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jueves, agosto 07, 2014

La Guerra del Fútbol o cuando el deporte rey fue capaz de desatar una guerra

El Salvador, ganador por 3-2
Que el fútbol es un juego que es capaz de levantar pasiones, es harto conocido de todo el mundo. Los aficionados, representados por unos u otros equipos, poseídos por una especie de histeria colectiva, dan rienda suelta a sus emociones a la más mínima ocasión. Ello implica que, o bien la afición se desborda de felicidad cuando el ínclito balón atraviesa la línea de gol, o bien las hinchadas acaben llegando a las manos, produciendo graves altercados de orden público. Por desgracia, a los altercados estamos más o menos habituados, pero lo que no nos podríamos llegar a imaginar es que, por culpa del fútbol, se pudiera llegar a producir una guerra con miles de muertos. Pues aunque le cueste el creerlo, en 1969, Honduras y El Salvador, se enfrontaron en una guerra cuya espoleta fue el fútbol. Es la conocida como Guerra del Fútbol.

Situación Geográfica
En 1969, las cosas estaban calentitas entre Honduras y El Salvador. Honduras es cinco veces más grande que El Salvador, pero El Salvador tenía el doble de población, lo que producía una fuerte inmigración de campesinos desde El Salvador, buscando trabajar unas tierras que no poseía su país. Honduras, por su parte, con una inmigración salvadoreña que llegaba al 20% de su población total, decidió hacer una ley según la cual, solo los hondureños de nacimiento podrían poseer tierras, lo que significaba, de facto, la expulsión de 300.000 campesinos salvadoreños que ocupaban y vivían de las tierras hondureñas. Este retorno de tanto emigrante puso los pelos de punta al gobierno salvadoreño. Pero no solo era en el plano social donde las cosas estaban candentes entre ambos vecinos.

Los campesinos huían de Honduras
En junio de 1969, las clasificaciones para el mundial de México 1970 estaban al rojo vivo. Todas las plazas correspondientes al continente americano estaban adjudicadas menos una, para la cual aspiraban EE.UU, Haití, Honduras y El Salvador. Honduras y El Salvador, jugaban una semifinal, y el ganador se enfrentaría con el ganador del EE.UU-Haití, por el boleto directo a la final del mundial. Las espadas estaban en alto, nunca mejor dicho.

El partido de ida entre Honduras y Salvador se celebró el 8 de junio en Tegucigalpa, la capital hondureña, y el ganar o no ganar traspasaba ya los límites de lo estrictamente deportivo. Los aficionados hondureños sabedores de lo que se jugaban, decidieron hacer "mobbing" a los jugadores salvadoreños en el día anterior al encuentro. O lo que es lo mismo, que se fueron en masa al hotel de concentración y se dedicaron a hundirles la moral, a base de insultarlos y no dejarlos pegar ojo a base de claxon y "mascletás" noche y día de petardos.

Gol de la victoria en México
El partido finalmente se disputó, y acabó ganando Honduras por un ajustado 1-0 con un gol de "Coneja" Cardona en el último minuto. El resultado fue un auténtico mazazo a los aficionados salvadoreños, que llevó incluso a una joven aficionada de 18 años a suicidarse de un tiro en el corazón por no poder soportar la vergüenza de ver perder a su selección. El entierro fue multitudinario, yendo incluso los jugadores de la selección de El Salvador. La mecha de la venganza se había encendido.

Hondureños desolados
A la semana siguiente, el día 15 de junio, el partido de vuelta se celebró en El Salvador, y se repitió el mobbing, pero esta vez, corregido y aumentado. La furia salvadoreña se cebó con los representantes de la selección de Honduras, a la cual ya se tuvo que llevar en vehículos blindados al hotel. Una vez allí, los jugadores tuvieron que soportar una lluvia de insultos, petardos, rotura de vidrios e incluso el lanzamiento de huevos podridos y ratas muertas que les obligaron a huir del hotel y a refugiarse en casas particulares, donde tampoco los miraban excesivamente bien.

Invasión salvadoreña
El día del partido, no fue mejor, y pendientes más bien de salvar el pellejo, los hondureños perdieron 3 a 0, lo cual obligaba al desempate, ya que el gol average, por aquel entonces no se observaba. El partido de desempate se jugaría en México DF el día 26 de junio y la prensa tanto hondureña como salvadoreña no hacía más que tirar gasolina al fuego. A todo esto, los altercados que se produjeron después del partido, con dos aficionados hondureños muertos y más de 100 coches quemados inflamaron aún más si cabe las relaciones entre ambos países, obligando al cierre de fronteras.

En el desempate, en que ambas aficiones fueron separadas por 5000 policías mexicanos armados, El Salvador se llevó el gato al agua por 3 a 2 con un gol de Pipo Rodriguez en la prórroga. Fue el acabose.

Fuerza aérea hondureña
Envalentonados, aquel mismo día, el gobierno salvadoreño rompió relaciones con Honduras y tras 15 días de escalada bélica en que se reclamaba que el gobierno hondureño compensara el deshonor infringido a sus compatriotas expulsados, el 14 de julio, las tropas salvadoreñas invadían Honduras, bombardeando diversas ciudades fronterizas e iniciándose una contienda que duraría hasta el 18 de julio, en que la Organización de Estados Americanos pudo poner paz.

En aquellas escasas 100 horas de conflicto (también se la conoce como Guerra de las 100 horas) hubieron entre 2000 y 6000 muertos, más de 15.000 heridos, 300.000 desplazados y todo prácticamente para nada, porque lo único que se consiguió es volver a la situación anterior a la guerra, destrozando en el camino las débiles economías de ambos países y dejando el terreno sembrado para las sangrientas guerras que hubieron en la zona en los años 70.

El fútbol, al fin y al cabo, fue simplemente una excusa de una situación que más tarde o más temprano hubiera acabado por estallar, pero es muy sintomático de la capacidad de este deporte de soflamar los ánimos más temperados y lo susceptible que es de ser usado para manipular la voluntad de toda una sociedad.

Para reflexionar.


Guardia Nacional de El Salvador en pleno avance

Webgrafía

1 comentario:

RadioVijaer dijo...

De este tema, si hay tela donde cortar! Excelente el enfoque que le haz dado, sobre todo porque el fútbol levanta tanta pasiones, que es fácil ver hasta en las esquinas de las calles, gentes que inclusive pueden llegar hasta los golpes por un "penal". Pero es una lástima cuando el deporte ya se mezcla con temas políticos o de país, que lo único que hacen es aprovecharse para exhaltar ánimos en contra. Esperemos que la historia no se repita, y que los gobiernos aprendan a superar sus diferencias, con el diálogo. Saludos.