82. Hasta tal punto fueron violentas las tropas jordanas, que una milicia palestina no dudó en cruzar el río Jordán y entregarse al ejército...¡israelí! ante el avance jordano debido a que pensaron que los judíos serían más clementes de lo que lo iban a ser sus perseguidores,  lo cual pone en evidencia la violencia de las tropas del ejército de Jordania para controlar de nuevo su territorio.

Hussein, por su  acción, cayó en desgracia ante los otros países árabes, siendo considerado poco menos que traidor por aquellos que veían con buenos ojos las veleidades de los palestinos. Sea como fuere, después de este conflicto, el rey Hussein mantuvo el control de su país hasta su muerte en 1999, haciendo toda una serie de enrevesados encajes de bolillos diplomáticos que le hicieron llegar a la paz con Israel y renunciar oficialmente a sus reclamaciones territoriales sobre Cisjordania, manteniendo, eso sí, más de dos millones de refugiados palestinos con ciudadanía jordana en sus territorios.

El conflicto árabe-israelí, definitivamente, es mucho más que una simplona película de buenos contra malos.



Ejército jordano viendo un jeep palestino destruido


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